Marzo 10, 2007 — Consumidor de Entretenimiento, Familia, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Mover la cabeza de un lado a otro no funciona, ni bostezar como nene aburrido. Cerrar los ojos tampoco. Salir a fumar y escuchar a los vecinos, nope. Un fracaso total, si se escucha la voz atorrante y aguda de las Gilmore Girls en un televisor vecino. Antes me gustaba ese programa por los diálogos, las referencias pop, la dinámica que tienen los personajes entre si… ahora me aburre.
Hubo una escena muy interesante, tal vez mi preferida, dónde en una cena familiar se encuentran la madre, la hija, y los abuelos. La cena esta envuelta en un silencio muy incómodo y pasado un rato, la madre se levanta y dice—. Me largo, no aguanto más. Entonces, su hija se lo impide y les pide a todos—. No, necesitamos hablar… nadie se retira de aquí hasta que terminemos. Los últimos quince minutos del programa se desenvuelven donde dos personajes se retiran, para darse de gritos en la sala, mientras los otros dos, enfocados por la cámara, escuchan la discusión. Había una carga inmensa, por los eventos que habían sucedido a lo largo de la temporada y fue muy divertido ver como se reprochaban las cosas en un sólo momento, donde todos tomaban turnos para explotar con el otro. Ese pequeño punto, probablemente, encierra lo que es la totalidad de la serie… pero ya después de unos años, me parece aburrido, ni siquiera la cara bonita de Rory Gilmore y su promiscuidad sexual me mantienen interesado.
Tengo un lápiz a lado, debería tener un cuaderno para dibujar muñequitos cuando esté así, de ocio sabatino… pero, no tengo el cuadernito y de tenerlo, seguramente lo haría una o dos veces y después lo olvidaría. La televisión, el ruido, la carga de medios, es una terrible manera de pasar el tiempo porque después, me siento desganado… no pienso correctamente, como tener el interruptor a medias. No acostumbro a poner el cerebro en automático, prender cualquier canal de televisión, y mientras más nalgas y piernas tenga el contenido, mejor.
Me siento orgulloso, porque he logrado escribir tres párrafos… pero es lamentable que todos tengan que ver con la televisión. ¿Me hará falta un buen libro? No lo creo, estoy leyendo varios, sólo que he leído a paso de tortuga. ¿No habrá sido la comida? Porque comí bastante… huevos rancheros, con bisteck, frijoles, chorizo y… pizquitas de un pollo que había ayer. En mi casa, somos excelentes para preparar algo sabroso usando las sobras. No sólo son los medios, supongo… sino la disposición general de hacer algo. No he hecho nada el día de hoy, todo ha respondido a pequeños impulsos. Un día, probablemente desperdiciado, de esos días que lamentamos haber perdido el día de nuestra muerte… cuando las películas aspiracionales, nos piden, por favor, que no perdamos el tiempo y vivamos el momento.
Mi momento, el día de hoy, fue muy aburrido y tal vez, lo rescatable, fue haber escrito esto y ni eso, porque esto… como todo el día, fue un desperdicio. ¿Mañana qué toca hacer? Probablemente algo divertido, algo productivo, algo importante… que valga la pena… Eso me preocupa un poco, porque… ¿qué se puede hacer los domingos que valga la pena? Saldré con mi cacto en el hombro y buscaremos gatitos inocentes, para que él tenga algo que comer.
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Abril 19, 2006 — Memes, Notas aleatorias, otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
La Martha comentaba que esta en la etapa donde le gusta más leer otros blogs, y escribir en el suyo se ha vuelto más esporádico. No sé si es una situación general, sé que me pasó algo similar en su momento… no tengo la menor idea de por qué. Probablemente sea una situación de feromonas, de esas donde dicen que solamente duran tres años y medio y después ya, ya vale madres. Poco importa si Eduardito escribió esto, que si Pachulito escribio aquello, que si la Chiquitibún enseñó otra vez las tetas, que otra adolescente esta sufriendo un mal de amores, que el pendejito aquel sigue tan gracioso como siempre. Claro, eso pasa ya cuando llevas un ratote, ya cuando tienes a tus cuates y más o menos les sigues la pista, ya sabes qué onda con su vida, ya sabes a dónde van, ya te das una idea de que meme mandarle y cuál si te va a responder…
Hablando de memes, responderé uno que me dejó Javier Benek…
Al rato me la viviré respondiendo memes. Ya se me hacía raro verlo escrito en toda mi blogósfera y que no me lo mandaran a mí.
Diez años atras yo:
Tenía 14 años. Mierda, creo que la pubertad fue lo más culera de mi vida, andaba con las hormonas bien altas y estando más gordo que ahora (y aparte, tímido y pendejo), pues no… no pasaba nada conmigo. Lo bonito que recuerdo es que me enamoraba de todas las mujeres… eso si… es bonito enamorarse, es bonito el sentimiento de querer ver a alguien, de querer compañía, de ser admirado y deseado. En ese tiempo eso era más intenso, mucho más intenso, por cualquier reacción física y biológica que puedan hacer unos catorce años. También, cualquier novedad sexual era muy fuerte, que si la masturbación, que si le miré las piernas y se me paró… eso creo que es irrecuperable, pero francamente, no reviviría la pubertad sólo para recuperar ese tipo de sensaciones primitivas, prefiero masticarlas ya que estoy crecidito.
Ya estaba terminando la secundaria, ya había hecho examen de admisión para entrar al CUM y en ese entonces no tenía idea del impacto que tendría esa escuela en mi educación / formación, en mi disciplina de trabajo, en mi sed de conocimiento y reconocimiento.
A mi mamá le detectaron un tumor en ese entonces, los tratamientos costaron un dineral que pagaron mis tíos. De ahí, le empecé a prestar especial importancia al cáncer en mis genes (en un aspecto fatalista / destino). El cáncer, hace diez años, se hizo parte integral de mi vida y mis pensamientos. En los libros, los comics, los folletines y los periódicos que leía tomaba nota de la palabra y cómo la usaban. Afortunadamente, como lo detectaron a tiempo, mi mamá salió bien… sin embargo, eso aumentó su deuda con sus hermanos, por eso y otras cosas muy personales, empezaron a romperse las relaciones entre ellos.
Cecilia desaparecería de mi vida un año después.
No, no regresaría mi vida diez años. No estoy pendejo, ni loco.
Cinco años atrás yo:
Tenía diecinueve años… y de esa etapa de mi vida ya platiqué en mi blog (y recientemente). Si realmente les interesa saber… hay dos posts de eso, muy recientes, que escribí un día que discutí con mi hermano.
Un año atrás yo:
Estaba trabajando todavía en Carrillo Casting. Ya por esas fechas estaba pensando renunciar. También abandoné mi carrera un año. Llevaba casi un año viviendo solo. Ya tenía cuatro años trabajando en publicidad. Sol se mudó a Puebla y con eso, se facilitó muchísimo nuestra relación.
5 Lugares ideales para mi:
- Una playa donde morir agusto.
- Un lugar sin tanta gente.
5 Mayores alegrías de mi vida: (Eso de Mayores alegrías me suena tan mamón y espantoso, pensaba ponerle “momentos sublimes” pero creo que se oye igual).
- Estar de nuevo con mi hermano.
- Sol María.
- Terminar Padre Taxi.
- Terminar El Diario de Simón Dor.
- La primera vez que fui a Guadalajara.
5 Cosas q me gusta comer:
- Milanesas, lo siento, soy muy corriente para la comida.
- Arrachera.
- Ensalada de atún con aguacate y mayonesa. Me recuerda mis momentos pobres en Carrillo Casting y también, me recuerdan el mercadito de la abuela.
- Ensalada navideña de la abuela.
- Chocolate blanco.
5 Cosas que no me verás usar:
- Ropa o accesorios con algún logotipo de partido político.
- Pantalones-de-Cuero.
- Pornografía para homosexuales varones.
- Pociones mágicas.
- Un cepillo de dientes para lavar un baño.
5 juguetes favoritos:
- un cuaderno en blanco.
- mi servidor.
- cualquiera que sirva para armar.
- cualquier final fantasy, ¿no cuenta juego cómo juguete?
- de cuero, el pack de esposas - mordaza -antifaz. ¡Yay!
5 personas para que les pases esta tortura.
Como siempre, aquí lo dejo… si te gustó y quieres responderlo, adelante, tómalo y por ahí déjame una liga, que como dos tercios de la blogósfera, a mí también me encantan.
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Febrero 28, 2005 — 1-2-3, Asceta, Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
—Me convierto en lluvia y hago que nazcan las plantas.
—Ganaste, me sentiré muy sólo el día que no estés.
Me sentiré muy sólo el día que no estés. Las noches son un poco solitarias por acá. Antes no me importaba la soledad nocturna, ahora me importa un poco más… será porque estaré enamorado, será por eso. El sentido común se desliza como gotas de agua (tu sonrisa se fue) que se van por el fregadero. Y uno escucha el blip blip blip, el monitor me roba el alma poco a poco y aquí me encuentro, escribiendo una vez más. ¿A poco no es bonito estar enamorado? Pueque si. Una de las cosas que más deben de llamar la atención en este weblog, o una de las cosas que los lectores más en cuenta tienen, es que todavía estoy creciendo. Todavía estoy a tiempo de hacer muchas cosas. Supongo que ustedes, como yo, tal vez esperan el día en que publique un libro. Lo leen en las letras, leen esa espera y créanme, cuando yo me releo, también lo espero. Supongo que otra de las cosas que llaman la atención es mi relación con Du y esperan el momento en que estemos juntos.
Son dos viajes alternos y ambos esperan una resolución. Prestamos atención a eso, ustedes y yo. Otro de los viajecitos puede ser el fin de mi neurosis, de mis problemas económicos, que un día escriba que todo fueron imágenes, que el tiempo pasó tan rápido que ya me estoy riendo de ello. Muchas veces se preguntarán porque ya no hablo tan intenso de una cosa o de la otra y la respuesta es sencilla—: No es el tiempo. Lo que no escribo, se desarrolla en la cabeza y eso basta. Algunos sentimientos han cambiado y tal vez, es hora de virar el barco a otra parte. Esto se puede aplicar a cualquiera de las tres anteriores, o a ninguna. (Con Duducita las cosas no han cambiado, no se preocupen… tan sólo me acoplo a su ritmo lento, a su manera de hacer las cosas… yo soy distinto, si se lo que quiero, actuo por impulso y eso me ha llevado a darme unos buenos putazos. Putazos que me han hecho quien soy, al fin y al cabo. Putazos que me hicieron un hombre independiente, con capacidad de decisión. Y después de todo, tengo 23, ¿no lo puedo saber todo, cierto?).
Odio la espera. Pero no debemos angustiarnos, ¿verdad Bob? Como dice Simón—: lo que pasará, pasará.
La chambita de comer grátis, es la neta del planeta. Parece que lo haré dos veces por semana. Es un extra que no le hace daño a nadie y menos a mi, en mis condiciones. Al contrario, a tragar… a tragar… ¡A tragar! En un ratón voy a Plaza Galerías, al siguiente restaurante de la lista. Yum… yum…
Pensaba ayer que esto merecía la pena ser vivido. Que mi vida valía la pena. Pensaba ayer en cuanto había aprendido y crecido en el camino que elegí. No me arrepiento y finalmente, sigo siendo el mismo. En los días que estoy más tenso, siento arrepentimiento, siento cobardía y siento que las cosas no debieron ser así… cuando se acaba esa nube de confusión, un caos fractálico, me cae el veinte. Sigo siendo el mismo. No me arrepiento por nada. Tuve mis momentos de tranquilidad, de vida relajada, y lo único que hice con ello fue desperdiciarla pensando y escribiendo. Lo único que hice con ello fue dejar que se fuera. So, no importa si consigo de nuevo esa estabilidad o ese relax cotidiano… así seré: siempre pensando, siempre escribiendo. Bleh.
No cuida ni su alma. Mambo. Malbicho.
Así es como te ves. Todos te dicen que sos.
Iba a escribir más, pero se me ha olvidado.
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Febrero 18, 2005 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
So… viernes en la noche, si… es viernes en la noche.
Los cigarros ya subieron a diecinueve pesos, según el Superama. El señor de la tiendita no tardará en subir el precio. Un galón de leche Lala cuesta treinta y un pesos —Superama— y si es La Suiza, sale tres pesos más barata. El pan de caja, sale en quince pesos y que me laven la ropa, entre cuarenta y cincuenta pesos (porque he estado llevando menos ropa a lavar). Una coca de seiscientos sale en seis pesos, en el Oxxo cuesta seis cincuenta. Un kilo de duraznos —Superama— sale en veintiseis pesos y dos kilos de mandarina —Mercadito—, me costó doce pesos. Comer con Mary cuesta treinta pesos (siete pesos más, si pido refresco) y en la escuela, el precio varía: tacos de canasta doce pesos, torta de milanesa con quesillo dieciseis pesos. Los cigarros ya subieron a diecinueve pesos.
No hay trabajo en Carrillo Casting, llevamos un mes así. Ya he escuchado varias veces a alguien decir: “De repente nos van a caer todos, uno tras otro y POW POW POW, no podremos dejar de trabajar”. Si, esa era una regla general, cuando no teníamos trabajo durante una semana o semana y media. Han estado cayendo proyectos pequeños que a los dos días se cancelan. Son suficientes para darle fé al optimista o al zángano. Algo esta sucediendo con la publicidad en México. Probablemente muchas agencias de publicidad ya optaron por trabajar en Argentina y no los culpo, allá esta saliendo hasta tres veces más barato. La gente de allá es más atractiva, más europea, más bonita, más comercialera.
Bue, después de todo lo que ha sucedido estos últimos dos años, creo que ya no puedo caer más. Me prometí este semestre (escolar) para continuar trabajando aquí y si la situación no mejora, entonces dejaré este trabajo y le pediré posada a mis tíos. Me amarga un poco ver a tanto chamaco mantenido, con el tiempo de estudiar y presentarse a sus reuniones bohemias para presumir la poesía que han leído y para degustar vino mientras escuchan la presentación de un libro. Me gustaría ser un chamaco mantenido. Después de un mes sin trabajo, me doy cuenta que eso sucederá antes de lo que yo pensaba. Lo malo de eso es que cedería uno que otro placer sencillo, como salir a caminar a las dos de la mañana, recibir visitas, tardarme menos tiempo para ir a cualquier lugar… la Narvarte es maravillosamente céntrica.
No tendría Internet, no mucho… y vaya que el Internet se ha vuelto, no sólo un placer, sino indispensable: en él encuentro muchas cosas concernientes a mis lecturas, incluso libros que no venden en México o que no tengo dinero para comprarlos. No es broma. Si me tuvieran que clasificar, si no tuviera trabajo para pagarme lo básico, sería clase baja. Ni siquiera clase media baja. Que tenga acceso a las herramientas y un poco de educación, que se buscar lo que necesito sin pagar un quinto, es distinto. Mi única meta, ahorita, es esperar esos seis meses y poner mi vida actual en la balanza para hacer otro cambio.
También tendría que abandonar mi independencia.
Sin embargo, terminaría mi carrera seis meses antes de lo que he calculado.
He pensado en conseguir otro trabajo que me pague más, pero eso es una falacia, un trabajo que me pague más pediría un horario de tiempo completo. Me pediría tiempo que tendría que arrebatarle a la escuela y mi carrera, igual que todas, está hecha pensando en hace veinte años. La mayoría de los chavillos que se largaban de su casa y se ponían a trabajar, lo hacían porque era un reto en su juventud, no una necesidad. Además, hace veinte años, o diez, México no estaba tan jodido. Recuerdo a un profesor que nos comentaba que su sueldo le alcanzaba para ahorrar un poco e irse de vacaciones a Europa, cada año.
El sueño mamuco de todo bloggero es que un millonario excéntrico le lea y le regale un millón de pesos porque le gustaron sus escritos. ¿A poco no? Piensen en ello, sería maravilloso que Carlos Slim entrara un día a sus blogs y leyera algo que le gustó, que diga “woooooooooow, me hizo sonreír” y que saque la chequera y en la madre. Por supuesto que es un cuento de hadas, no me miren feo, alguna vez se me ocurrió esa babosada y me hizo reír durante un día en el que estaba bastante estresado. Es obvio que Slim, o cualquier otro millonario, no haría eso… son millonarios (en parte) porque saben reservarse esos impulsos y porque no ocupan su tiempo en leer blogs.
Hablé con la familia de mi padre. Con su hermana mayor, Imelda. El sábado (o domingo) pasado hablé con ella y fue una sorpresa, para ella pues, porque nunca habían negado mi existencia pero pensaban que nunca me comunicaría. Pues… sorpresa, sorpresa. Le di mis números de teléfono para que se los de a él, a ver si decide comunicarse. Me habló el lunes para preguntarme cosas: que como era, que en que trabajaba, que si creía en Dios y después de las respuestas, me dijo que no ha hablado con él, que prefiere hacerlo de frente. Se me hizo tierno su gesto, la sentí como si fuera una tía. Cuando comenté esto con mi familia, la de toda la vida, dijeron que era interesante… la búsqueda de las raíces. Ellos sufrieron lo mismo, a su manera, y con mayor razón no saben que decirme o aconsejarme. Al menos ya cumplí el círculo, eso me tiene una cosa menos en la cabeza… ahora el círculo es de él y lo ha sido, durante veintitrés años… sin embargo, soy tan lindo que ya le dí un lapicito para dibujar lo que falta en él.
Nada más.
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Agosto 27, 2004 — Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Todas las tardes y algunos sábados, decidí comer en la cocina económica de Doña Maru que está a una cuadra de este lugar. Por veinticinco pesitos puedo decidir entre consomé o sopa de pasta, entre arroz o spaghetti, entre agua de limón o de jamaica. Y además, hay cuatro guisados después de los cuales yo puedo elegir el que más me plazca. Al finalizar, me preguntan todavía bien chic—: ¿Gusta usted gelatina de postre?
—Encantado —respondo, con una sonrisa de borreguito bien alimentado. Me siento en una película de Pedro Infante cada que entro a la cocina económica de Doña Maru. Todo mundo se dice “Buenas Tardes”, todo mundo se dice “Provecho” y a mi, me reciben con una sonrisa y me saludan cada que paso por ahí. Si, ya soy del barrio, cuando las de la lavandería, el señor de la tiendita y “Doña Maru” conocen tu nombre es que ya empezaron a hablar de ti a los vecinos y conocidos.
Y… ¡ay!, cada vez que como con Doña Maru, lentamente he empezado a generar una responsabilidad con ella. Bien reza el dicho—: Barriga llena, corazón contento. Creo que le ha agregado un poquito de condimento de amor a su comida, cada vez la veo más retebonita y retechula a la condenada. Estoy seguro, que si Doña Maru tuviera una hija, me sentiría moralmente, sexualmente y socialmente obligado a casarme con la nena para que Doña Maru me cocinara. Porque… me ha conquistado, con la comida me ha conquistado. Soy un borreguito tan feliz y tan lleno…
En fin, platicando con ella, me disculpé por ir menos a comer esta semana.
—Es que… he estado yendo a la escuela, como voy en la tarde… pues no he comido aquí…
—¿Si? ¿Y qué estudia joven?
—Literatura.
—Fíjese, yo estudié para dentista… pero mire que estoy haciendo.
Perfecto… mejor me caso con Doña Maru, ya tengo dentista y cocinera en un sólo paquete…
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Diciembre 23, 2003 — Mi abuela, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Todas las navidades solía haber manzanas, manzanas aquí y manzanas allá, por toda la cocina. Y también había piña en almibar y pollo cocido. Y pasas y mayonesa, un bote gigantesco de mayonesa. Y no bastaba la mayonesa, no bastaba porque mi abuela la usaba toda. Cada gramo de ella.
La ensalada navideña empezaba desde un día anterior.
Agarraba pechugas de pollo gigantescas, que ella sabía muy bien escogía y las desmenuzaba, las desmenuzaba enteritas y las echaba a una cazuela lo bastante grande. Miraba caer las hebras del pollo, uno persiguiendo al otro. No había tiempo, la navidad ya se acercaba y la ensalda lista debía estar. Pechuga uno, pechuga dos, pechuga tres, pechuga cuatro. Mucho pollo. A mi nunca me gustaba el pollo y mi abuela muy bien lo sabía, pero esta era su ensalada navideña y así era como iba. Y es que la ensalada en ese tiempo era para catorce personas, luego fue para diez, luego para siete y finalmente para cinco. Y luego ya no quedó personita quien hiciera la ensalada, y los cuatro restantes olvidaron la ensalda, pero esa es otra historia.
Entonces sus manos llenas de arrugas y de tierra trabajo; y de vendedora trabajo; y de siete niños trabajo; agarraban las latas de trocitos de piña con almibar y se ponía una mano en la cintura y miraba el abrelatas esperando. Nunca fue cursi y nunca dijo: “Paciencia y amor en la cocina”, de eso me daré yo el lujo. Así descansaba ella, mirando el abrelatas, mirando el carrusel de piña. Eran una lata, dos latas, tres latas y todas iban a la cazuela, retiraba el almibar y dejaba los pedazos de fruta dorados y desnudos, junto al pollo. A veces hacía la trampa diabética y se comía uno, dos, tres pedacitos de piña. Pero no importaba, esta era su ensalada y como quería ella la hacía.
Quedaban las manzanas y las manzanas era lo más difícil. Agarraba a sus tres hijas y ¡órale! ¡A pelar kilos de manzana! Y yo veía a la manzana siendo desgarrada finamente, la cascara saliendo del cuchillo como un papel muy delgado y dulce. Casi siempre fue papel verde, a veces si quería hacerla más dulce, era papel rojo. Ahí iba, papiro tras papiro de fructuosa y dulcería, juntándose en la mesa de la cocina. Primero, solía juntar toda esa cáscara y la tiraba a la basura, harta ya estaba de las manzanas. Más tarde, descubrió como observaba yo las cáscaras y me acercaba y me las comía. Me comía todos los papeles rojos y verdes, me los comía hasta saciarme. Mi abuela alzó una ceja y comprendió, ya cada navidad me decía: “Agustín, te guardé las cascaras, son todos para ti y para tu hambrita”. Me comía las cascaras y miraba las manzanas en cuadritos, con el hábil cuchillo de la abuela volando con destellos plateados, tac tac tac era el ruido que hacía. Después acababan todos en la cazuela y poco faltaba, ya pronto ensalda habría.
Lo más fácil era la mayonesa. Habiendo los ingredientes básicos, le echaba toda la mayonesa. Uno, dos o tres botes. Dependiendo de cuanta gente comiera. Toda la mayonesa en las cazuelas. Entonces revolvía, revolvía. La ensalada blanca navideña de mi abuela. Daba giros y vueltas. Entonces dividía la ensalada en dos, porque faltaba el último ingrediente que a mi más me gustaba.
Había gente que no le gustaban las pasas. Dos de sus hijos. Entonces a ellos les guardaba un poco y a todos los demás, les echaba pasas. Pasas por aquí y pasas por allá y a revolver más. Las pasas riquísimas que le agregaban el sabor faltante a la ensalada. Yo me comía uno, dos, tres, cuatro, cinco, hasta seis platos. Y la abuela entonces hacía más ensalada con lo que restaba. Nadie comía tanto su ensalada como yo, lo siento, me encantaba.
La abuela murió y ya no hubiera quien hiciera ensalada. Así intenté hacerla yo, una navidad o un verano, ensalada navideña y algo me faltaba. La probaba y la probaba, algo siempre faltaba. No era el cariño de la abuela, puesto ella indudablemente estaba conmigo, observando a mis espaldas. Era otra cosa, tal vez, ¿qué era, mi querida abuela? ¿Puedes hacer trampa, traspasar el mundo de los muertos y decir? Así lo hizo, despacito acercó su boca a mi oreja, en la forma de una de sus hijas y me susurró el secreto: “A las pasas, en ron debes bañarlas y descansar dejarlas”.
Así lo hice y no quedó perfecta, pero quedó muy buena.
¡Ese era tú truco! ¡Ay abuela, borrachita y tramposa! ¡Ensalada navideña, llena de ron y pasas! ¡Salud por ti y por tu ensalada!
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Noviembre 9, 2003 — Arbol.
Escrito por Agustin Fest.
De noche, el pequeño Árbol pudo abrir los ojos y miró a Tito profundamente dormido en la acera. Se sintió con la responsabilidad de protegerle. Miró al niño, quien estaba en una posición fetal y sosteniendo con ambas manos su bolsa de cemento. Miró con sus otros ojos, con los de la paciencia, y el doppleganger seguía colgando del corazón de Tito, como una sombra sin volumen y muerta, muerta hacía mucho tiempo.
Había postes de luz en toda la calle, las paredes estaban pintarrajeadas con spray y había basura en una que otra esquina. En una de las casas, había luz y se escuchaba música a todo volumen. Y árboles… árboles no había con los que pudiera consultar donde estaba. El pequeño árbol suspiró, ¿a dónde tendrían que caminar de aquí para llegar a un bosque?
Buscó letreros y todos daban nombres de calles, había uno en particular que decía: “Barrio norte” y pareció comprender. A Tito le había dicho que siempre debían caminar hacia el norte y lo había llevado a donde creyó que era el norte. Se rascó hojas con troncos y pensó, como podría explicarle a Tito que no era ese el lugar que buscaban.
El Árbolito TT cerró sus ojos y trató de sentir con los ojos de la paciencia, qué camino sería el indicado. Las hojas con el viento le descubrieron que debían caminar todavía más. Mucho más y siempre al norte. El viento también le indicó que los dopplegangers todavía no sabían de él y que sospechaban que estaba escondido. No habían descubierto nada de raro en aquel niño jalando un árbol en su carrito. Lo adjudicaban a la locura o a su bolsa de cemento. ¿Cuánto tardarían en descubrirlos y cómo podría defender a Tito, cuando eso sucediera?
El árbol suspiró, era joven y no necesitaba pensar en las consecuencias. Las descartó inmediatamente.
—¡Tito, tito capotito! —exclamó Tito, medio despierto ya—. Tengo hambre, busquemos algo de comer. ¿Quieres comer?
—No. No necesito comida, solo agua y tierra.
—¡Muy bien capoTiTo! —exclamó Tito—. Yo si tengo haaambre. ¡Botes! ¡En los botes siempre hay comida!
Tito se levantó y extendió sus manos como si fuera un avión, lo miró correr hacia un bote, ladeando sus brazos de un lado a otro. Cuando llegó, se detuvo en seco y saltó adentro, urgando entre las cosas hasta que encontró algo que fue de su agrado. El pequeño árbol se sonrió y lo miró comer en silencio. Tendrían que caminar mucho todavía y no quería arruinarle la sorpresa mientras comía.
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Mayo 26, 2003 — Paranoidefobico, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
No hay palabras más confusas que esas dos:
Ni siquiera Senkaieson, ni Bissat, ni Mollnar, ni Faleimon.
Porque los duendes verdes son algo que no estamos acostumbrados a ver.
(sin embargo existen).
Enanitos, humanoides, verdes… sobre todo verdes.
Alucinantes.
Hilarantes.
Espectaculantes.
Con uñas grandes y dientes amarillos (para armonizar con el verde).
No tienen ropa, a contrario de como nos los han mostrado en dibujos y cuentos… no, simplemente andan desnudos (no tienen pudor, claro está) y corriendo de un lado a otro, balbuceando en un idioma extraño, jugando travesuras con los animales de la casa (incluyendo a los humanos).
Y de vez en cuando, estos enanos se sientan a ver televisión. (No sé si el que inventó tenía en mente que los duendes la vieran). Por eso es que la televisión se prende sola en las noches, y también el horno de microondas para las palomitas, y también el DVD.
Es cierto, es cierto… a todos nos ha pasado, ¿a quién no?
Y luego se les inventó la computadora, y luego el internet (a los duendes también les gusta la pornografía), y poco después, los weblogs.
Hay muchos duendes verdes que mantienen un weblog. Hay otros más que los mantienen con el afán de parecer humanos. Debemos dar gracias, porque los duendes verdes tienen una nueva ocupación.
Antes solían jugar con los humanos para después comérselos.
Pero hace mucho tiempo que no hacemos eso, nos han civilizado. Y estoy seguro que cuando arboltsef se despierte en la mañana y observe que “ha escrito” esto, se sentirá orgulloso… porque de ninguna forma creerá que fue un duende con su nombre, para nada… el creerá que lo hizo en el breve momento que existe entre el sueño y el despertar.
¿Alguien gusta palomitas?
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Diciembre 12, 2002 — Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Estaba Simón Dor preparando su cena modesta, en el ambiente se escuchaban cohetes. Pensó que podrían ser motivos de alguna celebración paganas, pero ¿qué no era pagano para Simón Dor? Se dejó influir por los pensamientos que le venían a la mente, sin ningún destino trazado, sencillos y aleatorios.
Se asomó por la ventana de la cocina, sin ningún interés en partícular y observó los fuegos artificiales blasfemos extenderse en el aire, hizo una mueca de disgusto y salió de la cocina llevando su cena organizada en las manos. En el plato se podía ver que lo verde iba con lo verde, lo amarillo con lo amarillo y las carnes frías con las carnes frías. A Simón Dor no le gustaba el caos en la comida, pues podía traspasarse al cuerpo. Una pequeña obsesión inconsciente que el había adquirido durante años.
Sin prisa, acomodó los cubiertos y una servilletita, arrastró la silla con calma y se sentó a cenar. Una luz tenue iluminaba su gesto al masticar. No había agrado o disgusto alguno, parecía como un animal rumiante masticando y tragando la pastura que no cesa de crecer. Se sirvió un vaso de refresco que había comprado hace dos semanas, el vaso lo sirvió hasta la mitad y bebió un poco.
Después de terminar la cena, entrecerró sus brazos y asintió, se abrieron sus ojos en tono de sorpresa y exclamó-: El día en que me muera, será un algún evento de caos, nada preparado por nadie. No suicidio que parezca accidente, no orillar a nadie que me mate. Evento de caos.
Acabó su refresco, apagó la luz y así terminó Simón Dor su día.
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Diciembre 2, 2002 — Cuentos, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Capítulo 1.
El niño con una decisión importante.
Iniciar el día para él era lo mismo de todos los días, sentir la luz del sol pegar en su rostro y retorcérselo hasta que abriera los ojos y decidiera moverse a una sombra cercana. Después se dedicaba a recordar cuando todo era más fácil, antes de la guerra, cerraba los ojos, recordaba a sus padres y se ponía a llorar.
Regresaba a dormir y dejaba que el tiempo pasara, hasta que abriera los ojos de nuevo y el día empezara cruelmente una vez más.
El niño pasó dos años en la misma situación hasta que cumplió los 9 años. Abría y cerraba los ojos, dormía y dormía, rogando al cielo que le dejara soñar con el pasado, lágrima tras lágrima, se las bebía y volvía a llorar. Se sentó en una gran lata, ya vieja y oxidada, se limpió el rostro con unas cuantas lágrimas, sonrió y decidió que era hora de dejar de llorar. Se puso de píe e inició su camino.
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Noviembre 8, 2002 — Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
Ayer cuando me acostaba, tuve una ansiedad terrible que no me dejó descansar toda la noche. Entonces me di cuenta lo importante para mi que es ganar o no un concurso de escritura, muchos pueden pensar… es un concurso, nada más un concurso y como dice el buen valar En un concurso se gana o se pierde.
Yo le dí demasiada importancia a este concurso porque… como unos cuantos amigos queridos saben, estoy apostando lo que más me importa… lo que mis manitas lindas pueden decir al mundo. Las ficciones o las realidades, como sea. En mis tantos años en los que me he dedicado a juntar una letrita tras otra, he ganado a mis seguidores y he ganado a mis enemigos. Bien lo sé. Aunque sea de una manera muy local, eso es lo que me ha hecho seguir mi camino y decidir lo que quiero hacer con mi vida.
¿Por qué escribo? Cuándo me hago la pregunta, esta fabulosa pregunta, entonces saltan mis numerosos personajes y dan una respuesta, como en una asamblea desorganizada y cada uno de ellos trata de exponer sus puntos. He tardado siempre encontrar mi propia respuesta, desglosándola de todas las demás: Escribo porque me gusta ver el mundo mágico. Olviden las coincidencias macabras, olviden las veces que les he dicho que escribo para mis amigos (imitando a Gabriel García Márquez) y olviden las incontables veces en que sonrío sarcástico y digo: “Já, porque quiero ganar dinero y luego dar críticas a una televisora, después de todo tengo que comer”.
Escribo porque me gusta ver el mundo mágico. Escribo porque no me gusta que la realidad nos acongoje. Escribo porque estoy harto de la mierda que nos aventamos unos a otros, ya no me gusta masticarla. Escribo porque aunque la vida no es un cuento de hadas, necesitamos darle tales matices, aunque sea poquitos. ¿No creen?
Y mientras me respondo esta pregunta, el concurso sigue presente, porque después de todo… estoy presentando mi invitación al mundo mágico. Hace poco estuve buscando acerca de mi escritor favorito, Michael Ende, información que me diera indicios de como llegó a ser él escritor y su vida en general. Y me di cuenta que también era su propósito, en ciertos rasgos. En Momo y en La Historia Interminable esta más que obvio.
Es muy posible que no gane el concurso, de hecho. En lo poco que he estudiado mi carrera, me he dado cuenta de muchos errores que tiene la novela y la he revisado estos últimos días. Lástima por los personajes, a cada uno lo quise y lo aprecie como nunca. Sin embargo, es fácil decidir cerrar el ciclo y decir que ya no escribiré.
El camino fácil ya no me gustó.
Así que tal vez puedan ver la novela que presenté publicada por acá, así como mi colección de cuentos. Estos días no he escrito precisamente porque la decisión del jurado me puso un candado enorme. Pero ahora que me siento un poco más libre y relajado, entonces podrán leer los cuentos que ya trabajé en esta página y puedo decir estan terminados, los cuentos mediocres que escribí algunas veces y decidí dejar quietos, serán publicados tal cual en esta página también.
Respecto Anselmo y Susana, les doy muchas gracias por ser el inicio y quedan sellados donde están.
Un saludo y gracias a los lectores que se dan el lujo de leerme un ratito.
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Septiembre 19, 2002 — Logs varios.
Escrito por Agustin Fest.
[23:09] Sudario de estrellas: dime cual es el hombre ideal?
[23:10] Patricia: el que se de cuenta cuando quiero que me cocinen un bistec, el que me haga cariñitos y que me soporte tanto como para no irse a dormir sin decirme que miercale le pasa
[23:11] Sudario de estrellas: no se si eso sea difícil.
[23:12] Patricia: para que veas tu, las cosas mas sencillas son las mas dificiles de encontrar
[23:12] Sudario de estrellas: todo un dicho
[23:14] Patricia: que… es nada mas que un cliche, pero no se me ocurre otra forma de decirñlo
[23:15] Sudario de estrellas: no tengo objewcion con los cliches bonitos
[23:16] Patricia: ycual es la mujer ideal?
[23:16] Sudario de estrellas: la verdad es q no estoy seguro
[23:17] Patricia: bueno, pero alguna idea vaga?
[23:17] Sudario de estrellas: una q me escuche, y se ría con mis chistes aunque sean absurdos.
[23:17] Sudario de estrellas: Una que sonría y me acompañe por el café cuando haya café.
[23:19] Patricia: ¿por que cuesta encontrar tanto algo tan simple?
[23:19] Sudario de estrellas: yo creo q me enamorare cuando encuentre una asi
[23:20] Patricia: espero que te enamores
[23:21] Sudario de estrellas: yo también.
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Septiembre 15, 2002 — Logs varios.
Escrito por Agustin Fest.
[14:11] Patricia: si, pero no estuvo muy buena la fonda (fiesta dopnde se celebrar antes durante y depsues de las fiestas patrias)
[14:12] Sudario de estrellas: um?
[14:12] Sudario de estrellas: aquí fonda es una cocina económica.
[14:12] Sudario de estrellas: cocina económica = donde comen los obreros y clase baja por 20 varos.
[14:13] Patricia: no aca es doden se juntan todos a comer y a bailar celebrandola las fiestas
[14:13] Sudario de estrellas: mira nada más
[14:14] Patricia: se ponenen diferentes puntos d ela ciudad son locales p`rovisorios
[14:14] Patricia: es bien entretenido
[14:14] Patricia: y como aca septiembre esta a mitad de semestre coincide con el descanso d emedio semestre
[14:14] Patricia: entonces los escolares toman vaciones y se van a la playa o de vaciones
[14:15] Patricia: duran 5 dias las fondas mas menos
[14:15] Patricia: como ya te he dicho, aca las mejores fiestas son lso amtriminios y las fiestas patrias
[14:15] Sudario de estrellas: suena como la feria del tío Paco
[14:16] Patricia: cuale s la feria del tio paco?
[14:16] Sudario de estrellas: es un invento mío
[14:16] Sudario de estrellas: de hecho, puede ser material para una historia…
[14:16] Sudario de estrellas: hey y lo puedo vincular misteriosamente con el circo aquel donde van las vidas pasadas.
[14:16] Sudario de estrellas: Soy maravilloso para crear historias.
[14:17] Patricia: imaginacion fecunda, pero vamos a hacer que vaya a tono con la realidad para que no ocurran pifias como la del coñac
[14:17] Sudario de estrellas: cuál pifia del coña?
[14:18] Patricia: sorry retiro la dicha
[14:18] Patricia: se me confundieron los textos
[14:18] Patricia: tuyos con lso de otro al que suelo leerle los textos tambien
[14:18] Sudario de estrellas: te he cachado pata, me eres infiel
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