Querido Diario.
He entrado de nuevo al Cuarto de Juegos y me he quedado largo rato mirando el Ajedrez… me han estado llamando de nuevo: el sacro-santo alfil, el caballo de pura-sangre, los ilusos peones que quieren convertirse en nobles… las hermosas damas utilizando su abanico mientras ríen del poderío que poseen, el paciente, hábil y viejo rey, que sólo puede moverse tantito o si no, se le podría romper la columna.
Las torres… sobre todo, son las torres. Ellas me recuerdan mucho a un personaje que escribió Fest, llamado Piedra. Son como niños con alma de guerreros… niños que están dispuestos a espantar a los caballos, a quitarles el gorrito a los alfiles, mirar debajo de la falda de la dama o… jalarle los bigotes al paciente rey. Niños de piedra. Niños tristes o juguetones… interprétenlo como quieran.
Al estar absorto mirando el ajedrez, curiosamente, tomé asiento del lado de las blancas y moví mi peón de rey dos cuadros adelante… practicando mi Ruy López. Es la única salida que me sé… oh, y también medianamente la inglesa… y bueno, la variación de Capablanca…
El ajedrez negro se movió sólo entonces. Correspondió con su caballo de lado de la reyna para amenazar a mi solitario peón que deseaba apoderarse del centro, me sonreí, eso les pasa por querer brillar en sociedad, mis queridos peones… pero no se preocupen, yo soy el rey. Y como rey, decidí que el caballero o más bien, el caballo pura-sangre, respaldara con su defensa a mi peón.
El juego se detuvo y apareció una carta en el tablero… una carta del Sr. Fest que ha de ser leída y escuetamente comentada por mí. Siguey leyendo →