Un poco vacío.

La sensación de vacío se presentan cuando continúan las preguntas. Si bien es cierto, que el trabajo de un buen escritor se desarrolla cuando a través de lo que escribe responde las preguntas a su manera, no me he sentido el más grande escritor últimamente. En tantos años, no he logrado responder todas las preguntas que guardo. Probablemente nunca lo haga.

Como siempre, falta un poco de organización en mi vida. Incluso he pensado rentar un pequeño espacio, una habitación, donde me siente únicamente a escribir. El ruido y las distracciones son molestos. Después de varios años esto continúa, sin embargo, parece que he aprendido a tolerarlo a límites aún más grandes. Todos necesitan algo, todos necesitan atención, todos desean orejas para que les escuchen y no para quedarse calladitos. Me siento y apaciblemente, escucho y doy opiniones que esperan escuchar. A veces doy mi propia opinión, aún cuando esta es completamente inútil si la otra persona hará lo que quiere.

Tengo un poco de hambre.

Big Blogger se ha portado mal toda la tarde. No sé la razón. Supuse, en algún momento, que era culpa del WP-Cache. En un rato que llegue a casa haré una revisión completa de lo que pasó. Después terminaré de revisar el “The Beatles - The Days In Their Life”. Un programa de radio de 30 horas, acerca de la historia de los Beatles. Bellísimo. Entrevistas, lecturas de algunos libros, las canciones, versiones que los hicieron famosos, datos como que Los Rolling Stones básicamente empezaron su carrera con una rola de los Beatles. Muy interesante. He descubierto que de alguna manera, tengo estas canciones en mi inconsciente. Descubrir así a los Beatles solamente agrega más preguntas. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Sólo es una cuestión generacional? ¿Una memoria genética?

Extraño a mi mujer, bastante. Hace tiempo que no paso con ella más tiempo que los compromisos, el movimiento, etcétera. Un rato solos en un café o incluso en el cine no nos caería mal. Un hombre se acostumbra a la calidez femenina y cuando la pierde, se siente al principio desolado. Se acostumbra tanto, que luego busca pequeños besos o abrazos en otras mujeres. Un breve contacto que sólo permanece en eso: brevedad. Una calidez especial, la verdadera, lo estará esperando en otro lugar. Desearía abrazarle esta noche. Un genuino impulso, un impulso primitivo, de abandonarlo todo para estar con ella. Egoísta. Otras necesidades imperan y aún cuando el deseo de mi corazón se encuentra en aquel lugar, permaneceré sentado en mi asiento, pensando y mirando a ningún lugar. Sentado muchacho, sentado.

Mañana será otro día. Mejor busco algo de cenar. Y una Coca Cola normal.

Pateará el sol hasta hacer sangrar la noche.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 37 de 47


Estaba Simón Dor preparando su cena modesta, en el ambiente se escuchaban cohetes. Pensó que podrían ser motivos de alguna celebración paganas, pero ¿qué no era pagano para Simón Dor? Se dejó influir por los pensamientos que le venían a la mente, sin ningún destino trazado, sencillos y aleatorios.

Se asomó por la ventana de la cocina, sin ningún interés en partícular y observó los fuegos artificiales blasfemos extenderse en el aire, hizo una mueca de disgusto y salió de la cocina llevando su cena organizada en las manos. En el plato se podía ver que lo verde iba con lo verde, lo amarillo con lo amarillo y las carnes frías con las carnes frías. A Simón Dor no le gustaba el caos en la comida, pues podía traspasarse al cuerpo. Una pequeña obsesión inconsciente que el había adquirido durante años.

Sin prisa, acomodó los cubiertos y una servilletita, arrastró la silla con calma y se sentó a cenar. Una luz tenue iluminaba su gesto al masticar. No había agrado o disgusto alguno, parecía como un animal rumiante masticando y tragando la pastura que no cesa de crecer. Se sirvió un vaso de refresco que había comprado hace dos semanas, el vaso lo sirvió hasta la mitad y bebió un poco.

Después de terminar la cena, entrecerró sus brazos y asintió, se abrieron sus ojos en tono de sorpresa y exclamó-: El día en que me muera, será un algún evento de caos, nada preparado por nadie. No suicidio que parezca accidente, no orillar a nadie que me mate. Evento de caos.

Acabó su refresco, apagó la luz y así terminó Simón Dor su día.