Coincidencias Macabras

-My name is John Redman, and I’m still alive -murmuró el joven ‘marine’. Memorias de los últimos 15 años inundaron su mente como un río furioso e incontrolable.

Era el 20 de Noviembre, del 2030, una coincidencia macabra, ya que ese era el día de su cumpleaños, y precisamente cumplía 30 años. Sus compañeros de lucha a menudo hacían bromas, le mencionaban en incontables ocasiones como a su mamá no se le ocurrió olvidar el preservativo diez días después. Pero entonces, a Arthur Fyst, el especialista encargado de el equipo de tácticas militares y control de daños, se le ocurrió el apodo de “2030”, ya que nació el 20, cumple 30, y el año era 2030.

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Fucking click

Platicando cosas banales, ellas estaban, si… eso era. Las estaba escuchando y ocasionalmente sonreía y aportaba algo nimio a la plática. Si, ese soy yo. Las escuchaba, abría los ojos y sonreía, fumaba. Cigarro… no escuches más, espera… están hablando, escucho, contesto, sonrío. Si, si, ese soy yo, esas eran ellas.

La conversación giró en torno a los cumpleaños. Anotación mental: mi hermano cumple años el 2 de abril, no se te olvide llamarle por teléfono. Segunda Anotación Mental: Me dijeron que soy un patán lindo, la muñequita de porcelana que me gustaba en un principio y ahora ya no tanto.

Entonces Claudia dijo que era sagitario, alcé una ceja. No es mentira, voy por mi tercera Claudia, me gusta bastante… pero entre plática y plática me enteré que ella tenía novio y me encogí de hombros por dentro. Así soy yo… hasta que dije que también era centauro.

De qué día preguntó? 11, dije yo. Una exclamación, me dijo: “Por eso me caes tan bien, eres como un osito”… y yo sonreí, miró mi cara y dijo juguetonamente a la muñequita de porcelana: “Míralo, míralo, le caga que le digan que es un osito”. Nos reímos y en vez de osito, eligieron osote. Como pregunta obligada, ya que había dicho ella que era Sagitario, le pregunté de qué día era ella.

“21”, respondió. 21 21 21 21… veintiuno veintiuno veintiuno veintiuno. Clase de Cultura Europea, ya no la vi después, dos horas que matar. veintiuno, veintiuno, veintiuno. Un click espantoso. ¿Hace cuántos años? Tendría 21 como yo… 21 21 21 21.

Caminé para olvidarlo, pero me seguía, el número me perseguía como un cuervo. 21 21 21 21. Caminé por toda la UNAM, esperando encontrar un amigo… pero qué digo, si yo no tengo amigos. Algún amigo del pasado, algún amigo de la prepa… si me los había estado topando ultimamente. Me pasee por medicina, a ver si me encontraba a Irwin… me pasee por Arquitectura, a ver si me encontraba a Pano… me pasee por ingenieria a ver si me encontraba a Tambo, Que-K… 21…

Ariadna y Astrid se habían ido, Paloma no estaba en ningún lugar… 21, 21… Algunos se fueron temprano. Popoca seguramente con su novia… alguien que me distrajera, que me hiciera ser el payaso, que me, que me… 21.

¿Hacía ya cuántos años? Desde el 97. Tenía mucho sueño… necesitaba dormir. Me senté en una banca de la biblioteca. Esperé. Miré las plantas y el número… desapareció. Me fui exhausto a donde tendríamos nuestra próxima clase, me senté en una banca y dejé que mis ojos se cerraran. Una hora para tranquilizarme… 21…

Pensamientos Aleatorios.

Mientras venía camino a casa, se me ocurrieron muchas cosas que escribir aquí, que para el caso es ninguna.

Hoy la clase de Argel me hizo pensar: “Debería escribirle un soneto a mis amigos, uno para cada quien y tratar de que sea un buen soneto”. Claro, sigo peleado con la poesía y mientras más reflexionaba al respecto, me acordé que hay lugares en internet que ya te los hace de a grátis.

Nada más ponle unas cuantas palabras determinadas y voilá, eres un poeta al instante. Así que descarté la idea de escribir un soneto para cada uno de mis amigos.

Y luego me puse a pensar en una de mis paranoias cuando era niño… ¿Recuerdan que hace años salía a la venta una revistita con temas increíbles, místicos y despampanantes de “Ripley, aunque Vd. no lo crea”? Una vez me llevé uno de esos ejemplares al baño, tenía yo como 6 ó 7 añitos, lo recuerdo bien, y me puse a leerlo… en una de esas leí algo que decía: “6 de 10 de estos ejemplares se leen en el baño”.

Era niño e influenciable, en ese momento realmente disfruté estar en el lugar indicado en el momento indicado. Es por eso que hoy en día, no me llevo ni la Biblia para leerla en el baño. Cuando lo intento, alzo los ojos y me pregunto cuantos editores celestiales me estarán observando en ese momento.

Después me puse a reflexionar en los problemas de Astrid y Ariadna, en como ando yo presumiendo a mi muerta en particular… (Pero es necesario para sanar, me digo, cuando me escucho pronunciar el nombre de Cecilia y empiezo a contar la historia).

Además son las fechas. Y a las fechas hay que respetarlas. Su número y su mes se han ganado, y no se diga del año, que lo portan tan orgullosamente.

Estoy cansado y la vida promete que me va a dar un resfriado de los buenos, ya me imagino mañana… si este post no es de su agrado, agradézcanle a la fiebre que tengo.

Comentarios. Telegráficos. Hoy. Mediodormido.

Estos días me he conservado en el estado semi-inconsciente que tanto me agrada, ya que me regala la falsa impresión de que escribo bien y de vez en cuando me sorprendo en mi estado consciente para descubrir que de hecho, escribo bien y mi fe en el pobre “Padre Taxi” se realza.

Nunca sé si decepcionarme o tenerme fé en este camino que he elegido como escritor. Ultimamente, he asociado a “Simón Dor” con “Se hizo luz”, tal vez sea hora de revisar mi escrito y completarlo. En estos últimos años yo he crecido pero bastante y harto.

Simón, simón, simón…

Y sin embargo, estoy en casa.

Hoy, antes de entrar a la clase de inglés, me encontré con un profesor de la prepa: Wiechers, el que nos vendió en su clase de lógica un libro que el escribió llamado “Un jardín muy dentro de mi”… libro que no me gustó, porque de por si, no me gustan las lecturas de autoayuda y religiosas.

Al verlo, me dirigí a saludarle y proseguí a recordarle quien era, ya que no tenía ni la mínima idea de mi rostro, mi apellido, aunque trató de disimularlo. Al momento llegó otra persona para hacer absolutamente lo mismo que yo… casi fue la misma conversación.

…. Coincidencias Macabras.

Ya tengo mi credencial de

Ya tengo mi credencial de la Universidad Autónoma de México, acaso no es eso maravilloso?

Lamentablemente o afortunadamente, tengo la sana costumbre de buscar la magia en mi vida, ¿Qué quiero decir con ello? Que busco y me aferro a las coincidencias que se presentan en mi vida, a través de ellas reafirmo que mi camino es el correcto. Tal vez sea la manera más estúpida de cumplir los sueños o tal vez sea una forma más de ilusionarme para después caerme del techo y pegarme en las nalgas. Ustedes pueden reírse, pero como Oliveira cuando buscó el terrón de azucar con desesperación… (T, de Talita y Traveler), yo no me reiré, puede que les sonría dando a entender que les entiendo, pero jamás me reiré de mis coincidencias macabras.

Ayer me encontré un compañero del CUM del cuál había perdido rastro, nos saludamos, abrazo y normal… coincidencia 1. Hoy, me dejaron leer un cuento de Julio Cortázar, ustedes pueden gritarme que es de esperarse que en una carrera de Literatura, forzósamente veamos a Cortázar… sin embargo, me hizo sonreír la puntada… tiene que ser el camino.

Me despedí del profesor después de la clase y aunque este no me recordaba, ni siquiera brevemente… yo me sonreí. Me aferro a esta cuerda con placer.

Volvió a opinar mi Némesis de nuevo… se ve que está verde, pero eso no me puede hacer confiar, debo estudiar más que él. Antes de que esto siga pareciendo diario de chiquilla de secundaria, me despido… les mando un saludo a aquellos que me leen y la bienvenida a aquellos que me conocen por vez primera.