Diario de Simón Dor. Día 55.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 5 de 48


Querido Diario:

He puesto la pistola de McGonnagal en un “salón de trofeos”, ahí estará hasta que sepa cuál será el uso que tenga que darle.

Hoy desperté llorando y con lo que me resta de su fotografía. El viento hacía un escándalo tremendo dentro de esta pequeña habitación, azotando mi humilde ventana y no he hecho más que ver este paisaje oscuro, hasta el horizonte, de agua negra y nubes grises. Swoooooosh… Swooooooosh… el agua, el mar que se mueve de manera interminable y en su murmullo carga los recuerdos.

He despertado llorando y con lo que me resta de su fotografía. El fantasma de ella está escondida entre la maquinaria del barco, haciendo ruidos fantasmales y llamándome a cada minuto: “¿Simón? ¿Dónde estás Simón?”. Ese fantasma que me persigue, que me atormenta, que me ilumina en las noches que me gustan negras hasta el cansancio. Una iluminación falsa e irreal, la pequeña desesperanza del hombre que se hace llamar esperanza de volver a verla, conocerla y sentirla. Aunque sea un énte ectoplásmico con una mantita encima y unos agujeritos haciéndose pasar por ojos.

Es así, que el segundo recuerdo que se abre paso para poder salir del mar oscuro e iniciar el viaje al pasillo de la muerte, dice así (escrito por Agustín Fest, que ha escuchado mis recuerdos desde el inicio y me ha mandado esta carta): Siguey leyendo →

Caminando

Toc Toc Toc. Mira atrás.
Empezarás caminando,
se te acercará y entonces,
dejarás de caminar
para empezar a correr.

No es suficiente, vuelves a
mirar atrás y deseas saltar.
Cuando saltas te salen alas
y volarás. Ja ja ja ja.

Pero no eres suficientemente
rápido, evita la telaraña y
no te detengas a escucharlo,
no sientas la mano extendiéndose
y rasgarte la espalda con sus uñas

Pobrecito, se te han roto las alas,
se te han quebrado las piernas,
y solo queda mirar esa sombra
que se acerca a saltos agigantados
y no tarda en llegar.

Tsk Tsk Tsk.