Septiembre 8, 2005 — La B.
Escrito por Agustin Fest.
Lo das todo por un poquito de perdón. Me has dicho que hiciera y deshiciera. También dijiste que escribiera de mi vida, aunque aún no me dices como poner colores dentro de esta cosa. Quiero llenarlo de morados y de rosa mexicano, a ver si así todavía me das chance de garabatear en tu cuadernito.
sabes que no lo haré. sólo bromeo.
ya sabes que yo soy de las que toman el lapiz o el teclado para escribir mis patas de araña y comparándolo con tu letra bonita de niña de colegio, yo soy una grafitera.
Te prometí que intentaría escribir como tú para llenar el vacío. Me dijiste que sólo era un par de meses según tus planes, que igual y si no veías necesidad, ya no regresabas. también me ofreciste que si este me gustaba te hacías uno para ti y te olvidabas escribir regularmente en este. Pero a quien engañas si sabes que para adueñarme de este tendría que escribir como tú y tendría que tener una vida algo más interesante, si cuando te des tu tiempito ya estarás con el mando y las energías nuevas que los citadinos pretendeen sentir con la brisa del campo.
Yo no tengo vida interesante, tal vez hace unos años, pero ahorita no no es posible si me la vivo como secretaria de un tío. Si aún vivo con papá y mamá que me llevan a la Iglesia. Si no tengo novio desde hace año y medio.
estoy pensando que estoy harta de los hombres y que mi gusto por las mujeres no es tan superficial.
jaja.
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Diciembre 9, 2003 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
- Sentirse satisfecho después de un examen.
- Que alguien te extrañe.
- Un deseo intenso, al despertar.
- Y el amor por las noches.
- Encender el último cigarrillo.
- El primero consumido entre tos y quejidos.
- Escuchar canciones que mueven la cabeza.
- Escuchar la canción que mueve el corazón.
- Llevar flores de zempazuchitl a la tumba de la abuela.
- Buscar el árbol en el que se ha convertido.
- Vestido azul veraniego.
- Cascada de cocoa, en lazo rojo.
- Escuchar la verdad, por más dolorosa que parezca.
- Hablar, lo que juraste no decir en siglos.
- Reírte mientras piensas en los capítulos de una novela.
- Sufrir cuando empiezas a escribirla.
- Las gotas evaporizadas en la regadera
- Las gotas congeladas de la lluvia
- Negar o asentir con convicción.
- La desaparición de toda duda.
- Sonreír sin ningún motivo en particular.
- Reír, cuando no puedes evitarlo más.
- Llorar en los brazos de la persona amada.
- Llorar en soledad, cuando más lo necesitas.
- Re-descubrir la habilidad de llorar.
- Estar orgulloso de tu hermano.
- Que él aún te pregunte cosas, aún cuando no posees las respuestas.
- Abrir los ojos en las mañanas.
- Cerrarlos miles de veces, antes de soñar.
- Soñar contigo.
- Soñar conmigo.
- Soñar juntos.
- Que Dios te hable, y no le hagas caso por terquedad.
- Y Él se ría divertido, cuando le haces caso.
- Reñir ambos, y poder tomar una cerveza al final del día.
- La cerveza fría, en un congelador vacío.
- Negarte a la mujer más hermosa del mundo.
- Para decirle sí, a la mujer más hermosa del mundo.
- La Coca Cola cuando tienes sed.
- El café caliente para despertar en las mañanas.
- Un chocolate para mojar el pan de dulce.
- El agua, cada vez que el cuerpo la pide.
- Beber hasta saciarme.
- Besar sin saciarme.
- Gemir sin llevar la cuenta.
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Diciembre 6, 2003 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Hay un sentimiento que no puedo explicar.
Limitado por la percepción de mis sentidos.
Hay algo en mi interior, latente.
Cuando aparece, toma una forma.
Cuando le sonrío a un niño.
Cuando descubro a una mujer mirándome.
Cuando entiendo las cosas que escribo.
Cuando encuentro una canción, que puedo decir es mía.
Cuando la imaginación traspasa los límites y me doy cuenta —tengo una esperanza— que los sueños pueden ser realidad.
Cuando descubro que el caos y el orden me limitan.
Y estos no me dejan mirar los colores.
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Julio 21, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Colores. Todo es a colores. Escribiré eso en mi diario si tengo tiempo, debo primero salvar al Árbol Tsef, ¿por qué? ¿por qué él? El niño y la vieja, no hay rastro de ellos, uno debe estar atrapado por el súcubo, si no es que muerto ya, y la otra por el sueño, con el aura azul apartándola de la realidad. No tengo a nadie para ayudarme más que al Árbol Tsef y él ya no puede, está bajo el embrujo de una mariposa negra que debe ser mi culpa, ¡pues claro! Yo soy el receptor de culpas. Si quieren a alguien a quien culpar, contráteneme, no cobro caro… tan sólo les pido el alma.
No estoy hablando con nadie, pero debo asegurarme de escribir esto en el Diario. Así al menos hablaré con alguien y no con mi propia mente.
Caminemos hacia la voz que habló con la voz de Beatriz, necesito saber si ha sucedido algo más. En mi cuarto no hay nadie, mi Diario está descansando en la mesita, el hacha está acostada en la cama, ocupando mi lugar. Espera… una fragancia conocida, una fragancia que me atrae. ¿Podrá ser posible? No, no es cierto. La voz y el olor. Alguien me está jugando sucio, el súcubo quiere volverme loco.
Caminaré hacia los cuartos. El Cuarto del Jardín está cerrado, el súcubo debe estar descansando o debe estar en algún lugar observándome, disfrutando de mi locura y mi paranoia. Dios mío… colores, lo puedo ver en colores: No es su fragancia, no es su voz, también es su presencia. Aquí estuvo ella. Cuando ella caminaba, jalaba la fábrica de la realidad con sus suaves movimientos y transformaba todo… le daba colores, con la maestría de un pintor clásico y con la osadía de un niño que pinta con crayolas. Todo adquiría sentido.
Caminé por donde estuvo ella, pero que digo… si ella ha estado conmigo en todas partes. Se siente diferente, los colores son diferentes, el olor es diferente. Pero debe ser ella, ¿no? ¿No crees, mi querido Diario? Espero no se me olvide escribir esto. Seguimos en el pasillo de los cuartos, no hay nadie, los cuartos están cerrados. Miremos hacia el cuarto de Beatriz… ¿no hay cuarto de Beatriz? ¡Dónde está el Cuarto de Beatriz! ¡Carajo! ¡Aquí estaba la puerta!
Me detengo a mirar la puerta que ya no está, buscándola con mis ojos. Paciencia, todo se resuelve con paciencia. Debe estar ahí la puerta, a menos que el súcubo esté utilizando la magia del niño para volverme loco. Razonemos, la razón siempre da respuestas inmediatas y sensatas. Mi vida que siempre ha sido así, nunca tomo más de dos segundos para decidir cuando tengo dos opciones importantes que seguir. En eso tiene razón el Árbol Tsef (y a su vez, tengo razón yo porque él me lo robó): Lo que pasará, pasará.
No hay puerta, no hay Beatriz. Así de sencillo. Ya no hay Beatriz, la he perdido, sólo debo esperar a que termine el viaje para descansar en una sillita y después recurrir a su imagen. ¡Pero su presencia inunda los pasillos! ¡Ellá debe estar aquí! Es ella, pero no es ella… o no es ella, pero es ella. ¡Tiene qué ser! ¡Todo tiene colores y pareciera como si ella hubiera pasado, derramando un bote de pinturas combinadas sobre todo esto! La realidad, realizándose y des-deformándose. Tiene que ser Beatriz, por eso ya no hay puerta. Ella ha decidido dejarlo y salir aquí conmigo.
El Árbol, debo ayudar al Árbol. No estés aquí mucho tiempo, regresa a escribir en el Diario antes que lo olvides. Unas manos en mi pecho, las miro, me quito el cigarrillo de los labios y observo las manos vivas. Manos blancas, pequeñas y suaves que me tocan el pecho. Tiemblo, reconozco las manos. Un rostro se recarga en mi espalda, unos pechos suaves se pegan contra mí. Abro los ojos. Colores, muchos colores.
Está amaneciendo, lo siento en mi pecho. Sólo queda un día para el Árbol. Otros once días con sus once noches. Escucho la respiración contra la tela de mi camisa, el calor de su rostro. Tengo miedo de voltear, pero ella parece no tener prisa. Me estoy derritiendo, ahora entiendo porque no hay puerta, ella ha venido a rescatarme… ella ha venido a quererme, a amarme. Finalmente, no habrá necesidad de más sufrimiento. Está ella aquí conmigo y tengo miedo de mirar sus ojos brillando con vida.
No tiene prisa. El tiempo pasa. No puedo mirar más y todos los pensamientos que tuve, se me deslizan inutilmente. No habrá necesidad de escribir en el diario ya. Un cigarro se consume, dos cigarros, tres… hasta llegar al séptimo, el número de la perfección. Tiene que ser ella. Volteo y miro sus ojos, su rostro me golpea violentamente y en vez de derretirme, imploto. Me duele el corazón y las entrañas. Ella está viva y me está sonriendo. Viva y sonriendo, una sonrisa amplia. No puede ser ella, pero es ella. Le tomo sus manos, aunque blancas como el marmol, son cálidas y puedo sentir la sangre circulando en ellas. Viva.
Vestido azul veraniego que se ajusta maravillosamente al cuerpo, sólo faltaría el viento, un jardín y un café donde pudieramos sentar a mirarnos, y declararnos de nuevo. Decido declarármele con un beso, estoy arreglando el pasado en el presente, un sacrilegio. No me importa, ella esta aquí, ella está viva y está conmigo. El sacrilegio no se cobra con lenguas de fuego, esto es perfecto. Mis labios con los suyos, está respirando, está latiendo. ¡Es ella!
Caminando en los contornos de su cuerpo, me estoy perdiendo. Mis manos recorren caminos que fueron pocos explorados. El tiempo no nos dio tiempo y ésta vez, no permitiré que se me vaya. Sus ojos profundos y negros me están tragando en el vacío infinito. Hermosa frase cursi que acabo de pensar, pero no la escribiré en el diario. Sólo quiero sentirla y ella está de acuerdo. Nos enredamos en el pasillo de los cuartos y permitimos que el cuerpo haga lo que deba hacer para de nuevo, ser uno. Espíritu y Materia, Magia y Ciencia.
Susurro su nombre: Beatriz, Beatriz. Y ella no responde, no habla. Jadea y suspira… escucho mi nombre. Le repito el suyo y ella se vuelve más agresiva. Es ella y no es ella. Beatriz, le digo, Beatriz, una y otra vez. No me permite tocarla. ¿No es esto lo que querías? Está cayendo la noche y seguimos forcejeando, me está robando el alma entera. Finalmente, ella está viva y yo estoy con ella. Entrelazando el cuerpo, nos mordemos y nos chupamos, marcamos los dientes y las uñas. No estamos bailando tango, Beatriz. Ella empuja su cuerpo enojada contra el mío y también grita mi nombre. Se me está yendo el alma.
Por un momento me la imaginé con un niño en brazos, el niño se me hace conocido. Pero ahora no importa… es Beatriz de nuevo. Tan sólo fue mi paranoia. La ropa se ha perdido y mi vejez desnuda contra la juventud de ella. El deseo me consume y el amor me está matando. Entre tropezones y empujones, acabamos en el Cuarto de Trofeos, haciendo todavía de las nuestras. No habrá final para descubrir todo su cuerpo.
Se hace de noche y pronto, de madrugada. Como lombrices Beatriz y yo, nos entrelazamos. Tan sólo restan diez días y diez noches. ¿Árbol?
¡TSEF THAED!, escucho, alguien ha gritado Tsef Thaed. ¿Qué es Thaed? No importa, cállate barco. Estoy con Beatriz, ¿verdad qué me extrañaste Beatriz? Ella me sonríe maliciosamente: “Me llamo Ludiah”, responde. Me desafía, ¿qué quiere decir Ludiah? Le acaricio los pechos, le muerdo el cuello. “No, te llamas Beatriz. Jamás tendrás otro nombre”. Ella se enfurece y nos amamos con más fuerza, sus ojos iracundos, como nunca antes los había visto. Sus labios carmín, brillando con fortaleza interna, sexual reprimido.
Se hace un silencio intenso, ¿por qué? Antes escuchaba el viento, cuando había un árbol… el árbol… algo que debía hacer, pero ya no importa. El tiempo se siente, y puede que me pierda para siempre aquí, pero ya no importa. El tiempo se desliza, diez días con sus diez noches. ¿El Árbol? ¿Quién es el Árbol? Nadie, me dice Beatriz, me besa y continuamos jugando. Creo en ella, siempre he creído en ella. El alma se me está perdiendo entera. No he de olvidarla, esta vez he de perderme en el infierno para recuperarla como la tengo ahora.
Pero ya no importa.
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Diciembre 20, 2002 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Aquella diseñadora no lo podía dejar. Había ignorado el momento del Apocalipsis, la guerra final, hasta que una bomba cayó cerca de su casa y salió unos momentos antes de que esta explotara… fea vida, se dijo, fea vida.
Y la diseñadora no dejaba de pensar su diseño.
Firme, salió a la ciudad que estaba en escombros, a lo lejos vio a un niño con tres ojos caminando con su madre que se conservaba normal, se escondió de ellos, no deseaba que le miraran la idea. Que se la robaran.
El diseño era, naturalmente, suyo y de ella nada más.
Ando muchos pasos antes de saber lo que buscaba, hasta que con cierta incredulidad observó un letrero hecho viejo por la vida que decía “Papelería” encima de un montón de escombros. Metió las manos e hirió sus dedos, se le perdió su anillo de bodas entre el concreto mancillado pero no le importó ya.
Encontró un cuaderno un poco maltratado, lo puso aparte con sumo cuidado y reanudó su búsqueda, los ojos le brillaron de perseverancia y de triunfo cuando encontró unos crayones rotos entre tanta basura.
Con el amor de un artista, hizo trazos en varias hojas de cuaderno, hasta que los trazos se hicieron sin necesidad de ella decirles como. Formaron líneas, cuadros, rectángulos y figuras que sabía eran de su invención. Cuando hubo terminado… se acostó en los escombros abrazando su cuaderno…
Y aún cuando se escucharon los disparos en el cielo, esa noche durmió tranquila y con una sonrisa que nadie hubiera podido comprender.
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Diciembre 16, 2002 — Y Cecilia.
Escrito por Agustin Fest.
La gran duda… la gran pregunta. ¿Para mí, cuál es mi thanatos y cuál es mi eros? ¿Qué impulsos me llevan a la muerte y qué impulsos me mantienen firme con vida?
No lo se, cosas como que Lydia se embarace, me hacen pensar. ¿Qué hago aquí, escribiéndoles a ustedes? Soy un egoísta de mierda, es todo. Soy un egocéntrico, es todo. ¿Pero por qué? Sencillo, porque necesito saber quien es mi ego.
Y qué mejor que pidiendo a personas buenas como ustedes, una opinión que les nazca del alma. Después de todo, no nos une un lazo estrecho como una fuerte amistad, sino tal vez un cariño y una afinidad por conocer las letras de unos y de otros, y así, conocer lo más profundo.
Veamos… ¿Por qué me inclino a Sueños Tontos, como Lydia… para qué después me diga que se embaraza? Es muy sencillo, yo no pedí que se me cortaran las esperanzas de una relación por medio de eventos ajenos a mi voluntad.
Pronto es el 17 de diciembre y son las fechas lo que me tienen así, el 17 de diciembre de hace unos ya, 5 (¿ó ya son 6? se la fecha exacta, pero trato de olvidarla día con día) años… y después de todo reviso mi pasado y alcanzo a notar que en verdad, no he logrado nada con mi vida de sentimientos.
No he elegido el Thanatos, porque el día en que se me dio la oportunidad de tomar la opción cobarde y valiente, una oportunidad de colores en vez de tonos grises… se me dio el chance de observar el Eros en plenitud. Y ahora lo persigo como un loco, como un lunático. Necesito ver el Eros de nuevo, necesito amar de nuevo, necesito tener de nuevo a alguien entre mis brazos sin pensar lo que pasó hace 5 años.
Incomprensible, ¿verdad? Como una persona no lo deja atrás fácilmente. Y yo que me había dicho que todo había pasado, y yo que pienso que una relación, ya sea real, platónica o sexual, me ayudará a regresarme mi antiguo yo. Es inútil… puras falsedades, puros sofismos o silogismos retorcidos.
No es sólo el regreso del antiguo yo, sino la eterna búsqueda del hombre que debo ser ahora. Sentimentalismos. Mi vida se compone de sentimentalismos que me encanta negar, demasiado sentimiento mata al más noble. Pero eso, eso me llevaría al Thanatos de nuevo, mis amigos… eso de negar lo que hace que el cuerpo vibre. Entonces, me doy una oportunidad, porque el Eros es la vida y ya habrá alguna vez en el que alcance lo que debo ser. Mi Eros completo.
He vivido mi Thanatos de frente, toda mi vida. Sólo necesito el Eros para estar en balance. Siento si esto no arma ningún sentido.
Cecilia está muerta desde hace unos años y yo aquí, de egoísta, preguntándome quien soy… es para que viniera y me diera una soberana patada en el culo.
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Octubre 27, 2002 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Día 11
Y entonces, vino él de nuevo y en su puño tenía polvo de estrellas, lo aventó al cielo y una brisa de aire se llevó intensamente los colores. Querido diario, era como si el Fénix hubiera volado por ahí y la estela de fuego se hubiera grabado en el ambiente. Pero solo fue un sueño. De esos sueños intensos que al despertar dudas de lo que miran tus ojos.
Odio dudar de lo que mis ojos miran, porque me siento triste después. Me siento triste de vivir despierto. A veces quiero proporcionarme un largo sueño, uno duradero, uno donde no me queden ganas de sentir por completo.
Pero no puedo, no puedo. Siempre lo intento y las lágrimas vienen a mis ojos y siento como la sangre hierve. Yo solo quiero soñar y que mis sueños se hagan realidad. Y cuándo veo a gente que puede hacer Magia como si fuera tan sencillo, me da envidia y quiero soñar con que soy un Mago y puedo hacer como ellos, ¡Tantas cosas que haría si tuviera Magia!
Resucitaría a las personas que amé. Por ejemplo. Los niños no perderían su inocencia. El mundo se haría justo. Todos tendríamos un pedacito de cielo.
¿No soy un amor? ¿No merezco el poder aventar polvo de estrellas?
Yo tan solo quiero vivir soñando… dejenme solo, dejenme en paz.
Soñar… soñar… soñar.
Día 12
Escucho niños. Mi querido diario, veo mi privacidad interrumpida porque los niños me miran a través de la ventana con el mismo interés que profesan cuando les llevan al zoológico a mirar gorilas. Me señalan, risitas, se dicen algo en voz baja, risitas, les brillan los ojitos, risitas. Yo solo expreso mi enojo rugiendo como haría un animal de mi calibre y estos, condicionados por el rugido, gritan y saltan y ríen más.
¿Alguien tiene una banana?
Hoy puedo decir que soy feliz, querido diario. Los sueños finalmente se están cumpliendo y yo, no tengo otra más que seguir su camino. ¿Quién puede negar el camino al que nos llevan los sueños?
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