Comentario visto en el blog de mi mujer:
La pagina web que tienen es de mucho interes pero debido a mi trabajo necesito que ustedes me quiten de la lista de comentarios en la que me ponen ya que si bien es cierto me agrada la comida tabasqueña y la forma de hacer amistad con ustedes tambien es cierto que muchas personas religiosas pueden pensar que tengo que ver o que me agraden los demonios lo cual para mi solo es una forma de denominarse mas no considero que en estudes haya maldedad demonica atentamente
Y luego, deja otro comentario así:
tambien quiero expresarle mi fe en YAHWEH/YAHSHUA Como mi suficiente salvador y que por la RUACH HA KODESH nos guia en este tiempo a toda verdad y a dar verdaderos frutos de arrepentimiento amor paz pasciencia asi que les invito a todo el que quiera a aceptarlo en su corazon
¿Quíhubo? Pinches chamacos demoniacos.
La entrada de Guadalupe Espártaco al orfanato de Burgos, fue usualmente, inusual. Gritando a todo volumen “Stairway to Heaven”, más como Zappa que como Zepellin. Caminó estrafalariamente, casi bailando y saltando. Los niños salieron a recibirlo y como siempre, Espártaco fingió espantarse… poniendo el cuerpo rígido y como una estatua, se quedó estático pretendiendo escapar.
Se escucharon las risas y los gritos de los niños, cuando Espártaco fingió ser un tiburón y les persiguió por todo el patio. Burgos le observaba desde la ventana con una sonrisa y Heber, no sabía que esperar de un viejo así. Tan lleno de vida. Le brillaban y se le apagaban los ojos como estrellas y sus dientes, blanquísimos y pequeños, contrastaban con su piel morena y arrugada. Espártaco tenía el cabello totalmente canoso, recogido en una cola de caballo que le caía hasta la mitad de la espalda. Era un hombre muy pequeño, no más de un metro con cuarenta, y de espalda muy ancha, aún siendo delgado. Tenía una nariz ancha y abultada. Sus ojos eran pequeños y alargados, dándole un cierto rasgo oriental.
Heber se tuvo que tragar impaciente los juegos de Espártaco con los niños. Miró a Burgos ancioso un par de veces, pero éste seguía sonriendo y a veces riendo de las ocurrencias de aquel hombre. Heber bufó sarcástico un par de veces al ver como Espártaco, de un tiburón se transformaba en un tigre y después, en un luchador enmascarado al cual vencían los niños entre todos. Pensó que era un viejo muy ruidoso.
Observó más allá del viejo y de los niños. Creyó ver la silueta de un hombre, vestido de abrigo y con un sombrero de bruja. Entreabrió los labios y miró hacia Burgos, le jaló el saco de religioso para que le hiciera caso cuando le señaló. Cuando los dos hombres miraron hacia allá… ese hombre ya no estaba ahí.
Espártaco se quedó muy serio y volvió la vista hacia donde miraban Heber y Burso. Asintió y se perdió el ruido de los niños gritones en la distancia. Les sonrío, con las estrellas apagadas, y les dijo que debía ver a Burgos. Luego jugarían.
A Heber casi le dio lástima mirar a Espártaco caminar serio y se arrepintió de su ansiedad. Sintió un repentino deseo de regresarle la alegría a Espártaco, quien en cuestión de segundos la había perdido. ¿Él también había mirado la silueta? ¿Era la razón del cambio? Heber Dor se acarició el rostro avergonzado y suspiró, deseó ya no pensar más en ello. Burgos carraspeó y se arregló el saco, miró a Heber con una sonrisa disculpatoria, le dio una palmada en la espalda, caminó a la puerta e invitó al viejo a pasar.
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