Con el pinche frío que hace.

Desperté porque el aire se me hizo muy frío. La gorra y la chamarra no ayudaban nada contra el clima. Miré las luces de los coches darle vueltas a la glorieta. Mis manos escondidas en los bolsillos y tal vez, porque recién despertaba, sentí el metal del asiento demasiado frío. La fuente frente a mí estaba apagada. Suspiré cansado. Tal vez mi otra persona se estaba llevando las cosas demasiado lejos. Miré a mi alrededor, unos niños jugaban y me saludaban de vez en cuando, alcé la mano para saludarles de vuelta. Al menos esta vez no apestaba a sexo, y supuse que no estaba manchado en sangre. Los niños me señalaron a mi lado, alzaron las manos divertidos y salieron corriendo. No volteé a mirar, sólo sonreí. Sentí la libreta en mi bolsillo.

La saqué y leí: “Puse este camino de limones para que limpiaras la ciudad. Los limones son un buen desinfectante”. Las a´s panzonas de nuevo. Miré a mi lado.

Al menos había veinte limones aplastados, su jugo esparcido sobre el pavimento como un caminito sangriento. Estaba en la Narvarte, después de la filmación recuerdo que dormí un poco en uno de los sillones. Eran las seis de la tarde, regresé a las cuatro. Dos horas. Al parecer no dormí, sino que alguien más se ocupó de… desinfectar la ciudad. Abrí la libreta para buscar otros mensajes pero no encontré nada. Los árboles platicaban demasiado alto, gracias a los vientos. El cláxon de los coches respondían poco amigablemente. Los niños se iban, se iban cada vez más lejos y yo, maravillado por haber cruzado calles, comprado limones, partirlos y ponerlos en fila, y aplastarlos junto a unos niños juguetones. Asumo que así fue.

Un cuchillo de comedor se escondía en mi otro bolsillo.

Has escuchado de él…

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 39 de 47


Pero no lo has visto.
Callá
Dices que lo vas a encontrar.
Lo haré
Pero ni sabes cómo es.
Sin rostro, con cuervos
Deja ya de buscarle.
¿Por qué?
Porque te puede llevar.
¿A dónde Simón?
Allá a dónde se descansa, mi querido amigo.
Tal vez ya es hora
¿Tú qué sabes?
… No lo sé …
Te encantaría saberlo.
Así es
¿Por eso sueñas todas las noches?
Ajá
Interesante… y tal vez cuando llegues, te habrás de decepcionar.
Claro que no
Tan correcto, como que mi nombre es Simón… ninguno sabe tan bien como yo jovencito, lo que es estar ahí.
¿Cómo es?
Como esperas que sea.
Entonces será un lugar tranquilo
Todo menos eso.
¿Dónde exista el amor?
Tampoco.
¿Sufrimiento eterno? ¿Infernalia?
Más alejado de la realidad no podrías estar.
Deja de confundirme.
Deja de preguntarme.
Te odio
Simón, me odias… Simón Dor.

Tiene Sentido.

Ayer cuando me acostaba, tuve una ansiedad terrible que no me dejó descansar toda la noche. Entonces me di cuenta lo importante para mi que es ganar o no un concurso de escritura, muchos pueden pensar… es un concurso, nada más un concurso y como dice el buen valar En un concurso se gana o se pierde.

Yo le dí demasiada importancia a este concurso porque… como unos cuantos amigos queridos saben, estoy apostando lo que más me importa… lo que mis manitas lindas pueden decir al mundo. Las ficciones o las realidades, como sea. En mis tantos años en los que me he dedicado a juntar una letrita tras otra, he ganado a mis seguidores y he ganado a mis enemigos. Bien lo sé. Aunque sea de una manera muy local, eso es lo que me ha hecho seguir mi camino y decidir lo que quiero hacer con mi vida.

¿Por qué escribo? Cuándo me hago la pregunta, esta fabulosa pregunta, entonces saltan mis numerosos personajes y dan una respuesta, como en una asamblea desorganizada y cada uno de ellos trata de exponer sus puntos. He tardado siempre encontrar mi propia respuesta, desglosándola de todas las demás: Escribo porque me gusta ver el mundo mágico. Olviden las coincidencias macabras, olviden las veces que les he dicho que escribo para mis amigos (imitando a Gabriel García Márquez) y olviden las incontables veces en que sonrío sarcástico y digo: “Já, porque quiero ganar dinero y luego dar críticas a una televisora, después de todo tengo que comer”.

Escribo porque me gusta ver el mundo mágico. Escribo porque no me gusta que la realidad nos acongoje. Escribo porque estoy harto de la mierda que nos aventamos unos a otros, ya no me gusta masticarla. Escribo porque aunque la vida no es un cuento de hadas, necesitamos darle tales matices, aunque sea poquitos. ¿No creen?

Y mientras me respondo esta pregunta, el concurso sigue presente, porque después de todo… estoy presentando mi invitación al mundo mágico. Hace poco estuve buscando acerca de mi escritor favorito, Michael Ende, información que me diera indicios de como llegó a ser él escritor y su vida en general. Y me di cuenta que también era su propósito, en ciertos rasgos. En Momo y en La Historia Interminable esta más que obvio.

Es muy posible que no gane el concurso, de hecho. En lo poco que he estudiado mi carrera, me he dado cuenta de muchos errores que tiene la novela y la he revisado estos últimos días. Lástima por los personajes, a cada uno lo quise y lo aprecie como nunca. Sin embargo, es fácil decidir cerrar el ciclo y decir que ya no escribiré.

El camino fácil ya no me gustó.

Así que tal vez puedan ver la novela que presenté publicada por acá, así como mi colección de cuentos. Estos días no he escrito precisamente porque la decisión del jurado me puso un candado enorme. Pero ahora que me siento un poco más libre y relajado, entonces podrán leer los cuentos que ya trabajé en esta página y puedo decir estan terminados, los cuentos mediocres que escribí algunas veces y decidí dejar quietos, serán publicados tal cual en esta página también.

Respecto Anselmo y Susana, les doy muchas gracias por ser el inicio y quedan sellados donde están.

Un saludo y gracias a los lectores que se dan el lujo de leerme un ratito.