Octubre 16, 2007 — Casting, La Ciudad, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Los mocos, cerebro en líquido, escapan en amarillo a la servilleta. La garganta medio cerrada. El dolor general del cuerpo, un entumecimiento molesto. La cabeza. No poder fumar apropiadamente. Muchos líquidos para evitar la deshidratación. El pensamiento errático. El malestar del cuerpo que se copia, como papel carbón, al humor y al espíritu. El pecho duele si toso. He tomado vitaminas y medicinas, parecen la misma cosa en estos tiempos. He estado gallito todo el día, hablando de gargajos y humores. Ayer lo ocupé para recuperarme, ni siquiera me acerqué a un monitor, si acaso prendí una televisión y dejé que sonara mientras yo dormía.
Tuve una mañana linda. Por un momento, creí que mi humor no recaería. Entonces recordé que me siento enfermo. La percepción cambia. Amarillo del sol, verde moco. Sonidos del motor, el papel a la nariz. Smog afectó mis pulmones. No puedo fumar decentemente. Iría a comprar cigarros, sólo porque no quiero caminar a comprarlos. Hace calor, pero es preferible no desabrigarme porque el frío afecta al cuerpo. Necesitaré muchas servilletas. “Quiero verte una vez más”, sigo con ese tango en mi cabeza.
Débil, desganado, en el momento menos indicado. Mucho trabajo. Montañas de trabajo. Estará bien para sentirme ocupado… me siento en muchos lugares a la vez. Me siento en ningún lugar. Una pendeja por el messenger. Muy pendeja. La gripa me hace paciente. No es cierto. Ya van dos veces que insulto a las personas porque no tengo ánimos. Ayer me tomé dos theraflús. Quien sabe que me hicieron. Hoy me tomé TYLENOL EXTRA FUERTE. Supongo que son los culpables del sueño. Jamás dejaré de escribir. No importa que pase.
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Noviembre 11, 2004 — Ayer, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Puedes ser lo que otros quieren que seas o bien, ellos serán lo que tu quieras
La Ciudad de México es un panorama difícil. Es un perro bien alimentado de sus propios ciudadanos. Es nuestro monstruo particular y es responsabilidad de cada uno de nosotros, quienes lo hemos construido. La ciudad de México es como las fotos de Sorry Everybody que se han tomado los gringos: donde algunos huyen de la responsabilidad del niño que han malcriado, mientras que otros le enfrentan con valentía. Y otros tantos, la mayoría que no da la cara, se sienten responsables y sobre todo, resignados. Como una redención, adoramos al monstruo creado y que este nos coma, no tenemos ningún derecho a reprocharle. ¿Y por qué permito que mis pensamientos se extiendan tanto?
Fácil, hoy el metro estaba lleno.
No venía de humor… acababa de presentar una exposición acerca de Gloria Sawai, una escritora canadiense que hizo su fama a los setenta años. Expuse su cuento más leído, cuyo título malamente traducido es: El día que me senté con Jesús en el solar y el viento sopló abriendo mi kimono y Él miró mis pechos. Un poco largo el título ¿eh?, Está traducido en una antología de cuentos canadienses editado por la UNAM. El título del cuento resume todo lo que pasa, así que dense una idea. Ya había acabado la exposición para cuando estaba en el metro (obvio), pero la tensión de exponer en otro idioma (inglés) aún me tenía con un tick en el ojo. Y la gente, la gente se arrejuntaba como un grupo de bueyes donde tuve la mala elección de ser el buey que estaba hasta el fondo. Me apretaron como nunca.
Entonces volteé y encontré que Ayer estaba a mi lado, sonriendo. Vaya modo de aparecerse. Acaso… ¿Es un ángel? ¿Un dios? ¿Algún delirio mental? Que importa, en ese momento, él parecía entenderme más que nadie. Su sonrisa creció como la de algún gato perverso.
—Vine a buscar a mi novia, pero no la veo en ningún lado —dijo Ayer y suspiró un poco—, siempre me hace lo mismo. Ya la veré mañana.
—¿La viniste a buscar al metro?
Él se rió—: Suena un poco raro, pero así es. Mala elección para ver a una chica, y más a esta hora.
—¿Aquí? ¿En el vagón? ¿En este vagón? ¿En este metro? ¿No es más fácil adentro de cualquier estación?
Él se acarició la cabeza y me miró un poco avergonzado, ¿dónde había visto esa mirada?
—Mi novia y yo no nos vemos desde hace dos semanas. No es porque no queramos vernos, más bien es porque nos inventamos el juego —Antes de que le pudiera preguntar, él continuó—: Ella y yo inventamos un juego donde nos citamos en un lugar y en una hora, de manera ambigua. Tan sólo nos damos pequeñas pistas. Si realmente nos vemos, será por casualidad o porque el destino así lo quiso. Hasta el momento, nuestro pequeño jueguito no ha funcionado pero prometimos no hacer trampa.
—¿Cómo se puede hacer trampa en un juego como ese? ¿Incluyendo un mapa en una botella de papel y dejárselo al otro en su casa? —dije medio burlón y Ayer sonrió.
—Podría funcionar —dijo Ayer, tomándosela en serio. Y nos callamos un rato, nos quedaban cuatro estaciones y mil empujones más.
—¿Crees en los universos paralelos?
—Si, si creo —respondí.
—Mira a la chica de suéter azul —me dijo Ayer y la señaló con la mirada—. Mírala bien, no te lo vayas a perder.
Le hice caso. La chica pasaba desapercibida, era un azul casi grisáceo, falto de vida. Una de tantas tonalidades azules que me gustan mucho. Parecía muy tranquila, un poco agobiada por la cantidad de gente pero eso era inevitable. Se mecía un poco por el movimiento del metro… no parecía aferrarse fuertemente al tubo. Ella seguía tranquila su viaje.
—Hoy… no existe ningún futuro, porque el futuro se come así mismo mientras vivimos el presente… y no existe el pasado, porque el pasado muere en el momento que el tiempo sigue su marcha —dijo Ayer, el movimiento del metro en el túnel tan ad hoc, parecía uno de esos momentos perfectos—, todo el tiempo está en un sólo lugar, en este instante que me escuchas. Continuamente avanzando. El tiempo sólo es uno. No hay nada que hacer por esa chica de suéter azul. En teoría, era inexorable que lo utilizara hoy. ¿Me entiendes?
—Creo que si.
Llegamos a la siguiente estación y miré a la chica de suéter rojo, me sentí triste: ¿tan condenada? ¿tan predestinada? … ¿suéter rojo? Miré a Ayer y este esbozaba una sonrisa perversa. Suéter rojo. La mirada de la chica había cambiado, estaba enojada y más agresiva. Su cara resaltaba más, se veía mucho más atractiva. ¿Un simple color había hecho la diferencia?. Las puertas del metro se cerraron, gente salió y gente se enlató. La chica del suéter rojo tenía un tipo atrás que se le pegaba ocasionalmente y ella volteaba a mirarle molesta, trataba de despegarse, de alejarse pero la gente… tanta gente.
—Tú eres como yo —dijo Ayer, no podía despegar la mirada de la chica de suéter rojo—. Puedes ser lo que otros quieren que seas o bien, ellos serán lo que tu quieras.
Cuando volteé a mirarlo, él había desaparecido.
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Noviembre 5, 2003 — Critica Social.
Escrito por Agustin Fest.
Me senté a esperar mi camión, eran las nueve y cuarto de la noche. A esa hora, todavía pasan los dos o tres últimos y se van como bólidos. Si tenía suerte, uno de ellos haría la parada. Por lo general, a esa hora ya se quieren ir y recogen a la menos gente posible. Se van rapidísimo… parecen diablos.
Me gusta que vayan rápido.
Fue cuando lo olí, porque primero lo olí. Un inconfundible olor de aquel que no se ha bañado en meses. Pasó frente a mi y se me quedó mirando, tenía bigote y estaba bien afeitado, lo que me sorprendió un poco. No me había puesto a pensar en ello, en el que estuviera bien afeitado y con el bigote arreglado.
Cuando me vio hizo un gemido, yo me encogí de hombros en señal de que el último cambio se lo había dado a uno como él. (Y curiosamente, era cierto. Por lo general no doy dinero a los indigentes, hoy no sé que me dio).
El tipo se sentó a dos asientos del mío y se me quedó mirando. Si, seguía oliendo mal, pero aparte de eso, se comportaba extraño. Alzaba una mano y la sacudía, la sacudía, la sacudía. Cruzó la pierna un par de veces, metió su mano en unas botas de mujer y empezó a rascarse los pies, de una manera un poco frenética. A veces gemía, a veces mugía, a veces reía.
Me miraba y se reía.
Entonces yo me empecé a reír de mi mismo. Estaba tan atento a lo que hacía. Lo miraba de reojo, no quería hacer contacto visual con él. Estaba o drogado con cemento y tiner, o algo peor. Apreté el puño donde conservo mi anillo de plata. Lo he usado antes y es efectivo. Fue así, que mirándolo de reojo, me di el lujo a pensar como haría todo altruista que se cree burgués o viceversa: “¿Cómo se les puede ayudar a estos hombres? ¿Qué se necesita para ayudarles?”.
¿Qué se necesitará? No lo sé… entonces viene la voz del pasado —Mi abuela, cuando se encontraba con uno— a decirme: “La verdad es que está joven, todavía puede trabajar. No hay excusa. No se les puede ayudar, si no se ayudan a sí mismos”.
Y cuando pensé eso, el tipo se rió.
Empezó a hacer ruidos con algo, metal con metal, con la mano que tenía escondida. No me asomé a ver que era, pero seguí listo para cualquier cosa. Uno nunca sabe, de veras que uno nunca sabe. Cuando estás en una zona de indigentes, lo mejor es darle cinco o diez pesos para tranquilizarles, si no, bien te pueden asaltar. Es verídico, es la Ciudad de México.
El tipo se movía, se movía. Hacía cosas, alzaba los pies, los tiraba. Y mi camión no llegaba, las nueve treintaicinco. Me sonreí. Y el tipo me imitó. También sonrió. Ya no sabía que pensar, ni que hacer. Estaba estresado por la situación, más no nublado por la histeria o la paranoia. Justo como pensé, estaría tranquilo y si se atrevía a hacerme algo, seguiría tranquilo. Es importante no asustarse, tener la cabeza fría para tomar cualquier decisión.
Tan sólo era un indigente que hacía ruido con una cosa de metal en sus manos. No sabía que era. Y no quería saber.
El tipo se acostó en las bancas, en algún momento. Fue cuando establecimos un contacto visual. Dijo algo, y me sorprendió que dijera algo, ya que todo el tiempo se la pasó haciendo ruidos. Por un momento creí que ya no sabía hablar.
—Todos son…
Y la última palabra se perdió. Repitió su “Todos son”… se me quedó mirando y yo le correspondí la mirada. Si, todos somos.
Llegó mi camión, me levanté tranquilamente y me subí. Lo vi por la ventana y seguía comportándose igual. Seguramente nunca importó que yo estuviera ahí o no. O tal vez lo hacía a propósito. Tal vez le gustaba verse como loco ante la gente… todavía me pregunto, ¿por qué su rostro estaba tan bien afeitado? ¿cuántos días llevaba sin bañarse?
Es extraño…
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Mayo 8, 2003 — Enamorado, Escuela, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Fui a la escuela, ya me extrañaban parece ser… (He de confesarles que estos últimos dos días no me presenté a la escuela, ni al trabajo). Ariadna y Astrid me abrazaron y me platicaron de sus aventuras en los talleres que han estado presentando, en las conferencias pequeñas de A.C., Mario y White. Me he perdido de buenos días.
Mi primera clase fue la de inglés y tuvimos el honor de que nos dijera: “Let’s try something new”… obvio, risas nerviosas, algunos comentarios, yo alcé una ceja.
“Let’s do some coral reading” and Mario swung his arm like a prophet, waiting for the reunited community to go on with the poem. Of course, nobody did, we looked at each other, still amused with the proposition. Well, I tried to put some order (Astrid pushed me to do it) and said: Let’s do it in the count of three.
“Ok”, said Mario, “One two three, go”.
And we read. Oh yes, we read. We read like… “A bunch of drunken irishmen”, actual words from Mario… he covered his face in something between embarasment and laughter.
“It’s my fault, after all, I suggested it… let’s try it again”.
1, 2, 3… Much better, he said.
Al final de la clase, pidió alguien que trajera un poema para el siguiente día y que lo preparara… por supuesto, nadie alzaba la mano, por supuesto… soy el pendejo que la alza cuando nadie más la alza. Así que ya me preparé con algo de poesía escocesa para el día de mañana, esperemos que sea fructifero. (No lo creo, no tengo idea de que podría decir de ninguno de los dos poemas, pero ya me inventaré algo si el inglés no se me traba). (Es la primera vez que el inglés se me traba tan cabrón… estoy ante puros masters, oh yeah).
Vi a Claudia la siguiente clase… le enseñé que la P ya se me había borrado. Me preguntó porque no le había llamado para saber como había regresado (mal chico, mal, mal, si le dijera que no encuentro la Palm en donde anoté el teléfono) (Según yo llevando la puta palm para no perder ese teléfono).
Clase con la gorda y como siempre, uno entiende mejor la sociedad latinoamericana con sus preguntas y juegos de palabras… es muy buena la profesora, lástima que haya tanta gente en su clase. La explicación de la educación tradicionalista y liberal, por medio de uno de los textos de Plauto y como se aplica eso a nuestra sociedad… les aventaría el choro completo, pero me siento muy cansado.
Y después, fui a jugar basquetbol (basketball, whatever). Oh si, los fumadores que llevan unos tres o cuatro añitos en el vicio me entenderán cuando les diga que el medio pulmón sano estaba respirando por cuatro. Y el necio, jugando con el sol pegándole en el cuerpo, atinándole a la canasta que se veía borrosa, sudando como un cerdo. Después del juego, me prometí que no volvería a fumar.
A los 40 minutos prendí uno…
Después, fui al trabajo. También me extrañaban. La ironía… soy un ser irónico por naturaleza… el sarcasmo atinado y un humor bastante especial, eso me identifica. Fui al Colegio Alemán con Josefa Guerrero a buscar chavos futbolistas para un comercial de Coca Cola.
Y de paso, vi una que otra chavita…
Luego cerré mis ojos fuertemente cuando escuché que tenían 14-15.
Me dio un dolor profundo cerrarlos.
El sol se puso rojo e hizo de la ciudad una masa de tonalidades naranjas y rojas… lo hubieran visto, aún con el calor sofocante y el dolor de cabeza, tuve que salir a verlo. Tenía que verlo hasta que se hizo nuevamente azul… y finalmente, azul oscuro.
Carrillo llegó entonces y me dijo: “Creí que usted había cambiado de puesto, que ya se había hecho jefe… porque si no me equivoco, no lo he visto en dos días”.
Hice una mueca y luego sonreí avergonzado, ¿que más se puede hacer?
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Noviembre 23, 2002 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Día 44
Uno de mis sueños más recurrentes en esta vida, es el de caminar en la noche y después, mientras los sueños me jalan con hilos invisibles, alzaría mis brazos y se encendería el fuego interno de mi pasión, brotarían alas de ángel caído o el ángel de una sóla ala y me iría, allá al cielo, donde está el Crucero Espacial. Dejar de existir como hombre y alcanzar mi perfección como un espíritu. Desde niño he soñado en ello y mi lugar preferido es en la noche, cuando las estrellas citadinas nos hablan.
¿No es hermoso ver en la noche las luces de la ciudad cuándo caminas sólo? Tal vez. Tal vez es hermoso. Yo conozco la hermosura de la luna acompañado, pero cuando estoy en mi soledad, pierde su símbolo y se convierte en una enorme piedra que me transmite nostalgia. Lo mismo debe ser con las luces de la ciudad y con las estrellas, no es lo mismo tu propia compañía que la soledad del otro siguiéndote a pasos ligeros.
Día 45
El Destino.
Es una palabra muy grande, llena de significados para gente espiritual y olvidada por los ateos. Es difícil concebir la idea de que una serie de pasos determinados nos llevará a una cosa, sin interrupción de las leyes del caos. También es difícil creer que no importa lo que hagamos, el destino se hará de una manera u otra. ¿Cómo definir el Destino, si en realidad es una palabra subjetiva?
Definición de diccionario:
DESTINO
m. Hado, suerte: no debemos acusar al destino de nuestras desgracias. (SINÓN. Estrella, sino, fortuna, fatalidad.)
Encadenamiento necesario y desconocido de los acontecimientos: creen los fatalistas en la omnipotencia del destino.
Destinación: Ese barco sale con destino a Cuba.
Empleo u ocupación: pedir un importante destino en Hacienda. (SINÓN. V. Empleo. )
Creo que eso lo aclara todo.
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Noviembre 17, 2002 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Día 41
Querido diario:
Había olvidado lo hermoso que es ver la ciudad de noche, a pesar de los coches y el inmenso tráfico, muy a pesar de la contaminación, aún es hermoso. Es cierto que envidio a las personas que son felices, es cierto, porque muy adentro de mi aún sigo siendo humano y no sería justo negar que me gusta observar sonrisas o los ojitos de esperanza en los niños, pero la envidia es fuerte y me hace despreciarlos.
Soy egoísta, lo sé, pero si no soy egoísta conmigo, ¿entonces qué puedo esperar de los demás? Cómo escuché decir a un gran hombre: “Para estar en las ligas mayores, al menos tienes que creertela”.
Tuve un par de sonrisas sinceras hoy, me permití el lujo de sonreírle a una chava, sin estar completamente decepcionado, ella se me quedaba mirando, no se que trataba de ver en mis ojos… lo que muchos tratan de ver tal vez, qué alma hay detrás de las ventanas. Me fui sin despedirme y no se si ella lo extrañó o no, ¿qué importa? Domesticar dijo el zorro, domesticar.
Recuperar pasito a pasito mi alma, de eso se trata. Un nuevo comienzo.
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Noviembre 3, 2002 — Critica Social.
Escrito por Agustin Fest.
Porque la vida es muy linda y sobre todo en la Ciudad de México, Lopez Obrador (alias el PGLagarto), ha decidido empezar la construcción del segundo piso Periférico-Viaducto, justo en la ruta que yo utilizo para salir a la civilización. A unas cuadritas de mi casa.
Primero yo veía el proyecto como algo práctico y sobre todo, moderno. Pensaba para mi mismo que sería lo mejor, que ya no habría tanto tráfico y que todos seríamos unos mexicanos más felices y sin tanto stress por no tener que claxonarnos unos a otros de 12 del día a 12 del siguiente día.
El encanto pasó.
Porque yo soy joven tengo esas esperanzas bastante ilusas. Pero te apuesto a que hablas con algún periodiquero, tortillero, panadero, empresario chico, empresario grande, judío de polanco, policía, taxista, microbusero, universitario a punto de terminar, secretaria, enfermera, doctor, profesor, profesora… y todos estarán de acuerdo en una cosa (o al menos la gran mayoría): Es una mamada.
¿Qué es lo que sucede? El PGLagarto se baja de su trono en poco tiempo, una obra como un segundo piso de un Periférico-Viaducto se tomará sus buenos dos años para completarlo (tal vez me estoy viendo muy noble), pero el Lopez Obrador bueno, tiene solo unos meses más de mandato… cuando se vaya, se llevará un poquito del dinero sobrante, ahhh, qué tanto serán unos milloncitos, verdad? y además dejará media ciudad “de la ejperanja” demolida…
Así que prendo mi veladora y ruego a mi abuelita que hacía unos frijoles muy ricos, que esta vez el gobierno sea noble y Dios sea honesto. Que el segundo piso del periférico sea completado y bien hechesito, y que nos dure más de cuatro o cinco años como hermosura ya que con lo barato que están los coches y los muchos que habemos en esta bendita ciudad, aun con tres o cuatro pisos… seguiremos dando la sinfonía artística de los claxonazos de 12 de la mañana a las 12 del día siguiente.
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