Disculpa epistolar para una muerta

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te he escrito. ¿Podrás perdonarme? No es olvido y no es no me acuerdo, tú sabes muy bien que siempre te tengo en mis pensamientos y cuando miro a otras personas, sigo tus enseñanzas discretas.

Tú me enseñaste como comportarme en el mundo, lo hiciste a medias, pero fue suficiente. Cuando me dejaste tuve que llenar los espacios en blanco, aunque eso ya no importa, maldije el abandono repentino en su tiempo, la furia egoísta se ha convertido en nostalgia y melancolía.

Pocos se dan cuenta cuando pienso en tí, mi amor, aunque quisiera gritarles lo importante que fuiste en mi vida no lo entenderían. Tal vez porque eres sagrada o te has convertido en un ícono importante. ¿Qué puedo decir? no lo sé.

La cuestión está en qué… quiero decirte que ya soy más feliz que antes. ¿Te has dado cuenta? Sonrío más seguido, bailo, bromeo con gente extraña, leo más tranquilo, mis preocupaciones se han vuelto más banales (El trabajo, la escuela, la vida).

Siento que te estoy traicionando. Las numerosas pláticas que teníamos, de niños, creyéndonos más que los adultos. Creíamos tener la verdad del mundo en nuestras manos y de adolescentes la predicábamos a los cuatro vientos. Prometíamos no ser como ellos.

Ahora yo me estoy convirtiendo en uno y te imagino sonriendo a pesar de mi traición. Es la natural evolución del hombre, ¿qué podías esperar de mí?

El motivo de esta carta es para decirte, que después de todo estoy bien. Aunque esté recargado en el barandal, fumando mi cigarro ausente, ignorando a aquellos que me dan palmadas en la espalda y me preguntan cosas que entiende alguna parte de mi cerebro y responde automáticamente… estoy bien.

Te has llevado mis ojos contigo. Pero estoy bien. Todo irá bien, ¿verdad? Te has llevado mis ojos…

La Cagué.

Es un término que escucharán poco de mis labios, no importa si la haya cagado o no… no lo admito. No admito cuando me equivoco, odio admitir cuando cometí un error. Me niego rotúndamente y recurro inconscientemente al recurso del imbecil: Echarle la culpa a alguien más. Es casi automático, como los mitómanos mienten, yo estoy acostumbrado a no aceptar cuando estoy en un error.

Por lo regular eso me sucede en el trabajo y mi jefe es muy paciente como para no despedirme cuando me defiendo con estupideces.

Debe ser algo natural en el ser humano.

Hoy me equivoqué, tenía que hacer una edición que se me olvidó de pronto. Me habló mi jefe al celular ya cuando me estaba subiendo al metro para decírmelo y mi inmediata reacción, fue tratar de escudarme que alguien más cometió el error primero que yo (no me di cuenta hasta después de que ese es el método de negarlo hasta que lo medité en el camión).

Es una de esas cositas que uno va descubriendo que no le gusta de uno.

Ofrecí regresar para terminar la edición y era de esperarse que me mandara a mi casa, diplomaticamente, a la chingada. Y medité y medité… ya había tenido esa discusión con Jorge: “¿Por qué te cuesta tanto trabajo admitir qué te equivocaste?”.

¿Por qué me cuesta trabajo, ah? ¿Será una de esas manías que se le queda a uno de niño de querer ser el perfecto? ¿La excusa milenaria de los siglos? No lo puedo decir del todo. Después de todo, me cuesta trabajo admitirlo.

Ante todo

Ante todo, les pido una disculpa por los escritos confusos que se dan cuando yo estoy en la escuela, como verán son muy introspectivos y creo que es más divertido si los dejo intactos, después de todo, son esos momentos donde más se libera el inconsciente.

El día de ayer, viernes, acabando las clases, fuimos un grupo de compañeros a sacar unas copias en colectivo, yo en lo personal, conseguí el poema de “La Muerte del Mayor Sabines” y “El Toro de Minos” (un libro como de 300 páginas). Por supuesto que el proceso fue largo y tedioso y como varios estábamos en la misma situación, dejamos a alguien en la copiadora y nos sentamos a platicar a las afueras de la biblioteca.

Participantes.

  • Emiliano (Antes llamado “El Son 10 pesos”).
  • David (No tuvo nombre anterior).
  • Sandra (Aunque me queda la duda si es Susana).
  • Astrid.
  • Francisco (No tuvo nombre anterior).
  • Natalia (Antes llamada Isabelina/Actriz).
  • Paloma (Antes llamada la chica de los piercings).
  • Ariadne. (No tuvo nombre anterior).

Fue una plática amena sin sentido. Tuvimos oportunidad de integrarnos más y ya sabemos con quien contar para las risas y para las cervezas (¡Salud!). Criticamos un poco a los maestros y compartimos nuestro miedo a nuestro querido profesor de Ingles 3. (You’re machine-gunning the english!). Pero hasta eso comparto un poco lo que dijo Emiliano, con él nos vamos a enseñar a hablar mamón el inglés.

Y bueno, me enteré un poco de la vida de cada quién.

Astrid tiene un novio argentino (¡Que sorpresa pibe! ¿Vos sabés?) con el cual ha durado tres años y parece ser el amor de su vida. Tiene opiniones políticas bastante fuertes y los expresa sin miedo. En general sus comentarios son concisos, concretos y muy directos. Su amor por la lectura viene desde muy chiquilla.

Francisco vivió durante un tiempo en Estados Unidos y se está adaptando a lo que es ser mexicano en su propia tierra. Creo que eso le da un poco de desconfianza con nosotros. En sus palabras me dijo: “Soy un poco cerrado, en ciertas cosas”.

Ariadna estudió en la preparatoria del TEC, pero no es niña fresa. La opinión muy personal que tengo de Ariadne es que… es una mujer muy curiosa. No es una adolescente, ya está pasando a ser mujer. También tiene opiniones políticas contundentes y solo toma la palabra cuando tiene algo que decir.

Sandra es un espíritu del viento, vive libre, hace lo que se le de la gana, sus padres le tienen la confianza. Yo creo que cuando suceda esa etapa, se convertirá en una gran mujer.

Paloma creo que es la que más nos platicó de su vida. Vivió en Chicago durante 9 años y parece que ha aprendido a hacer muchas cosas durante su vida, ha tenido muchas experiencias y su ambiente familiar -el cual es escazo- le afecta, pero lo comprende. Es de aquellas ternuras que a primera vista crees que no saben lo que hacen, pero en realidad saben más que tú y te enseñan lo imbecil que eres.

No se nada de David, puesto que no habló, todo el tiempo se mantuvo callado, mirando a todas partes muy lentamente. Sin movimientos repentinos. No vi que cambiara su expresión del todo ni que se riera con mis chistes.

No se nada de Natalia todavía, solo se que estudió actuación y que está estudiando simultaneamente otra carrera. Natalia es una persona muy empática, pero por supuesto… es actriz.

Y yo, ¿Qué se supo de mi? En realidad nada, pero en la mesa Astrid y las demás concordaron que les doy buena vibra. (Astrid de hecho le dijo a Francisco… perdóname pero tú no me das tanta buena vibra como me la da él). Hago hincapie que yo ya me estaba asustando y que me iban a decir que me veía como muy mamón el primer día o algo así. Sandra y Paloma también estuvieron de acuerdo, sin embargo Ariadne creo que no comentó nada de la vibra.

No tuve que decir nada de mi, nada importante al menos.