¿Qué pasaría si…?

Caminaba yo sobre Xola, que es una avenida grande y bastante trancitada, y la puerta de una casa estaba abierta. Una mocosa de quince años, como anzuelo de prisión, caminaba frente a mí oleando suavemente su falda escolar. Suspiré y miré a otra parte. Ella se metió a la casa y cuando pasé frente a ella, miré de reojo: cachivaches por ahí, cachivaches por allá, libros viejos, libreros como le gustarían a Sol, poca luz, las cortinas mataban todo. Continué caminando para comprarme mi coca pero pensaba que cualquier gañán hubiera podido entrar a esa casa y enamorar a la jovencita, como el jicotillo de doña blanca. Un ranchero que llegara con su caballo, y a la vieja usanza mi cielo, alza tu faldita de Britney Spears porque te llevo. O peor aún, un grupo de ladrones y bandoleros, que entraran por la fuerza a la casa, para formar ahí su última resistencia, aprovechando a la hija y a su madre para recibir de mujeres el último consuelo. Una cogida antes de morir, humedece tus entrañas que yo crezco mi tercer ojo, el cíclope, la cornucopia del burro, mi coso. No desperdiciemos el tiempo en habladas, ni edades, ni en que vamos a morir en unas horas, bueno… al menos yo, hagamos como si estuviéramos enamorados y como perros nos atoramos hasta el primer sonido de las balas.

Por eso, es divertido ir a la tienda.

Spike, spike!

Entré al baño y mientras me ocupaba de lo mío, miré las dos latas de coca cola, y me pregunté: “¿Qué hacen aquí?”, para después decirme: “Nada bueno… seguro”. Más que una tentación para los idiotas sedientos, probablemente las latas de aluminio se traían algo entre manos. Lo curioso es que una lata era más grande que otra, ya saben que en México se venden esas latitas de 170 y tantos mililitros (probablemente me equivoco). Me acordé de los perros de la Warner Brothers, el chiquito que siempre seguía al bulldog y le decía “Spike, Spike, ¿soy tu amigo verdad, Spike?”.

Así que mi preocupación más urgente, en el baño, aparte de lo mío, era que las latas empezaran a hablar. Me senté, prendí un cigarrillo y pacientemente, esperé que mi mente jugara trucos (si había trucos que jugar). Afortunadamente no lo hizo, aunque en honor a la verdad, las latas de coca cola son reconocidas por su discresión. Ni los locos certificados hablan con latas de coca cola. ¿Qué guardarán dentro de sus colores rojos? ¿Qué secretos morirán, sin ser escuchados, cuando las burbujas de carbohidrato se rompen? Sentí la tentación de tomar una de las latas y acercármela al oído. No lo hice. Mi cigarrillo se terminó.

Mis pies empezaron a jugar un poco, temblando de arriba a abajo, y se me ocurrió sacar mi pocket pc para seguir leyendo en lo que esperaba que terminara lo mío. Deseaba dejar el tema de las coca colas en paz. Mi dispositivo móvil, tan lindo él, abrió el libro en la página que estaba pendiente. Todavía estoy leyendo los cuentos de Brian Aldiss, por alguna razón los estoy digiriendo despacio. Me gustan sus cuentos, porque algunos tienen un toque muy sutil de falta de comunicación, de desamor, de poca esperanza, de crueldad. Miré de reojo a mis amigas, las latitas, a ver si con estos pensamientos se les ocurría decirme algo, pero mantuvieron su silencio firmemente.

Entonces me decepcioné. No hay otra cosa en una lata de coca cola, más que desprecio y azúcar.

Seguí leyendo y poco a poco, me sumergí en las letras de Aldiss. Es una antología de “sus mejores” cuentos enorme, grandísima… si pueden conseguirla, leanla. Cerré la pocket pc, la metí al bolsillo de mi pantalón y estornudé. Escuché claramente que alguien decía “Salud”, a mi derecha. Una de las latas había escupido uno de sus secretos. “Gracias”, respondí, como si nada hubiera sucedido. Asentí lentamente, y después del rito obligatorio de limpieza… salí del baño.

Cuando dos latas de coca cola estan abiertas a un lado del sanitario, lo más prudente es no recoger ninguna de ellas y beber sus contenidos.

De verdad.

Sin pasiones

So… viernes en la noche, si… es viernes en la noche.

Los cigarros ya subieron a diecinueve pesos, según el Superama. El señor de la tiendita no tardará en subir el precio. Un galón de leche Lala cuesta treinta y un pesos —Superama— y si es La Suiza, sale tres pesos más barata. El pan de caja, sale en quince pesos y que me laven la ropa, entre cuarenta y cincuenta pesos (porque he estado llevando menos ropa a lavar). Una coca de seiscientos sale en seis pesos, en el Oxxo cuesta seis cincuenta. Un kilo de duraznos —Superama— sale en veintiseis pesos y dos kilos de mandarina —Mercadito—, me costó doce pesos. Comer con Mary cuesta treinta pesos (siete pesos más, si pido refresco) y en la escuela, el precio varía: tacos de canasta doce pesos, torta de milanesa con quesillo dieciseis pesos. Los cigarros ya subieron a diecinueve pesos.

No hay trabajo en Carrillo Casting, llevamos un mes así. Ya he escuchado varias veces a alguien decir: “De repente nos van a caer todos, uno tras otro y POW POW POW, no podremos dejar de trabajar”. Si, esa era una regla general, cuando no teníamos trabajo durante una semana o semana y media. Han estado cayendo proyectos pequeños que a los dos días se cancelan. Son suficientes para darle fé al optimista o al zángano. Algo esta sucediendo con la publicidad en México. Probablemente muchas agencias de publicidad ya optaron por trabajar en Argentina y no los culpo, allá esta saliendo hasta tres veces más barato. La gente de allá es más atractiva, más europea, más bonita, más comercialera.

Bue, después de todo lo que ha sucedido estos últimos dos años, creo que ya no puedo caer más. Me prometí este semestre (escolar) para continuar trabajando aquí y si la situación no mejora, entonces dejaré este trabajo y le pediré posada a mis tíos. Me amarga un poco ver a tanto chamaco mantenido, con el tiempo de estudiar y presentarse a sus reuniones bohemias para presumir la poesía que han leído y para degustar vino mientras escuchan la presentación de un libro. Me gustaría ser un chamaco mantenido. Después de un mes sin trabajo, me doy cuenta que eso sucederá antes de lo que yo pensaba. Lo malo de eso es que cedería uno que otro placer sencillo, como salir a caminar a las dos de la mañana, recibir visitas, tardarme menos tiempo para ir a cualquier lugar… la Narvarte es maravillosamente céntrica.

No tendría Internet, no mucho… y vaya que el Internet se ha vuelto, no sólo un placer, sino indispensable: en él encuentro muchas cosas concernientes a mis lecturas, incluso libros que no venden en México o que no tengo dinero para comprarlos. No es broma. Si me tuvieran que clasificar, si no tuviera trabajo para pagarme lo básico, sería clase baja. Ni siquiera clase media baja. Que tenga acceso a las herramientas y un poco de educación, que se buscar lo que necesito sin pagar un quinto, es distinto. Mi única meta, ahorita, es esperar esos seis meses y poner mi vida actual en la balanza para hacer otro cambio.

También tendría que abandonar mi independencia.

Sin embargo, terminaría mi carrera seis meses antes de lo que he calculado.

He pensado en conseguir otro trabajo que me pague más, pero eso es una falacia, un trabajo que me pague más pediría un horario de tiempo completo. Me pediría tiempo que tendría que arrebatarle a la escuela y mi carrera, igual que todas, está hecha pensando en hace veinte años. La mayoría de los chavillos que se largaban de su casa y se ponían a trabajar, lo hacían porque era un reto en su juventud, no una necesidad. Además, hace veinte años, o diez, México no estaba tan jodido. Recuerdo a un profesor que nos comentaba que su sueldo le alcanzaba para ahorrar un poco e irse de vacaciones a Europa, cada año.

El sueño mamuco de todo bloggero es que un millonario excéntrico le lea y le regale un millón de pesos porque le gustaron sus escritos. ¿A poco no? Piensen en ello, sería maravilloso que Carlos Slim entrara un día a sus blogs y leyera algo que le gustó, que diga “woooooooooow, me hizo sonreír” y que saque la chequera y en la madre. Por supuesto que es un cuento de hadas, no me miren feo, alguna vez se me ocurrió esa babosada y me hizo reír durante un día en el que estaba bastante estresado. Es obvio que Slim, o cualquier otro millonario, no haría eso… son millonarios (en parte) porque saben reservarse esos impulsos y porque no ocupan su tiempo en leer blogs.

Hablé con la familia de mi padre. Con su hermana mayor, Imelda. El sábado (o domingo) pasado hablé con ella y fue una sorpresa, para ella pues, porque nunca habían negado mi existencia pero pensaban que nunca me comunicaría. Pues… sorpresa, sorpresa. Le di mis números de teléfono para que se los de a él, a ver si decide comunicarse. Me habló el lunes para preguntarme cosas: que como era, que en que trabajaba, que si creía en Dios y después de las respuestas, me dijo que no ha hablado con él, que prefiere hacerlo de frente. Se me hizo tierno su gesto, la sentí como si fuera una tía. Cuando comenté esto con mi familia, la de toda la vida, dijeron que era interesante… la búsqueda de las raíces. Ellos sufrieron lo mismo, a su manera, y con mayor razón no saben que decirme o aconsejarme. Al menos ya cumplí el círculo, eso me tiene una cosa menos en la cabeza… ahora el círculo es de él y lo ha sido, durante veintitrés años… sin embargo, soy tan lindo que ya le dí un lapicito para dibujar lo que falta en él.

Nada más.

48

Los cuervos…
por una Cuba libre e independiente,
con refresco de cola sin marca y ron hecho en casa.

Bessait

  1. La Coca Cola.
  2. Camel.
  3. Escribir.
  4. Idealizar a la mujer.

Los primeros tres vicios, se entienden por sí mismos. Dos físicos y dos sensitivos. Es delicioso escribir, ¿quién lo niega? Escribiendo cosas como ésta genera un poco de introspección. La introspección te lleva a las experiencias pasadas: Dolorosas y felices. Nos gustan más las dolorosas, porque nacimos con el instinto general del MORBO. Y en latinoamerica, tal vez más en México, nos damos al sentimiento paternalista, o maternalista… “Pobrecito, mirá como ha sufrido”. Es cierto, yo lo he hecho, ustedes lo han hecho. Alguna vez. Lo hemos vivido con nuestros padres y nuestras madres… (¡que listo me ví! ¡Pero si de ahí vienen los términos PATERnalista y MATERnalista!) Se olvida la objetividad para entrar al mundo entero del subjetivismo, estas palabras que ustedes leen, las interpretan a su modo… todo a nivel de sus experiencias, sensaciones, sensibilidades e intelectualismos.

Por eso me gusta escribir… creo que es el único vicio que me va a matar, a no ser que el cuarto se interponga antes…

Idealizar a la mujer, es más peligroso todavía… con palabras puedes transformarla en una princesa, en tu mejor amiga, en tu novia, en algún familiar, en la persona de la que dependes y si nos va mal, en tu asesina. (Ésta última, creo que no han habido muchos para contarlo).

Si nos queremos ver románticos, podemos decir que asesina de amor… la que nos ha flechado, la que nos ha atado con las cadenas que usaron en el lobo Fenrir (Y esperar para otro Ragnarok, puede ser mucho tiempo).

O llanamente… una asesina, de esas que corren con un cuchillo, con el maquillaje corrido, que tienen demasiada fuerza como para sufrir un colpaso nervioso y te asombras de la rapidez que tienen para alcanzarte y degollarte, desmembrarte y luego venderte como tacos de suadero.

Ha pasado, ha pasado… ¿quién me lo puede negar?

La mujer es muy razonable en sus sentimientos, (por supuesto, no los puede ignorar), se rige a base de emociones y cada una de ellas lleva en su corazón un volcán que está a punto de estallar. Son bombas de tiempo… y como nos gusta jugar con el peligro, ¿verdad?… moviendo sus manecillas, agitándolas para ver si suena el reloj, mirándole los pezones… (ummm, ¿eso tiene que ver con relojes?).

Cada mujer que camina, (niña, hermana, abuelita o monja… no, tal vez las monjas no, he llegado a pensar que son asexuales), representa una pequeña bomba… no se sientan ridículos al pensar en los misiles de Mario Bros. o las bombitas que usaban en Zelda para descubrir nuevos caminos… están en lo cierto.

Aunque yo suelo pensar en bombas más sofisticadas, al puro estilo C.S.I.

O las que tienen el estilo de Talibanes… tienen la bomba debajo de la ropa… aunque vayan tapaditas… de pies a cabeza, explayándose con la mirada. Y uno que es idiota y curioso, las desnuda. La curiosidad mató al gato, bien dicen, y no le crean al que dijo “Pero la satisfacción lo trajo de vuelta”, porque puede que no sea cierto.

Tic tac, tic tac… escúchalas caminar, shalalalá… pero claro, no quiero alarmarlos. No todas son bombas, algunas me han dicho… que son un veneno que se te mete despacio, primero en las entrañas y después directo al corazón. BANG! BANG! BANG! Pum pum pum pum, ese veneno, esa droga que se te ha metido. Que crees que nunca ha de matarte, (o si eres un cursi… ¡te ha matado de amor! Nada más espera que le digas que se ha puesto más gorda y te verás como carne colgando del puesto de Don Panchito).

De mis cuatro vicios, no se cual me va a matar primero… ¡Viva la Coca Cola!

Desveladas.

06:33PM - Fest: esto de las desveladas me está envejeciendo muy rápido
06:34PM - don Arturo: y el cigarro
06:34PM - don Arturo: y la guamas
06:34PM - don Arturo: y escribir
06:34PM - don Arturo: y el café
06:34PM - Fest: casi no tomo café
06:34PM - don Arturo: y viajar en metro o en pecero
06:34PM - Fest: puedes cambiarlo por la coca cola
06:35PM - don Arturo: pior tantito
06:35PM - don Arturo: y a eso agregale
06:35PM - don Arturo: la humedad
06:35PM - don Arturo: el smog
06:35PM - don Arturo: la altura
06:36PM - don Arturo: la inversion térmica
06:36PM - don Arturo: nooo mano, tu esperanza de vida se vio recortada a la mitad
06:36PM - Fest: Arturo, usted tiene una capacidad reconfortante para animar al decaido.

¿Quieres Coca Cola?

Cada vez la televisión es más pendeja, pero como se ríe uno.

El sábado fui a una fiesta de modelos, igual que en la televisión, claro, quitándole las orgías y aumentándole la superficialidad. Por fin conocí a la tal Leonor… y yo creí que era un mito.

Así contribuyo yo, con mi trabajo y mis fiestitas, en este mundo apendejador de la publicidad y señores… todavía no me arrepiento.

(Cuando me entere de aquél niño que creía que la Coca Cola le daría Una vida, tal vez reconsidere).

Seamos felices y recuerden… una hora de televisión ya es mucho.