Diario de Simón Dor. Día 51.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 2 de 48


Querido diario:

Extrañaba tus páginas de color blanco, extrañaba firmar con la sangre de mi pulgar el final de cada día… que como bien sabes, mis días son dependiendo a mi estado anímico el cuál no tiene que ver con Lázaro y Selene. Hace tanto que no les menciono que no vale la pena recordarles.

Éste día es de esas pocas veces en las que me encuentro flotando en el aire como pétalo de cerezo. En ocasiones me siento así de hermoso, se te hará raro y a mi también. Mi problema es que he nadado en el fango demasiado tiempo y siento que debe ser correcto ahogarme y reírme dentro de él.

Cuando floto como cerezo, entonces hay problemas, porque mi cabeza está flotando en el aire y tengo la noción de que he estado durmiendo en un lugar oscuro del cual no puedo despertar. Me descubro a mi mismo, como el ser oscuro y reptando en la oscuridad, esperando con el picahielos para matar al perro tierno del vecino.

¿Pero quién les ha dicho que esa cosa enorme es hermosa? Un perro negro, Rottweiler, que babea y jadea como Cancerbero cada vez que sale de su casa y se estrella en las noches contra la reja, cuando pasa algún otro perro más chico o tal vez un gato. O tal vez los demonios.

Todo pasa como un sueño, nuestras vidas, nuestros placeres, nuestros deseos y nuestros sentimientos. Yo vivo en mi rutina de cámara lenta y me asusta cuando todo empieza a caminar en cámara rápida, sin aviso. Un cerezo flotando hasta llegar a un ciclón (¡cámara rápida! ¡cámara rápida!) y hundirse en lo más profundo de cualquier mar de agua dulce.

Aunque prefiero el agua salada.

Te extrañaba, querido diario, extrañaba hilar cosas que no tienen sentido unas con otras y extrañaba los enigmas que estaban aquí escritos. Es probable que no tenga sentido nada de lo que dije y nada de lo que he dicho, ¿pero cuándo ha tenido sentido la raza humana? Es increíble la diversa cantidad de motivos con lo que queremos dar sentido al giro de nuestra existencia.

Unos se inventan ideales. Unos se inventan sueños. Unos se inventan profesiones.

Pero el preferido de todos es el amor. Mueven la nariz de su bote hacia ese rumbo desconocido y enigmático llamado amor, con la seguridad que les da la ignorancia y esperan que el bote llegue sano y salvo (después de todas esas tormentas). Hablan del amor como catársis, como resurrección, como muerte y renacimiento.

¿Será cierto? Cuándo pienso en el amor, me da un escalofrío y no evito una pequeña sonrisita de lástima y no me correspondan esa sonrisa con compasión, que deberían ustedes mirarse en el espejo con sus miradas perdidas y flotando, como cerezos en otoño de Japón.

Anyway, algún día tendré que hacer el mismo viaje que ustedes. Mi bote ya está listo, esperándome en algún mar oscuro y de nubes tormentosas, el ecosistema que yo mismo he fabricado después de tanto tiempo de nadar en aguas negras. Hay basura en todo el mar, sobre todo de cigarrillo y cuerpos humanos inertes. Las nubes tienen forma de gente observando con atención y tal vez, un poquito asombrada.

Checklist de lo que tengo que llevar en el barco:

  • Coca Cola. (la suficiente)
  • Pasado oscuro y bien firme. (Jamás se olvida)
  • Cigarros. (no tantos como quisiera)
  • Gorra de la marina nacional. (Así me confunden con Caronte)
  • Pastillas para el corazón. (No estoy enfermo. Para proteger mi hipocondriasis)
  • Tape. (En dado caso que no sirvan las pastillas y tenga que pegar mi corazón)
  • Resistol 5000. (Por si es demasiado pesado mi corazón para pegarlo con tape)
  • Libros. (Los suficientes)
  • Ajedrez. (Para cuando los demonios y ángeles quieran bajar a jugar conmigo)
  • Biblia. (Para negarle su existencia a Dios, cada vez que éste quiera discutir conmigo)
  • Ajo. (Por los vampiros)
  • Juguetes sexuales. (Para los súcubos)

He de iniciar mi viaje y seguir la estela oscura de los cuernos de aquel unicornio negro.

Hasta el final, durante cuarenta días y sus cuarenta noches… no hay de otra más que llegar al final. Pero antes… una cosita, dejen me despido de mi gente.


Checklist revisada:

  • La cabeza del perro del vecino. (Fue una despedida muy triste)

Todo listo, ¡vámonos!