Agosto 20, 2007 — Escribir, Howl.
Escrito por Agustin Fest.
“Debe ser posible”. Tengo esa pequeña frase en la cabeza. “Debe ser posible”. Eso puede aplicar a muchísimas cosas en mi vida y las decisiones que he tomado. Se puede pensar que la boda, se puede pensar que lograr una carrera como escritor, o se puede pensar en escribir mil historias. Otros pensarán que “debe ser posible” besar a una desconocida, detener todas las guerras (ay que trovador tan mamón saliste), escribir diario, ser millonario con un boleto de lotería o mirar toda la temporada de veinticuatro un sólo día. Vivir enamorado diariamente debe ser posible. Pasear en el parque de noche, reírse como idiota por toda la ciudad, cantar en voz alta y que un extraño acompañe el coro, divertirse trabajando, disfrutar el tráfico de la ciudad. Vivir desnudo en tu casa, escuchar Mendehlsson con el volumen al máximo o jugar a las escondidos con tus amigos, sin importar sexo, religión, condición social, color de piel, tamaño de falo, grado de buenez o si es lacio o rizado.
Si “debe ser posible”, entonces… querer es poder, o algo así. Mañana mismo, por ejemplo, dejaré de fumar, iré al gimnasio todos los días, empezaré a escribir la gran novela hasta terminarla, no leeré un libro de autoayuda jamás, organizaré mi música para tener sólo lo que me gusta, ya no beberé otra coca cola en la vida y la reemplazaré por agua. Si es posible, digo, también me convertiré en un ser humano productivo y saludable. Abundancia llama abundancia. La abundancia se multiplica. Los carentes siempre aspirarán algo, por ejemplo, ahora que tengo amor y creación, aspiro dinero y menos cansancio. Cuando tenía un mejor físico, tenía hambre de escribir y comer. ¿Es una especie de balance? ¿O se puede tenerlo todo? Ahh, ridículo. La carencia existe porque la abundancia existe, no se puede tener uno sin otro.
“Debe ser posible”, que duerma temprano esta noche, pero ya estoy más allá de temprano. Dos doce de la mañana. Mientras tanto, mi cabeza esta por explotar con tanta historia pendiente, hilando los capítulos, descubriendo lo que falta, escribirlo y ya. ¿Dónde es mejor escribir? ¿En mi casa o en el trabajo? ¿Es por eso que los escritores se rentan una pequeña oficina para hacerlo? ¿Y luego se imponen el horario? Un lugar donde fumar agusto y puedan mirar por la ventana, tal vez. El placer de fumar elimina energía. Provoca algo de neurosis. Afecta el sistema nervioso. Sueñan con el estudio. Alejándose de todo lo conocido, es posible escribirlo. Sin embargo, cuando estas en contacto con lo que dominas y lo que te domina, ¿cómo puedes jalarle el cuello al ganso?
|
Tags: abundancia, aspirar, carencia, dominio, dualidades, Escribir, pensamiento, soñar
Junio 14, 2007 — Asceta, Búsquedas, Familia, Fest, Niño viejo.
Escrito por Agustin Fest.
Esto no es el inicio de un sermón religioso, pero es el título más adecuado. Ayer en la mañana, salí a pagar gastos del colegio de mi hermano. Decidí, de paso, llevarme también su anuario para verlo. En el camino estuve revisando, mirando las fotitos de la juventud chilanga y marista. Jovencitos metrosexuales, mujercitas demasiado desarrolladas, y luego, mi hermano… su actitud flemática, su sonrisa breve de cabrón… me pareció verlo como un niño, de nuevo. Un niño algo decepcionado… pero tal como lo dejé.
Precisamente hoy le comenté a alguien, que no verle durante tres años, me impide despreocuparme de él y no caigo en cuenta que ya esta huevoncito. Hoy tuvimos un conflicto que reafirmó eso, pero me siento demasiado cansado para escribirlo todo. Tengo tantas imágenes de mi hermano, que más bien son mis hermanos… en distintas étapas de su vida, y existe esa base: el hermano pequeño, el hermano que necesita consejo, el hermano del cual soy el rol ejemplar… su hermano… siempre su hermano. Tal vez mi familia no es muy unida, no es la familia típica del mexicano, pero existe ese lazo que quiero conservar indestructible. Ese lazo que tal vez él rompa cuando madure, y se vaya, y aprenda a madrearse solo con la vida… Un lazo siempre fuerte, cuya sociedad considerará raro, porque los dos bastardos deberían llamarse “medio hermanos” y le quitan la palabra que no cuenta.
Es un ideal ingenuo y romántico, de los que acostumbro… ingenuo y romántico, mas no pendejo: el tiempo cambia a las personas, el tiempo las separa y las transforma en otros. Los otros. Estuvimos separados durante tres años… pasará que lo estemos durante más tiempo. Esa lejanía habrá de repetirse porque el tiempo no se detiene, y el tiempo es amo de la distancia y ordena los kilómetros a su antojo. Aún siento esa pequeña ansiedad de saberlo luchando solo. Ese pequeño síndrome de saberle bien. Sin embargo, nunca, he impedido que mi hermano se madreé solo. Es tal vez, con las personas que más quiero, que eso se mantiene indiscutible e inalterable: La madriza es tuya, la vida es tuya, yo te puedo explicar como lo veo… pero tú harás lo que quieras, siempre.
Cuando pasé de mi hermano, la verdadera razón porque llevaba el anuario continuó moviendo mis dedos. Avancé páginas, y páginas, buscando el apellido Fest en otros salones. Mi hermano estuvo en el 306… el mismo salón en el que estuve en 4to. Seguí avanzando páginas, moviéndolas a mi antojo… y cuando llegué al 213, mi salón de 5to, encontré a mi hermana. La admiré un momento. Su piel blanca, su sonrisa agradable, y me identifiqué en ella. No sabe de mí, pero yo sé de ella. Me pregunté, un tanto inocente, si ella fue la que dijo que le habría agradado tener un hermano mayor para que le cuidara.
Llegué a la oficina, aparté la hoja. Saludé a todos, le enseñé a Juan Carlos mi hermana, platiqué un poco de eso, me subí a la sala de edición y en silencio la miraba. No acostumbro a tener este tipo de dudas, y por lo general, soy mordaz cuando me asalta el tema. Sin embargo, la mañana de ayer, después de mirar a mi hermana, sentí cariño… o la ilusión de un cariño. Scarlett. Me dejé caer en mi asiento, y pensé cosas… pensé nada. ¿Cómo creciste? ¿Te has divertido? ¿El CUM te enseñó tanto como a mí? ¿Es una coincidencia o una broma, que hayamos estado en el mismo salón? Tres números más y habríamos tenido el mismo número de lista. Me pregunté si algún maestro habría tenido algún Dejá Vù. Si alguno habrá pensado en el Fest del ‘99 y del 213. No… tal vez no.
Agustín Fest en el CUM era un marginado. Al menos lo fue durante dos años. Alguien que no se daba a notar. Alguien que estaba escondido, atrás del cristal, moderadamente inteligente. Agustín Fest no quería brillar porque le parecía estúpido y una molestia. Agustín Fest no tenía la misma cantidad de dinero, ni los mismos juguetitos, ni la misma ropa que sus compañeritos. Agustín Fest sabía que, materialmente, no tenía nada con que competir y lo mejor que podía hacer, era mantener parte de su espíritu y crecerlo en soledad. Agustín Fest era pobre, una especie de marginado, alguien que buscaba un Zen, un idiota, un teto…
Siempre pensó, que si debía fomar parte de algún grupo, y brillar en él, debía ser por lo que era y no por otra cosa. No quería dar las nalgas rogando por un ipod (ejemplo) y presumirlo. No quería dar las nalgas usando camisas polo. No quería dar las nalgas usando pantalones Levi’s y ponerse cremita para mantener la piel sana y saludable. Ni peinarse con gel, ni rasurarse, ni hacer pendejadas para verse agradable y estético. No se le antojó caerle bien a los maestros para que le tomaran en cuenta las participaciones. No pensaba hablar perfecto inglés frente al grupo, para que le pusieran un diez. Lo que es, lo que te doy, es lo que hay, y no me vas a querer por lo que no te doy, quiéreme por lo que regalo. Es testarudo y necio en eso. Y aunque no quieras dar las nalgas, eres adolescente, eres un chamaco, y a veces terminas dándolas y necesitando brillar. La necedidad de supervivencia en el grupo, impreso en la memoria genética, es aún más fuerte que la testarudez de un chamaquito.
Ví el anuario de nuevo. Ella y su hermana, (y que Agustín Fest sabe), me han dado la impresión de que siempre han deseado brillar o hab brillado porque así nacieron. Estaba destinado que así pasara. Cuando la ví, me paseé por las fotos grupales y la encontré varias veces. El fotógrafo se había enamorado de ella… o sintió lo mismo que yo, un deseo espontáneo de protegerle y llamarle hermana. Estaba desparramado en el asiento, pensando todo eso y recordándome que… bueno, finalmente no eran nada mío, que nunca las miré crecer como a mi hermano, que nunca fui un rol de algún tipo y nunca lo sería. Por otra parte, mirar los ojos de mi hermana, y su sonrisa… me hizo pensar que lo había sido, o que deseaba serlo. Los sentimientos de mi hermano, que recién lo había visto en su fotografía, se transladaron a ella… un espíritu ingenuo, o un fenómeno psicológico, solamente pensaba… no, sentía que amaba a mi hermana, y deseaba protegerla.
Busqué a la otra. Pasé las hojas, y las hojas. La que inició todo el desmadrito. El soul search. La búsqueda de identidad. La noción repentina de la otra familia. Mi hermano llegó un día y me dijo—. Nos dió la bienvenida alguien que se llama como tú. Nos dio la bienvenida una Fest. Desde entonces supe de ella. Les dio la bienvenida, en el auditorio: brillaba o peleaba por brillar. La hermana mayor, la hermana ejemplar, la que ocupa mi lugar en otro lugar. Se veía bonita en esa foto, con la piel un poco más morena. Analicé sus gestos, ella era la responsable, la otra la soñadora. Ella sabe por qué quiere ser médico, la otra seguramente quiere estudiar artes. —A tí, ya no te encontraré por casualidad, cuando vaya a la escuela de mi hermano —pensé.
—Tú ya no me necesitas —pensé—. Pendejadas. Nunca me han necesitado.
Cerré el anuario. De todos los anuarios del CUM, curiosamente, este era el que más valor tenía para mí. La encrucijada del río místico, el destino extraño, la casualidad, juego de azar… esas cosas raras que nunca pasan, pero que se repiten a lo largo de la vida de uno, y le hacen vivir días extraños. Probablemente, sólo nos rozaremos el hombro. El lado oscuro, que se divierte, desearía que los caminos se interpusieran, y tuviéramos que vernos a los ojos para descubrir una que otra verdad. Sin embargo, el otro lado, asegura que sólo nos rozaremos los hombros. Nadie sabe, la verdad. Al final, continúa siendo cómodo para mí estar del otro lado, estar en las bancas de atrás dibujando monas hentai, hablando sólo lo necesario, enfrascado en pensamientos y libros, las lecturas importantes que cambian perspectivas. Vivir otra vida que no es la suya, evitando las miradas, deseando ser el anarquista, el martir de la protesta silenciosa… estupideces.
He salido a fumar. Recordé a Pueblita, y sus amiguitos. Pueblita al que le gustaba molestar en clase, molestar a los otros, el grandote con dinero. Con una voz demasiado gruesa, y sus ya varios años de educación marista, privilegiada. Al que dejaban hacer por abusivo. No me había molestado, pero pensaba… sí, en esa protesta silenciosa y estúpida—. Que no me moleste, que no lo haga… que no se de cuenta que existo, que chingue a los otros chamaquitos y me deje en paz. No hizo caso de mi protesta silenciosa y pues, respondí como me habían enseñado, empujándolo y dándole una patada en el culo. Empezábamos los golpes, cuando entró Vignau, nuestro titular (profesor de religión y matemáticas, hermano marista de ochenta y tantos años), y nos mandó a su oficina. Pueblita en el camino se hizo mi mejor amigo, recordándome que estábamos jugando y que en ningún momento nos habíamos golpeado. Estuve de acuerdo con él, porque sabía que yo era una especie de extranjero en el fascinante mundo marista y él ya tenía sus años de abuso, ya sabía que hacer. Habían insistido tanto en mi casa para que entrara a esa escuela, como para que a mí se me ocurriera ser expulsado a las tres semanas de clases. —Debí dejar que me golpeara —pensé en algún momento, y luego me sonreí—. Nah, eso no va a pasar.
Pueblita y yo, estuvimos escuchando durante algunos minutos que podíamos ser expulsados por nuestra actitud, y que no mintiéramos, que estaban enseñando valores de honestidad como para nosotros tratarle de ver la cara diciéndole que semejante patada en el culo era un juego. Casi me ganó la risa. Nuestros jueguitos demasiado violentitos. A Pueblita se tomaron unos minutos para regañarlo especialmente a él. Algo mencionaron de sus padres, y de su pasado, y de que siempre era lo mismo. Hasta hoy, creo que comprendo porque estuve presente en ese regaño a él. Finalmente a Pueblita lo despacharon, y Vignau se quedó unos minutos conmigo para regañarme de manera individual… pero algo había en su mirada… y luego sonrió un poco, y trataba de continuar el regaño. Hasta ahora lo estoy comprendiendo. Es como lo que pasa con mis hermanas, y sus padres que procuran enseñar valores a sus hijas escondiéndoles mi presencia… y creen que no existe un karma, no creen en el río místico o no miran las señales… . Yo sé que todo se te regresa, si no es a mí, es a tí. Vignau estaba sonriendo, y tratándome como un hijo juguetón, y sugiriéndome—. Ándale pues, ya pórtate bien —como no queriéndome decirlo, como diciéndolo para conservar el decoro… porque conoció mi lugar en ese momento, sabía que estaba ahí por una razón. Un lugar que desconocía en aquel entonces pero suelo ocupar porque me gusta observar, porque miro las señales y porque de alguna manera… tengo un sentido muy anti-heróico de la justicia…
Vignau… creo que estaba contento de que tuviera el valor para darle la patada en el culo al mamón.
|
Tags: anécdota, casualidad, Centro-Universitario-México, culo, distancia, dualidades, Familia, Fest, hermano, ingenuidad, marista, pasado, patada, pelear, preparatoria, río-místico, recuerdos, tiempo, Vignau
Mayo 4, 2007 — 1-2-3, Howl, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Mientras miro el video, como el japonés le mete la lengua a la taka taka y ella, poco responsiva sólo deja la boca abierta… pienso en las noches perdidas. Debería estar en mi cama, conciliando el sueño, pero estoy pensando, como sucede habitualmente estas noches y cuando pienso dormir es imperdonable. Me reencuentro con un pequeño sentimiento, un recuerdo de cómo, cuando niño, prendía la televisión y me dejaba acompañar por el ruido de las personas o bien… prendía un walkie talkie para recoger las frecuencias de los taxistas y escuchar algo. Estas noches me gustaría estar acompañado de ruido, por ejemplo, el ruido de las conversaciones en un restaurante o en un bar (sin música muy estridente) aunque mi sociopatía no me lo permita. Increílbe, el japonés tiene unos calzones de Astroboy… lo juro. Ella se arrodilla ante él, y como pasa en estos videos: puras mamadas.
Hace un momento miraba fotografías en flickr. Tuve un pequeño impulso de recuperar mi colección de Wallpapers y agrandarla con fotos que me gustan del flickr. Estuve como 14 páginas de mis favoritos, escogiendo, buscando las que tuvieran tamaños completos, bajándolas y recortándolas. He guardado estos wallpapers en un pendrive, para llevarlos mañana a la oficina. Estoy entusiasmado con las mac. Me han gustado tanto, que he pensado ahorrar para comprar una… eso, o mi boda. Será que la mac tendrá que esperar, tal vez un par de años. Si comprara una de esas computadoras, sería solamente para escribir y editar video. Guardar mis galerías de fotos, mis wallpapers, escuchar música. Lo único que extrañaría serían los juegos, la edición de estos, la creación de mapas, y demás. Cuando tengo un juego me gusta exprimirlo.
El japonés le ha roto las medias. No es nada sutil el tipo. Al minuto siguiente, le ha bajado los calzones.
Escucho Franz Ferdinand. Mi mujer me ha dicho que le encanta, pero que la pone arisca. Ha dejado de escucharlos en el coche porque la aceleraban demasiado. En lo personal, me parecen una de esas genialidades como pocas. Hay momentos geniales, explosiones de creatividad y urgencia, que recorren el mundo como un chispazo y las ideas explotan en varias cabezas a la vez. Su música me hace pensar en ello. Obligan, por ejemplo, a que la japonesa se ponga como chivo al precipicio y su compañero con la sutileza de un ladrillo, haga lo que plazca. Es un placer sexual encontrar algo que te gusta, y repetirlo, repetirlo, repetirlo. Explosiones geniales, como las caricaturas japonesas, sus series dramáticas, o las nuevas series gringas, que se dan el lujo de lo secuencial. Las buenas películas cuyo mindfuck no te deja en paz después de varias semanas. Algún día me gustaría hacer eso.
Ayer leyendo a Octavio Paz, me encontré con su visión del lenguaje. Si mal no recuerdo, habla del lenguaje que es propio y es construído a través de nuestra comunidad. Dice que el poeta, no puede escribir si no tiene este lenguaje, que su comunidad no puede entender. Pensaba en eso y me descubrí, de repente, en algún punto, como un hombre solitario, cuyas comunidades nunca le han interesado demasiado o cuando le interesaron, terminaron. Nunca he escrito para la comunidad, soy incapaz de hacerlo. Me sentí fracasado. Si no hay una comunidad que pueda reconocer lo que he escrito, ¿entonces de qué sirve? Escribir para uno mismo y que eso baste, es bonito… pero, el acto de escribir no esta completo si no hay lectores que hagan mis palabras suyas.
Es decir, escribir para uno mismo es pensar y sentirse satisfecho por ello, debería quedarse en el mero pensamiento. Tan bonito como imaginar que coges o masturbarte.
|
Tags: cachonderías, compañía, comunidad, creatividad, dualidades, Escribir, flickr, Franz-Ferdinand, japonesa, Octavio-Paz, pornografía, soledad
Marzo 15, 2007 — Búsquedas, Despertares, Fractal Chaos, Sueño-Insomnio, Todavía vives... con otro nombre..
Escrito por Agustin Fest.
Soñé que iba a morir. De hecho, fue emocionante, porque soñé que moriría matándolo en retribución, una especie de accidente durante una pelea que se cobraría con nuestras vidas. Él, era un hombre canoso, robusto, con voz grave y malo, muy malo (Uhhh, meyo). Soñaba que arruinaba la vida de mis amigos, los desaparecía o los asesinaba. En el sueño estaba consciente de ese futuro a través de sueños o premoniciones, como el tipo de los 12 monos, o de La Jetée… pero al contrario de ellos, estaba ansioso por enfrentarlo. Siempre estoy ansioso por el futuro. Si algún espíritu travieso se presentara y me contara el porvenir, manejaría a hacia allá a toda velocidad para estrellarme y morir, renacer, todas esas pavadas. Cada etapa es una muerte chiquita y una resurrección.
Acompañaba a alguien en un viaje, a alguien que podía ser yo y no lo era. Diría que era un primo, o un alma gemela. Estábamos juntos en una camioneta, con amigos comunes y viajábamos por toda la República para buscar a sus hermanos. El malo viajaba con nosotros, pero no se había declarado como tal… estaba fingiendo. Yo sabía quien era él por mis sueños, pero no lo comentaba porque pensaba que los otros no me creerían. Movía las piernas ansioso, quería que me dieran el volante… sí, ya quería estrellarme, quería morir junto a él. Llegamos a una estación de trenes rápidos y me sorprendí, porque una parte de mi consciente estaba segura que eso no existía. Trenes rápidos que conectaban a toda la República. Monterrey y Guadalajara, por ejemplo.
Llegamos a un lugar que parecía un hospicio, mi primo sacó una fotografía y empezó a preguntar por su hermano. Mis amigos se dispersaron. El malo se disculpó, se subió a su camioneta y habló de invitarnos a comer. Persistía en fingir… pero tenía la impresión de que conocíamos nuestro destino. Tuve una revelación, el malo era yo… o una especie de doble, sólo personas así de íntimas podían conocer su destino común y aceptarlo. Él se retiraba para empezar una cadena de eventos cuya finalidad sería nuestra muerte. La persona en que podía convertirme si continuábamos con esto. Cuando terminaron mis pensamientos, tan mamucos, descubrí que no era un hospicio, sino una casa de casting. Los niños se habían disfrazado de pordioseros para un comercial. Entre los niños se encontraba el hermano de mi primo. Sabía que después de encontrarlo a él, tendríamos que buscar a sus hermanas… al menos él, porque mi viaje era otro. Por fin, el futuro en un declive, sin frenos, exáctamente a dónde siempre quise ir.
Desperté, pero no quería hacerlo. Los sueños de muerte no se abandonan tan fácil.
|
Tags: Casting, dualidades, futuro, ilusión, irrealidad, México, Muerte, reflejo, sueños, tiempo, viaje
Noviembre 29, 2003 — Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
Las letras ahora se escriben en azul.
Antes las letras se escribían en blanco.
Ahora en azul, en azul.
Estoy tratando de descubrir la nueva casa que me he creado en una noche de desvelo. Hay mucha luz, demasiada.
El sol está iluminando unas runas grabadas en papel antiguo. (Runas en azul, un poco suavizadas por el Photoshop).
Antes se vivía en un completo estado nocturno, antes habían íconos sagrados hechos por un niño el cual nació antes de los tiempos de Cristo. Un niño… divertido.
Un muro de cemento con diversas aperturas, llevan a otras secciones de la casa. Son puertas y ventanas, cada una con un letrero para que el observador cuidadoso no se pierda.
Antes eran estrellas naranjas y verdes, delimitadas por líneas de aire. Era fácil perderse y dejarse llevar. Bastaba una brisa para sentirse una hoja en otoño y gritar: “¡No! ¡No! ¡Ya no más!”.
Un sencillo cambio de imagen da la noción de contraste.
Antes se creía que había caos.
Ahora se cree que hay orden.
Sin embargo, sigue siendo el mismo.
El mismo contenido.
Las mismas letras escritas.
El mismo hombre escribiendo detrás.
Pero ahora lo leerán diferente.
|
Tags: cambios, caos, casa, contrastes, día, dualidades, noche, orden
Noviembre 26, 2003 — Los malos días, Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
A veces escribo tanto que ya ni sé que escribir.
Les va a dar una sobredosis de árbol un día de estos.
Bien debiera tomarme un descansito y dejarlos reposar.
Sucedió algo muy curioso en la escuela el día de hoy.
Argel se apasionó, nuevamente, hablando de Borges…
explicando el tema recurrente de este escritor:
El desorden y la restauración del orden.
Los espejos, el infinito, las escaleras, el laberinto.
Los círculos, el asesinar la metáfora (y por ende, la muerte del lenguaje) en forma de un minotauro.
Y nuevamente, de Borges saltó a Cervantes, es como inconsciente en Argel. Por algo lo hace, aunque no sepa por qué (y yo menos). He descubierto que Argel es un buen lector y descubre con facilidad ciertos métodos, pero otros se los salta. Como profesor, ya tiene sus preferidos y está encasillado.
Como lector, esto puede cambiar de un momento a otro. A veces me pregunto, ¿a qué cambiará Argel en cinco años? ¿En diez?
Bien… de Cervantes nos dice de su juego de narradores, el tema recurrente de cada capítulo del Quijote (la osadía del Quijote de querer quebrar la realidad y esta, que le agarra a madrazos para que no se manche).
Son temas que me llaman la atención y cuando habla de ello, inmediatamente dejo de pintar monos, arreglar escritos, medio releer algún texto y presto entera atención. Me la paso asintiendo en silencio, asimilando lo que Argel dice. Confrontando lo que expone, contra lo que yo creo y así busco un balance de mi lectura, con la de Argel.
Después, sueño y pienso que algún día seré la inspiración de algún muchachito sentado, escuchando de aquel Árbol de los mil nombres. Algún día, alguien hablará de mi obsesión con Blake y la forma que intento asimilarlo en mis escritos inmaduros. De mi descubrimiento de los laberintos y el libro en el libro, gracias a Michael Ende. De mi etapa Marqueziana-Benedettiana a mi etapa Faulkneriana-Onetianna. Me sonrío y dejo de soñar. Tal vez nunca sea así, pero es una bonita panacea para disfrutar las clases de Argel que a veces son repetitivas.
Me agrada la clase de Argel.
Lo siguiente fue ir a comer a Arquitectura. He estado pensando en los muchachos con los cuales paso un rato agradable en lo que espero que pasen las dos horas libres antes de la siguiente clase. ¿Por qué me llevo con ellos? ¿Por qué me aceptan en su grupo?
Son cuatro: Jimena, Raul, Cristina y Juan Carlos (con el siento que hay un bonding, puedo jugar ajedrez con él y me enteré que también escribe). Todos me caen bien. Ellos tienen una cultura y un nivel de lecturas impresionante. Ellas, tienen la facilidad para tratar socialmente a otras personas. A los cuatro puedo escucharlos platicar y no aburrirme. Sin embargo, hay veces que no me siento a la altura.
Ariadna también se une a ese grupo con facilidad e inclusive, ella está en una mejor posición que yo. Así es como lo siento.
(Además, me puse de malas porque Ariadna llevó a su amigo gay. Un pendejo que la trata mal y se aprovecha de su amistad, cada vez que puede. Estuve así de soltarle que me caía mal, que me cagaba y preguntarle a Ariadna qué hacía ahí. Pero no soy de los que hacen escándalos en público y ya le dije a Ariadna lo que pienso de él, así que ella se mete solita en el mismo carnaval si quiere).
Jimena y Raúl pueden fácilmente hablar de literatura. Y de aquella poeta inglesa-hindú que yo no he leído. Pueden hablar de Samuel Beckett (y hoy descubrí, que Ariadna también lo hace con facilidad). Raúl es un conocedor de literatura medieval, y Jimena sabe mucho de poetas contemporáneos y más. Ariadna también ha tenido tiempo de leer a Keats, y de literatura irlandesa.
No sólo eso, los cinco están informados de la comunidad a la que pertenecen. Saben hasta el menor detalle, donde están.
Descubrí hoy que no he leído lo suficiente. Traté de recuperar un poco de control el día de hoy, haciendo un par de comentarios. Ni ganas tenía de hacerlo (y probablemente, me resté a mi mismo un par de puntos el día de hoy). El día de hoy, no fue un buen día para mi yo escritor-lector.
Tampoco tengo el mismo nivel socio-económico que ellos. No fue un buen día para mi yo clase-media rayando en la pobreza. Jajaja, ya me había pasado. Me da vergüenza (que fea palabra es esa) que sepan que en varias ocasiones no tengo para cigarros o para comprarme la comida y aceptarles cuando ellos me ofrecen algo. Jajaja, hay veces que parezco tan hambriento que de plano si me compran algo. Veo las papas fritas que le ponen en la comida a Jimena y lo siento, de aquí soy y que no se atreva a tirarlas a la basura, porque me va a dar un retortijón en el estómago. (Y si las tira, o me río o me dan ganas de soltar la lagrimita). Es ridículo, pero así están las cosas y agradezco los favores. Ya buscaré la manera de compensarlo.
También les escuché hablar de los lugares a los que han viajado (de nuevo) y cada vez que les escucho, me sorprendo. Dublin, Francia, Grecia… jolines tío, ¿hay pobreza en México o soy el único? Hablan con naturalidad y sin pretenciones del arte, de lo que han leído, de lo que han visto, de lo que han visitado. Hablan entre ellos, porque ellos se entienden y yo les escucho.
Hoy me sorprendí pensando: “Seguro lo haré, sea como sea, porque quiero hacerlo”. No importa como será, pero lo haré (¿Me acompañas?). Y si no es algo para mi, será para mis hijos, para mis nietos o vale madres, ya veremos cuando sea viejo. Me encargaré de ello.
Si, soy demasiado orgulloso. Y matar el orgullo me está haciendo pedazos.
La gota de agua, que derramó el vaso… Historia Literaria II. Para recuperar algún respeto a mi mismo, participé más. Dije lo adecuado, lo correcto, sin aventurarme a comentar algo que pudiera ser un error y bajara mi autoestima de por si, un poco maltrecha. Me anoté un par de Good / Very good de parte del profesor y hasta me sentí orgulloso.
Lo demás vino, cuando el profesor en alguna parte del ensayo de Charles Lamb (The two races of men), tuvo que explicar algo de lo cual no tenía idea. Ninguno de nosotros tenía idea, pero me importó más que YO no tuviera ni puta idea. Primero empezó explicando la etimología de Eulogy (Eu - Bueno, Logos - (En su más pura expresión) Palabra). Elogio, palabras buenas. Y después, procedió a explicar la ubicación de un mar y como sus propiedades afectaban el texto. Como el mar, por esas propiedades, convertían el párrafo de ese texto en particular, en toda una metáfora (Ensayo romanticista, puffft, ¿qué se podía esperar?).
El caso es que era algo, que debía haber sabido. En ese momento, por más absurdo que fuera, sentí que DEBÍA saberlo sin que él tuviera que decírmelo.
No pude aguantar más la clase, me salí a fumar un cigarro.
No estoy en una buena etapa de mi vida, es la verdad. Cuando esas cosas suceden, recuerdo buenas palabras. Recuerdo lo bueno que aún tengo. Recuerdo de lo que soy capaz.
Y aunque el orgullo me mata, también me sacará adelante, aunque hoy no confío en él. Ya me cuesta trabajo confiar en mí.
Más vale que se asome el cabrón y saque una cuerda para ambos, antes de que nos ahoguemos.
|
Tags: Argel, Borges, Cervantes, dualidades, Escuela, espejo, hambre, homenaje, malos días, orgullo, pobreza, reflejo, UNAM
Noviembre 24, 2003 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
En diez horas, puedes caminar de un mundo al siguiente.
Sabes lo que encontrarás en el uno, en el otro.
Sabes cuál es un infierno y sabes cuál es un cielo.
(aunque a su modo, se complementan. Hay infiernos
y hay cielos, en ambos mundos. Todo es cuestión de
quien decida caminarlos).
Y aceptas ambos mundos. Debe ser así, de lo contrario…
…rayarías entre el cuerdo y el loquito.
En teoría, el primer mundo te enseña muchas cosas…
y en el segundo, tienes que desaprender varias.
Enseñarte otras cuantas…
Cuando regresas, ocurre exáctamente el mismo proceso.
Hay un desbalance. Debes ser muy ducho, muy chido,
—un genio—
Si puedes asimilar y adaptarte a ambos mundos,
sin consecuencias graves.
Uno debe entender, cuando se puede regresar y cuando no.
Cuando es debido atravesar uno y otro.
(Aunque el riesgo es toda una aventura y debes asimilar que
el desbalance puede ser peor. Tienes que tenerlo en mente
pichulita o ya nos fregamos).
Lo importante, de caminar entre mundos, de caminar entre
(—ORDEN Y CAOS—
—THANATOS Y EROS—
—CIELO E INFIERNO—
—FUEGO Y AGUA—)
aquel mundo y este, es llevar las enseñanzas…
los buenos recuerdos…
los que todavía no suceden…
las promesas del futuro…
caminar y predicarlas.
Aferrarte a ellas.
Creer en ellas.
Creer que existes y no importa nada más, que puedes caminar cuando quieras para vivir lo que desees.
Nada importa, más que eso.
En diez horas se puede caminar de un mundo al siguiente,
y he olvidado mi reloj, ya no sé contar el tiempo,
solo
miraré
al
frente.
|
Tags: cambios, dualidades, homenaje, líneas, mundo, otro, pichulita, quebradas, Serial Experiments Lain