Diario de Simón Dor. Día 52.

Querido diario:

Mirando el mar negro y el cielo gris, acabo de soñar mi muerte o tal vez el término más correcto es alucinarla. Es una muerte espiritual y simbólica, mi viejo cuerpo se desgarraba como la tela, jirón tras jirón de carne vieja se descarnaba y caían sobre la maderal del barco como papeles viejos en una oficina donde tienen que romper frenéticamente los libros de cuentas, ya que hacienda los ha descubierto.

¿A mi quién me ha descubierto cómo para matarme así? ¿Quién ha mirado mis ojos de tal manera, que mi yo corrupto tenga que ser destruido para que no quede rastro? Nadie, es la mera verdad… o si, tal vez. Tal vez, en el pasado distante.

He soñado que soy Quijote, ese sueño me gusta más… Borges tiene una teoría interesante que es la teoría de la quijotización, no se mucho acerca del tema pero creo que lo básico es—: Todo mundo sabe qué o quién es el Quijote, aunque nunca lo hayan leído. ¿Será cierto? Estoy inclinado a pensar que sí, porque no sé nada de él y aún así, lo interpreto a mi gusto. Me gusta soñar que soy Quijote.

Muerte simbólica del viejo convirtiéndos en jirones. ¿Qué significa? ¿Puedes decirme tú, cielo gris? ¿Puedes decirme tú, mar muerto? Me convendría hablar con mi estimado amigo, el Sr. Fest, él entiende mejor de simbolismos que yo, de cualquier forma.

No llevo ni medio día en éste barco y ya he escrito de nuevo en tí, mi querido diario, pero la gente comprenderá que mis días son distintos a los suyos, que mis días son en base a los momentos. Y éste momento, siento que es crucial… tal vez dirija el rumbo de mi viaje.

¡Dios mío! ¿Te das cuenta? ¡He de viajar al pasillo de la muerte!

¡Ahora lo entiendo y está clarísimo! Pero… pero todavía no es hora, mi querido diario… algún día lo tendré que hacer, pero todavía no. Todavía no… me niego. ¿Qué debo hacer? ¿Es necesario para qué pueda continuar en éste viaje desentrañar el pasado, desde el mero principio? ¿Es necesario que haga éste viaje para poder permitirme continuar? ¿Continuar qué… amando o viviendo? Yo no puedo amar, mis viejos cansados y huesos derruidos, bien lo saben.

El viaje al pasillo de la muerte es para seguir viviendo. Es hora de mi catársis, de acuerdo al sueño y no se me permitirá viajar más a menos que me decida. Y yo para las decisiones, mi querido diario, soy un cobarde.

Seguiré en mi barco, mirando el cielo gris y oliendo la brisa contaminada, como si fuera matinal de domingo.

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Unicornio

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 47 de 47


Alguna vez, vi un unicornio. Puede que no me crean, no lo hagan, ¿qué tendría que platicarles un sénil amargado que a duras penas recuerda su infancia lo que es un unicornio? Acostumbrados al concreto, al humo gris que les reemplaza el cielo, adoran la tecnología y adoran estar sentados en esa computadora leyéndome. Ya estarán criticándome en sus adentros por ser un viejo loco que miró un unicornio.

Lo vi, un unicornio negro con un largo cuerno de plata saliendo de su frente, ese cuerno señalándome el camino, cuando movía su cabeza, la larga crin brillaba en la noche reflejando la luz del cuerno que también hacía una estela de luz en la oscuridad. ¿Saben por qué los unicornios se hacen negros? No, ¿cómo han de saberlo? A ustedes no les ha visitado el niño que transforma su cuaderno en mariposas. Maldito concreto, maldita ciudad… como cuando vivía en Jaramillo… pero esa es otra historia.

Los unicornios se hacen negros cuando se enamoran de quien no deben… y creo que éste es el más negro que he visto en mi vida. Una señal de pureza, naturaleza, virginidad oscurecida por lo que llamamos amor. Y abracé al unicornio negro, porque sigo siendo humano. En éstos últimos instantes que me quedan de vida dentro de mi vejez, quiero demostrar que todavía siento simpatía y compasión.

(Sentimientos inútiles).

Y platiqué con el unicornio, éste parecía entenderme porque me miraba en silencio. En pocas ocasiones relinchó y golpeó el suelo con las pezuñas, alzando el polvo del pavimento. Sus ojos, se hacían rojos o amarillos, dependiendo de su humor… cualquier pensaría que era un caballo satánico, venido de las profundidades del infierno… a esas personas me gustaría pedirles que dejaran la bebida. Los unicornios pueden ser todo, excepto malos.

Contamos banalidades, de la poca magia que resta en el mundo, de la carencia de amor. Le platiqué de los ratones en la luna y el unicornio me platicó del bosque escondido repleto de sauces llorones. El bosque de Fafjel, donde viven los unicornios y los centauros. Yo le escuché fascinado y le pedí que un día me invitara a entrar. Me prometió que trataría, pero que estaba prohibido que los humanos entraran.

Es nuestra culpa, demasiado concreto, demasiada basura en las calles.

Entonces, me animé a pregúntarle quien le había hecho negro. El unicornio cerró sus ojos y volteó, me dijo “Hasta luego y gracias por la plática”, se marchó.. con una estela de luz marcó una línea recta que se alejaba cada vez más de mí. Yo no le seguí, yo sólo alcé la mano y le dije adios con mis dedos.

¿De quién se enamoró el unicornio?