Confianza regalada.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 59 de 59


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Este es el regalo que le ibas a dar a tu amante. No fuiste muy cuidadoso esta vez. Lo saqué del saco, después que llegaste ahogado de borracho, me senté en el sillón de la salita y leí la carta que venía con el empaque. ¿Dos años ya? Pero si nos casamos hace tres. Yo creí que era más reciente. Fue el tiempo que llevas con ella quien te hizo descuidado y flojo. Me contentaba asumir que era algo pasajero pero ahora descubro que no tardaste mucho en faltarme el respeto. Quería esperar a los cinco años de casados para darte una sorpresa y decirte, estúpida por la alegría, que mi madre no tenía razón. De tu traición es lo que más me enoja: Darle la razón a mi madre. ¿Te acuerdas como nos burlábamos de sus sospechas? ¿O es que era la única que se burlaba?

No te di lo mejor de mi. Haciendo un buen trabajo interno, conozco todas mis fallas y mis defectos. No he querido darte un hijo por temor a ponerme gorda. No compramos comida chatarra porque deseábamos vivir muchos años juntos. Sí. Tal vez me excedí un par de veces con la limpieza y restringir el uso de la televisión a dos, o tres horas diarias. Insistí con una sirvienta para cuidarme el cuerpo, no amargarme con la limpieza, la cocina, etcétera y así me tuvieras accesible la mayor parte del tiempo. Sé que no te caen bien mis amigas, pero por eso las veía el viernes, que siempre salías con tus amigos. Para darte tu espacio, supuse, y yo también tener una vida propia… nuestro espacio y nuestros secretos. Ahora me sales con que le compraste el regalito a otra vieja, cuando a mí no me has comprado ni unas medias para abusar de ellas en la intimidad desde hace un años. Muy bien.

Mira, que a pesar de parecer una inútil para ti y que mis labores sociales te sean como un granito en el zapato, quiero que sepas que sé lo básico de un ama de casa. Para eso me entrené y tal vez es tarde para que lo sepas, pero estoy perfectamente preparada para cualquier situación. No soy estúpida, estudié muy bien mis tijeritas y papelitos uno, dos y tres. Me voy a llevar en el colguije y en la caja te dejo dos anillos: el de matrimonio y el de compromiso. No me da curiosidad saber que cara vas a poner tú y que cara va a poner la vieja, no señor, te lo repito y te lo dije casi el mismo día que nos conocimos—. Lo que me purga, de verdad, es darle la razón a mi mamá.

Foto: Mono.

Este cuento forma parte de los fotocuentos que estaré escribiendo en este blog. Si quieres formar parte o enviar una foto, revisa este post: Acerca de los FotoCuentos. Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.

Antes de regresar a casa…

Me encontré de nuevo a la monja que bendice coches. . Cada vez que me la encuentro, me da un miedo terrible, probablemente es por la paranoia auto-inducida… como dirían don Arturo y Patricia.

La observo y me pienso que es como un omen siniestro, como el día en que por fin conoceré a Aquel señor que responde todo, y entonces los pensamientos más aleatorios me asaltan la mente, cuando veo a aquella señora que bendice coche tras coche, con una sonrisa tranquila y con el brillo de parálisis en sus ojos.

Cuando me subí a mi taxi, porque a las 11 de la noche no pasan ya los camiones, para alejar del pensamiento la paranoia self-induced me puse a pensar en palabras que siempre he querido usar y me taladran la mente estos días. Palabras como Urbano, Sugerente, Dulcemente, Impulso impulsos preparados en la mente, si ya les aburrieron, me pueden decir con toda confianza, pero de todas maneras los sacaré… sea como sea).

Me faltan los impulsos de Thanato y Eros, que son los que más me gustan.

He estado leyendo el Marqués de Sade, si eres débil de corazón te recomiendo que no lo leas, ya escribiré algún comentario de sus libros prontamente.

Ahora que he olvidado a la bendecidora… me iré a dormir. Gracias por estar aquí.