pum-pum

Pero estaba idiota si creía poder olvidarme de ella… en realidad, estaba esperando ese beso.

pum-pum, pum-pum.

También miraba ancioso por la ventana de la puerta del salón, por si ella pasaba. Por si la miraba…

pum-pum, pum-pum.

Idiota si creía poder olvidarla.

pum-pum, pum-pum.

Brevorrea

ayer andaba muy cansado.
el trabajo, demasiado pesado.

llegué tarde a mi clase…
no llegué antes para tan siquiera verla.
Nunca hagas planes.

me interesé por lo que decían los que estaban enfrente.
Me olvidé por completo de ella.

Tic - Tac - Tic - Tac.

no había dormido por trabajar.
no entendía como podía seguir despierto.

tin - ton - tin -ton.

Ella no se olvidó de mí, al parecer.
Se asomó a mitad de la clase…
Y sopló un beso.

¿Una mariposa del viento?

pum - pum, pum - pum.

Escena sexual.

El describir una escena sexual, creo que es lo más difícil. Hoy Argel dijo en su clase, que el buen escritor es el que causa reacciones físicas en el lector. Un escritor puede hacer sudar, puede hacer que te pare los pelos de punta, puede provocar exclamaciones exageradas y si tiene suerte en la descripción sexual, erecciones y humedades.

Es más gratificante causar humedades, una erección cualquier niño de 15 años la tiene.

Por eso, admiro a escritores como J.P. Farmer que en su tetralogía del mundo río, sólo describió una escena sexual y fue una violación onírica. A mi me causó angustia, temor, confusión… provocó el sentimiento adecuado, esa escena sexual en particular.

Escritores como Stephen King, utilizan la sexualidad para romper a una persona. También Ende, en sus libros que tratan más de filosofía, que una historia sin fin, trata a la mujer sexual de una forma implacable. A lo que me refiero, es que utilizan a la sexualidad como debe ser, un recurso que ocasiona sentimientos en las personas que los leen. Una sexualidad puede significar un renacimiento o una muerte, no una mamada de CCS.

La sexualidad es tan fuerte, tan profunda…

algún día quisiera escribir de sexualidad, con tanta profundidad, que los buenos lectores sepan reconocer la diferencia entre el espíritu y la pornografía.