Job 14 v7-9

Porque si el árbol fuere cortado,
aún queda de él esperanza;
Retoñará aún, y sus renuevos no
faltarán.
Si se envejeciere en la tierra su raíz
Y su tronco fuere muerto en el polvo,
Al percibir el agua reverdecerá
Y hará como planta nueva.

Cuando releo el Poder Gris, me doy cuenta de la diferencia de personas hace cuatro años y el día de hoy. Hasta me da vergüenza postearlo en ocasiones, sintiéndome como niño avergonzado. Luego me doy tinta de todos los errores que tiene o todas las fallas en los personajes… y vaya, me desagrada en ocasiones… en otras me alegro que hacía cuatro años todavía podía soñar.

Mi madre, mi abuela.

Mi madre, dentro de mi familia, tiene una historia particular… ya que siempre fuimos una familia en la que todos nos tratamos como hermanos y todos nos veíamos todos los días y todos vivíamos juntos.

Pero mi madre siempre fue la más independiente. Con sus opiniones de conspiración y que todo es una vil mentira, y la vida es un juego de ajedrez que ella sabe jugar (sobre todo en el trabajo). Todo esto y una serie de eventos que según me cuentan, le sucedieron a partir de los catorce años, ha logrado ser independiente y diametralmente opuesta a mi abuela en todos los sentidos.

Donde mi abuela cocinaba, mi madre no (aunque ella sabe cocinar y bien). Donde mi abuela limpiaba, mi madre ni se diga. Donde mi abuela mostraba sabiduría de anciana, mi madre se callaba. Y no se diga cuando las dos tenían una opinión diferente del asunto (que vaya, llegó a ser demasiadas veces), se daban en todo el sentido de la metáfora, en su madre.

Mi abuela no dejó de ser la mujer de la casa, hasta que murió. Ya va un año con un par de meses de eso, pero mientras más pasa, he observado a mi madre cuidadosamente y cosas que antes no reflejaba de mi abuela, ahora las hace. Después de todo (y es algo con lo que estoy obsesionado), no dejamos de ser como los padres.

Ahora mi madre, cuando se sienta en un taxi a esperar que lleguemos, pone las manos entrecruzadas y mira la ventana, como solía hacer mi abuela. Ahora mi madre, cuando llego del trabajo y aunque ella esté cansada, me pregunta si ya cené en el mismo tono que mi abuela solía preguntarme. Poco a poco, todas las actitudes que negaba ella, las ha estado adquiriendo, no sé si sea consciente o inconsciente…

No sé si aterrarme, de que esto también me pueda suceder a mí.