Enero 11, 2003 — Crónicas de Sara.
Escrito por Agustin Fest.
“Agustín:
Leí un comentario que criticaba tanto misterio para una vida un tanto trivial. Quisiera disculparme con ella, porque mi vida no deja de ser trivial. No soy una millonaria para viajar a Europa cada tres meses o tengo un trabajo que me permita viajar. Yo sabía a lo que me arriesgaba a exponer mi vida a través de tus letras.
Pero se supone que para eso estudié relaciones internacionales, ¿no? Yo creo que uno de los sueños que tenía acerca de mi carrera, sería que viajaría bastante. Tengo treinta años y no he podido ni siquiera comprar un coche. No, no, no… de veras que cuando somos jóvenes nos dejamos llevar por los sueños y yo sé que no soy una viejita… pero es distinto, los sueños de la adolescencia y la sobrevivencia de la adultez.
Leí que ayer no querías escribirme, lo sé, debiste llegar cansado. Gracias por lo de “Historias de Jaramillo”, pero no me inscribiré en el foro. No entiendo bien lo que pretendes, pero ya nos enteraremos, ¿verdad?
Mi mamá y yo hemos estado investigando donde comprar para abrir nuestra tienda de regalitos, creo que ya te lo había comentado. No me entusiasma mucho la idea de hacerlo junto con mi madre, pero debo hacer algo por la economía familiar. No me gusta decir: “Hacer algo por mi vida”, ya que… ¿tendera en una tiendita?
Yo se que suena muy egoísta. Pero eso no hará nada por mi vida… al menos me mantendrá ocupada.
Debe ser que estoy en la crisis de los treinta, ¿no existe una? Se que hay una crisis de los veinte años (¿cómo pasaste la tuya?).
Gracias por permitirme quejarme a través de ti, te mando un saludo y un beso.
Sara”.
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Enero 3, 2003 — Crónicas de Sara.
Escrito por Agustin Fest.
“Agustín:
Leí que has aceptado el método que he acordado para que trabajemos juntos. Ha sido una semana muy ajetreada, ¿Cómo pasaste tu año nuevo? No lo has contado en tu weblog, tus motivos tendrás.
Yo creo que es deber cívico que te platique el mío, ya que he aburrido a la gente con los métodos de trabajo respecto a mis crónicas y con estarles amenazando que escribirás acerca de mí, ¿verdad?
Bueno, no tengo una vida más que cotidiana, estas crónicas las hago esperando que puedas agregarle un poco de magia a lo cotidiano con tus letras y también esperando que la gente se interese por la vida de una solterona de treinta años.
Hablando de solterías… me acordé de Roberto. Todo el año nuevo me acordé de él, mis padres se acordaron de él, hasta mi hermana menor se acordó de él. ¿Quién es? Es una historia larga, cuando yo era joven e ilusa, hará hace unos siete años, me comprometí con ese hombre maravilloso llamado Roberto.
Nos tardamos siete años en saber que no eramos el uno para el otro y que el matrimonio que habíamos fijado no iba a funcionar. Nuestra vida se había rutinizado rápidamente, yo creo que ni debimos darle más de dos años a nuestra relación.
Son cosas que pasan este mundo, lo único que lamento es que perdí mi lugar en una maravillosa iglesia que se encuentra por Coyoacán. Bonito lugar. ¿Sabes a cuál me refiero?
Respecto al año nuevo, comimos romeritos y bebimos tequila toda la noche, las dos hermanas (Perla y Graciela con su familia), mis padres y yo. déjame te platico de mi familia, te lo había prometido en el email anterior.
Son mis dos padres, Rosa y Jesús. Tengo dos hermanas, una menor de dieciseis que se llama Perla y otra de treinta y dos que se llama Graciela.
Graciela está felizmente casada con un médico cirujando del hospital militar, tiene un hijo de apenas ocho años. Yo soy la tía que lo está bajando a la tierra. Como es hijo único y mi hermana Graciela ya no puede tener más hijos, entonces lo consiente mucho. Igual con su padre. Se ha vuelto algo callado y no le da el valor a lo que le obsequian sus padres, ha llegado a tener los juguetes de moda y los tira por la ventana.
En fín, es su hijo.
Yo creo que por ello me aterra tener hijos. No sabe uno lo que pueda suceder con el chiquito y luego a este mundo que está cada vez más peligroso, casi les ponemos el letrero en la espalda que diga: “Carne Fresca”.
Mi hermana de dieciseis, pues es una chiquita como cualquier otra, es bonita, muy seria a veces, te he leído en el weblog y no esperes conocerla nunca. Si te portas bien, a la mejor te mando una foto de ella… aunque chiquilla, es muy despierta. No se deja con los hombres y no son tanto de su interés como lo es su propia independencia.
Creo que es una de las cosas que le admiro a mi hermana menor, yo de jovenzuela (ja!), siempre estuve dependiendo de alguien. Ya sea de mis padres, de un novio, de los amigos. Esta niña no es así. Al final, creo que ella se irá primero de la casa que yo, que tengo ya treinta añotes y contando.
¿Qué más te puedo decir de mí familia? Mis padres, Rosa es ama de casa desde que nació, así se lo pusieron sus padres, y sus padres antes de sus padres. Una mujer tradicional y religiosa, que tiene la mente abierta para aguantarnos, es una mujer con chispa y muy respetable. Mi padre, es un viejo militar que ha trabajado ya veinticinco años en un banco, apoya a sus hijas y esto creo que él no lo acepta, pero muchas veces hubiera preferido un hijo varón, se le nota en las canas. Está por retirarse.
Yo no se que voy a hacer cuando falte dinero a esta casa, jajaja, debo buscar trabajo y pronto. Mi mamá propuso abrir un pequeño puesto de regalos y curiosidades en un local que está en una esquina. Me ha propuesto que lo atendamos juntas, a mi no me parece mala idea.
Solo que eso de trabajar con la madre… bueno.
Aún así, nos bebimos nuestro tequila toda la noche y comimos romeritos juntos. Esperamos como una familia a que nos dieran las doce para comernos las uvas y pedir nuestros deseos.
Prometo en el siguiente mail detallarte algo más de Roberto y tal vez del negocio, si es que se hace. Gracias de nuevo, por la ayuda que me brindas Agustín.
Besos,
Sara.
PD. La foto de mi hermana te la mandaré cuando yo quiera.
y otra cosa, ¿Cómo me registro en el foro que pusiste en el menú de la derecha? soy nueva en esto de las computadoras”.
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Diciembre 29, 2002 — Crónicas de Sara.
Escrito por Agustin Fest.
“Agustín:
Gracias, fue un alivio ver que aceptaste mi propuesta cuando leí mis palabras adornadas en el weblog. Realmente me has ayudado un poquito con la redacción y se que la ortografía no es mala (Si tengo un doctorado por Dios, has de decir, pero bueno… de todas maneras no está de más, ¿verdad?)
Mira, cuando te propuse este proyecto no sabía las dimensiones que podía alcanzar. Me lo estaba tomando muy a la ligera y fue la idea que me pasó por la cabeza en ese momento, cuando le di click a enviar mail. Me puse muy contenta al leer que comentaron algo y chequé rápido los comentarios de “¿Crónicas de Sara?”. Gracias a don Arturo y a Rosa Negra (¿Quién es? ¿Alguna pretendienta?)
Así que podemos hacer lo siguiente: Te mando mis anécdotas durante la semana y tú eliges lo que más te guste para publicarlas el jueves o el viernes. O tú proponme los días. Eso sí, te pido absoluta discresión con mi identidad, cero morbo y por favor, por favor, no cambies mucho… yo sé que como desconocida no tengo tanto derecho de pedirte esto… pero es algo que me podría molestar un poco.
Todavía estás a tiempo de decirme que no.
Tengo un caracter un poco difícil. Pero estoy segura que los dos podremos llevarnos bien y ser un buen equipo en esto. Claro, si es que tú tienes tiempo libre y yo también. Yo entenderé que algunos días sea difícil el que tú me publiques, así como yo espero que entiendas que habrá semanas en las que sólo una anécdota me venga a la cabezota.
Me gustan más los jueves que los viernes. El viernes es como sagrado, para irse de reventón. Tú estás joven, aprovéchalos y no quisiera entrometerme de más.
Espero tu mail donde me respondas con tus comentarios acerca de esta planeación. Te mandaré en estos días un poco de información acerca de mi familia, para que los conozcas y así puedas escribirme un poco mejor.
Te lo agradezco mucho, te mando un beso.
Sara”
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