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¿Es posible escribir durante 24 horas? ¿Qué de bueno podría resultar escribir cada hora lo que pasa por mi cabeza? Es como la propuesta gringa de escribir una novela en tres meses, ¿o era una semana? En esa propuesta, estaba explicado que de ninguna manera esperaras un Proust en el resultado, pero que el acto en sí, de escribir lo más pronto posible, te ayudaría a terminar el producto y ya una vez finalizado, tendrías la opción de editarlo. Yo no soy así, yo no puedo escribir una novela de corrido y luego regresar a ella. He descubierto que pasado un tiempo considerable, puedo animarme a releer el texto y sentir que puedo mejorar cosas. Pero fui educado con la necedad de que lo escrito, escrito esta y como con las palabras, estas no se retiran. Creo que es un sentimiento de lo más mexicano, responsabilizarse por los actos para sentirse héroe, noble y bien parido.

Supongamos que de veras me animo, el día de hoy, a escribir cada hora lo que esta pasando por mi cabeza. Y también de mis alrededores. Si hago eso, podré demostrar finalmente lo aburrida que es mi vida y también, como no, descubriré lo poco interesante que es seguir escribiendo en mi blog. O también podría descubrir una joyita dentro de todo lo escrito, una línea que sea capaz de disparar una inspiración propia y que me permita continuar algo que he dejado pendiente, o incluso crear una historia. Supongamos que es una idiotez escribir 24 posts, con una hora de diferencia cada uno. ¿A qué hora voy a dormir? ¿De veras el animo infantil lo vale?

Tengo que terminar un trabajo que tengo pendiente, puedo trabajar y cuando pase el tiempo, sencillamente escribiré ese progreso. Puedo detallar del trabajo que estan haciendo en la casa de a un lado, puedo determinar a qué horas pasa el gas y el agua. Puedo platicar cada cuanto tocan a la puerta. O si me siento muy valiente, puedo salir corriendo por un café al Starbucks más cercano y regresar a tiempo para la siguiente entrega. Puedo convertir esto en un meme, ¿alguien más se animaría a hacer esta idiotez? Puedo describir con absoluta presición los procesos mentales que pasan por mi cabeza, ya casi cumpliendo las 24 horas de necedad y pendejada. Puedo convertirlo en un ejercicio mensual, procurando hacerlo un fin de semana de cuatro, para llamar la atención de los webloggers. O bien, puedo sugerir que se convierta en el día internacional de postear 24 horas en todo el mundo, no me sentiría tan sólo si algún español, argentino, hindú y británico, me acompañaran en esta empresa.

De alguna manera, estaría haciéndole honor al espíritu original de un diario, que es escribir lo que se piensa en el momento, lo que pasa en el momento. Es lo que hacían los escritores que llevaban su libretita, que al caminar por las banquetas de alguna plazuela, se les prendía el foco, sonreían siniestramente, luego adoptaban pose misteriosa, sacaban su plumita y anotaban “que el hamster le daba vueltas a la ruedita”. Ya después, en sus casitas, tachaban al hamster o la ruedita, y lo cambiaban por la vida o por el amor. De eso se trata tener un blog, para aquellos que se sientan escritorsuchos, de anotar lo que piensan y luego, ya más calmaditos, tachan, revisan y reescriben. No es para que los descubran como grandes escritores. Disciplina y control, como diría el hombre oscuro. Amor al arte, pues.

Veamos qué tal me va, he puesto el temporizador de mi celular para que suene a la hora que empecé a escribir esto. Veamos si tengo la disciplina para escribir esas 24 horas. Y ojalá surja algo divertido, además de babear como estúpido a las diez horas de haber empezado esto.

Diario de Simón Dor. Día 22.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 20 de 47


Día 22

Apagué mi cigarrillo y el humo hizo un torbellino desesperado antes de consumirse por completo. A veces sonrío, cuando empecé a fumar, solía tomar mi adicción como una broma. Los cigarrillos tenían ojitos y boquitas y me suplicaban como niños que no los fumara, que no los matara. Yo me carcajeaba, como un lunático, de mis propias ocurrencias y sádico, cruel, prendía y aspiraba. El cigarro moría lentamente y su grito ahogado se escuchaba en las cavernas bronquiales.

Fue gradual el cambio de papeles, lo se, pero mi entendimiento fue repentino. Ahora son ellos los que tienen una cara dura, los que me susurran como un sucubo que los tome y me los lleve a mis labios, me tratan de su puta y me hacen comprarles y además, pagarles con mi salud. Curioso como cambian los papeles. Me los llevo a las boca y sonrío, después de todo, ya no ruegan, ahora soy yo el que pide que sea el último y muy dentro de mi, escucho el grito pulmonar.


Estructuras, no soy arquitecto, ni diseñador. Diablos, ni siquiera soy un escritor. Pero a lo largo de mi larga vida, mis ciento cincuenta años, he descubierto que todo trata de estructuras y disciplina. Claro, cada quien en su vida dice que la vida se compone de alguna palabreja, en mi caso, al menos el día de hoy, digo que se trata de estructuras y disciplina, elementos que con el manejo correcto, otorgan Control.

Es una vida más tranquila y los sueños se acercan a la realización, cuando tienes consciencia de tus recursos. Quisiera presumir que mi control es absoluto aunque soy fanático inconsciente de la relatividad (y en algunas veces, consciente). Viva Einstein, que con su teoría, nos ha hecho pensar a nosotros, los pseudo filósofos, que todo es relativo o como bien dice, “Depende del cristal con que se mire” o bien amado sarcasmo del “Cada quien habla de como le fue en la feria”.

Algunos nos obsesionamos con el control y lo perdemos tan fácil.


Caminar, andar, seguir, trotar, avanzar, saltar, continuar.


AMOR.

Acariciando el Muslo de Ofelia, Revivo.