Domatýu.

La Martha comentaba que esta en la etapa donde le gusta más leer otros blogs, y escribir en el suyo se ha vuelto más esporádico. No sé si es una situación general, sé que me pasó algo similar en su momento… no tengo la menor idea de por qué. Probablemente sea una situación de feromonas, de esas donde dicen que solamente duran tres años y medio y después ya, ya vale madres. Poco importa si Eduardito escribió esto, que si Pachulito escribio aquello, que si la Chiquitibún enseñó otra vez las tetas, que otra adolescente esta sufriendo un mal de amores, que el pendejito aquel sigue tan gracioso como siempre. Claro, eso pasa ya cuando llevas un ratote, ya cuando tienes a tus cuates y más o menos les sigues la pista, ya sabes qué onda con su vida, ya sabes a dónde van, ya te das una idea de que meme mandarle y cuál si te va a responder…

Hablando de memes, responderé uno que me dejó Javier Benek

Al rato me la viviré respondiendo memes. Ya se me hacía raro verlo escrito en toda mi blogósfera y que no me lo mandaran a mí.

Diez años atras yo:

Tenía 14 años. Mierda, creo que la pubertad fue lo más culera de mi vida, andaba con las hormonas bien altas y estando más gordo que ahora (y aparte, tímido y pendejo), pues no… no pasaba nada conmigo. Lo bonito que recuerdo es que me enamoraba de todas las mujeres… eso si… es bonito enamorarse, es bonito el sentimiento de querer ver a alguien, de querer compañía, de ser admirado y deseado. En ese tiempo eso era más intenso, mucho más intenso, por cualquier reacción física y biológica que puedan hacer unos catorce años. También, cualquier novedad sexual era muy fuerte, que si la masturbación, que si le miré las piernas y se me paró… eso creo que es irrecuperable, pero francamente, no reviviría la pubertad sólo para recuperar ese tipo de sensaciones primitivas, prefiero masticarlas ya que estoy crecidito.

Ya estaba terminando la secundaria, ya había hecho examen de admisión para entrar al CUM y en ese entonces no tenía idea del impacto que tendría esa escuela en mi educación / formación, en mi disciplina de trabajo, en mi sed de conocimiento y reconocimiento.

A mi mamá le detectaron un tumor en ese entonces, los tratamientos costaron un dineral que pagaron mis tíos. De ahí, le empecé a prestar especial importancia al cáncer en mis genes (en un aspecto fatalista / destino). El cáncer, hace diez años, se hizo parte integral de mi vida y mis pensamientos. En los libros, los comics, los folletines y los periódicos que leía tomaba nota de la palabra y cómo la usaban. Afortunadamente, como lo detectaron a tiempo, mi mamá salió bien… sin embargo, eso aumentó su deuda con sus hermanos, por eso y otras cosas muy personales, empezaron a romperse las relaciones entre ellos.

Cecilia desaparecería de mi vida un año después.

No, no regresaría mi vida diez años. No estoy pendejo, ni loco.

Cinco años atrás yo:

Tenía diecinueve años… y de esa etapa de mi vida ya platiqué en mi blog (y recientemente). Si realmente les interesa saber… hay dos posts de eso, muy recientes, que escribí un día que discutí con mi hermano.

Un año atrás yo:

Estaba trabajando todavía en Carrillo Casting. Ya por esas fechas estaba pensando renunciar. También abandoné mi carrera un año. Llevaba casi un año viviendo solo. Ya tenía cuatro años trabajando en publicidad. Sol se mudó a Puebla y con eso, se facilitó muchísimo nuestra relación.

5 Lugares ideales para mi:

  • Una playa donde morir agusto.
  • Un lugar sin tanta gente.

5 Mayores alegrías de mi vida: (Eso de Mayores alegrías me suena tan mamón y espantoso, pensaba ponerle “momentos sublimes” pero creo que se oye igual).

  • Estar de nuevo con mi hermano.
  • Sol María.
  • Terminar Padre Taxi.
  • Terminar El Diario de Simón Dor.
  • La primera vez que fui a Guadalajara.

5 Cosas q me gusta comer:

  • Milanesas, lo siento, soy muy corriente para la comida.
  • Arrachera.
  • Ensalada de atún con aguacate y mayonesa. Me recuerda mis momentos pobres en Carrillo Casting y también, me recuerdan el mercadito de la abuela.
  • Ensalada navideña de la abuela.
  • Chocolate blanco.

5 Cosas que no me verás usar:

  • Ropa o accesorios con algún logotipo de partido político.
  • Pantalones-de-Cuero.
  • Pornografía para homosexuales varones.
  • Pociones mágicas.
  • Un cepillo de dientes para lavar un baño.

5 juguetes favoritos:

  • un cuaderno en blanco.
  • mi servidor.
  • cualquiera que sirva para armar.
  • cualquier final fantasy, ¿no cuenta juego cómo juguete?
  • de cuero, el pack de esposas - mordaza -antifaz. ¡Yay!

5 personas para que les pases esta tortura.

Como siempre, aquí lo dejo… si te gustó y quieres responderlo, adelante, tómalo y por ahí déjame una liga, que como dos tercios de la blogósfera, a mí también me encantan.

Parkuk.

En este departamento no se puede fumar porque uno de los tíos es muy sensible con los olores y es bien sabido —no por los propios fumadores—, que el olor del cigarro es, pues, bien pinche apestoso. Así que para conservar la santa calma, la paz y la estabilidad en las relaciones diplomáticas, salgo a fumar un cigarro a la entrada del departamento, la cual esta enrejada. Viví en esta Unidad durante creo que unos diez años, hasta que me mudé a la Narvarte y ahora que estoy de vuelta, siento que han pasado otros diez años. Algún día entenderé porque mi percepción del tiempo es tan particular (una manera de decir “mamona”) y porque siempre soy un anacrónico con la sociedad. De todas maneras así lo disfruto… la anacronía en mí, es una nostalgia hasta porque pasa una mosca, vieja compañera, y es un mal necesario, al menos para alguien que gusta del arte o se la vive coqueteando con él. Sufrir de nostalgia y melancolía es parte de mi misma vida.

La anacronía es una enfermedad depresiva y a veces, en ella se consigue el éxtasis iláptico (el lector avispado se dará cuenta de la redundancia, de la constante redundancia). Una sensación que todo esta bien… como maniático hay que vivir.


La oración anterior contiene muchas palabras domingueras que se leen mejor si no se sabe que son y finalmente, utilizo las palabras sin la seguridad de saber que son y me guío al como y que me suenan. Sólo cuando “escribo en serio”, voy corriendo a la RAE para que me ilustre, ya que no tengo varo, ni ganas verdaderas, de comprarme un Corominas. Y vamos, para mi no hay de otra, a veces me dejo llevar por el sonido de las palabras e invento cosas, me procuro un bonche de antítesis, contrastes y paradójas que un lector cuidadoso hará bien de tirar a la basura y decirme—: Cabrón, me estas cantinfleando.

La anacronía, mi santa madre o santa muerte, desprecia el verdadero significado de las cosas.


No fue hasta muy tarde, ya algo crecidito (para mis estándares anacrónicos), que me enteré de la importancia de la identidad. La identidad nacional, la identidad individual, la identidad social, la identidad familiar, la identidad etcétera. O tal vez estaba muy consciente de su importancia y es por ello que me dediqué a moverme entre varios círculos sociales / núcleos familiares / juegos relativos interpersonae, siempre jugando el papel de la ambigüedad o del guasón (reemplazo con facilidad la carta que te falta, Ma’ killin’ jokee). ¿Estaba la gente igual de consciente que yo de su propia identidad? Mis compañeritos de juegos en el mercado, las marchantitas de los puestos y los amiguitos de la escuela. Ser parte del ejercicio escolar de llevar la bandera, robarse los jimanes de un niño más chico que tú o alzar la mano para demostrar que eres un sabelotodo. Ñoño mamón, lángara noble.

La anacronía exige el olvido del sí mismo para la constante búsqueda del ego. Exige una ambigüedad natal, un quiebre en una o todas las identidades, depende del sabor de tu helado.


De igual manera, un anacrónico no pertenece a ningún lugar, no importa si es un nómada o un sedentario. Para el anacrónico no existe nada definitivo, aunque siempre esta pidiendo un sí o un no. El anacrónico habla en blanco y negro, cuando todo lo ve a colores. Un anacrónico no pertenece a nadie, aunque este sumergido y disfrute plenamente del juego social. Un anacrónico mira lo que todos no ven, lo que no existe ya en el presente, porque siempre oscila entre el pasado y el futuro. El anacrónico huele su propia mierda antes que todos los demás, porque esta consciente que cualquier dedo suyo puede mover las olas del tiempo.

Una anacrónico sabe que todos vamos al mismo lugar, que todos nos vamos a morir y no hacemos nada, somos niños jugando en lo que papá nos manda a chingar a nuestra madre o a dormir.


Eso pensé, entres mis dedos izquierdos se consumía un cigarro. Mi palma izquierda sostenía un cacto [Bob] que roncaba inquieto. Enfrente la reja del departamento, un silencio sepulcral de vecinos durmiendo o que no han llegado del trabajo. Soy una carta de Tarot. Tal vez la vecina de enfrente, una alta y delgada, morena, con cara de mosca muerta y “yo no cojo por placer, sino por merecer”, me dedicó una breve mirada de desprecio por fumar en mi jaula antes de encerrarse en su departamento. A mi derecha, en un espacio entre departamento y otro, un lobo encadenado con oro (apostaría que de alguna montaña), de pelaje rojo, me miraba fijamente. Un lobo… un cacto… un cigarrillo… una jaula… una vecina con caretcétera. Esto se me hace tan familiar, un dejá vù.

El lobo me sonrió, me dio la espalda, se echó a dormir y yo me metí al departamento cuando me terminé el cigarrillo. El cacto seguía roncando y todos duermen, excepto yo, el anacrónico.