Noviembre 26, 2003 — Los malos días, Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
A veces escribo tanto que ya ni sé que escribir.
Les va a dar una sobredosis de árbol un día de estos.
Bien debiera tomarme un descansito y dejarlos reposar.
Sucedió algo muy curioso en la escuela el día de hoy.
Argel se apasionó, nuevamente, hablando de Borges…
explicando el tema recurrente de este escritor:
El desorden y la restauración del orden.
Los espejos, el infinito, las escaleras, el laberinto.
Los círculos, el asesinar la metáfora (y por ende, la muerte del lenguaje) en forma de un minotauro.
Y nuevamente, de Borges saltó a Cervantes, es como inconsciente en Argel. Por algo lo hace, aunque no sepa por qué (y yo menos). He descubierto que Argel es un buen lector y descubre con facilidad ciertos métodos, pero otros se los salta. Como profesor, ya tiene sus preferidos y está encasillado.
Como lector, esto puede cambiar de un momento a otro. A veces me pregunto, ¿a qué cambiará Argel en cinco años? ¿En diez?
Bien… de Cervantes nos dice de su juego de narradores, el tema recurrente de cada capítulo del Quijote (la osadía del Quijote de querer quebrar la realidad y esta, que le agarra a madrazos para que no se manche).
Son temas que me llaman la atención y cuando habla de ello, inmediatamente dejo de pintar monos, arreglar escritos, medio releer algún texto y presto entera atención. Me la paso asintiendo en silencio, asimilando lo que Argel dice. Confrontando lo que expone, contra lo que yo creo y así busco un balance de mi lectura, con la de Argel.
Después, sueño y pienso que algún día seré la inspiración de algún muchachito sentado, escuchando de aquel Árbol de los mil nombres. Algún día, alguien hablará de mi obsesión con Blake y la forma que intento asimilarlo en mis escritos inmaduros. De mi descubrimiento de los laberintos y el libro en el libro, gracias a Michael Ende. De mi etapa Marqueziana-Benedettiana a mi etapa Faulkneriana-Onetianna. Me sonrío y dejo de soñar. Tal vez nunca sea así, pero es una bonita panacea para disfrutar las clases de Argel que a veces son repetitivas.
Me agrada la clase de Argel.
Lo siguiente fue ir a comer a Arquitectura. He estado pensando en los muchachos con los cuales paso un rato agradable en lo que espero que pasen las dos horas libres antes de la siguiente clase. ¿Por qué me llevo con ellos? ¿Por qué me aceptan en su grupo?
Son cuatro: Jimena, Raul, Cristina y Juan Carlos (con el siento que hay un bonding, puedo jugar ajedrez con él y me enteré que también escribe). Todos me caen bien. Ellos tienen una cultura y un nivel de lecturas impresionante. Ellas, tienen la facilidad para tratar socialmente a otras personas. A los cuatro puedo escucharlos platicar y no aburrirme. Sin embargo, hay veces que no me siento a la altura.
Ariadna también se une a ese grupo con facilidad e inclusive, ella está en una mejor posición que yo. Así es como lo siento.
(Además, me puse de malas porque Ariadna llevó a su amigo gay. Un pendejo que la trata mal y se aprovecha de su amistad, cada vez que puede. Estuve así de soltarle que me caía mal, que me cagaba y preguntarle a Ariadna qué hacía ahí. Pero no soy de los que hacen escándalos en público y ya le dije a Ariadna lo que pienso de él, así que ella se mete solita en el mismo carnaval si quiere).
Jimena y Raúl pueden fácilmente hablar de literatura. Y de aquella poeta inglesa-hindú que yo no he leído. Pueden hablar de Samuel Beckett (y hoy descubrí, que Ariadna también lo hace con facilidad). Raúl es un conocedor de literatura medieval, y Jimena sabe mucho de poetas contemporáneos y más. Ariadna también ha tenido tiempo de leer a Keats, y de literatura irlandesa.
No sólo eso, los cinco están informados de la comunidad a la que pertenecen. Saben hasta el menor detalle, donde están.
Descubrí hoy que no he leído lo suficiente. Traté de recuperar un poco de control el día de hoy, haciendo un par de comentarios. Ni ganas tenía de hacerlo (y probablemente, me resté a mi mismo un par de puntos el día de hoy). El día de hoy, no fue un buen día para mi yo escritor-lector.
Tampoco tengo el mismo nivel socio-económico que ellos. No fue un buen día para mi yo clase-media rayando en la pobreza. Jajaja, ya me había pasado. Me da vergüenza (que fea palabra es esa) que sepan que en varias ocasiones no tengo para cigarros o para comprarme la comida y aceptarles cuando ellos me ofrecen algo. Jajaja, hay veces que parezco tan hambriento que de plano si me compran algo. Veo las papas fritas que le ponen en la comida a Jimena y lo siento, de aquí soy y que no se atreva a tirarlas a la basura, porque me va a dar un retortijón en el estómago. (Y si las tira, o me río o me dan ganas de soltar la lagrimita). Es ridículo, pero así están las cosas y agradezco los favores. Ya buscaré la manera de compensarlo.
También les escuché hablar de los lugares a los que han viajado (de nuevo) y cada vez que les escucho, me sorprendo. Dublin, Francia, Grecia… jolines tío, ¿hay pobreza en México o soy el único? Hablan con naturalidad y sin pretenciones del arte, de lo que han leído, de lo que han visto, de lo que han visitado. Hablan entre ellos, porque ellos se entienden y yo les escucho.
Hoy me sorprendí pensando: “Seguro lo haré, sea como sea, porque quiero hacerlo”. No importa como será, pero lo haré (¿Me acompañas?). Y si no es algo para mi, será para mis hijos, para mis nietos o vale madres, ya veremos cuando sea viejo. Me encargaré de ello.
Si, soy demasiado orgulloso. Y matar el orgullo me está haciendo pedazos.
La gota de agua, que derramó el vaso… Historia Literaria II. Para recuperar algún respeto a mi mismo, participé más. Dije lo adecuado, lo correcto, sin aventurarme a comentar algo que pudiera ser un error y bajara mi autoestima de por si, un poco maltrecha. Me anoté un par de Good / Very good de parte del profesor y hasta me sentí orgulloso.
Lo demás vino, cuando el profesor en alguna parte del ensayo de Charles Lamb (The two races of men), tuvo que explicar algo de lo cual no tenía idea. Ninguno de nosotros tenía idea, pero me importó más que YO no tuviera ni puta idea. Primero empezó explicando la etimología de Eulogy (Eu - Bueno, Logos - (En su más pura expresión) Palabra). Elogio, palabras buenas. Y después, procedió a explicar la ubicación de un mar y como sus propiedades afectaban el texto. Como el mar, por esas propiedades, convertían el párrafo de ese texto en particular, en toda una metáfora (Ensayo romanticista, puffft, ¿qué se podía esperar?).
El caso es que era algo, que debía haber sabido. En ese momento, por más absurdo que fuera, sentí que DEBÍA saberlo sin que él tuviera que decírmelo.
No pude aguantar más la clase, me salí a fumar un cigarro.
No estoy en una buena etapa de mi vida, es la verdad. Cuando esas cosas suceden, recuerdo buenas palabras. Recuerdo lo bueno que aún tengo. Recuerdo de lo que soy capaz.
Y aunque el orgullo me mata, también me sacará adelante, aunque hoy no confío en él. Ya me cuesta trabajo confiar en mí.
Más vale que se asome el cabrón y saque una cuerda para ambos, antes de que nos ahoguemos.
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Julio 4, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Árbol Tsef: Es bueno tener un nombre más corto, escribirás menos cuando hables de mí en alguna otra historia. Hacía mucho que no me visitabas… ¿qué ha pasado con la vieja? ¿Te ha aburrido?
Niño mago: Tiempos de descanso. Los buenos contrincantes de una guerra saben cuando hacer una tregua para reorganizar y después empezar de nuevo.
Árbol Tsef: Hablas como Simón. Y conociéndote a ti y a Yasmín, nunca han de terminar. Será una guerra eterna que durará poco.
Niño mago: Así sea. ¿Y tú? ¿Puedo robarte una fruta?
Árbol Tsef: Las cosas, para usarse.
Niño mago: Y dices que soy yo el que habla como Simón. Esto es peor que una quijotización.
Árbol Tsef: Pero nadie como el Maestro Cervantes.
El niño se rió, estiró su mano para alcanzar una manzana del Árbol Tsef.
Niño mago: Nadie como él. ¿No fuiste tú el que me dijo que no habíamos de intervenir en el viaje y sólo debíamos observar?
Árbol Tsef: Simón me ayudó a redescubrir mi nombre, se lo debo. ¿Y tú? Tu no has hecho nada por mí, más que crearme para maldecirme.
El niño mago abrazó el tronco del Árbol Tsef y le besó.
Niño mago: Perdóname… perdóname. Tu maldición todavía no termina. Todavía falta que encuentres esa otra parte de tu nombre.
El Árbol sonrió.
Árbol Tsef: Hay una parte de mi historia que todavía no he dicho.
Niño mago: Eventualmente haz de decirla y así, conocerás el destino. El destino final del Árbol que ha caminado durante centurias para encontrar su nombre. ¿Estás seguro que de veras quieres buscar el faltante? Puedo recoger mi cuaderno y buscarlo por tí.
Árbol Tsef: No lo hagas. He de hacerlo yo, a mi debido tiempo. ¿Por qué no acompañas a Simón? Está triste porque ha perdido una llave.
Niño mago: ¿Crees que deba intervenir? Todavía tengo mucho que escribir, mucho que inventar, mucho que crear.
El Árbol Tsef miró al niño durante largo rato y el niño correspondió con una sonrisa.
Niño mago: Lo tendré que hacer eventualmente, también. Encontrar mi destino. ¿Entre tú y yo, mi querido Árbol, quién lo encontrará primero?
El Árbol no respondió, observó al niño morder la manzana y alejarse a la habitación de Simón Dor.
Querido Diario:
No he querido salir desde que perdí la llave de Beatriz en el Laberinto. Regresé una última vez, durante la madrugada (o lo que mi cuerpo siente que es madrugada, ya que es difícil decir cuando las nubes son grises y la única referencia del tiempo es la noche en la popa y el día en la proa) y recogí las semillas que encontré. El temor me embargó cuando me di cuenta que el Laberinto había cambiado de forma y sólo pude recuperar tres de las semillas, ya que los pasillos por los que había pasado el día anterior habían cambiado de lugar. Los muros de niebla dentro del Laberinto se comportan caprichosamente cuando no estoy adentro y todavía no sé, que criterio es el que siguen para hacerlo.
Hacerme sufrir, tal vez.
Ya solo restan veintiseis días con sus veintiseis noches y he perdido una llave por un temor estúpido. Ni siquiera valió haber visto a Beatriz. Sólo perdí la llave. Un temor idiota que bien pudo surgir por la borrachera de aquel día. ¿Sabes el dolor que me causa? ¿Lo inepto qué me hace sentir perder una llave que ni siquiera he utilizado? ¡Imbécil, imbécil, imbécil!
El niño mago ha entrado a la habitación y me está mirando llorar. ¿Llevará ahí mucho tiempo? No hemos cruzado palabra y creo que a diferencia del Árbol Tsef, a éste no le interesa hablar conmigo. ¿De qué podría servirle yo, al niño creador de historias? ¿Al inventor qué no ha encontrado el punto donde se conjuntan todos los universos, si no que más bien se dedica a hacer otros nuevos? Mal, mal, mal. El niño mago sigue mirando el curso de mis lágrimas.
Alcé mi mirada y confronté la suya. Sonreí lentamente, esperando ahuyentarlo como lo he hecho con otros niños. Olvidé que este niño no es normal, me correspondió la sonrisa y mordió su manzana.
—¿Quieres que te regale una mariposa, Simón?
Congelé mi sonrisa. Esperé. El niño dibujó una mariposa en el aire y ésta voló hacia a mí, para después disolverse en la realidad.
—Muy bonito. Desde que te conozco, me has dañado. Vivía feliz en mi oscuridad y mi amargura. Tenías que aplastarlo todo con tu sabiduría inocente. ¿Sabes cuál fue el peor crimen qué cometiste? Iniciar tu trabajo conmigo y luego abandonarme. Así como hiciste con el Árbol. Empiezas las historias o intervienes en unas ya hechas para nunca darles final, cabrón malnacido. Eres el constante inicio, el constante infinito. Haz de empezar una para dar nacimiento a varias y nunca terminarlas. Esperas que los que has dañado lo hagan por tí, pero nunca es así.
—Así es la magia, Simón. La magia no está en el final, ni en el inicio. La magia está en como correspondes a la ilusión. La magia estará en el eterno centro. El desarrollo eterno.
—Que metafísico estás.
El niño mordió la manzana.
—Es el hambre —respondió—. ¿Recuerdas cuándo nos conocimos?
—¿Importa hablar de eso? La consecuencia fue una temporada en el manicomio, con todo y mi cordura.
—¡Pero mira todo lo que lograste! —exclamó el niño y extendió sus manos para caminar alrededor de la habitación.
—Una prisión que me llevará a mi muerte.
—No seas tan duro. Lo que importa es que aceptaste la magia.
—La he corrompido.
—Nadie dijo que fuera fácil.
Callé, fue cuando pude ver a través de los ojos del niño mago.
Le sonreí de lado.
—¿Cuál es tú destino? —pregunté.
El niño me miró extrañado. No esperaba la pregunta y como un espadanchín que tiene la ventaja, le presioné.
—Tú también estás aquí por algo. Todos vamos al mismo lugar, en cierta forma. O el camino ha de dirigirnos a otros destinos, pero es el mismo camino. ¿Cuál es el tuyo? Vamos, no te pretendas el tímido. Lo de niño sólo te queda por la estatura. ¡Y yo qué creí que estabas aquí satisfaciendo un mero capricho infantil! Soy un imbécil triple al no observarte con atención antes.
El niño mordió su manzana y sus ojos, sus ojos se volvieron oscuros, tenebrosos. Metió una mano en el bolsillo de su pantalón, se paró recto y cabizbajo, siguió mirándome. Parpadeó siete veces antes de responderme. La sonrisa de él se perdió en algún momento.
—¿No sabes, quién soy yo, Simón?
—Por supuesto que sí, Simón Dor.
Pasado y futuro.
Prendí un cigarrillo.
—Más claro no podía ser. ¿En qué momento de la vida…?
—Cuando murió Beatriz.
—Pero a tí todavía no se te ha muerto. ¿Por qué insistes? ¿Por qué me lastimas con la magia y el idealismo que existía antes de que me golpeara la realidad? No, no seas así. Lárgate y sé feliz. Vete y sálvala antes de que ocurra. Insístele que no se vaya en ese coche con su hermana y con su padre. Enférmala de gripa para que no se levante ese día.
El niño sonrió y perdió la oscuridad. Volvía a ser el mismo niño mago. Miró la manzana y notó que ya no le quedaba más que morder.
—Es que… es inevitable Simón. Yo me convertiré en tú. Beatriz fue nuestro momento cumbre, el que nos ha separado en personas que caminan en el mismo camino y no sabemos si con el mismo destino o no. A mi me hizo Fé, a ti te convirtió en Razón. Espiritu y Materia. Magia y Ciencia. ¿No era Beatriz todo ello? ¿No era Beatriz el balance?
—Vete ya, sálvala. Eres el pasado, todavía estás a punto. Eres el niño que puede dibujar historias y narrarlas. Eres el niño que lee por contar, no para escapar. Vamos ya, pinche chamaco, lárguese a vivir.
—Si me puedo convertir en tú antes de perderla, será mejor. No habrá ruptura. Seremos un sólo ser.
—¿Estás dispuesto a sacrificar la Magia por ello? —pregunté, me senté y reí. Reí tanto.
—Lo estoy. Si eso ha de salvar nuestro futuro.
Reí más.
—¡Tienes tantas historias que completar!
—Es mejor si todo lo cortamos de raíz.
—Inevitablemente te haz de convertir en mí porque nunca estuviste ahí para detenerla. ¡Pudiste detenerla! ¡Pasado miserable! —reí más—. ¡Pudiste decirle, rogarle, llorarle, amarle, reírle, sonreírle, quererle, que no fuera! Que no se suba… que no se suba a aquel coche.
—¿Sabes qué eres tú, hoy, Simón?
—Un muerto que camina —mi risa se transformó en llanto, y luego regresaba a risa.
—Si puedo convertirme en tú, en mi pasado… entonces lo lograré. No habrá Beatriz. Mi magia no basta, necesito tu razón. Necesito que me apoyes Simón. Haz decidido negarme, entonces yo te acepto como eres. Seamos lo que tú quieras. Estoy cansado de jugar y de alegrarte la vida, estoy cansado de enseñarte lo hermoso que es sentir y me dolió más cuando el sentimiento renació para no ser satisfecho. ¿Qué hiciste tú? Saliste a gritarlo a los cuatro vientos y a caminar con bandera oscura. Me volviste a relegar, en vez de ayudarme.
—¿Hablas de…?
—Aquella mujer.
—La de Fest.
—Esa misma.
—Las circunstancias no podían ser bellas, mi querido niño mago. La vida no es un cuento de hadas.
—Tal vez no. Pero no necesito que me dificultes la vida. Beatriz ha muerto y aquella otra, dijo que no. Este pasado ha decidido convertirse en tú, con todo lo que significa. He de morir, Simón, y sólo quedarás tú. ¿No es lo que siempre has querido? ¿No me has negado siempre? Si no quieres abrazar el Eros que te ofrezco, si no me permites que te ayude a mirar más allá… entonces a tu manera Simón. De veras que estoy muy cansado…
El niño se sentó y bajó la mirada.
—Regrésate por favor, todavía estás a tiempo. Todavía estás a tiempo de salvarla, de decirle que no se suba a aquel coche. De pegarle la gripa. Todavía estás a tiempo de quererla, amarla, sentirla, vibrarla, adorarle viva.
Todavía faltan veintiseis días, con sus veintiseis noches.
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Octubre 8, 2002 — Asceta, Critica a mi mismo, Escuela, Intento ser Escritor, Logs varios, Y Cecilia, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Ayer fue del todo un día fructífero pero incompleto. Me presenté a mi clase de Análisis de Texto en Español, que de hecho, se está tornando en mi preferida. Me agrada el maestro, aun con su obsesión de Dostoievsky, me da las herramientas necesarias para juzgar lo que es un buen escrito. Tiene genialidades, como decir que “Un escrito sencillo y breve, es mucho mejor que un escrito que intenta jugar con el idioma”. Es muy cierto, no puedo con mi obsesión de torturar el lenguaje si tan sólo tengo una pequeñez aprendida de éste…
(Mi profesor) Me está ayudando a comprender que Cortázar, Bennedetti y Márquez no son los únicos, que no puedo hablar de ellos si no tengo en la cabeza a Cervantes, o algo más matemático como Borges o algo más felizmente desconocido como Felisberto Hernández. Es increíble la gama de escritores que hay y su diferencia en el lenguaje, que hasta me sentí empequeñecido por haber escrito a mi Padre Taxi…
Borges… Borges me hizo sentir pequeño, con su elegancia en el idioma y su cultura que violentamente te pega en el rostro. Cervantes, con su locura en el Quijote y Felisberto animando a lo inanimado. Cortázar es un maestro del lenguaje y de los finales… y aún así, detrás de todo esto, queda Faulkner, Joyce… y ja, Dostoievsky. ¿Qué se dice de Shakespeare? ¿De Hemingway? ¿Qué oportunidad tienen mis escritos tan obviamente emotivos, contra estos grandes maestros de su propia lengua, que no sólo son emotivos, sino coherentes y lógicos? Es fácil jugar al escritor, al intelectual… Es muy fácil a primera vista y hoy, se me presentó mi juego de ajedrez que es muy básico, contra el de los titanes.
Y luego la poesía, mi más grande enemigo… hoy leí dos poemas que debo comparar el uno con el otro y ya no hice porque estoy regresando del trabajo, lo haré mañana en una bonita hoja de papel y le rezaré a Dios. Los poemas son: “Coplas por la muerte del padre de Jorge Manrique” y “Algo de la Muerte del mayor Sabines”. Creo que los nombres de los autores vienen implicitos, si no, siéntete libre en preguntar…
Me están dando la enorme tarea de comparar a dos titanes de su época (las cuales son siglamente diferenciadas). ¿Cómo puedo yo, un niño que cree tener al español de su lado, atreverse tan siquiera a decir que la fa es una sílaba y no una ha antigua? Espantoso… es terrible y espantoso. Es terrible porque mi gran abanderado se ha caído. Ya no tengo fe en Yemita, en Ezequiel o en Alicia… Padre Taxi es un sueño. Los días se han vuelto difíciles, asociando al amor perdido con el otro amor perdido se está haciendo más común. Mi novela y Cecilia, mi novela y Cecilia… pienso, pienso mucho que nadie del concurso me va a llamar para decir que gané y tal vez lo mejor de todo es que tengo las razones en mis manos. Sé porque no voy a ganar.
A diferencia de mi querida Cecilia, que me cuesta todavía trabajo, preguntarme por qué la perdí y responderme que la perdí por el Destino, por Papá Dios o por Mamá Azar. ¡Y soy cursi! ¡Asqueroso y cursi! ¡Es por eso que jamás llegaré a ser un escritor tan elegante y violento, como el señor de laberintos y espejos. Terminaré como un escritor sin el renombre de “El humor podrá contra el imperialismo de Estados Unidos”. Daré clases de piano como aquél otro escritor. Escribiré un Novel plagiando la Biblia o Faulkner, con el nombre de 20 años de soledad!
Es cierto que estoy obsesionado con el lenguaje… es cierta mi frívola necesidad de violar las palabras… y después de todo… ja, después de todo… ¿La vida no es un cuento de hadas, verdad?
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