Faldemir.

Esta es la nueva presentación de los Faros con filtro, por veinticinco varotes, usted puede comprarlos en una caja monona, como de colección y fumarlos con un filtro hecho como si fuera un carrito de carreras. Estan monones. A mi, fumador empedernido, me llaman la atención, pero aún no planeo gastar veinticinco varos por unos cigarritos, no señor.

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Por cierto… 31 de mayo, día internacional de no fumar… ¡YIPPY YAPPE! ¡Y yo anunciando cigarros!

Una de las cosas que más me incomodan son las dinámicas familiares ajenas. Mi familia, que pecó de discreta o bien, que tiene una manera muy directa de hacer las cosas, dista mucho de ser la familia dicharachera o ruidosa típica del mexicano. A Dios gracias, no soportaría tener una familia inquieta que mueve todo sin cesar. Me acuerdo de las familias de mis amigos que siempre fueron muy distintas a la mía y cuando por azares del destino, me veía envuelto en una reunión familiar donde yo era invitado, me quedaba callado de entrada y observaba todos esos matices de colores tan diferentes de un cuadro familiar completamente ajeno al mío. Una de esas veces fue con la familia de Irwin, que con regularidad me invitaba a comer antes de irnos a entrenar remo (simón, aún sin saber nadar, aún sin saber andar en bicicleta, me fui a entrenar esa chingadera) y aquella vez que me invitó a Tamaulipas, a conocer a sus tíos. Era una familia completamente distinta. También fui un invitado regular de la familia del Cheques o la familia de Fernanda.

Otra familia que recuerdo con peculiaridad, es la de Sol María. Aún me siento totalmente a dispar con ellos, no me parezco en nada, así que cuando toca una de esas reuniones familiares que me estresan, mejor guardo silencio y observo. Nunca he sido bueno con las multitudes, ni con las familias ajenas. ¿Qué se le va a hacer? Hasta que alguien me entregue un instructivo.

Pero aquí en México, cuándo alguien te invita a su familia, que no sea una de esas mega reuniones donde todos acaban como vacas babosas con unos kilos de alcohol, puedes empezar a considerarte un primo, o un sobrino lejano. Incluso, después de dos o tres reuniones, la abuela que no recuerda los nombres empezará a preguntar por tí, preguntará por el muchachito ese callado que fuma de más y tiene ojeras de drogadicto. Debería de sentirme afortunado —y tú también—, porque sin querer ya llevas unos dos o tres apellidos más a la cuenta.

En cuánto a Bob…

Él esta teniendo pesadillas:

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El fantasma de un perro le acosa.

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Tercer Round

Por cierto, gracias por las felicitaciones… les agradezco mucho. Esperemos vivir otro par de años juntos. Tal vez más. Por mi sería una decada.


Me doy cuenta de la falta de un cigarrillo mientras escribo. Necesito un cigarrillo urgentemente. Una voz extraña y misteriosa, surge diciendo—: No debes fumar. No debes fumar.

Mi Tercer Round empezó a las 12 de la noche (más bien, 11:59) del día de ayer. Ajem. Supuestamente, me fumé el que sería mi último cigarrillo, cumpliendo exáctamente 4 años como fumador. Woaha. Toda una vida en la niñez. Además, así cumplí otro rito de esos inútiles, que como seres humanos nos formamos.

El segundo round, mencioné poco de él. Una línea en el blog. Fue en noviembre y fueron dos días en los que no toqué cigarrillo alguno. Algo similar al primero, al que le dediqué dos o tres posts al respecto.

Realmente no debiera dejar de fumar, con la cantidad de trabajo que tengo y el stress alrededor de mi dulce hogar. Los trabajos pendientes que tengo en la escuela. Ya saben, el cigarrito es como la pose de aquel que necesita relajarse después de tanto madrazo.

Además, hay que tener en cuenta que el cigarrillo imprime caracter —voz extraña y misteriosa.

Y la mayoría de los escritores en la literatura, ajem, tienen pose de fumadores empedernidos y/o alcohólicos irremediables. No suena mal. Ese fui yo, no fue la voz extraña y misteriosa.

Las cosas, van así esta vez.

Desperté, no fumé. Vine al trabajo, no fumé. Me preparé un café… me hice cargo de las listas… y Josefa salió del foro, prendió un cigarro… Me dio lo que quedaba y se metió.

Le di un par de fumadas y lo apagué.

Me regalaron un cigarro, le di tres fumadas y lo apagué.

Pueden pensar que he perdido.

Yo creo que no. Finalmente tengo un control. Finalmente, puedo decidir cuando apagarlo. Finalmente, puedo rechazarlo cuando quiera. Me dio gusto saber que tengo control. Y lo conservaremos, diciendo No, poco a poco. Hasta que no haya más y sólo quede el recuerdo.

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