QEPD Carlos Cuellar.

Un gran recuerdo de mi primer año en el Centro Universitario México, es el de Chafus. Justito me tocó clase con él porque solían dividir los grupos a la mitad porque los salones de dibujo técnico no aguantaban a cincuenta chamacos. No recuerdo el nombre del otro profesor (lo tengo en la punta de la lengua), pero después de ver las caras de mis cogidos compañeros, sabía que el otro profesor era mucho más exigente. Mientras que Chafus (como le decíamos de cariño), simplemente nos explicaba o nos enseñaba que deseaba en la siguiente lámina, nos pedía plumoncitos (cuando bueno, ya después de 3 años de dibujo técnico estaba acostumbrado a los estilógrafos y sabía que los plumoncitos eran, más bien, para niños) y láminas bastante pequeñas. Dibujo de imitación, después de todo, era como un pequeño descanso en el cual platicábamos, echábamos desmadre, medio hacíamos las láminas y aún cuando Chafus nos regañaba, al final se reía también de nuestros chistes y nos mentaba la madre.

Hoy se murió de un ataque al corazón.

En ocasiones, como alumnos, si nos excedíamos con él. Su ánimo tranquilo y su semblante amable era lo que daba pié a que lo molestáramos. Sin embargo, parecía que no se lo tomaba muy en serio, y en vez de enojarse, si alguien le gritaba Chafus al final del pasillo, sencillamente le mentaba la madre o si lo tenía cerca, le daba una patadita. El Chafus era llevadito, pero sin excederse.

Tenía un compañero que en sus láminas, siempre hacía morras hentai (vistiéndolas para no meterse en problemas con los hermanos), Chafus siempre le decía que guardara sus porquerías. También yo me tomé la libertad de dibujar una que otra nena para las láminas, voluptuosas o piernudas, Chafus siempre se acercaba a mis láminas, decía—. muy bien, muy bien, que bien esta, sí. Diosdado, deja de hacer tus porquerías —tal vez las mías le gustaban más porque estaban mejor vestidas.

Un maestro con actitudes sutiles, no creo que fuera su prioridad cambiar la mente de sus alumnos… no, esa es una pretención muy grande, sin embargo… enseñaba, jugaba, se divertía. Eso, me parece, es lo mejor que pudo darnos. Ese profesor no era el cerebro. Ese profesor, era un pedazo del corazón del CUM.

Te extrañaremos Chafus.

Dulces decepciones.

Itsa mi, Mareeo. El chaparrito italiano y panzón es parte vital de mi infancia. No conozco remix o composición de la clásica canción de Mario Bros, que no me agrade porque me recuerda aquellas ocasiones en que prendía la Nintendo y dejaba que el diablo, los hongos, las tortugas aladas y el poco deseo sexual se apoderaran de mí. Benditos los videojuegos porque de ellos es el reino de los cielos. Veinte años después de la famicom, no he conocido juego que me recuerde tanto las horas de frustración y placer que me daba recorrer un mundo, mientras tragaba hongos y crecía el doble del tamaño normal. Ya no existen los juegos sencillos de matar, rescatar a la princesa, ni decepciones tan dulces como: “Sorry Mario, but the princess is at another castle”.

Fui a la junta para padres de familia del Centro Universitario México. Como tutor de mi hermano, lo consideré mi deber. Básicamente lo mismo de hace un año. A partir de la media hora, tenía unas ganas terribles de orinar, pero me aguanté como todo un hombrecito. Recé el padre nuestro, el ave maría y pedí favores a San Marcelino Champagnat. La noción de que ya son diez años desde que dejé la preparatoria me taladró el cerebro. Incrédulo me lo repetía en voz baja, mientras hablaban de revisar calificaciones por internet y de enseñar a los hijos a leer, porque algunos imbéciles no entienden lo que quieren decir las palabras y responden mal los exámenes.

En ningún momento el director de la institución dijo la palabra imbéciles.

Una de las hijas de mi padre estudiará este año ahí. Supuse que lo encontraría entre la gente, pero la verdad, es que no ví a nadie remotamente parecido a mí. El señor que se sentó a mi izquierda, sin embargo, me miraba y por un momento, la paranoia o el anhelo, pensé que era él. Un momento muy breve. Me pareció que no teníamos la misma nariz enorme y lo dejé por la paz. No era el lugar, no era el momento y si alguna vez, Agustín Fest se siente remotamente culpable, se acercará a mí. Lamentablemente compartimos el mismo nombre. Lamentable para él, que desea esconder el pasado. Internet es un falso anonimato. Todo se sabe, eventualmente.

Llueve. Tengo sueño. Compartir el nombre de mi padre. Pobre de él, y pobre de mí, que con eso el flujo de cierto río místico se siente. Llevo su nombre. Él permitió dármelo. Que cosas. Tantas cosas que habrían sido distintas si no lo llevara. En algún momento, si nos dedicáramos a buscarnos, nos encontraríamos de inmediato. No es lo mismo que Mario, porque hay muchas princesas que se llaman así mismas “Peach”. Ni modo. Aquí nomás es levantar tantito la piedra. Cuando pienso en mi padre, es como si pensara en mí mismo: “Si Agustín Fest se siente remotamente culpable”. Quien sabe cuántas consecuencias inconscientes tendrá ese flujo de pensamiento. No es como “Si Juán González sintiera cosquillas”, porque podría pensar en todos los Juán González del mundo. En cambio, y que mal pedo, pareciera que sólo hay dos Agustín Fest.

Invité a mi “hija adoptiva” a cenar esta noche. Platicamos de su carrera, de cocina, de dónde le gustaría trabajar, de su novio. Compartimos el pastel, le invité un vodka, escuchamos como felicitaban a cinco personas por su cumpleaños. Agustín Fest se siente bien con esas reuniones tranquilas. De verdad le hacen bien. Tomé una copa de vino, y milagrosamente, me sentí más ligero. Hacía tanto que no tomaba una de esas. Abriendo la puerta de mi casa, después de dejar a la hija en casa, se me ocurrió que debería tomar una copa de vino todos los días y sentarme a escribir, nomás por mamón. Algo que no creo hacer.

Duele más estar sobrio.

Esta noche es tranquila. Nada duele. Pronto iré a la cama. Chaquetita y a dormir. O dormir nada más. Estos posts tan personales… a ver si mañana me invento un cuento, o termino de una buena vez la tortura que es leer a Octavio Paz. Sí, decepciones dulces… no es lo que esperabas, pero tampoco deseas terminarlo. Decepciones dulces. Ibas con todo a terminarlo, pero no lo encontraste y debes seguir buscando.

Mis hermanos.

Esto no es el inicio de un sermón religioso, pero es el título más adecuado. Ayer en la mañana, salí a pagar gastos del colegio de mi hermano. Decidí, de paso, llevarme también su anuario para verlo. En el camino estuve revisando, mirando las fotitos de la juventud chilanga y marista. Jovencitos metrosexuales, mujercitas demasiado desarrolladas, y luego, mi hermano… su actitud flemática, su sonrisa breve de cabrón… me pareció verlo como un niño, de nuevo. Un niño algo decepcionado… pero tal como lo dejé.

Precisamente hoy le comenté a alguien, que no verle durante tres años, me impide despreocuparme de él y no caigo en cuenta que ya esta huevoncito. Hoy tuvimos un conflicto que reafirmó eso, pero me siento demasiado cansado para escribirlo todo. Tengo tantas imágenes de mi hermano, que más bien son mis hermanos… en distintas étapas de su vida, y existe esa base: el hermano pequeño, el hermano que necesita consejo, el hermano del cual soy el rol ejemplar… su hermano… siempre su hermano. Tal vez mi familia no es muy unida, no es la familia típica del mexicano, pero existe ese lazo que quiero conservar indestructible. Ese lazo que tal vez él rompa cuando madure, y se vaya, y aprenda a madrearse solo con la vida… Un lazo siempre fuerte, cuya sociedad considerará raro, porque los dos bastardos deberían llamarse “medio hermanos” y le quitan la palabra que no cuenta.

Es un ideal ingenuo y romántico, de los que acostumbro… ingenuo y romántico, mas no pendejo: el tiempo cambia a las personas, el tiempo las separa y las transforma en otros. Los otros. Estuvimos separados durante tres años… pasará que lo estemos durante más tiempo. Esa lejanía habrá de repetirse porque el tiempo no se detiene, y el tiempo es amo de la distancia y ordena los kilómetros a su antojo. Aún siento esa pequeña ansiedad de saberlo luchando solo. Ese pequeño síndrome de saberle bien. Sin embargo, nunca, he impedido que mi hermano se madreé solo. Es tal vez, con las personas que más quiero, que eso se mantiene indiscutible e inalterable: La madriza es tuya, la vida es tuya, yo te puedo explicar como lo veo… pero tú harás lo que quieras, siempre.

Cuando pasé de mi hermano, la verdadera razón porque llevaba el anuario continuó moviendo mis dedos. Avancé páginas, y páginas, buscando el apellido Fest en otros salones. Mi hermano estuvo en el 306… el mismo salón en el que estuve en 4to. Seguí avanzando páginas, moviéndolas a mi antojo… y cuando llegué al 213, mi salón de 5to, encontré a mi hermana. La admiré un momento. Su piel blanca, su sonrisa agradable, y me identifiqué en ella. No sabe de mí, pero yo sé de ella. Me pregunté, un tanto inocente, si ella fue la que dijo que le habría agradado tener un hermano mayor para que le cuidara.

Llegué a la oficina, aparté la hoja. Saludé a todos, le enseñé a Juan Carlos mi hermana, platiqué un poco de eso, me subí a la sala de edición y en silencio la miraba. No acostumbro a tener este tipo de dudas, y por lo general, soy mordaz cuando me asalta el tema. Sin embargo, la mañana de ayer, después de mirar a mi hermana, sentí cariño… o la ilusión de un cariño. Scarlett. Me dejé caer en mi asiento, y pensé cosas… pensé nada. ¿Cómo creciste? ¿Te has divertido? ¿El CUM te enseñó tanto como a mí? ¿Es una coincidencia o una broma, que hayamos estado en el mismo salón? Tres números más y habríamos tenido el mismo número de lista. Me pregunté si algún maestro habría tenido algún Dejá Vù. Si alguno habrá pensado en el Fest del ‘99 y del 213. No… tal vez no.

Agustín Fest en el CUM era un marginado. Al menos lo fue durante dos años. Alguien que no se daba a notar. Alguien que estaba escondido, atrás del cristal, moderadamente inteligente. Agustín Fest no quería brillar porque le parecía estúpido y una molestia. Agustín Fest no tenía la misma cantidad de dinero, ni los mismos juguetitos, ni la misma ropa que sus compañeritos. Agustín Fest sabía que, materialmente, no tenía nada con que competir y lo mejor que podía hacer, era mantener parte de su espíritu y crecerlo en soledad. Agustín Fest era pobre, una especie de marginado, alguien que buscaba un Zen, un idiota, un teto…

Siempre pensó, que si debía fomar parte de algún grupo, y brillar en él, debía ser por lo que era y no por otra cosa. No quería dar las nalgas rogando por un ipod (ejemplo) y presumirlo. No quería dar las nalgas usando camisas polo. No quería dar las nalgas usando pantalones Levi’s y ponerse cremita para mantener la piel sana y saludable. Ni peinarse con gel, ni rasurarse, ni hacer pendejadas para verse agradable y estético. No se le antojó caerle bien a los maestros para que le tomaran en cuenta las participaciones. No pensaba hablar perfecto inglés frente al grupo, para que le pusieran un diez. Lo que es, lo que te doy, es lo que hay, y no me vas a querer por lo que no te doy, quiéreme por lo que regalo. Es testarudo y necio en eso. Y aunque no quieras dar las nalgas, eres adolescente, eres un chamaco, y a veces terminas dándolas y necesitando brillar. La necedidad de supervivencia en el grupo, impreso en la memoria genética, es aún más fuerte que la testarudez de un chamaquito.

Ví el anuario de nuevo. Ella y su hermana, (y que Agustín Fest sabe), me han dado la impresión de que siempre han deseado brillar o hab brillado porque así nacieron. Estaba destinado que así pasara. Cuando la ví, me paseé por las fotos grupales y la encontré varias veces. El fotógrafo se había enamorado de ella… o sintió lo mismo que yo, un deseo espontáneo de protegerle y llamarle hermana. Estaba desparramado en el asiento, pensando todo eso y recordándome que… bueno, finalmente no eran nada mío, que nunca las miré crecer como a mi hermano, que nunca fui un rol de algún tipo y nunca lo sería. Por otra parte, mirar los ojos de mi hermana, y su sonrisa… me hizo pensar que lo había sido, o que deseaba serlo. Los sentimientos de mi hermano, que recién lo había visto en su fotografía, se transladaron a ella… un espíritu ingenuo, o un fenómeno psicológico, solamente pensaba… no, sentía que amaba a mi hermana, y deseaba protegerla.

Busqué a la otra. Pasé las hojas, y las hojas. La que inició todo el desmadrito. El soul search. La búsqueda de identidad. La noción repentina de la otra familia. Mi hermano llegó un día y me dijo—. Nos dió la bienvenida alguien que se llama como tú. Nos dio la bienvenida una Fest. Desde entonces supe de ella. Les dio la bienvenida, en el auditorio: brillaba o peleaba por brillar. La hermana mayor, la hermana ejemplar, la que ocupa mi lugar en otro lugar. Se veía bonita en esa foto, con la piel un poco más morena. Analicé sus gestos, ella era la responsable, la otra la soñadora. Ella sabe por qué quiere ser médico, la otra seguramente quiere estudiar artes. —A tí, ya no te encontraré por casualidad, cuando vaya a la escuela de mi hermano —pensé.

—Tú ya no me necesitas —pensé—. Pendejadas. Nunca me han necesitado.

Cerré el anuario. De todos los anuarios del CUM, curiosamente, este era el que más valor tenía para mí. La encrucijada del río místico, el destino extraño, la casualidad, juego de azar… esas cosas raras que nunca pasan, pero que se repiten a lo largo de la vida de uno, y le hacen vivir días extraños. Probablemente, sólo nos rozaremos el hombro. El lado oscuro, que se divierte, desearía que los caminos se interpusieran, y tuviéramos que vernos a los ojos para descubrir una que otra verdad. Sin embargo, el otro lado, asegura que sólo nos rozaremos los hombros. Nadie sabe, la verdad. Al final, continúa siendo cómodo para mí estar del otro lado, estar en las bancas de atrás dibujando monas hentai, hablando sólo lo necesario, enfrascado en pensamientos y libros, las lecturas importantes que cambian perspectivas. Vivir otra vida que no es la suya, evitando las miradas, deseando ser el anarquista, el martir de la protesta silenciosa… estupideces.

He salido a fumar. Recordé a Pueblita, y sus amiguitos. Pueblita al que le gustaba molestar en clase, molestar a los otros, el grandote con dinero. Con una voz demasiado gruesa, y sus ya varios años de educación marista, privilegiada. Al que dejaban hacer por abusivo. No me había molestado, pero pensaba… sí, en esa protesta silenciosa y estúpida—. Que no me moleste, que no lo haga… que no se de cuenta que existo, que chingue a los otros chamaquitos y me deje en paz. No hizo caso de mi protesta silenciosa y pues, respondí como me habían enseñado, empujándolo y dándole una patada en el culo. Empezábamos los golpes, cuando entró Vignau, nuestro titular (profesor de religión y matemáticas, hermano marista de ochenta y tantos años), y nos mandó a su oficina. Pueblita en el camino se hizo mi mejor amigo, recordándome que estábamos jugando y que en ningún momento nos habíamos golpeado. Estuve de acuerdo con él, porque sabía que yo era una especie de extranjero en el fascinante mundo marista y él ya tenía sus años de abuso, ya sabía que hacer. Habían insistido tanto en mi casa para que entrara a esa escuela, como para que a mí se me ocurriera ser expulsado a las tres semanas de clases. —Debí dejar que me golpeara —pensé en algún momento, y luego me sonreí—. Nah, eso no va a pasar.

Pueblita y yo, estuvimos escuchando durante algunos minutos que podíamos ser expulsados por nuestra actitud, y que no mintiéramos, que estaban enseñando valores de honestidad como para nosotros tratarle de ver la cara diciéndole que semejante patada en el culo era un juego. Casi me ganó la risa. Nuestros jueguitos demasiado violentitos. A Pueblita se tomaron unos minutos para regañarlo especialmente a él. Algo mencionaron de sus padres, y de su pasado, y de que siempre era lo mismo. Hasta hoy, creo que comprendo porque estuve presente en ese regaño a él. Finalmente a Pueblita lo despacharon, y Vignau se quedó unos minutos conmigo para regañarme de manera individual… pero algo había en su mirada… y luego sonrió un poco, y trataba de continuar el regaño. Hasta ahora lo estoy comprendiendo. Es como lo que pasa con mis hermanas, y sus padres que procuran enseñar valores a sus hijas escondiéndoles mi presencia… y creen que no existe un karma, no creen en el río místico o no miran las señales… . Yo sé que todo se te regresa, si no es a mí, es a tí. Vignau estaba sonriendo, y tratándome como un hijo juguetón, y sugiriéndome—. Ándale pues, ya pórtate bien —como no queriéndome decirlo, como diciéndolo para conservar el decoro… porque conoció mi lugar en ese momento, sabía que estaba ahí por una razón. Un lugar que desconocía en aquel entonces pero suelo ocupar porque me gusta observar, porque miro las señales y porque de alguna manera… tengo un sentido muy anti-heróico de la justicia…

Vignau… creo que estaba contento de que tuviera el valor para darle la patada en el culo al mamón.

Melodias y diablitos.

Desde hace unas horas se fue la luz, justo cuando Fest quería escribir unas miles de palabras nuevas a su novela y también cuando tuvo la idea de organizar su música al estilo de Salvador Leal: hacer listas de reproducción para ciertos conceptos o momentos de su vida. Eso estaría mejor. En vez de elegir una sesión aleatoria dentro de iTunes, eligiría un sentimiento o momento en particular para evocar o provocar a través de su música. Listas de reproducción con el nombre de su abuela por ejemplo, y la música que ella escuchaba. O listas llamadas Centro Universitario México, exclusivamente con canciones que escuchaba en aquel pasado cada vez más lejano. Incluso una lista que se llamara amor / desamor, para esas canciones contrastantes. Otra lista con las canciones que escuchaba una y otra vez, al escribir el diario de Simón Dor. Canciones que en su momento fueron una fuente de inspiración constante y hoy son un recuerdo pasajero y agradable.


Te asombró con una cita de Melville que seguramente había leído hacía poco: «Para producir un gran libro es menester elegir un gran tema. Ninguna obra grande y durable podrá ser jamás escrita sobre la pulga, aunque muchos lo hayan intentado».

—Cantata de los Diablos, Marcos Aguinis.


Las miles de palabras nuevas para su novela también tendrán que esperar. Ya había conseguido un argumento político que justificara el suicidio de Carlos Almaguer, y le darían fortaleza al padre del personaje principal. Fest piensa que sería interesante matar a un candidato a la presidencia, usando el argumento político que tiene preparado (aunque alejado de la realidad mexicana, de nombre Colosio) y podría darle a la novela una dinámica que no esta acostumbrado a escribir. Política, fantasmas, sexo cochino y un anti-héroe, prometen un licuado de cosas muy interesantes… Le preocupa perder el control o no escribir correctamente ciertas situaciones… Pero, definitivamente, esta contento con lo que lleva.


—¿Has escrito muchos versos? —preguntó Albariconte arrimándose a tu lado.
—No sé a qué llamaría usted muchos…
—Muchos sería un poema diario.
—¡Tanto no!… —reíste.
—¡Por supuesto, muchacho! Las letras no son productos fabriles, aunque ya existan máquinas para hacer versos: el arte es emanación del hombre, exclusivamente; y el hombre no es una máquina, no debería serlo. Hay que escribir cuando se necesita, libremente.
Asentiste con la cabeza. Su brazo en tu hombro y su extraño afecto te cautivaban.
—Yo trato de escribir diariamente, caliento el motor durante media hora más o menos, pero si no sale, largo.

—Cantata de los Diablos, Marcos Aguinis.


En lecturas, Fest actualmente esta leyendo Cantata de los Diablos de Marcos Aguinis. Ha subrayado un par de frases que han definido su gusto por la novela. Esta interesado en particular por el uso de tres voces como método narrativo, aunque las tres se resumen a un sólo hombre en facetas distintas: el amargado escritor Fernando Albariconte, sus actos y las consecuencias de quebrar sus sueños. Como la novela es argentina, seguro Fest ha perdido un par de detalles históricos o locativos que en ella se mencionan, sin embargo, le es suficiente con el recurso de las voces, los diálogos y el bello vocabulario para continuar su lectura. Le mantiene intrigado y desea gustosamente saber en que termina cada una de estas voces. Además, se ha sentido un poco identificado con el joven escritor, Héctor Célico, que aún con las diferencias regionales, poseé los rasgos de un chavito necio con las letras e ingenuo con la vida (como un servidor). Existe un contraste entre Célico y Albariconte, funcionan como las dos caras de una moneda. Son como dobles imperfectos, un reflejo distorsionado el uno del otro. A Fest le ha interesado mucho la dinámica entre estos dos personajes.


Albariconte saludó a tu madre y a tu maestra: que disfruten la estadía. Oprimió tus brazos: muchacho, aunque siempre no sea así, el arte, el legítimo arte es verdad, es sangre, es moral; no lo olvidés.
Tuviste la impresión de enfrentar a un gran hombre, y esa impresión te duró años, quizá puerilmente.

—Cantata de los Diablos, Marcos Aguinis.


Ahhhh… 4.10 de la mañana. Fest ha escrito esto usando su pocket pc. La falta de energía eléctrica es como un infiernito para el insomniaco.

Rellaseted.

Continúas mandando mensajes, hablando por el messenger, insistes en contarme una historia repetida y yo, sencillamente, observo. Mi yo interno se dice que te la debe, por haber dicho una cosa que le pegaría a tu femenismo y te haría, pues, encabronarte. En ese momento, seguramente, no lo dije como una creencia personal, sino como diversión. Quería ver como te enojabas o como te defendías, o como defendías tu género y tu creencia… ¿Y hoy? Estoy pagando por ese momento de diversión, supongo, y por más que quiero cerrar esa ventana de conversación, bloquearte durante diez minutos, permito que cuentes esa historia vieja, ese ritornerate de cassette. Casi puedo escucharte en voz alta y te imagino, con los ojos cerrados y sonriendo reconfortada, al escucharte a ti misma, al escuchar el sonido de tu voz platicando la historia vieja que, en días como estos, después de un orgasmo solitario (tal vez), te hacen sentir mejor.

¿Y yo? No sé. Yo soy Bob, supongo. Yo soy el cacto que escucha, esta vez, una serie de frases que esconden tristeza y desahogo, sin consciencia de tal. Me platica porque, inevitablemente, es. Si le entristece o le agrada, no es de mí. Resignación a la misma vida.

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Llaves

Una vez lo discutí con mi tío Daniel. Para algunas personas, el número de llaves en su llavero, es un símbolo de poder o control. Puede sonar ridículo, pero esto me lleva a recordar a un profesor de Física que tenía en el Centro Universitario México. Jorge Hoyo, solía tener llaveros y llaveros colgados en los jeans, no exagero al decir que por lo menos tenía 50 llaves y ¿qué hacía con tantas? No lo sé, nunca me animé a preguntarle.

Cuando caminaba hoy, estaba haciendo sonar mis llaves y me sonreí, ya son como diez llaves o quince. Tal vez la persona que las tenga se sienta como San Pedro, con las llaves para abrir el cielo. Te vuelves una persona de la que las demás dependen, porque tú tienes las llaves para ciertos lugares. Son como las relaciones con la gente influyente, que ellos tienen llaves para abrirte las puertas a una mejor calidad de vida, a cierto costo.

Lo bueno es que una llave te cuesta diez pesos (1 dolar) con el cerrajero y lo otro, bien puede que pierdas las influencias con San Pedro.

Ahora que mencioné lo del CUM (Centro Universitario México), me acordé de la Bitácora del 106. Tal vez empiece a registrar la bitácora aquí, porque ya no regresaré a Tripod en mucho tiempo.

¿Por qué me dicen Árbol? En quinto de prepa, solía vestir mi chamarra verde, traía el cabello largo y rizado, algo de barba. Mi abuela solía poner una manzana en mi mochila antes de salir y una vez, un viernes, llegué a juntar las manzanas de la semana.

Empecé a regalarlas y una voz, la de Alfonso Pano, dijo: “Pareces un árbol manzanero”. Desde ahí… se me quedó el árbol, y me agrada, a excepción de cuando alguien dice: “Voy a mi-ar bolito”.

Hace 4 años, sucedió algo así.


Viernes 9:40 - 9:55 PM.
Escenario: El JimboFest.

El Árbol llega, y le asaltan con 10 varos, que dizque pal reven, encuentra al Capi.
Árbol: “Vamos por chupe Capi”
Capi: “Nel Árbol, exámen del TEC mañana, si quieres ve tú”
10 minutos después…
Árbol: “Ya pinche Capi, vamos por Chupe.”
Capi: “Sale Árbol”
Árbol y Capi van a la barra donde unas viejas pedas gritan: “¡Argentina!”. Yo pido un tequila y el Capi pide una Coca.
Árbol: “Ya pinche Capi, ya entrale”
Capi: “Nel, neto, mi exámen del Tec”
Llegan Tambor, Que-K, Mago, Fonts, Bonilla, Holguin, Fleko, Merino, Pano y Pad. Preparan el buen chupe (la coca y el appleton, entre el Vodka y un tequila, puta…), mientras los detienen en la entrada por no llevar feria. Un servidor atentamente les presta $10.00

Árbol: “Platicame del Infierno Fonts, ahorita que si lo visualizo.”
Y Fonts me empezó a guíar en el camino a la oscuridad (Memorias de Infernalia), cuando Mago me salva y llega a hacer un brindis.
En eso, una zorra bailaba mientras Mora y sus espermatozoides furiosos tocaban, como la señorita bailaba sola y nos daba la espalda, un servidor hizo el favor de bailarle rítmicamente por atrás.
Bonilla: “¿Qué pedo con la zorra esa?”
Merino: “¿Qué el Fonts qué?”
Fonts: “¿Queeeeeeeeeeeeé?”
Árbol: “Nel, esperense, una estilo Baca (Larga y Asquerosa): ¿Qué Vignau se masturba y regocija sobre la tumba de quieeeeeén?”
Fonts: “Esa estuvo asquerosa”
Merino: “Jajajajaja, los huesos de Campos.”

Baca llega.
Larry llega.
Bonilla: “Qué mal pedo, el Sapo no viene.”, Y así… Bolonio y sus Rascaescrotos abandonan el canto por la peda de hoy.
Fleko se larga por que se siente mal, Bonilla y Fonts lo van a dejar. Al regresar: “¿No saben donde podemos estacionarnos?”
Fonts: “Deja me bajo a wuacarear que ya me maree”
Baca ya muy pedo, por que ya es mi brother.

Filas de Conga/Mambo (Whatever)

Larry: “Haganme casita”, (Fonts, Bonilla y un servidor le hicimos el favor de baño público)

Árbol: “¿Y tú exámen del TEC pinche Capi?”
Capi: “Huevos, Pinche Árbol”, (El wey ya se estaba poniendo jarra)

Empiezan a bailar Table: Tambo, Mago, Baca, Pano (¡Juan Pano II! ¡Te quiere todo el mundo!) y los recibíamos un chingo de weyes cuando se aventaban.
Al Árbol y a otros les preguntan derivadas para medir su grado de embriaguez.

Según esto ya estaba bien pedo por que cuando lograba levantarme decía: “El Árbol sigue vivo”, y abrazaba a alguién.
Pano: “No me abraces Árbol”.

Merino: “Tengo exámen del TEC mañana y ya se me subió el tequila.”
Bonilla: “Jajajajaja, yo ni he leído la guía”.

Fonts: “El Camino del Hombre en la vida es ser féliz. Si este es féliz en lo que hace, entonces este cumple su camino”. (Aristóteles, creo que así va la cita.)
Árbol: “Gracias Fonts, le das una razón a mi desmadre”

1999: Anselmo y Susana.

Capítulo 1.
Cuatro Minutos.

El despertador sonó al cuarto para las seis. Anselmo automáticamente se levantó y lo apagó. Lo ajustó para que sonara a las seis de la mañana y regresó a su cama.


—Ti-ti-ti-ti-ti —repitió el reloj incesantemente.

—… hijo de puta —le respondió Anselmo. Se levantó pesadamente y con el cariño que tiene un león a un ratón, lo apagó. Se recostó y empezó a contar del uno al ochenta, así era su rutina—. Uno, dos, tres… cuando llegue al ochenta, me levanto.

Anselmo, el joven de dieciséis años, bostezó y cayó en un sueño intranquilo al son del cuarenta.


Inexplicablemente, al menos para Anselmo, dieron las 6:15, y 6:16 en lo que comprendía que había dormido de más. Cansinamente tomó su toalla y salió a prender el calentador.

—¡Que hueva! Solo tengo cuatro minutos para bañarme. Todos son unos hijos de puta, todos. Un día me consigo una pistola en Tepito y los mato. Mejor aún, me meto al metro con una escopeta y a ver cuantos caen… solo cuatro minutos.

Arrastrando chanclas, se metió al baño y abrió la llave. Rápidamente se enjabonó el pecho, la lonja, los brazos, la ingle, el culo.

—Si, ella solía decir: Para dar impresión, lávate bien el culo, un baño no lo es, si no te lo lavas con cuidado. Con el culo bien lavado, una camiseta limpia y sin mugre en las orejas siempre darás una buena impresión Anselmo.

“No se me olvida Abuela Rosa —pensó Anselmo—. No se me olvida”. Y así Anselmo, con el religioso cuidado de una virgen… se lavó el culo.

—Cuatro minutos… solo cuatro minutos —murmuró Anselmo.

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