Junio 27, 2006 — Cuentos, FotoCuento.
Escrito por Agustin Fest.

No irán a descansar los dulces ímpetus juveniles a esto que estoy a punto de enseñarles: que si la vida es un dulce o es sal disfrazada de sacarina, no es diferente a la ventana que miras. Si yo me acerco a tu ventana, y ves conmigo a través, cuando terminemos estaremos contando diferentes historias. Si me las crees con los oídos atentos y luego me cuentas la tuya, crearemos una tercera historia. Aún si alzas la mirada y no crees lo que te digo, argumentando cuán equivocado estoy, haremos una cuarta historia, una que rompa con todas las anteriores y a la vez, forme parte del mundo. Si traemos otra persona al círculo, entonces las historias se multiplican por dos o por tres. Así podemos crecer exponencialmente hasta el infinito, o el número imaginario de su agrado, ¿qué más da? No entiendo porque escuchan a este viejo loco.
Admirando el sol que toca su piel joven y blanca, sin manchas, me provoca hacerles una pintura. Pero ya soy viejo, las manos me tiemblan y me duelen en las noches. Las manos que acarician sus mejillas y les hace sonreír con trucos de magia. Podría escribirles un poema, uno que hable de bondades, de manos firmes que aún se miran bellas, pero dudo, porque no soy poeta y lo que leo hoy en día me da asco, nadie habla ya de lo preciado que es la juventud. Todos escriben cochinadas. Pensarían que estoy escribiendo cuánto me gustan mis propias niñas, alguno pensaría que hay un hilo sexual reprimido en todo esto y no es así. Nadie habla ya de lo preciado que es la ingenuidad infantil. Tal vez dirían que también me gustan los varoncitos, sin embargo… no los prefiero, y no me mal interpreten, siempre me ha gustado la gracia que nace con la mujer. Me provoca ternura el instinto primitivo del hombre, pero no es objeto de mi fascinación. Si fuera compositor les escribiría una canción, tal vez con una canción me entienda el mundo.
Tú sigue mirando a la ventana, tú sigue escuchándome. Iré por mi periódico, me sentaré junto a la ventana y prometo leer a medias para seguirles admirando. Admirando la juventud que les pesa, admirando la juventud que ya no tengo, admirando hasta que me tengan que enterrar mañana y sólo queden ustedes, grabadas en el cerebro viejo que ya se me esta pudriendo.
Foto: NOlo
Este cuento forma parte de los fotocuentos que estaré escribiendo en este blog. Si quieres formar parte o enviar una foto, revisa este post: Acerca de los FotoCuentos. Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.
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Mayo 26, 2006 — Asceta, Consumidor de Entretenimiento, Fractal Chaos, Notas aleatorias, Sensitivo.
Escrito por Agustin Fest.
He estado tan entretenido con esto de los FotoCuentos que no he escrito de mí. Me han dado ganas, pero me gana más el entretenimiento que me provoca escribir por una fotografía que ustedes me envían. Se me ha hecho raro que mi novia no haya mandado alguna, pero así como la negrean en el trabajo también lo comprendo. Si eres lector habitual o caiste por casualidad a este blog, te invito a que me envies una foto. Si ya enviaste una, puedes enviar otra, al fin que hay bastante cola (hasta el momento, son treinta fotos pendientes). El ejercicio me ha parecido entretenido y muy estimulante. Claro, no tan estimulante como una mamada, pero casi.
Me gustaría que mis cuentos fuesen más cortos, pero no puedo, tengo la mala costumbre de adornarlos un poco.
La otra parte de mi tiempo la ha consumido Final Fantasy X, puedo decirles, no sé si orgullosamente, que mi juego salvado registra 140+ horas. Me sorprende porque un juego RPG, si no es un Final Fantasy, lo acabo en 30 ó 40 horas. Si es un Final Fantasy, me quedo en las 70-80. La verdad, la historia no me ha fascinado, sin embargo el sistema de juego se me hizo muy cómodo. También, tal vez, es que he adquirido más paciencia para jugar. Esta vez me dediqué a buscar todo lo extra que podía ofrecer el juego y poco a poco, he conseguido todas las armaduras, las armas celestiales, las esferas especiales para llenar atributos vacíos. Calculo que me faltan otras veinte horas de juego, para sacar a un monstruito llamado “Nemesis” y para terminar de subirle todos los atributos a mis personajes. Mierda… soy un friki, o friqui, o freaky, o cómo gusten escribirlo.
Espero que cuando llegue el momento de la verdad, no intercambie el sexo por el juego o por escribir fotocuentos, sería energía física muy desperdiciada.
Ya tengo trabajo como corrector de estilo para una revista, muchísimas gracias a Caro por el contacto y por avisarme cuando se dio la oportunidad. La paga es poca, casi que para los camiones y la coca, pero no creo que consuma mucho tiempo y con ello estoy trabajando en el rubro. También con ello reactivaría cierta independencia económica. Por otra parte, esta por salir mi tercera colaboración en la revista Penthouse y eso de alguna manera, me tiene muy contento. Verme publicado en medios masivos es muy satisfactorio.
Mientras escribo esto, estoy matando a un Kottos para obtener cuarenta esferas de fuerza. ¿A poco no soy un chingón?
Últimamente me ha asaltado la idea de “escribir para sanar” como dice Jodorowsky. No como algo metafísico, sino como algo oriental. Estuve enfermo mucho tiempo y escribí esa enfermedad. Tal vez, ahora que tengo un poco de paz y estabilidad en mi vida, debería escribir de eso, sin embargo, me da un poco de terror hablar acerca de los trinos de los pájaros y de como alumbra el sol el rostro de los niños. No sólo es mamón, es horriblemente cursi. Tal vez si me sentara a contemplar, conseguiría una de dos cosas: No me daría miedo mi cursilería o bien, aprendería a apreciar las cosas bellas sin caricaturizarlas o ridiculizarlas. Me gustaría escribir para tranquilizar y relajar a otras personas, este mundo jodido lo necesita un poco.
Sin embargo, “escribir para sanar” en mi caso, no creo que sea lo óptimo. Después de todo, me gusta disfrutar mi parte hedonista, mi parte oscura, la que desea y quiere más. No tengo ningún problema con ella, al contrario, la estimulo cuando sale a flote. Más estos días donde vivo tan relajado. Tal vez eso de “sanar” es solamente un ideal, y realmente continuo enfermo, moviéndome en ambos lados de la balanza. Jugar 140 horas Final Fantasy, ¿es la virtud de la paciencia o es el reemplazo de la enfermedad? Ahora, no hay que ser tan exagerado, esas 140 horas hay que dividirlas entre treinta días que lo he estado jugando (tal vez un poco más). Un promedio de 3-4 diarias. En eso se me van mis horas de insomnio. La verdad lo prefiero a pedirle fotos a mi gringa proveedora de fotos de celular en pelotas. Tiene un culo demasiado grande, como de caballo, enorme…
A mi novia le gusto por grotesco en ocasiones, a veces me desprecia un poco por ello.
Tidus ya tiene 255 de Fuerza / Defensa / Defensa Mágica / Evasión. No necesita más. Nos vemos al ratón vaquero.
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Septiembre 5, 2003 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Caminé hacia él, estaba sentado en una sillita plegable y fumando un cigarrillo sin filtro. Estaba sonriendo tranquilo, con la gorra puesta hacia atrás y disfrutando del aire fresco. El ambiente era caluroso y húmedo, recuerdo que estaba sudando… aunque prefería pensar que era el aire arrastrando gotas del lago que Simón Dor estaba mirando. Caminé hasta llegar con él, me puse las manos en los bolsillos e hice los hombros hacia atrás, enderezando mi espalda.
El viejo volteó brevemente a mirarme, me guiñó un ojo, hizo un gesto con su cigarrillo y regresó a su mirar del lago.
Nos quedamos en silencio.
—Llegamos a un punto en que estamos en paz el uno con el otro —dije y él asintió.
Y ya no hablamos en un rato más. Busqué en el lago lo que Simón miraba, ¿era el reflejo de las nubes? ¿la profundidad del azul? ¿los brillos ocasionales que daba el sol? ¿el campo que se extendía al otro lado? Escruté con mi mirada las facciones arrugadas del viejo de piel tostada y gorra de marinero, traté de adivinar en su mirada rota como un rompecabezas lo que estaba buscando.
—¿Has decidido ya no escribir? —pregunté.
El viejo Simón suspiró cansado y fumó su cigarro.
—Estoy vivo, Tsef Thaed. Este es un lugar muy hermoso, me dijeron que era “La Laguna del Negro”.
—Lo he visto antes —asentí sonriendo, me acaricié el rostro.
—Te toca escribir a ti, Tsef Thaed. Yo soy malo para los cuentos de arbolitos que caminan y se la pasan siendo tiernos. Y dejaré el Cuenta-Cuentos en tus manos, yo estoy vivo y relajado aquí por el momento… necesito descansar.
Sonreí.
Simón Dor se rió un poco.
—Es la primera vez que siento que puedo dejar algo en tus manos. ¿Ya podrás terminar ese Poder Gris?
—Cuando acabe todas las historias.
—No lo aplaces —dijo Simón Dor y luego sonrió—. Al menos, no mucho. Yo estaré aquí, cuidando a mi delfín. Además, me debes mi cuenta-cuentos, ¿cómo harás para escribirlo?
—Una palabra después de otra.
—Bien. Me interesará saber quienes son mis hijos… dios-Fest.
Me reí.
—Has leído demasiado Onetti.
Simón sonrió, prendió un nuevo cigarrillo y se perdió nuevamente.
Y lo dejé solo.
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Junio 9, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido diario:
Mirando el mar negro y el cielo gris, acabo de soñar mi muerte o tal vez el término más correcto es alucinarla. Es una muerte espiritual y simbólica, mi viejo cuerpo se desgarraba como la tela, jirón tras jirón de carne vieja se descarnaba y caían sobre la maderal del barco como papeles viejos en una oficina donde tienen que romper frenéticamente los libros de cuentas, ya que hacienda los ha descubierto.
¿A mi quién me ha descubierto cómo para matarme así? ¿Quién ha mirado mis ojos de tal manera, que mi yo corrupto tenga que ser destruido para que no quede rastro? Nadie, es la mera verdad… o si, tal vez. Tal vez, en el pasado distante.
He soñado que soy Quijote, ese sueño me gusta más… Borges tiene una teoría interesante que es la teoría de la quijotización, no se mucho acerca del tema pero creo que lo básico es—: Todo mundo sabe qué o quién es el Quijote, aunque nunca lo hayan leído. ¿Será cierto? Estoy inclinado a pensar que sí, porque no sé nada de él y aún así, lo interpreto a mi gusto. Me gusta soñar que soy Quijote.
Muerte simbólica del viejo convirtiéndos en jirones. ¿Qué significa? ¿Puedes decirme tú, cielo gris? ¿Puedes decirme tú, mar muerto? Me convendría hablar con mi estimado amigo, el Sr. Fest, él entiende mejor de simbolismos que yo, de cualquier forma.
No llevo ni medio día en éste barco y ya he escrito de nuevo en tí, mi querido diario, pero la gente comprenderá que mis días son distintos a los suyos, que mis días son en base a los momentos. Y éste momento, siento que es crucial…
tal vez dirija el rumbo de mi viaje.
¡Dios mío! ¿Te das cuenta? ¡He de viajar al pasillo de la muerte!
¡Ahora lo entiendo y está clarísimo! Pero… pero todavía no es hora, mi querido diario… algún día lo tendré que hacer, pero todavía no. Todavía no… me niego. ¿Qué debo hacer? ¿Es necesario para qué pueda continuar en éste viaje desentrañar el pasado, desde el mero principio? ¿Es necesario que haga éste viaje para poder permitirme continuar? ¿Continuar qué… amando o viviendo? Yo no puedo amar, mis viejos cansados y huesos derruidos, bien lo saben.
El viaje al pasillo de la muerte es para seguir viviendo. Es hora de mi catársis, de acuerdo al sueño y no se me permitirá viajar más a menos que me decida. Y yo para las decisiones, mi querido diario, soy un cobarde.
Seguiré en mi barco, mirando el cielo gris y oliendo la brisa contaminada, como si fuera matinal de domingo.
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Febrero 4, 2003 — Intento ser Escritor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te he escrito. ¿Podrás perdonarme? No es olvido y no es no me acuerdo, tú sabes muy bien que siempre te tengo en mis pensamientos y cuando miro a otras personas, sigo tus enseñanzas discretas.
Tú me enseñaste como comportarme en el mundo, lo hiciste a medias, pero fue suficiente. Cuando me dejaste tuve que llenar los espacios en blanco, aunque eso ya no importa, maldije el abandono repentino en su tiempo, la furia egoísta se ha convertido en nostalgia y melancolía.
Pocos se dan cuenta cuando pienso en tí, mi amor, aunque quisiera gritarles lo importante que fuiste en mi vida no lo entenderían. Tal vez porque eres sagrada o te has convertido en un ícono importante. ¿Qué puedo decir? no lo sé.
La cuestión está en qué… quiero decirte que ya soy más feliz que antes. ¿Te has dado cuenta? Sonrío más seguido, bailo, bromeo con gente extraña, leo más tranquilo, mis preocupaciones se han vuelto más banales (El trabajo, la escuela, la vida).
Siento que te estoy traicionando. Las numerosas pláticas que teníamos, de niños, creyéndonos más que los adultos. Creíamos tener la verdad del mundo en nuestras manos y de adolescentes la predicábamos a los cuatro vientos. Prometíamos no ser como ellos.
Ahora yo me estoy convirtiendo en uno y te imagino sonriendo a pesar de mi traición. Es la natural evolución del hombre, ¿qué podías esperar de mí?
El motivo de esta carta es para decirte, que después de todo estoy bien. Aunque esté recargado en el barandal, fumando mi cigarro ausente, ignorando a aquellos que me dan palmadas en la espalda y me preguntan cosas que entiende alguna parte de mi cerebro y responde automáticamente… estoy bien.
Te has llevado mis ojos contigo. Pero estoy bien. Todo irá bien, ¿verdad?
Te has llevado mis ojos…
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Diciembre 29, 2002 — Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Pero no lo has visto.
Callá
Dices que lo vas a encontrar.
Lo haré
Pero ni sabes cómo es.
Sin rostro, con cuervos
Deja ya de buscarle.
¿Por qué?
Porque te puede llevar.
¿A dónde Simón?
Allá a dónde se descansa, mi querido amigo.
Tal vez ya es hora
¿Tú qué sabes?
… No lo sé …
Te encantaría saberlo.
Así es
¿Por eso sueñas todas las noches?
Ajá
Interesante… y tal vez cuando llegues, te habrás de decepcionar.
Claro que no
Tan correcto, como que mi nombre es Simón… ninguno sabe tan bien como yo jovencito, lo que es estar ahí.
¿Cómo es?
Como esperas que sea.
Entonces será un lugar tranquilo
Todo menos eso.
¿Dónde exista el amor?
Tampoco.
¿Sufrimiento eterno? ¿Infernalia?
Más alejado de la realidad no podrías estar.
Deja de confundirme.
Deja de preguntarme.
Te odio
Simón, me odias… Simón Dor.
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Diciembre 28, 2002 — Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
Ya regresé de Colima, como algunos de ustedes se habrán dado cuenta. Ayer no tenía ganas de platicar acerca de mi emocionante regreso de 10 horas en un camión del ETN. Sólo les puedo decir que mis posaderas aún lo están resintiendo y qué rico es cuando uno alcanza a roncar primero que todos los demás.
Colima es muy bonito, muy tranquilo a comparación del D.F., es limpio, no tiene perros callejeros, se ven las estrellas… wow, la última noche estaba yo decepcionándome porque no me había tomado el tiempo de verlas, pero se dio un momento en el que alcé la mirada y ahí estaban todas juntas. Son ciertos los dibujos de los antiguos… hay mantos llenos de estrellas todavía.
Lo único que tiene de malo, probablemente, es la abundancia de insectos. (Lo siento, les tengo pavor, les tengo una fobia inmensa). No soporto los insectos. Sales en la noche y caminas en una calle, los puedes escuchar. Es hermoso escuchar mil grillos al mismo tiempo, mientras no se me presenten visualmente, todo está bien.
Ah, y podemos decir que el calor… pero bueno, el calor lo obliga a uno a ir a Soriana y ahí es donde uno encuentra a las señoritas colimenses… ¡Oh qué desfile! La mayoría de falda, las que no, pantalones a la cadera. Blusas de esas, frescas, frescas, para los calores.
Estaba yo, sencillamente, anonadado.
Lástima que no llevaba la cámara en los momentos que iba en Soriana, pero then again… si la hubiera llevado, me hubieran visto raro… pero then again… no me conocen, so?
Creo que no hay nada más que comentar por el momento, así que les mando un saludo y gracias a los que andan por ahí.
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