Tus pequeñas manos, que nada guardan.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 57 de 59


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Mira como las hojitas se resquebrajan entre tus dedos y las varas secas se rompen. Tus manos son tan pequeñas que aún no pueden guardar el polvo de los muertos. Se extienden tus dedos para tocar la tierra y siento un gozo discreto, una sonrisa pequeña, sabiendo que tus ansias de anclar raíces y procurar vida tal vez no son intencionales. El instinto primitivo que nos delata, como aquel cuervo que mató a sus hermanos porque deseaba vivir el último día de juerga. Los caracoles en el tallo de un girasol muerto, buscando en el pasado el sol que los benefactores jamás buscaron… sus corazas vacías hace tiempo ya. Eres una hermosa imagen.

También te marchitarás, ¿te imaginas bebito, que formarás parte de esa tierra y alimentarás a los gusanos? Así pasa, mira mis manos y entenderás que la piel también se seca. Mis manos son grandes, mis manos son el polvo de los muertos, los dedos son como palillos que hacen un gesto con la artritis para invitar a la muerte a que se acerque, y se acerque, paso a paso. Mis dedos son los del titiritero que jalan con su punta el hilo del tiempo. Soy mi propio muñeco que cambia con los años y expulsa el agua que le faltó a los caracoles, a los girasoles, a las hojas que arrastras con tus manos y el pecado de la casualidad.

Compartimos el mismo destino. Que se nos escape todo entre las manos y el aire. Nacemos con manos débiles sin poder sostenerlo todo. Morimos con nada en las manos. No debes temer. Si caminas como yo, si aprendes como yo, entenderás que es nuestro destino. El destino de todos nosotros. El temor no vale nada cuando te haces polvo y te confundes con la tierra.

Foto: Gabs.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.

Más de una foto es bienvenida. Si ya mandaste una y quieres repetir, adelante. Si eres una nena y quieres enviar una fotografía de tus piernas, mucho mejor :) con la tierra.

Una noche triste.

Pienso que esta es una noche triste, porque sigue corriendo, no tengo sueño y el acto de salir un rato a la reja, sin el cigarrillo en la boca, dice que lo es. No me siento triste, ni desolado, ni melancólico, pero al parecer la noche sí. Pienso si me gustaría seguir viendo Death Note, acabar el tercer libro de Harry Potter o terminar un cuento que dejé pendiente. Después de releer varias veces el cuento, sentía que me faltaba algo. Lo leía, y lo releía. Se lo pasé a tres personas para que echaran un vistazo y, aunque no les gustaban algunas cosas, las tres concordaron en que faltaba algo. Si ya lo sabía, solamente necesitaba que alguien estuviera de acuerdo conmigo. Tres para no errarle. Con todo el dolor de mi corazón, tendré que reescribirlo. Al menos tengo los personajes y la situación.

Puede ser que la noche esté triste porque extraño a mi mujer, porque ganamos muy bien en el futbol, porque un perro allá afuera esta llorando o porque mi hermano ríe sin yo saber los motivos. Un pedazo de carne se asa en el sartén. En unas horas tengo que ir al aeropuerto, a escoltar a dos actrices para que se vayan a Argentina. No había escrito en mi blog por escribir ese cuento. Curiosamente, cuando era niño, era fanático de Hugo Sánchez y quería ser como él. —Se me hace una persona muy agradable —decía de chiquito. De él, y de Salinas de Gortari. Una tía me regañó cuando le dije eso—. No, no. Para confiar en las personas, no solamente puedes basarte en su bigote o en que te caigan bien los de pelo chino. Debe haber algo más.

Hay un problema con Salinas de Gortari… es un ratero, un gran ratero, un voluminoso ratero, simón… pero pues… también hizo lo que quiso. ¿No puede estar en la maldad, el propósito de nuestra existencia? No sólo la de él, o la mía, sino la de … Chuchito, y Perenganito. Es difícil aceptar, con tanta educación moral, que la maldad es un destino. Pero los malvados, como los inútiles y los imbéciles, sirven de mal ejemplo. Tal vez, esta noche es triste, porque pienso que la maldad es un propósito del ser humano.

Últimamente, he escuchado una y otra vez, “Caballo Viejo” (versión salsa) y “Pedro Navajas”. El corazón baila, porque el cuerpo es torpe, pero baila de todas maneras. Pienso ingenuamente—. Me gustaría vivir en algún lugar donde pudiera escribir canciones de salsa y mirar a la gente bailarlas. Como la gente baila alegre con canciones tristes, como esta noche. De sombrero y guayabera, alegrar el infortunio. Como pasa después de leer Harry Potter—. Me gustaría escribir de un lugar fantástico y de magia, intriga, y misterios. De todo te gustaría escribir, pareces un niño Agustín, escoge una cosa o mejor haz algo de verdadero provecho, me dice algún espíritu interno. Tal vez tiene razón.

Cíclico.

Alguien llegó a mi página buscando emails de exhibicionistas. Quise levantar la mano, pero no me sentí de humor. En televisión, me he vuelto adicto a Dr. Who, Torchwood, Day Break. Más o menos me gustan Prison Break y Law & Order… puedo dejar la tele prendida. Fue un día tranquilo, hicimos super, vino mi mamá, platicamos poco, vimos demasiada televisión, y pensé cosas medio importantes en el trayecto… medio, porque es lo mismo de siempre y me pregunto si hay alguna manera de quebrar el ciclo. Quebrar el ciclo garantiza que algo no se vuelva a repetir.

Estoy bien. Me gusta lo que hago y Jorge tiene razón, el destino tiene la jugarreta de llevarnos a los lugares que son para nosotros.

Gutreb

—Me convierto en lluvia y hago que nazcan las plantas.
—Ganaste, me sentiré muy sólo el día que no estés.

Me sentiré muy sólo el día que no estés. Las noches son un poco solitarias por acá. Antes no me importaba la soledad nocturna, ahora me importa un poco más… será porque estaré enamorado, será por eso. El sentido común se desliza como gotas de agua (tu sonrisa se fue) que se van por el fregadero. Y uno escucha el blip blip blip, el monitor me roba el alma poco a poco y aquí me encuentro, escribiendo una vez más. ¿A poco no es bonito estar enamorado? Pueque si. Una de las cosas que más deben de llamar la atención en este weblog, o una de las cosas que los lectores más en cuenta tienen, es que todavía estoy creciendo. Todavía estoy a tiempo de hacer muchas cosas. Supongo que ustedes, como yo, tal vez esperan el día en que publique un libro. Lo leen en las letras, leen esa espera y créanme, cuando yo me releo, también lo espero. Supongo que otra de las cosas que llaman la atención es mi relación con Du y esperan el momento en que estemos juntos.

Son dos viajes alternos y ambos esperan una resolución. Prestamos atención a eso, ustedes y yo. Otro de los viajecitos puede ser el fin de mi neurosis, de mis problemas económicos, que un día escriba que todo fueron imágenes, que el tiempo pasó tan rápido que ya me estoy riendo de ello. Muchas veces se preguntarán porque ya no hablo tan intenso de una cosa o de la otra y la respuesta es sencilla—: No es el tiempo. Lo que no escribo, se desarrolla en la cabeza y eso basta. Algunos sentimientos han cambiado y tal vez, es hora de virar el barco a otra parte. Esto se puede aplicar a cualquiera de las tres anteriores, o a ninguna. (Con Duducita las cosas no han cambiado, no se preocupen… tan sólo me acoplo a su ritmo lento, a su manera de hacer las cosas… yo soy distinto, si se lo que quiero, actuo por impulso y eso me ha llevado a darme unos buenos putazos. Putazos que me han hecho quien soy, al fin y al cabo. Putazos que me hicieron un hombre independiente, con capacidad de decisión. Y después de todo, tengo 23, ¿no lo puedo saber todo, cierto?).

Odio la espera. Pero no debemos angustiarnos, ¿verdad Bob? Como dice Simón—: lo que pasará, pasará.

La chambita de comer grátis, es la neta del planeta. Parece que lo haré dos veces por semana. Es un extra que no le hace daño a nadie y menos a mi, en mis condiciones. Al contrario, a tragar… a tragar… ¡A tragar! En un ratón voy a Plaza Galerías, al siguiente restaurante de la lista. Yum… yum…

Pensaba ayer que esto merecía la pena ser vivido. Que mi vida valía la pena. Pensaba ayer en cuanto había aprendido y crecido en el camino que elegí. No me arrepiento y finalmente, sigo siendo el mismo. En los días que estoy más tenso, siento arrepentimiento, siento cobardía y siento que las cosas no debieron ser así… cuando se acaba esa nube de confusión, un caos fractálico, me cae el veinte. Sigo siendo el mismo. No me arrepiento por nada. Tuve mis momentos de tranquilidad, de vida relajada, y lo único que hice con ello fue desperdiciarla pensando y escribiendo. Lo único que hice con ello fue dejar que se fuera. So, no importa si consigo de nuevo esa estabilidad o ese relax cotidiano… así seré: siempre pensando, siempre escribiendo. Bleh.

No cuida ni su alma. Mambo. Malbicho.

Así es como te ves. Todos te dicen que sos.

Iba a escribir más, pero se me ha olvidado.

II

Estaba jugando en la computadora. Era una rana intergaláctica, aventando bolas de colores para destruir más bolas. Si estas llegaban al final, perdía; así de fácil. No me gusta perder, ni en lo sencillo, ni en lo complicado… esto se debe a que son pocas las cosas que me apasionan, que me despiertan de un letargo continuo en el que los días se me van como gotas de agua cayendo en un fregadero de porcelana. Debería conseguirme un hobby, me digo en ocasiones, uno que despierte algún lado artístico o creativo.

Intenté mantener un diario y fue un fracaso rotundo, el cuaderno que elegí especialmente para la tarea de “guardar mis más preciados pensamientos y sentimientos”, terminó siendo una agenda y después, feneció arrumbado en algún rincón de mi cuarto. Mi diario se convirtió en una fotografía sepia. Hoy en día, aunque estoy estudiando literatura, no aspiro ser escritor. Sé que no soy bueno. A mi sólo me gusta leer. Además, terminaría siendo parte del círculo vicioso de la literatura decadente. Un ridículo.

Agustín, mi hermano, soñaba con ser fotógrafo. Me acuerdo que en la comida hablaba mucho y yo le escuchaba paciente, era la manera de callarlo más rápido. Hablaba de que le tomaría fotografías a modelos bonitas y a paisajes increíbles, mientras la sopa se le escapaba de la boca. Era un hombre apasionado, pero se necesita más que pasión y agallas para ser bueno en algo. Se necesita talento. ¿Y qué hago recordando tanto a mi hermano? No lo amé. Ni siquiera le quise.

Habla de mi.

Al terminar mi juego, salí un rato a caminar. Aprovecharía para comprar una coca cola y unos cigarros, el combustible del hombre moderno. Los viernes no tengo clases, todos los fines de semana serían un tanto aburridos si no fuera porque en mi trabajo no existen horarios. Y tanto puede haber mañana, como no… es un alivio vivir sin saber qué pasará mañana, en algo tan monótono y rutinario como un trabajo. Caminé, caminé… crucé avenidas, recorrí cuadras gigantes, un gran círculo antes de llegar a la tienda. Me gusta observar.

Y como el ángel que se le apareció a José, un hombre de playera gris, sin marcas y sin otros colores. También vestía jeans deslavados, un collar con un dije que no reconocí. Él esperaba recargado en un poste. Su cabello era castaño claro, casi rapado, tenía labios gruesos y una barba mal afeitada. Lo seguí mirando, no podía apartar la vista. Le reconocí como lo había visto en mi sueño.

Era Ayer.

Caminé para acercarme —impulso personal— y cuando me di cuenta, el hombre extendió su brazo y un microbus paró a recogerlo. Se fue a unos pasos de alcanzar mi deseo oculto. El sueño se rompió.

Si fuera supersticioso, me sentiría maldito por quebrar el destino.

Diario de Simón Dor. Día 72.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 27 de 48


Árbol Tsef: Es bueno tener un nombre más corto, escribirás menos cuando hables de mí en alguna otra historia. Hacía mucho que no me visitabas… ¿qué ha pasado con la vieja? ¿Te ha aburrido?
Niño mago: Tiempos de descanso. Los buenos contrincantes de una guerra saben cuando hacer una tregua para reorganizar y después empezar de nuevo.
Árbol Tsef: Hablas como Simón. Y conociéndote a ti y a Yasmín, nunca han de terminar. Será una guerra eterna que durará poco.
Niño mago: Así sea. ¿Y tú? ¿Puedo robarte una fruta?
Árbol Tsef: Las cosas, para usarse.
Niño mago: Y dices que soy yo el que habla como Simón. Esto es peor que una quijotización.
Árbol Tsef: Pero nadie como el Maestro Cervantes.
El niño se rió, estiró su mano para alcanzar una manzana del Árbol Tsef.
Niño mago: Nadie como él. ¿No fuiste tú el que me dijo que no habíamos de intervenir en el viaje y sólo debíamos observar?
Árbol Tsef: Simón me ayudó a redescubrir mi nombre, se lo debo. ¿Y tú? Tu no has hecho nada por mí, más que crearme para maldecirme.
El niño mago abrazó el tronco del Árbol Tsef y le besó.
Niño mago: Perdóname… perdóname. Tu maldición todavía no termina. Todavía falta que encuentres esa otra parte de tu nombre.
El Árbol sonrió.
Árbol Tsef: Hay una parte de mi historia que todavía no he dicho.
Niño mago: Eventualmente haz de decirla y así, conocerás el destino. El destino final del Árbol que ha caminado durante centurias para encontrar su nombre. ¿Estás seguro que de veras quieres buscar el faltante? Puedo recoger mi cuaderno y buscarlo por tí.
Árbol Tsef: No lo hagas. He de hacerlo yo, a mi debido tiempo. ¿Por qué no acompañas a Simón? Está triste porque ha perdido una llave.
Niño mago: ¿Crees que deba intervenir? Todavía tengo mucho que escribir, mucho que inventar, mucho que crear.
El Árbol Tsef miró al niño durante largo rato y el niño correspondió con una sonrisa.
Niño mago: Lo tendré que hacer eventualmente, también. Encontrar mi destino. ¿Entre tú y yo, mi querido Árbol, quién lo encontrará primero?
El Árbol no respondió, observó al niño morder la manzana y alejarse a la habitación de Simón Dor.

Querido Diario:

No he querido salir desde que perdí la llave de Beatriz en el Laberinto. Regresé una última vez, durante la madrugada (o lo que mi cuerpo siente que es madrugada, ya que es difícil decir cuando las nubes son grises y la única referencia del tiempo es la noche en la popa y el día en la proa) y recogí las semillas que encontré. El temor me embargó cuando me di cuenta que el Laberinto había cambiado de forma y sólo pude recuperar tres de las semillas, ya que los pasillos por los que había pasado el día anterior habían cambiado de lugar. Los muros de niebla dentro del Laberinto se comportan caprichosamente cuando no estoy adentro y todavía no sé, que criterio es el que siguen para hacerlo.

Hacerme sufrir, tal vez.

Ya solo restan veintiseis días con sus veintiseis noches y he perdido una llave por un temor estúpido. Ni siquiera valió haber visto a Beatriz. Sólo perdí la llave. Un temor idiota que bien pudo surgir por la borrachera de aquel día. ¿Sabes el dolor que me causa? ¿Lo inepto qué me hace sentir perder una llave que ni siquiera he utilizado? ¡Imbécil, imbécil, imbécil!

El niño mago ha entrado a la habitación y me está mirando llorar. ¿Llevará ahí mucho tiempo? No hemos cruzado palabra y creo que a diferencia del Árbol Tsef, a éste no le interesa hablar conmigo. ¿De qué podría servirle yo, al niño creador de historias? ¿Al inventor qué no ha encontrado el punto donde se conjuntan todos los universos, si no que más bien se dedica a hacer otros nuevos? Mal, mal, mal. El niño mago sigue mirando el curso de mis lágrimas.

Alcé mi mirada y confronté la suya. Sonreí lentamente, esperando ahuyentarlo como lo he hecho con otros niños. Olvidé que este niño no es normal, me correspondió la sonrisa y mordió su manzana.

—¿Quieres que te regale una mariposa, Simón?

Congelé mi sonrisa. Esperé. El niño dibujó una mariposa en el aire y ésta voló hacia a mí, para después disolverse en la realidad.

—Muy bonito. Desde que te conozco, me has dañado. Vivía feliz en mi oscuridad y mi amargura. Tenías que aplastarlo todo con tu sabiduría inocente. ¿Sabes cuál fue el peor crimen qué cometiste? Iniciar tu trabajo conmigo y luego abandonarme. Así como hiciste con el Árbol. Empiezas las historias o intervienes en unas ya hechas para nunca darles final, cabrón malnacido. Eres el constante inicio, el constante infinito. Haz de empezar una para dar nacimiento a varias y nunca terminarlas. Esperas que los que has dañado lo hagan por tí, pero nunca es así.

—Así es la magia, Simón. La magia no está en el final, ni en el inicio. La magia está en como correspondes a la ilusión. La magia estará en el eterno centro. El desarrollo eterno.

—Que metafísico estás.

El niño mordió la manzana.

—Es el hambre —respondió—. ¿Recuerdas cuándo nos conocimos?

—¿Importa hablar de eso? La consecuencia fue una temporada en el manicomio, con todo y mi cordura.

—¡Pero mira todo lo que lograste! —exclamó el niño y extendió sus manos para caminar alrededor de la habitación.

—Una prisión que me llevará a mi muerte.

—No seas tan duro. Lo que importa es que aceptaste la magia.

—La he corrompido.

—Nadie dijo que fuera fácil.

Callé, fue cuando pude ver a través de los ojos del niño mago.

Le sonreí de lado.

—¿Cuál es tú destino? —pregunté.

El niño me miró extrañado. No esperaba la pregunta y como un espadanchín que tiene la ventaja, le presioné.

—Tú también estás aquí por algo. Todos vamos al mismo lugar, en cierta forma. O el camino ha de dirigirnos a otros destinos, pero es el mismo camino. ¿Cuál es el tuyo? Vamos, no te pretendas el tímido. Lo de niño sólo te queda por la estatura. ¡Y yo qué creí que estabas aquí satisfaciendo un mero capricho infantil! Soy un imbécil triple al no observarte con atención antes.

El niño mordió su manzana y sus ojos, sus ojos se volvieron oscuros, tenebrosos. Metió una mano en el bolsillo de su pantalón, se paró recto y cabizbajo, siguió mirándome. Parpadeó siete veces antes de responderme. La sonrisa de él se perdió en algún momento.

—¿No sabes, quién soy yo, Simón?

—Por supuesto que sí, Simón Dor.

Pasado y futuro.

Prendí un cigarrillo.

—Más claro no podía ser. ¿En qué momento de la vida…?

—Cuando murió Beatriz.

—Pero a tí todavía no se te ha muerto. ¿Por qué insistes? ¿Por qué me lastimas con la magia y el idealismo que existía antes de que me golpeara la realidad? No, no seas así. Lárgate y sé feliz. Vete y sálvala antes de que ocurra. Insístele que no se vaya en ese coche con su hermana y con su padre. Enférmala de gripa para que no se levante ese día.

El niño sonrió y perdió la oscuridad. Volvía a ser el mismo niño mago. Miró la manzana y notó que ya no le quedaba más que morder.

—Es que… es inevitable Simón. Yo me convertiré en tú. Beatriz fue nuestro momento cumbre, el que nos ha separado en personas que caminan en el mismo camino y no sabemos si con el mismo destino o no. A mi me hizo Fé, a ti te convirtió en Razón. Espiritu y Materia. Magia y Ciencia. ¿No era Beatriz todo ello? ¿No era Beatriz el balance?

—Vete ya, sálvala. Eres el pasado, todavía estás a punto. Eres el niño que puede dibujar historias y narrarlas. Eres el niño que lee por contar, no para escapar. Vamos ya, pinche chamaco, lárguese a vivir.

—Si me puedo convertir en tú antes de perderla, será mejor. No habrá ruptura. Seremos un sólo ser.

—¿Estás dispuesto a sacrificar la Magia por ello? —pregunté, me senté y reí. Reí tanto.

—Lo estoy. Si eso ha de salvar nuestro futuro.

Reí más.

—¡Tienes tantas historias que completar!

—Es mejor si todo lo cortamos de raíz.

—Inevitablemente te haz de convertir en mí porque nunca estuviste ahí para detenerla. ¡Pudiste detenerla! ¡Pasado miserable! —reí más—. ¡Pudiste decirle, rogarle, llorarle, amarle, reírle, sonreírle, quererle, que no fuera! Que no se suba… que no se suba a aquel coche.

—¿Sabes qué eres tú, hoy, Simón?

—Un muerto que camina —mi risa se transformó en llanto, y luego regresaba a risa.

—Si puedo convertirme en tú, en mi pasado… entonces lo lograré. No habrá Beatriz. Mi magia no basta, necesito tu razón. Necesito que me apoyes Simón. Haz decidido negarme, entonces yo te acepto como eres. Seamos lo que tú quieras. Estoy cansado de jugar y de alegrarte la vida, estoy cansado de enseñarte lo hermoso que es sentir y me dolió más cuando el sentimiento renació para no ser satisfecho. ¿Qué hiciste tú? Saliste a gritarlo a los cuatro vientos y a caminar con bandera oscura. Me volviste a relegar, en vez de ayudarme.

—¿Hablas de…?

—Aquella mujer.

—La de Fest.

—Esa misma.

—Las circunstancias no podían ser bellas, mi querido niño mago. La vida no es un cuento de hadas.

—Tal vez no. Pero no necesito que me dificultes la vida. Beatriz ha muerto y aquella otra, dijo que no. Este pasado ha decidido convertirse en tú, con todo lo que significa. He de morir, Simón, y sólo quedarás tú. ¿No es lo que siempre has querido? ¿No me has negado siempre? Si no quieres abrazar el Eros que te ofrezco, si no me permites que te ayude a mirar más allá… entonces a tu manera Simón. De veras que estoy muy cansado…

El niño se sentó y bajó la mirada.

—Regrésate por favor, todavía estás a tiempo. Todavía estás a tiempo de salvarla, de decirle que no se suba a aquel coche. De pegarle la gripa. Todavía estás a tiempo de quererla, amarla, sentirla, vibrarla, adorarle viva.

Todavía faltan veintiseis días, con sus veintiseis noches.

Platicando con el destino

No tengo idea porque puse la frase… me gusta, seguramente la escuché en alguna película o algún libro. El día de ayer no fui a la escuela, me quedé dormido… me preocupa quedarme dormido, no me gusta saber que no fui a la escuela, no me gusta saber que llegué tarde al trabajo, pero disfruto tanto quedándome dormido. Es culpa de los sueños.

Hay sueños que tengo mientras duermo que me esfuerzo porque sean realidad o espero que tengan algún mensaje, entonces reviso la hora y luego regreso al sueño… es un estado de inconsciencia-consciencia muy extraño. Después de tres veces de hacerlo así, me tuve que despertar porque ya me costaba trabajo regresar al sueño que en estos momentos ya no recuerdo…

Cuando tengo ese tipo de sueños, estoy seguro que antes me había predispuesto a tenerlos para descubrir algo que tenía guardado. Se vuelve un círculo vicioso curioso, porque en el sueño recuerdo la predisposición y me asombro del acontecimiento que quería ver pero al despertar ya no recuerdo exáctamente “Qué”, ni una ni la otra, solo despierto satisfecho o insatisfecho por la meta lograda o no lograda. ¿Se entiende?


A veces recuerdo a Gallo mientras camino a mi casa. No es por algún deseo sexual insatisfecho, sencillamente me sorprende… es incapaz de recordar el nombre de sus alumnos pero en el momento que da la clase, algún poema puede saltar a su memoria y nos lo recita completo, no importa cuan largo esté.

En algún momento de mi vida, quisiera ser profesor. Argel dijo hace poco que los profesores no eran tan interesantes como personas que había conocido, ya que lo único que hablaban era Literatura… aún así, a mi me gustaría ser profesor algún día. No para recitar poemas de la nada… más bien, para aprenderme el nombre de mis alumnos.

Aunque claro… si llego a ser profesor de alguna escuela católica sólo para mujercitas, mejor.

Diario de Simón Dor. Día 44 y Día 45.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 35 de 47


Día 44

Uno de mis sueños más recurrentes en esta vida, es el de caminar en la noche y después, mientras los sueños me jalan con hilos invisibles, alzaría mis brazos y se encendería el fuego interno de mi pasión, brotarían alas de ángel caído o el ángel de una sóla ala y me iría, allá al cielo, donde está el Crucero Espacial. Dejar de existir como hombre y alcanzar mi perfección como un espíritu. Desde niño he soñado en ello y mi lugar preferido es en la noche, cuando las estrellas citadinas nos hablan.

¿No es hermoso ver en la noche las luces de la ciudad cuándo caminas sólo? Tal vez. Tal vez es hermoso. Yo conozco la hermosura de la luna acompañado, pero cuando estoy en mi soledad, pierde su símbolo y se convierte en una enorme piedra que me transmite nostalgia. Lo mismo debe ser con las luces de la ciudad y con las estrellas, no es lo mismo tu propia compañía que la soledad del otro siguiéndote a pasos ligeros.

Día 45

El Destino.

Es una palabra muy grande, llena de significados para gente espiritual y olvidada por los ateos. Es difícil concebir la idea de que una serie de pasos determinados nos llevará a una cosa, sin interrupción de las leyes del caos. También es difícil creer que no importa lo que hagamos, el destino se hará de una manera u otra. ¿Cómo definir el Destino, si en realidad es una palabra subjetiva?

Definición de diccionario:

DESTINO

m. Hado, suerte: no debemos acusar al destino de nuestras desgracias. (SINÓN. Estrella, sino, fortuna, fatalidad.)

Encadenamiento necesario y desconocido de los acontecimientos: creen los fatalistas en la omnipotencia del destino.

Destinación: Ese barco sale con destino a Cuba.

Empleo u ocupación: pedir un importante destino en Hacienda. (SINÓN. V. Empleo. )

Creo que eso lo aclara todo.

Ya tengo mi credencial de

Ya tengo mi credencial de la Universidad Autónoma de México, acaso no es eso maravilloso?

Lamentablemente o afortunadamente, tengo la sana costumbre de buscar la magia en mi vida, ¿Qué quiero decir con ello? Que busco y me aferro a las coincidencias que se presentan en mi vida, a través de ellas reafirmo que mi camino es el correcto. Tal vez sea la manera más estúpida de cumplir los sueños o tal vez sea una forma más de ilusionarme para después caerme del techo y pegarme en las nalgas. Ustedes pueden reírse, pero como Oliveira cuando buscó el terrón de azucar con desesperación… (T, de Talita y Traveler), yo no me reiré, puede que les sonría dando a entender que les entiendo, pero jamás me reiré de mis coincidencias macabras.

Ayer me encontré un compañero del CUM del cuál había perdido rastro, nos saludamos, abrazo y normal… coincidencia 1. Hoy, me dejaron leer un cuento de Julio Cortázar, ustedes pueden gritarme que es de esperarse que en una carrera de Literatura, forzósamente veamos a Cortázar… sin embargo, me hizo sonreír la puntada… tiene que ser el camino.

Me despedí del profesor después de la clase y aunque este no me recordaba, ni siquiera brevemente… yo me sonreí. Me aferro a esta cuerda con placer.

Volvió a opinar mi Némesis de nuevo… se ve que está verde, pero eso no me puede hacer confiar, debo estudiar más que él. Antes de que esto siga pareciendo diario de chiquilla de secundaria, me despido… les mando un saludo a aquellos que me leen y la bienvenida a aquellos que me conocen por vez primera.