Duerme soñando.

De las cosas que me pongo a pensar mientras “camino y sueño”, es como me gustaría lograr ser un escritor reconocido… y para ello, me pongo ejemplos de los grandes, como Gabriel Marquez que dice que escribe para sus amigos y como Cortázar que dice que el imperialismo de EU sólo puede derrotarse con un buen sentido del humor.

¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano? No lo sé, es parte de soñar despierto y mientras camino y sueño, miro las grandes obras de arte que no fueron reconocidas hasta después de que murió el autor (adios Van Gogh) o las obras arquitectónicas donde puedes saber el nombre del lugar, pero no del maravilloso artista que dibujó los planos.

¿Y qué sucedería si … fuese así como me pasa a mí? Por ejemplo… mi trabajo como editor, es uno muy noble y discreto. Me dan la oportunidad de elegir a la gente que pasa a una selección que verá el cliente. ¿Acaso la gente lo sabe? No lo creo, ¿Los modelos/actores lo saben? Sólo unos cuantos y pocos se la creen, como si les estuviera mintiendo.

Es mejor así y es mejor que ni se enteren, porque al rato me vería asediado por ellos: preguntando por mí, hablando por teléfono para ver si los edité y mil maravillas más.

Ese si… es un trabajo por el cual me gusta no ser reconocido.

Pero si quiero ser escritor, quiero escribir para todos… ese es mi problema. Sencilla soberbia, como diría Pata. Aunque resta decir que ser un escritor, aquí en México, no es para ganarse la fama y el reconocimiento mundial… es cierto que el 75% de la gente en mi facultad quiere llegar a ser un Octavio Paz. Yo me conformo con que se me publique un libro.

Confuso… y entre mi mientras “Camino y Sueño”, me puse a pensar en una niña de mi salón. Un cambio abrupto de tema, así como lo sintieron ustedes, lo sentí yo y lo resintieron mis pasos con un tropiezo. Y al pensar en ella, se fueron construyendo más sueños y más sueños, rompiendo neblinas y haciendo aún lado telarañas.

No me recriminé avergonzado… al contrario, observé que mis sueños continuaran fluyendo y tan lo hicieron, que me hicieron sentir que tal vez podría animarme y platicar seriamente con ella de los sueños que tengo, los sueños terribles que tengo cuando camino sonámbulo en esta gran ciudad. Se escuchaba lógico y sincero…

Hasta ayer. Estoy seguro que hoy en la escuela no abriré la boca para nada.