Cansado de la falsedad, salió un día y mató a un hombre. Quería verlo muerto. Recordó, entonces, cómo pensaba en la muerte más a menudo cuando era joven, específicamente el asesinato. Ríos de sangre corrían por la ventana, después de haber estrellado su cara y que los vidrios se enterraran en la yugular. Cuanta violencia, pensó después, un poco aturdido. Puede ser la cantidad de hormonas las que provocan el pensamiento asesino todo el tiempo, y entonces, chiquillo como fue, escribió poemas consagrados a la muerte, del asesinato, la desolación, la incomprensión. Cosas que se olvidan en la adultez y el movimiento social, la educación, y la moral ayudan a olvidar. —Nunca confesé que me habría gustado verte morir —le dijo al cuerpo, a la cabeza bañada en sangre—. No sabía, que se sentiría tan bien.
Impulso por estrellar la cabeza de alguien contra la ventana.
Julio 11, 2007 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Todos los poderes.
Junio 21, 2007 — Cuentos, FotoCuento.
Escrito por Agustin Fest.

Tenemos una cita no declarada, todos los jueves, a las diez de la mañana. A veces ellos se presentan, a veces yo falto, y nuestra relación es tan buena que no tenemos el valor para reprocharnos. Así es la cosa cuando te da pena hablar y confesarles lo que te pasa por la cabeza. El contexto. Mejor abres un libro y los miras de reojo para aprenderte sus rasgos, para descubrir porque se quieren tanto. Mis jueves son muy productivos. He leído más libros este año que mis otros veinticino. Cometí el atrevimiento de leer las novelas de Dostoievski y algunas de García Márquez. Son unos librotes enormes y bueno, las chavitas del café se me quedan mirando porque creen que soy inteligente por leer libros. Empiezo a entender que la inteligencia viene cargando un libro en la mano y de alguna manera, es llamativo para ellas. ¿Pero a la pareja, qué imagen les daré? A dos mesas de ellos, leyendo, mirándolos de repente… nunca me han cachado. A no ser que la mujer sea muy discreta en su reconocimiento. Puede ser que el poder del hombre sea pretender y el de la mujer esconder. Pensamientos extraños que tiene uno cuando se pone a leer.
Suelen ser muy cariñosos. Él debe tener unos diez o quince años más que ella. Probablemente él leyó mucho y sabe hablar para enamorar a las mujeres. No le he visto con otra, sólo con ella, todos los jueves. ¿Y si ella es la amante, o la segunda esposa? Porque no se parece nada a la foto de la mujer que traigo en la cartera. O la vejez es muy dura, o se pintó el cabello, o cambiaron sus ojos. Pasa que cuando cambian los ojos ya no reconoces a las personas. Debería cerrar el libro de Dostoievski y sólo mirar por la ventana, si, creo que es lo mejor, porque sigo pensando demasiado. Tal vez es hora de acercarme a ellos y confiarles el contexto. Nunca es coincidencia que dos personas se encuentren todos los jueves, tomando café por las mañanas. Lo mío no es coincidencia. Lo supe porque él tiene un blog y puso su nombre completo: “Tribulaciones de Antonio Frías, un viejito de ochenta por la ciudad”. Así se llama. Leyéndolo, y descubriendo su cuidado para la ortografía, su bagaje de palabras, desde ese momento pensé que ese hombre había leído toda su vida.
¿Uno aprende a leer para enamorar a las mujeres? Mi madre me dijo alguna vez—. ¿Te gustaría escribirle una carta de amor a una mujer con faltas de ortografía? —Desde entonces no me lo quito de la cabeza, y aunque soy malo para los acentos, trato de ponerlos. Estos últimos años me he vuelto más quisquilloso todavía. La última vez, descubrí a una mujer escribiendo en su libreta: “Todabia estoy triste y kiero ke me abrazes”, en el camión. Sentí como la despreciaba gradualmente hasta el repudio, y pensaba en voz bajita la pregunta de mi madre. Me sentí culpable con esos pensamientos, pero no podía negarlo, me provocó asco. Y no era fea. Muy raro… cosas que pasan cuando empiezas a leer. Alguna vez leí en el blog de Antonio Frías que sus papás le enseñaron a leer desde los tres años y así se la siguió, hasta la docencia y doctorados, leyendo y leyendo. Es un gran hombre.
Ella le toca la cara, se la acaricia con el dorso. ¿Todavía cogerán? He visto en la tele que a los viejitos les gusta presumir que son muy saludables sexualmente, y luego esta el viagra. Tengo miedo que cuando tenga ochenta años ya no se me pare. Imaginen el pavor que me provoca imaginar mi futura impotencia a los cincuenta. Eso lo leí en otro libro, uno de Marcos Aguinís, donde un hombre se quedaba imponente y le pasaban muchas cosas a raíz de eso. Pero su impotencia era de la cabeza, ¿saben?, de la cabeza… porque con una prostituta el hombre si pudo coger. Resulta que se sentía culpable, por algo del amor de su vida y su esposa, y otra serie de cosas. La culpabilidad es un poder para hombres y mujeres, que se mueve como una bolita que empujan los unos a los otros. De sexo a sexo. Sí, yo creo que cogen. Es mejor pensar en eso por mi bienestar. La mirada de ella es amable, es tierna… es… ¿culpable? No me gusta leer, me pregunto mucho.
Tengo en la cartera una fotografía de Antonio cuando tenía mi edad. Tenía más cabello, barba y una enorme sonrisa. ¿Habrá sido antes o después de…? Um, piden la cuenta y se las traen. Dejan el dinero en la mesa como siempre. No estoy leyendo esta vez, y él me mira, cruzamos la mirada. Me sonríe, como se le sonríe a un extraño. Este jueves me he tardado demasiado, como todos los otros jueves. Le correspondo con un asentimiento. Sí, ya me han mirado antes, ya nos reconocemos un poquito más. Ella igual me mira, y se le borra un poquito la sonrisa amable. Todo se cruza, los caminos se bifurcan, se contraen, se traslapan… odio leer, porque he aprendido muchas cosas… pero se me sigue haciendo tarde, nunca me he animado a levantarme de mi asiento, mostrarle la foto y confesarle que soy su hijo.
Foto: Alice.
Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.
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Una confesión.
Marzo 10, 2007 — Cuentos, FotoCuento.
Escrito por Agustin Fest.

Te pedí una foto para hacerte un cuento… uno de amor. Leí en una revista de literatura que los cuentos de amor son un buen regalo porque estan hechos a base de la intención, aún cuando sus palabras no prometan un éxito literario y canónico. Es una intención como aquella que guardas dentro de tus ojos coquetos, una intención discreta que se multiplica en mi corazón, cuando nos vemos por el messenger y platicamos toda la noche, mientras te muestras a mí por la cámara y yo te platico lo que hago, desde poner agua al café hasta deslizar mi mano bajo el pantalón.
No tardaré en verte, me muero de ansias por tocar tu cabello largo y oscuro, olerlo de cerca y darle una sensación física a todas mis expectativas. Me gusta escribir lo que siento cuando estamos “juntos”, gracias a los cables y las conexiones de banda ancha que juegan con la dudosa línea que existe entre la realidad y lo virtual. Eso nunca me ha gustado, porque mis sentimientos existen… mis sentimientos hacia ti modifican mi percepción, desde que me levanto, me voy a trabajar, manejo en la calle, como con mis hijos y los fines de semana cuando visito su tumba, estas tú conmigo y creo, también, que estoy a tu lado cuando haces tus rutinas… te levantas con mis palabras, piensas en mí cuando te bañas y te tocas, antes de dormir pienso que me rezas una plegaria. Si de verdad te escribo el cuento de amor, quiero que sea uno chiquitito, pero profundo… que guarde en sus pocas palabras lo definitivo, una verdad tan poderosa como la fé.
¿No pasa así? Leemos un libro cuyas palabras parecen mentira, dónde un padre celestial nos habla del amor y del temor, y procuramos creerlo en un simple acto de fé… mi acto de fé, es amarte sin haberte tocado o sin haber ido al cine tomados de la mano, compartiendo las palomitas y abrazándonos mientras vemos la película. Imprimiré tu fotografía y la guardaré conmigo, como se guarda la estampita de un santo y todos mis actos de amor, cariño, compasión y fortuna llevarán tu nombre escrito, en palabras de fuego, en palabras aladas, en palabras doradas… en palabras, solamente así. Escribiré nuestro cuento, donde no hay distancias y pertenecemos al mismo universo, al mismo tiempo. Seremos el principio y el fin, alfa y omega, el desarrollo, el eterno retorno en un mismo texto.
El cuento llevará una confesión, la máxima que demuestra mi amor verdadero… porque aquí me tienes pensando… como decirte, que en realidad, soy mujer…
Foto: Adriana Esgo.
Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.
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51 cosas de Fest…
Septiembre 10, 2006 — Asceta, Fest, Memes, otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
Tan pronto Fest terminó su post de 50 cosas, fue corriendo a enseñárselo a sus amiguitos, sin embargo, hubo uno de ellos que le dijo—. Bueno, si, te lo copiaría, si no es porque ya te la maté. Fest entrecerró los ojos, fue corriendo a leerlo y se dio cuenta que eran, efectivamente, 101 cosas y él ni siquiera había logrado la mitad. Entonces en ánimo de quedar tablas, y como un complemento al post anterior, decidió hacer otra lista de 51 cosas, sin embargo, el título bien podría ser “51 cosas que no deberías saber de Fest”.
Además, es Domingo y se encuentra aburrido, así que venga de ahí. (Ahhh, por cierto, a Fest le gustarían piernas femeninas y nuevas para las fotos de arriba, ¿alguien se anima?)
Fest es mediocre en matemáticas, y muy malo en Física. En la preparatoria, siempre llegó a los extraordinarios de Física. Dice que algún día juntará sus libros de preparatoria y como pasatiempo, ponerse a resolver problemas de ambas materias. Piensa que no escribe poesía porque no tiene una mente matemática.
Fest le tiene pavor a los insectos y a los arácnidos.
Fest tuvo este sábado una pesadilla que le hizo llorar. Ha tenido dos de esas en lo que va este año. Antes de ello, solamente recuerda una.
No escucha el radio y no ve la televisión, más que por casualidad.
Le gusta mucho el chocolate.
Fest es un hombre muy celoso.
A Fest le gusta coquetear.
De música, sólo sabe porque se fija que escuchan sus amigos y porque, a veces también les pregunta.
Fest es un adicto a los juegos online. Si es un RPG, prefiere las razas burdas, agresivas, violentas… las que se pueden usar como tanque. Si es un FPS, elige uno de dos tipos de armas: rifles sin mira (una bala, una muerte) o bien, algo que se asemeje a escopetas.
Fest se hace una puñeta cada tres días. A veces diario si esta muy aburrido.
Fest, por pensar demasiado en los motivos o tratar de razonar algo, deja pasar tiempo que podría estar aprovechando en otras cosas, según él, más prácticas.
De una mujer, le gustan las piernas, las nalgas y los ojos, en ese orden.
El número preferido de Fest, es el cinco, aunque suele decir que es el 17, el 21 o el 7, y enumera razones cabalísticas, numerológicas, místicas y a veces, demasiado contextuales, al respecto.
Fest prefiere escuchar las mañanitas de Chava Flores cuando le festejan su cumpleaños, que las tradicionales. Es que de niño le divertía mucho la canción.
Fest procura leer poco en los periódicos, porque le ponen muy neurótico.
Fest tuvo tres relaciones de dominación y sumisión. En la primera, él fue un chico sumiso. En las otras dos, educó a las mujercitas para que fueran sus esclavas. Ninguna de esas tres relaciones, piensa Fest, le gustó como terminó.
Fest es aficionado al shibaru.
Tiene un miembro de 16 - 16.5 (cuando esta muy emocionado).
Tuvo una época donde se rasuraba el pubis.
Fest procura no tomar porque tiene miedo de volverse alcohólico.
Fest fuma una cajetilla cada dos o tres días. Como un recuerdo del estrés y la presión que significaba casting, a veces se fuma una y media diaria (como en aquellos tiempos).
Fest cogió muchas veces en su oficina, antes de ser su casa.
Una de estas veces lo cachó su jefe.
Cuando quiere desquitarse con alguien, suele pensar en venganzas demasiado elaboradas que eventualmente, le causan pereza y termina abandonando o cambiando de enfoque.
Fest ha tenido tres intereses amorosos llamados Claudia, desde entonces, se fija mucho en las personas con ese nombre.
Se podría decir, de manera muy ambigua, que es un macho probado.
Fest, hace muchos años, intentó tirarse de un edificio y decidió no hacerlo por su familia. Desde entonces, piensa que el suicidio no es una opción para nadie.
Recuerda un sólo poema de memoria. Cuando esta muy tenso por su carrera, suele tomar su antología y abrirla en una página al azar, para intentar memorizarse otro. No entiende el por qué de esta conducta.
Su escritor preferido es Ende, aprendió mucho de su biografía y de alguna manera, piensa que lo ha influido tanto, que a veces se imagina que podría ser su vida.
Tiene tres blogs alternos con otro nombre, todos ellos exitosos (en alguna forma) y también abandonados.
No se corta las uñas muy seguido y se lava los dientes una vez al día.
Procura portarse bien, porque una culpa puede agobiarle demasiado.
Sin embargo, ha hecho cosas moralmente incorrectas, para ver si le hacen sentirse culpable.
Piensa que sus diarios anteriores, son demasiado insulsos y estúpidos.
Tiene miedo a ser rechazado por alguien querido.
Fest una vez tradujo un cuento pornográfico en tercero de secundaria, el cuento trataba de dos hermanos que tenían sexo. Llevó el cuento a la secundaria para enseñárselo a una amiga, y cuando se dio cuenta, ya le habían sacado 50 copias al cuento. Le daba una mezcla de orgullo y vergüenza, ver a sus compañeritos con las copias en el receso. Casi le expulsan por eso.
En su niñez pensaba que el matrimonio era la forma más cómoda de acostarse con alguien sin tener que pedir permisos o sentirse observado socialmente.
En su niñez, también pensaba, que le sentaría muy bien un ataque de paperas para quedarse esteril, y no tener que preocuparse por embarazar a alguien.
En su niñez, amarraba niñas.
Se acostó alguna vez con una mujer horrible y vulgar. Desde entonces, ha decidido masturbarse antes que tener alguna urgencia.
Tiene problemas para decir que es escritor, se le hace una profesión inútil y vergonzosa, sin embargo es lo que le gusta hacer.
Fest no le gusta la palabra medio hermano para señalar a su hermano. No entiende a la gente que gusta nombrar el concepto.
Estuvo en un grupo de teatro amateur durante un tiempo, la chica que le gustaba le llamaba “hamburguer” porque era gordo.
Sin embargo, como Fest ha crecido bien guapote, ella debe estar arrepintiéndose (lo siento, no puede evitarlo).
Fest tiene como segundo nombre Daniel. De vez en cuando, lo utiliza para presentarse porque lo prefiere a Agustín.
Le pagó 250 pesos a una modelo que sale de repente en las fotos de arriba, por unas cinco o seis fotos. Prometió nunca publicar esas fotos completas, ni decir su nombre.
Tiene tres campanas de CD’s/DVD’s con pornografía. No la ha visto toda.
No es rencoroso.
Le decían Brozo en la primera.
Luego se emociona tanto con la vida, que piensa que todo puede ser literario. Es por eso que piensa que será un mal crítico.
No se arrepiente.
50 cosas de Fest…
Septiembre 8, 2006 — 1000n, Asceta, Fest, Memes, otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
Esto es una especie de meme, robado del sitio de Salvador Leal. 50 cosas que debes saber de mí. Fest no piensa que sea absolutamente necesario que ustedes, o el mundo, las sepan… sin embargo, piensa que es un buen ejercicio para reafirmar quien es, por qué es y tal vez, autodescubrirse mejor en unos años.
Nació el 11 de diciembre de 1981. Sólo sabe que fue en la tarde, en una clínica muy modesta de la Jardín Balbuena. Cada vez que su abuela y él pasaban por ahí (y ella se acordaba), le señalaba el lugar y le mencionaba—. Ahí naciste.
Fest es muy tímido. Por lo mismo no le gustan los grandes grupos de gente.
Fest es neurótico.
Fest piensa que esa neurosis, debería ser tratada profesionalmente.
Sin embargo, Fest ha manipulado a 3 psicólogos en su vida (psicólogos impuestos y no por su familia) para que le den un diagnóstico planeado. La primera de estas psicólogas fue a los 12 años.
Fest estudió la primaria en una escuela pública, la secundaria en una escuela de monjas para bajos recursos y la preparatoria en el Centro Universitario México.
Fest sabe que sería muy hábil para obtener lo que quiere quebrando obstáculos, pero después de una o dos veces (de tan sólo pensarlo), tiene remordimientos y le provocan malestar.
Fest tiene un IQ de 120 y piensa que no le ha servido para mucho. Su tío lo tiene de 140 y después de conocer a gente con el mismo IQ que él, ha aprendido que no lo es todo.
Cuando esta entre gente común, prefiere parecer común. Cuando esta entre gente extraordinaria, prefiere callarse para parecer aún más extraordinario. Cuando la verdad es que, ninguna de estos escenarios sociales le interesa lo suficiente como para hacer un teatro de ello.
Durante la niñez y pubertad de Fest, siempre le estuvieron diciendo que estaba destinado a ser un gran hombre, a hacer grandes cosas, que no querían imaginarse lo que sería capaz de hacer cuando fuera un adulto. Todas estas personas siempre han sido ajenas a él. Su familia es más reservada en esos comentarios, aunque también le han dicho que es muy inteligente y que podría obtener lo que quiera.
Sin embargo, su abuela siempre le recalcó la nobleza y el corazón. Es por ello que no tiene una mente enteramente analítica. Lo piensa a veces, y se da cuenta que gracias a ella, no es una clase de sociopata.
Fest tiene manos de señorita. Le han dicho que debería hacer comerciales de manos. Desprecia no tener las manos de una persona trabajadora, sin embargo, ha aprendido a apreciar el hecho porque de alguna manera le gustan a las mujeres.
Fest escribe novelitas y cuentos desde los diez años. No se imagina siendo un escritor popular, se imagina que estará toda la vida escribiendo y después de su muerte, alguien habrá de interesarse durante diez años por él. Si le preguntan un verdadero trabajo que le gustaría, diría que sería probando videojuegos, haciendo historias para estos o como un burócrata trabajando medio tiempo. Después de todo, piensa que son trabajos que no requieren socializar mucho y donde uno puede pensar tranquilamente que escribir.
Fest también sabe dibujar, sin embargo, no se considera lo suficientemente bueno para ilustrar su propio trabajo. Él piensa que lo que es del Cesar, para el Cesar y lo de Dios, para Dios. De ninguna manera se dedicaría a dibujar, cuando sabe que escribe mucho mejor.
Fest trabaja desde los 18 años. Su segundo trabajo, en Casting, duró casi seis años.
Fest llega a ser muy cruel con la gente que podrían ser sus mejores amigos, sin embargo, cuando se le acaba la crueldad, trata de ayudarlos lo mejor posible.
Fest cuando abre la boca, es sutilmente irónico y nunca habla en serio. La gente a su alrededor tiene problemas para saber si esta bromeando o no.
Fest se conmueve fácilmente con los personajes que estan enfermos porque tuvieron alguna pérdida, porque siente que muchas de las cosas buenas, o seres queridos, se le han perdido sin hacer nada para contribuir en su alejamiento.
El mayor tiempo que Fest ha pasado sin dormir, han sido tres días seguidos.
La mayor relación que ha tenido, es con Sol María y ha sido de tres años (con ocho días).
Fest lee 100 páginas cada hora. Fest puede leer cuatro o cinco libros a la semana. Sin embargo, procura leer solamente uno o dos, por razones de comodidad. Sin embargo, puede llegar a tener hasta cuatro o cinco libros abiertos.
Fest no olvida. Si dice que se le olvidó, pero en realidad se esta haciendo pendejo.
Por eso cuando genuinamente se le olvidó algo, nadie le cree.
Fest hizo un comercial de mayonesa. El comercial sigue apareciendo estos días.
Su mamá siempre quiso ser pintora o médica, sin embargo, su padre (un literato y caricaturista) le insistió que estudiara una carrera técnica por ser el futuro. Su mamá, entonces, se dedicó a jugar ajedrez y se presentó a tres olimpiadas de este, solamente para tener algún poder de decisión en su vida.
Fest se considera un jugador mediocre de ajedrez.
El papá de Fest, es tres años menor que la mamá de Fest.
Fest si manipula a las personas, pero sólo un poquito y principalmente, para comprobar rasgos de su persona. Si a él le gusta reafirmarse, le gusta más cuando la gente a su alrededor se reafirma. Siente que eso es correcto.
Todavía se pregunta, algunas veces, si su manera de amar es correcta.
Fest desprecia la gente que pierde su tiempo.
Fest puede hacer muchas cosas a la vez y terminarlas todas.
Fest le pidió a Dios, a pesar de no estar bautizado, que le diera un poquito de su poder para arreglar las cosas cuando tenía 9 años.
Fest es agnóstico. Cuando le conviene cree mucho. Sabe que por ello, Dios tendrá una seria discusión con él eventualmente.
Fest quiso ser cura, durante diez años pensó en eso insistentemente.
Fest, de alguna manera, se educó para ser honesto. Piensa que las mentiras son un largo camino de sufrimiento, de molestias y malestares nada agradables. La mirada de una persona que descubre la deshonestidad de alguien, se le hace de las cosas más pesadas en este mundo y prefiere evitarlo.
Eso no evita, sin embargo, la capacidad de Fest para esconder fragmentos de la verdad.
Fest sólo dice mentiras cuando sabe que pueden ser divertidas.
No se considera afortunado. Sin embargo, de alguna manera piensa que ha sufrido mucho para poder explotar un día, como un hombre completo, hecho y derecho. Alguien de quien su abuela podría estar orgulloso.
Fest piensa que los niños son más inteligentes que los hombres.
Fest piensa que las mujeres son más inteligentes que los hombres.
Fest sabe, sin embargo, que la gran mayoría de estos no es tan inteligente como él estadísticamente.
Fest tiene una buena capacidad para la retórica, pero prefiere usarla sólo en casos especiales.
Fest prefiere declarar una batalla perdida, en lo que él sigue moviendo una guerra en todo el entorno.
Los libros preferidos de Fest, son los de fantasía, ciencia ficción y terror. Durante mucho tiempo su autor preferido fue Stephen King.
Fest ha escrito cuatro novelas en total, y tiene tres inconclusas.
La palabra preferida de Fest es inexorable. Su libro preferido es La Historia Sin Fin. Fest releé este libro cada año y cada vez que llega a esa palabra, siente que algo le golpea el estómago y llora.
A Fest no le gusta llorar, por eso lo evita. Se siente poco hombre.
Fest tiene buena capacidad de observación. Fest tiene buena capacidad de anticipación. Conoce a las personas con tan sólo verlas, hacer deducciones y preguntas. No es algo que le alegre mucho el día, porque le da la falsa noción de que se ha perdido lo interesante y novedoso de las personas.
Fest es guapo.
Fest sabe, de alguna manera, que tiene el poder de Dios.
T-T y la otra tecnología
Diciembre 21, 2003 — Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
A mi ponganme enfrente de una computadora, sé que hacer. Por medio de intuición, práctica, lo que sea… sé que debo hacer. Sé como manejar una computadora, he dominado los ingredientes básicos.
En cambio, ponme frente a un celular y me verás parpadear perplejo.
Durante horas.
Para ti.
Agosto 15, 2003 — 1-2-3.
Escrito por Agustin Fest.
Quiero escribirte esta noche.
Y no sé como empezar. Pensaba hacerlo de otra forma, pero también sé, que si lo hago de otra forma, tardarías en leerlo y prefiero que sea lo primero que mires en la mañana. ¿Y qué tiene que lo miren todos?, ya has entrenado la mirada del hombre posesivo en mis ojos. Que ellos sepan, que no hago más que querer escribirte esta noche (y todas las noches). Tú lo leerás y entenderás primero. Aunque te encuentre en otros caminos, espero con ansias que éste lo recorras a primera hora, cuando escuches mi voz en las noches o cuando trate de llamarte me-ta-fí-si-ca-men-te (como diría Horacio).
Cuando las letras salen, pongo las pistas que encontrarás y nadie más podría adivinar. Primero se convirtió en un juego secreto que compartían dos personas y luego, ¿en qué se ha convertido?
Eso me pregunto sonriendo todas las noches.
Te he leído, una y otra vez, en el regalo que me hiciste. Yendo de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Repasando cuidadosamente los días, hurgando entre recuerdos, adivinando situaciones y rostros. Comprendiendo muchas cosas, aceptando otras, negándome un par aún sabiendo que tienes toda la razón.
Tengo que confesarte algo… soñé con aquella mujer la otra noche, aquella mujer que me golpeó violentamente con la conciencia de que todavía puedo enamorarme. Le miré y ella trataba de explicarse, realmente trataba de explicarse el por qué no podía aceptarme. Tuve que mirarle con lástima y susurrarle en sueños: “Ya para qué… ya para qué”.
¿Para qué si existes tú? Un sentimiento elegante, vibrante, creciendo como una semilla. No como el otro, que fue un soliloquio, un acto repentino, un impulso.
Usted. Tú, la mujer que camina como en un ensueño, como una luz que brilla con energía propia, energía pura. No necesitas curar nada, solo necesitas existir. No necesitas sanar, solo sonreír y extender tu mano a la mía, que es necia y a veces se siente como un animal herido.
La mano que te acarició durante una hora completa y extraña. Mano necia, indecisa, que primero no sabe como responder, que a veces niega, extraña a muchos ratos y luego te pide a gritos que regreses.
¿Me permites? ¿Me tendrás fé? ¿Me permitirás existir, cerca de tí, escribiendo en presente?






