90

Los cuervos,
escucharon a Mamá Cuerva
hablar de los monstruos,
como quien escucha
un cuento infantil…
Mamá Cuerva les dijo:
—Deben matar
a sus primogénitos.
Pero los cuervos…
no hicieron caso.

89

Los cuervos…
Bueno, no todos.
Solamente Mamá Cuerva,
Supo que el día con
Las gaviotas,
engendró monstruos…
Cinco de ellos
con tanta naturaleza
como para destruir
el mundo.

88

Los cuervos
y
las gaviotas
recuerdan
esos días de orgía
con ligereza.
Sin consecuencias,
la mayoría…
sonriendo.

87

Los cuervos
Jariosos
Se encontraron
Por casualidad con
Las gaviotas,
Gaviotas húmedas,
Necesitadas,
Dispuestas.

86

Los cuervos
Tienen
Una erección
Emplumada
Y
Oscura
¿quién podrá ayudarlos?

85

Los cuervos
Piensan
En tí.

[Heber Dor - Cuento] ¡Alza los puños y defiéndete!

¿O quieres acabar como ellos? ¡Claro que no, Esteban! Desde el día que naciste has estado luchando, ¿no es así? Pobrecito Esteban, pobrecito. ¡Asco! ¡Asco es lo que me das! Si bien naciste para pelear y es lo único que quieres hacer en esta vida. No importa cuantas veces quieras detenerte, no importa cuantas veces hayas escapado. ¡Siempre regresarás al círculo de tiza a escuchar los vitores! ¡Sentirás el sudor caliente, derritiendo tu cuerpo! ¡Gustarás de la sangre seca en tu cuerpo, de aquel que has vencido! ¿A quién quieres engañar, Esteban? ¡Levántate y alza los puños, qué esta será la siguiente pelea! ¿Qué esperas encontrar? ¿Esperas encontrarlo a él? ¡Pero si sabes que es inútil! ¡Sabes que ninguno de los dos podrá ganar, jamás!


Esteban se recargó en el poste que brindaba la única luz posible en medio de la noche. Se ciñó el abrigo y prendió un cigarrillo, se acomodó el sombrero de fieltro y se acarició su rostro bien afeitado. ¿Hacía cuánto había llegado a Jaramillo? Tan sólo unos días y ya había encontrado un círcuito de peleas. Esperaba encontrarlo a él.

Se había prometido ya no pelear, se había prometido un nuevo comienzo. Sin embargo era imposible, después de todo lo sucedido.

Debía seguir peleando.

La vieja le había dicho que al vencer diez mil contrincantes, podría finalmente morir. Y por cada batalla perdida, debería vencer a otros diez más. Era inútil decir que ya había perdido la cuenta. Él no había pedido ser inmortal, a diferencia de muchos otros.

—Quiero morir vieja, eso es lo que pasa —dijo Esteban aquella vez.

La vieja ciega abrió la boca en señal de sorpresa, no estaba acostumbrada a recibir gente que quisiera morir. Fue así que le dijo las condiciones para rechazar la inmortalidad y tuvo que aceptarlas. Debía seguir peleando, aunque se había prometido ya no hacerlo.

Simplemente, tenía miedo.

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¡Qué todo termine ya!

Es uno de esos días.
Maaaalos… maaaalos….
si, tan sólo es uno de esos días.
Muy malo.

Mi símbolo más antiguo,
es Tsef Thaed.
Es el símbolo del Ávatar.
La conciencia de que Dios no existe
y soy su hijo caminando en la tierra
para alcanzar la perfección.

Un Ávatar, contrario a lo que se piensa…
no sólo es el concepto/personaje/ícono que eliges,
para representarte en la red.
Aunque todos lo usamos así, y si le buscamos
el meollo filosófico: “Nosotros somos Dios
y creamos a alguien, a nuestra imagen y semejanza
para caminar con nuestro nombre en este
vasto medio”.

Claro que lo es.
Unos elegimos un personaje tranquilo,
otros elegimos un personaje distinto a nosotros…
(moldeable en cada aspecto), y sin embargo,
sigue
siendo
el
mismo.

Yo, mi avatar.
Mi primer Avatar: Tsef Thaed,
lo hice tan yo, como fue posible.
Un hombre complejo.
Un hombre imperfecto.
Un hombre, amante de los laberintos.
Un hombre, amante de la vida y que se ríe de la muerte.
Un hombre, que odia la vida y abraza la muerte.

Una contradicción.

Bienvenido, Tsef Thaed.

Regresando al meollo del Ávatar:
El Ávatar es la reencarnación de Dios
en la tierra. Según los hindús.
Pienso que todo inició con Vishnú.
Si, fue Vishnú… y si no, Khali.

Después, el concepto se extendió.
Mucha gente lo utilizó para su imaginación,
entre ellos… un tal Ultima (de Origin),
¿no sé si recuerden el video-juego?
Yo era un jovencito influenciable.

Necesitaba aferrarme a algo.
Me aferré a tantas cosas que hice mil laberintos

El Avatar de Ultima, tenía un concepto interesante:
Y creo que celta, o tal vez, nórdico.
La gente juega con la mitología, para crear nuevas.
Y es que el Avatar debía ser un guerrero que
profesara las siete virtudes.

Siete virtudes que ya no recuerdo.
Honestidad, Compasión, Valor, Justicia, Sacrificio, Honor, Espiritualidad, Humildad.

Elegir el nombre de mi Avatar fue sencillo.
Había muerte por todas partes y un deseo de resurrección.

(el símbolo del fénix).
(el símbolo de los cuervos, mensajeros de la muerte, en la edad media).
(y después, el señor de todas las respuestas. El hombre que habría de responder y juzgar cada paso).

La primera palabra, obligada… fue Death.
Invirtámosla: Thaed.

La segunda palabra, Fest.
Yo he tenido problemas con mi apellido.
Los psicólogos Freudianos dicen: “No has resuelto tu Edipo”.
Eso dicen, yo no sé.

La gente era más tranquila antes de saber del psi-co-a-ná-li-sis.

Tsef. Fest. Reflejo - Contrarreflejo.

Tsef Thaed. Celebración de la muerte en el espejo.
Y bien…
No-celebración de la vida tal como está.

Ese fue mi primer Avatar.

Babbling and then… just another Casting Rush

El día empezó cuando me levanté y pensé en Ella. ¿Qué nombre puedo darle? Lo he estado buscando, pero no encuentro a ninguna mujer en la literatura que se le parezca, ¿será que es única? Es como un murmuro y es como un grito. Es la inocencia de una niña, omitiendo a la mujer que le habla en tres tonos musicales distintos. ¿O serán cuatro? ¿O serán infinitos? ¿O serán números imaginarios? Me despierta la caballerosidad de un inglés y me alimenta el instinto posesivo de un mexicano borracho.

Si, me levanté, como si hubiese dormido con ella a mi lado. Hoy sería un día difícil, no había pensado cuanto… pero sabía que lo sería. Lo presentía. Uno de esos días adorables en el trabajo… ¿qué nombre? ¿Debería entonces, buscar uno con significado bíblico, para nombrarle? Así como ha hecho Simón con sus hijos y los hijos de los hijos, y los hijos de los hijos de los hijos.

No, no lo encuentro. Sé que la he leído antes, de alguna forma, sabía que ella existía… una mujer que camina en ensueño o en magia. ¿Qué mujer podría ser? Me sonaba mucho a “La Maga” de Cortázar, por una frase que decía más o menos así: “Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra”, o tal vez era esta: “Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos, o se acuerdan llorando a gritos de haber visto en una vitrina el décimo de lotería que acaba de ganar cinco millones”, claro… esa fue mi primera lectura de Cortázar.

Se entiende que la mujer era un desastre, pero yo lo modifiqué en mi primera lectura… hice de la Maga, magia. Imagínense una mujer así, una mujer que encuentras cuando menos lo esperas, una mujer que rompe puentes o jura haber encontrado el billete ganador entre miles. Para mi, la Maga, era magia y Horacio la hace así eventualmente. Me pregunto, ¿la encontrará algún día?.

Y ella no es La Maga. Es algo más… todavía sigo buscando, tengo que encontrarla… o si no, terminaré escribiéndola, aunque a nadie le importe.

Suficiente de Cortázar, algún día tendré que superarlo. Siguey leyendo →

Niño I.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 28 de 48


Simón Dor tomó un trago de tequila y observó al niño, que continuaba sentado y cabizbajo. Guardaron silencio para no molestarse mutuamente, el viaje en ese instante no importaba. El niño y el viejo. Pasado y futuro. Medio observándose, sin querer mirarse a los ojos, porque bien sabían que el uno era la consecuencia del otro y viceversa. La habitación de Simón Dor, se había convertido en el lugar donde el presente estaba prohibido y maldito.

Voy a tomar por vos, otro trago para olvidar
Que el miedo te comió los pies
Y que ahora sos un tipo más, y que poco a poco te fuiste yendo
Y que poco a poco te fuiste yendo de nuestro lugar

—El satánico Dr. Cadillac, Los Fabulosos Cadillacs.

El niño levantó la mirada y enfrentó a Simón Dor. Se acercó a la mesa y tomó asiento, arrebató el tequila y también probó un trago. Cerró los ojos con fuerza, estremeció su cabeza y dejó el tequila en la mesa con un golpe. Simón Dor sonrió. Continuaron mirándose a los ojos. Simón lo hacía con un odio profundo y el niño mago, le respondía con furia incendiando su mirada.

Te sienta bien el sol, te sienta bien ser cool,
Te sienta bien el mal, te sienta bien ser Dios,
Te sienta bien mentir y decir
Que te fuiste yendo de nuestro lugar

—El satánico Dr. Cadillac, Los Fabulosos Cadillacs.

Simón Dor levantó un dedo y dibujó en el aire la silueta de un cuervo, esta voló por la habitación durante unos segundos, antes de perderse. El niño entonces, dibujó en el aire la silueta de una mariposa del tamaño del cuervo… la mariposa logró sobrevivir al olvido y se hizo real. Simón Dor alzó su diario y la aplastó entre las páginas. No le gustaban los bichos.

Que es lo que ha pasado con tu corazón,
Ya no marca el paso que marcaba ayer
Nunca fuiste libre y esa es la razón,

—El satánico Dr. Cadillac, Los Fabulosos Cadillacs.

El niño le robó uno de los cigarrillos a Simón, el viejo le dio cerillos para que lo prendiera. Le observó divertido cuando dio la primera bocanada de humo y se rió cuando toció y toció. Después, como sincroonizados, se recargaron en el respaldo del asiento al mismo tiempo, cruzaron la rodilla derecha y mantuvieron el cigarrillo en la misma mano, fumaron al mismo tiempo y se miraban con la misma mirada.

Misma mirada de tristeza.

Siempre hay un idiota para convencer
Hablas toda la noche como un boy scout,
Hablas sobre mi vida como tu papá

—El satánico Dr. Cadillac, Los Fabulosos Cadillacs.

Fue cuando Simón volteó a la derecha, que el niño volteó de lado opuesto. Alzaron el cigarro al mismo tiempo y con la mano que estaba libre, dibujaron en el aire más siluetas de cuervos y mariposas tan lento, que estas se acumulaban y brotaban rápidamente. Los cuervos y las mariposas se unían y salían creaciones extrañas, como cuando un pintor junta dos o tres colores, modificaban la realidad y el pequeño espacio de la habitación. Al final, fue cuando Simón y el niño alzaron las manos, que todos los bicharajos fueron destruidos y disueltos.

—Vete de aquí —dijo Simón—. Prometo pensar en lo que me has dicho.

El niño mago se levantó, tiró el cigarrillo y lo apagó con sus pies. Simón se sintió más tranquilo cuando escuchó los gritos de la vieja y el niño, que andaban de un lado a otro como pelotas de ping-pong.

Arbol I.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 24 de 48


Día 70.

—Árbol Matías, Árbol Missandrosot, Árbol Lajnatreko, Árbol Torniran.

Escuché pacientemente al árbol decir sus nombres en mi habitación y lo observaba. Noté el efecto extraño en su corteza ahora que lo miraba con atención. Las marcas en la madera eran letras que constantemente fragmentaban sus líneas para juntarse de nuevo y formar nuevas letras. Incluso letras desconocidas para el hombre. Esas letras se movían y se arreglaban para formar palabras a las que el árbol les llama nombres.

La palabra “Matías” se repetía hasta veinticinco o treinta veces en tan sólo unos segundos. El Árbol estaba buscando todas las variantes posibles en ese nombre, así como seguía buscando en las letras existentes. Me dio lástima y comprendí porque pedía mi ayuda. No habría de encontrarlo jamás, no de esa forma. Las probabilidades de que lo formara eran casi nulas. El pequeño un porciento de un ciento que tenía que cargar en sus ramas.

—Árbol Tandraerin, Árbol Tsafialam, Árbol Tsolom, Árbol Tujaran.

Bebí más tequila, continué mirando y escuchando, después salí a la proa y el árbol me siguió despacio. El niño mago no estaba.

El árbol continuó diciendo palabras sin sentido alguno y descubrí el método. El Árbol formaba las palabras en su corteza y al encontrar una que pudiera sentir era indicada, la nombraba en voz alta. Lo primero que nos identifica es el nombre y cuando nos presentamos, cuando escribimos una carta, cuando sea… es el nombre el que proyectamos como identidad. La identidad es lo primero que nos pertenece, es lo único que tenemos. Así entendí, que el Árbol no tenía nada y para tenerlo todo (al menos, todo lo que necesitaba), debía desesperadamente buscar su nombre.

—Árbol Miat, Árbol Godeleth, Árbol Thundras, Árbol Zeuzt.

¿Has notado la facilidad, querido Diario, con qué nos inventamos nombres y nos los adueñamos? ¿Has notado, también, qué al inventar ese nombre, nos adjudicamos ciertas características? Si nos presentamos como Pepe, somos divertidos, familiares o hasta cierto punto, comunes. Si nos presentamos como el Mayor General Tercero Gunther Albatross, nota la fortaleza combinada con ridiculez.

¿Por qué, entonces, el Árbol no se inventa un nombre? Te lo dejo de tarea, la clave está en sus raíces. No puede inventar un nombre porque está maldito, desde que nació está maldito. Y andará caminando y con los cuervos picoteándole las ramas hasta encontrar el único y verdadero. Él no tiene libre albeldrío, se lo quitaron las circunstancias y la vida. Él no ha decidido rendirse, prefiere inventarse las palabras que le permiten las millones de combinaciones posibles.

Esas son, básicamente, las diferencias cósmicas entre él y yo.

—Árbol Herioth, Árbol Astaroth, Árbol Argoth, Árbol Argarath.

El árbol dudó con los últimos nombres.

—Has hablado en el lenguaje antiguo de los dioses —le dije.

—Cuando eran Lagrim y Hurton, es verdad. Los últimos dos, ¿lo notaste?

—Sí. Dime una cosa, ¿qué nombres te han afectado?

—Matías, Fest, Simón, Argoth, Argarath, Daniel, Job, Bohrs, Santiel, Bono, Ezequiel. Estoy cansado Simón, me has hecho notar que no importa. Que son tantos nombres los que me han afectado que no importa ya, que sucederá lo mismo. Caminaré y caminaré, seguiré caminando y luego andando y así corriendo. Jamás he de encontrarlo.

Le sonreí y bebí más de mi tequila.

—¿Cómo naciste?

—¿Perdón?

—El niño, el niño plantó la semilla, ¿no es cierto?

—Así es.

—¿Cómo se llama el niño?

—A él no le importa su nombre, puede inventarse cuántos quiera y le dará igual.

—Es cierto. Vamos, piensa. ¿Cómo naciste? ¿Por qué el niño plantó la semilla?

El árbol se quedó callado durante unos instantes y después recitó la historia tal como la sabía:

Es bien sabido, que el niño mago un día se encontraba muy triste después de una gran guerra que ocurrió entre hombres. Sin forma de poder escribir historias, entonces las hizo reales. Acudió a la magia y al polvo de arte para caminar en el mundo devastado y revivir el antiguo conocimiento del ser humano. O al menos, lo poco que sabía que era mucho.

Así fue cuando inventó mi semilla, un día que se sentía desanimado y me cuidó durante cuarenta días y cuarenta noches. Regándome con agua y abriendo las nubes para regalarme la luz del sol, donde fuese necesario. Crecí y florecí, el niño me abrazó y lloró, me dijo estas palabras: “Querido árbol, perdóname por hacerte ésto. Eres el opuesto a la celebración de la vida, porque ya no hay más vida en ésta tierra. Serás maldito y caminarás durante eternidades, buscando tu nombre y siendo picoteado por cuervos… los cuervos, los muertos. Tus recuerdos que no existen. Mi querido Árbol, ahora, escucha ésto… escucha el festín de muerte que existe alrededor, levanta tus raíces y camina como es mi mandato”.

Amen. Levanté mis raíces y andé. Como él dijo que debía ser.

El letrero de Libre se cayó al piso y se quebró. Esa frase me gustó en el viejo Jaramillo cuando la escribí, aquí sucedió algo similar.

—¿Te sabías tu historia antes, árbol?

—Si, pero nunca la había contado a nadie.

—Hiciste mal, con lo que me acabas de decir, justo creaste tu pasado. ¡Dime, dime el nombre que te nace ahora!

El árbol abrió como centella sus ojos y empezó a recitar con asombrosa rapidez todas las letras que aparecían en su corteza. Se escuchó con claridad que resaltó con claridad—:Árbol Tsef.

Árbol Tsef.

Las ramas crecieron en el árbol, presentando diversos frutos de colores, olores y sabores. El árbol reverdeció rápidamente, al toque de agua nueva que era en sí, su pasado. Se escucharon gritos tremendos de dolor por la rápidez en los cambios físicos.

—No está completo tu nombre, no todavía —me atreví a decirle, el árbol jadeaba y respiraba muy lentamente por el dolor—. Y yo, no sé. No sabría decir cómo conseguir el resto.

El árbol se quedó en silencio y miró el mar sucio y las nubes grises perderse en el horizonte. Miró hacia arriba sonriendo, su pequeño pedazo de cielo que era azul y le presentaba el cuarto de rostro de un sol hermoso.

—¿Hacia dónde vamos, Simón?

Le di una palmada, decidí no responderle. Me metí a mi habitación y me terminé otra botella de tequila. Estaba cansado y quería dormir.

28 días / 28 noches.