Como lidiar con el pasado

Se acercan las fechas y he pensado como lidiar con ellas en esta ocasión. Miro ventanas, miro lunas, camino solo. Aún cuando hay gente a mi alrededor, me gusta mi soledad. Me gusta que me dejen tranquilo. Si, ¿cómo lidiaré con las fechas este año? ¿necesito recordar, acaso?

Ayer entre bromas, me puse a pensar que debiera hacer como los románticos ingleses (Wordsworth). Sencillamente recordar cuando era inmortal. Y es probablemente lo que haga este año, cuando recuerde a mi muerto. Creo que esta ocasión podré superarlo del todo.

Esta vez tengo fé.

Una amiga me preguntó como estaba, porque sabía que por estas fechas pensaba mucho en Cecilia. Y debo ser honesto. No he pensado mucho en ella. ¿Es hora de mi redención, Asterión? No la he olvidado, porque la traigo conmigo, pero tampoco me estoy muriendo por ella.

Si, tengo fé, creo que lo he superado. Estoy en paz. Puedo notarlo, inclusive, en la transformación de mis personajes… en Simón y Yasmín, lados opuestos de una moneda.

Inclusive la Muerte es más agradable.

Recientemente me puse a pensar en El Viaje de Simón Dor, revisé la despedida de Simón con Beatriz y me di cuenta, que la despedida no es la adecuada. Pero eso es lo que hubiera hecho él, siendo una persona real ante situaciones extraordinarias así hubiera respondido. ¿Qué me está tratando de decir la ficción?

Que las ficciones no resuelven realidades, tal vez. Y en la realidad no hay fantasma que te oiga.

Un consuelo, es todo. Puede haber universos paralelos… pero no, no en esta ocasión.

Estoy contento del universo que estoy viviendo, no necesito escribir otros más donde ella siga con vida.

Este diciembre, los dos descansaremos el uno del otro. No habrá hojas marchitas este invierno.

No habrá 17, no habrá 21. Solo quedará un condicionamiento… pero no profundizaré más allá.

El 11 de diciembre dejaré de fumar, ya no me quiero matar a mi mismo. Aunque la adicción al cigarrillo sea más potente. Me digo todos los días: ya no más porque queremos morir Garrity, ¿por qué si no? ¿por qué… si no?

Ya no me pondré a discutir con Dios-Cosmos. Haré como Él ha hecho en un principio… toleraré su existencia y quien sabe, hasta podría llegar a apreciarla.

Quemaré los cuadernos pendientes. Esta vez será con Fuego de Heráclito, no de Dante.

Me aseguraré de estar consciente que puedo vivir. No estoy destinado a la muerte. Me lo diré todos los días hasta que mi terca cabezota lo comprenda.

Después… si queda algún vestigio, haré lo único que puedo hacer para curarme… escribiré cuentos, escribiré novelas y sabe… hasta puede que escriba poesía. Aunque nadie lea jamás, quedarán como un secreto entre aquel hombre que fuí y el hombre que existe hoy.

Puede ser, ya veremos que sucede cuando diciembre me alcance. Esta vez no tengo miedo.

La bitácora y los recuerdos del Avatar

Hacía mucho que no abría ese cuadernito, después de Cecilia, le miraba con respeto. Ese cuaderno representa otro yo que se murió en algún momento. Era un buen yo.

En él están plasmadas las palabras de los compañeros de la secundaria, ya saben: “¡Cuídate mil! ¡Amigos forever! ¡Viva el chupe!”, entre otras. Los teléfonos, los “no me olvides”, los “me eres especial”. No cuesta trabajo regalar esas palabras cuando ya no volverás a ver a alguien, independientemente de si fue tu amigo o conocido.

Las palabras que más aprecio, tal vez son las de mi profesora del taller de dibujo técnico. Romina Teysi. La vi, hará ya hace un año. Estaba casada e iba a tener un hijo. Esa profesora siempre me cayó bien.

Sin esa mujer, probablemente no dibujaría como hago hoy en día.

Su padre (Héctor) fue el que nos daba clases de Historia, Civismo, Geografía. Él también era un buen hombre, él fomentó mucho de mi espíritu crítico y mis aventuras por conocer los detalles de la historia.

Sin ese hombre, probablemente no escribiría como hago hoy en día.

A Teysi la recuerdo con mucho cariño, ella sufrió de la ola fría de mi abuela en una ocasión. Se le ocurrió citarla un mal día, en que ella tenía mucho que hacer. Me platicó la profesora que le dio todo un discurso y ella nada más le miraba en silencio, sin ningún tipo de emoción posible. Eso la ponía nerviosa y tenía que hablar más y más. Hasta que se puso tan nerviosa, que se le salió un—: ¿Y usted qué piensa?

Abuela preciosa de Agustín—: ¿Usted está a cargo de educar a los niños en su taller, no?

Teysi—: Si.

Abuela preciosa de Agustín—: Entonces, usted siga haciendo su trabajo y yo seguiré haciendo el mío. ¿Para qué me citaba?

Teysi—: Oh, nada más para…

Abuela preciosa de Agustín—: ¡Oh! Pero quedamos en que usted está educando a los niños en su taller y así hace su trabajo, ¿verdad?

Teysi, timidamente—: Si…

Abuela preciosa de Agustín—: Muy bien.

Creo que mi abuela se fue sin decirle los buenos días. Estaba muy enojada esa vez, no sé por qué, pero enojada estaba. Cuando le pregunté que había sucedido, ella me lo puso de esta forma: “Este, si… si platiqué con tu maestra, creo que quedamos bien entendidas y no nos volveremos a ver en un rato”.

En los recuerdos de la secundaria, también está Sor Juana. Debo admitir que desde siempre he estado peleado con la religión y aunque ella es la mujer más dogmática que conozco, me cae muy bien. De vez en cuando voy a visitarla y platico con ella: “¡Oh! ¿Te estás dejando crecer el cabello Fes (por alguna razón extraña, no pronuncia la T al final, a menos que se ponga seria conmigo)? ¡Pareces niño Dios!”.

En esas pláticas, siempre me dice que espera que sea un buen político o algo así. Que a la gente le hace falta y bla bla bla. Ella siempre me vio como señorito Diplomacia. Cuando los compañeros de la secundaria se metían en problemas, yo iba de conciliador (y de metiche también, ¿por qué carajos no?). Y un día me metí yo en problemas, oh si, me metí en un problemón y T-T Conciliador no se podía conciliar así mismo, ya saben…

Pero esa es una historia que no les concierne a ustedes, lo que si les puedo decir es que desde ese entonces la monja dejó de confiar en T-T Diplomacias y hasta tuvo que dar la cara por mí en la junta de padres de familia para que no me expulsaran de la secundaria.

Me tuvo agarrado de los cojones. Ajem. Creo que fue su venganza por andar yo rescatando a todo mundo.

A Sor Juana, probablemente, tengo que agradecerle mis inicios en los textos religiosos y un vago interés por la teología. Y digo mis inicios, porque el desarrollo lo tuve en el CUM.

Hace como un año que la vi también, tal vez deba prestarle una visita.

Eso es parte de lo que está plasmado en ese cuaderno azul, al que miro con cierto respeto. En sus hojas, hay recuerdos, inicios de historias incompletas (los cuentos del Avatar), viejos super héroes (Pynus Lyco y The Mago). Viejas pláticas con mis amigos. Tareas, textos, incoherencias, todo en ese viejo cuaderno azul, ya casi muerto.

Son los inicios de la persona que soy hoy.

Sin embargo, ese pasado ya está quebrado y únicamente existo yo, el que camina en el presente.

Es hora de quemar ese cuaderno.

Diario de Simón Dor. Día 55.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 5 de 48


Querido Diario:

He puesto la pistola de McGonnagal en un “salón de trofeos”, ahí estará hasta que sepa cuál será el uso que tenga que darle.

Hoy desperté llorando y con lo que me resta de su fotografía. El viento hacía un escándalo tremendo dentro de esta pequeña habitación, azotando mi humilde ventana y no he hecho más que ver este paisaje oscuro, hasta el horizonte, de agua negra y nubes grises. Swoooooosh… Swooooooosh… el agua, el mar que se mueve de manera interminable y en su murmullo carga los recuerdos.

He despertado llorando y con lo que me resta de su fotografía. El fantasma de ella está escondida entre la maquinaria del barco, haciendo ruidos fantasmales y llamándome a cada minuto: “¿Simón? ¿Dónde estás Simón?”. Ese fantasma que me persigue, que me atormenta, que me ilumina en las noches que me gustan negras hasta el cansancio. Una iluminación falsa e irreal, la pequeña desesperanza del hombre que se hace llamar esperanza de volver a verla, conocerla y sentirla. Aunque sea un énte ectoplásmico con una mantita encima y unos agujeritos haciéndose pasar por ojos.

Es así, que el segundo recuerdo que se abre paso para poder salir del mar oscuro e iniciar el viaje al pasillo de la muerte, dice así (escrito por Agustín Fest, que ha escuchado mis recuerdos desde el inicio y me ha mandado esta carta): Siguey leyendo →

Diario de Simón Dor. Día 53.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 3 de 48


Querido diario:

Hoy hubo una tempestad que azotó al barco y en general, al mar negro en dónde estoy navegando y su foto se mojó porque no tuve el aprecio de guardarla a tiempo. Fue repentino, es difícil decir cuando va a llover cuando se anda en un mar donde todas las nubes son grises.

Debería darle un nombre a este mar inmenso. ¿Recuerdan como Bastián le da un nombre a la selva nocturna, Perelin? ¿También cómo le da un nombre a aquel desierto multicolor, Goab?, a la espada la nombró Sikanda, pero el nombre más importante… a la Emperatriz Infantil le da el nombre de “Hija de la Luna”. Si, si fuera Bastián y ésta fuera mi Historia Interminable, entonces a éste mar le llamaría Yunén.

¡Qué este mar sea llamado Yunén! el mar de Yunén, el mar oscuro de mis sueños, el mar oscuro que probablemente sea el último viaje de este viejo decrépito al que todos llaman Señor Dor.

Simón, para mis amigos.

Se ha mojado, en ésta tempestad, la foto de mi amor simbólico al que he apodado Beatriz todo éste tiempo… pero alguna vez, alguna vez tendré que contarles la historia completa. Confórmense con que ella se llamaba Beatriz y ha muerto, y que yo me llamó Simón y me estoy muriendo.

Y éste, mis amigos, no será mi último viaje. Me niego… no estoy navegando para morir. Todavía no… o tal vez sí, ¿cómo saberlo? ¿hasta dónde llegará éste modesto y humilde barquito, con todas mis provisiones? Tal vez llegue a una isla desértica o a una isla, como aquella mala película, dónde al final se descubre que hay dinosaurios. Una película clase B con efectos clase A.

¿Quieren saber más de aquella foto desgastada y derruida? ¿De aquella mujer de rostro blanco y ojos oscuros como el infinito? ¿Quieren saber más del lazo rojo y la cola de caballo que cae como cascadas de cocoa? No voy a decírselos, que mis recuerdos lo digan… ya que estos me persiguen como un fantasma ahora, se han vuelto un contexto que deben conocer, si quieren conocer a Simón.

El señor Dor, para mis conocidos.

La conocí cuando era niño y como niño, era un idiota para hablarle y quererla y amarla y sentirla. Tan sólo era, siguiéndola como una sombra, intrigada por el porte de mujer en tan sólo una niña. Estaba tan envuelto por ella, por el brillo que se perdía al final del túnel de su iris, que tuve que conocerla.

“Cecilia”, era su nombre. Pero Beatriz, para ustedes, amigos o conocidos. No necesitan saber más… no necesito saber más. Los recuerdos irán surgiendo uno tras otro, durante estos treintainueve días con sus treintainueve noches. Ni a mi se me permite el acceso libre a los recuerdos, soy viejo… mis doscientos veintiún años lo confirman.

Y la única foto que me ha quedado de ella, se ha disuelto en esta tempestad. Afortunadamente, tengo tan grabado su recuerdo y su fantasma se ha escondido como un polizón en éste barco. Es un fantasma que todavía no estoy dispuesto a despedir…

¡El barco se llamará Mojalnir! ¡Mi barco es Mojalnir, adentrándose a este hermoso mar oscuro de Yunén, dónde no se qué me espera y hasta dónde he de llegar!

Si sea este mi último viaje, que lo decidan los dioses.

Anfrinotorondo

Where is my mind, de The Pixies o Bohemian Rhapsody, de The Queen. Aunque el final que quiero de mi vida no es un Fight Club, mirando como caen las grandes corporaciones del mundo (con lo mucho que me importan). Quiero un final con alguna de esas canciones.

Este final que cuento… me imagino acostado con una sombrilla dando poca sombra, en algún desierto, muriendo de sol y un refrigerador de Coca Colas, y tal vez ella (que todavía no tiene rostro, pero si unos anteojos oscuros) esté caminando con un vestido suelto, con los pies hundiéndose en la arena. No un desierto entonces, una playa.

No seré viejo, este es el final donde muero joven pero contento. Mañana tengo que ir donde vivía Cecilia. Una cuestión de recoger unas cosas de la familia… no quisiera ir, solo espero que no me pase lo de la vez pasada.

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Acabé regresando a la oficina, aún cuando el bulldog estaba más cerca de mi casa… ya saben, el hervor en las venas por escribirles lo que me pasa o al menos, contarles un cuento (que tengo como dos o tres en mente, pero no… hasta que esté sentado en mi casa, con un café y el word prendido).

El bulldog es un buen lugar para festejar tu cumpleaños… si es el caso, no pagas cover y puedes comprar boletitos para pedir bebidas. Yo me gasté 50 varos en boletitos y quedé más que satisfecho (me sobra 1).

Lástima de mesero que nos tocó, ¿pero qué se le va a hacer?

Finalmente, acabamos bien, escuchando buen rock durante unas horas, haciendo lo que todos los borrachos hacen, medio bailar, medio tocar la guitarra sintiéndote el bajista de Jethro Tull o tal vez de Black Sabbath. Escuchamos un grupo de rock en vivo que tuvo el honor de interpretar La Balada de la Cuca (esa canción me mata).

Mariana, la amiga del Cheques, acabó sentada en mis piernas y agarrándome a besos, yo ni como defenderme (como si no me gustara, cabrón). Me dio su teléfono y quedamos en que le hablaría en unas horas… (es todo tan confuso, sólo estaba pensando en si Claudia habrá tenido un buen viaje… aún así, le llamaré a Mariana en la tarde, si no me reclaman la cama y las horas de sueño).

La bartender me robó 50 pesos de propina (en realidad no me robó, se los dí porque me los pidió y ahí voy yo de inteligente). Acabamos dándole tarjetas de Carrillo Casting a ver si nos llama y la metemos en este glamoroso medio artístico (no llamará, se los puedo asegurar).

Como siempre, la típica hermana de una conocida vomitando en las mesas y el típico amigo del cumpleañero que se cae de borracho… nada nuevo. Un par de miradas a una que otra chava (una traía al novio y la otra, creo que a su novia. Pero no me acerqué, andaba demasiado extrañado por lo de Marian-ita).

Aquí, mi compañero de aventuras, el Feyo ya andaba hasta su madre que hasta se recostó y durmió un rato (agradezco a mi higado, que parece soportar más de lo que promete). Después ya lo levanté y le dije que si no quería ir a la oficina a dormir (en la mañana tiene el bautizo del hijo del hermano de un primo). Le deseé feliz cumpleaños al Cheques y le di un abrazo, le dije que era una persona con buenos sentimientos y muy honesta en sus acciones, él me sonrió sarcásticamente y me dijo que la mayoría no ve eso.

Tiene razón… creo que he logrado ser un buen hombre. Puedo ver lo bueno que hay en los demás, a medida de lo que se me permite. Nunca miro lo malo de inicio, a menos que me lo presenten en bandeja de plata (sirve de algo ser muy observador). Cheques me dijo, cuando murió su madre, que la única persona que realmente esperaba ver (de la oficina) era a mí, que sintió una “vibra muy chida”… yo no sé que vibra les presente a los demás, pero me alegra que piensen eso de mí y de nuevo, me hace sentir que he logrado ser un buen hombre.

Hombre… esa palabra. Hombre, hombre. ¿Qué es ser un hombre? Cuando estudiaba en sexto de primaria (tenía yo 10 años), logré mantener una relación muy emotiva con mi profesora… era yo un niño muy inteligente (era, no sé si lo sigo siendo) y también muy sensible (eso me ha llevado a ser escritor). Esta profesora, muy buena, Hortencia Castro (creo que ese era el nombre)… solía platicar con nosotros y realmente se preocupaba por cada uno.

Una profesora que entiende los cambios emocionales por los que pasa un joven en ese entonces, es algo muy valioso. Ella nos daba la lectura de qué es ser un hombre, una persona íntegra, honesta, que no tuviera miedo de prestar sus sentimientos, que no tuviera miedo de conocer. Yo logré ser un hombre, en aquel entonces, por lo menos a sus ojos.

Y después… murió Cecilia (un 17 de diciembre dice la historia).

¿Qué sucedió entonces? Sin la voz de Simón Dor para que les confunda, les he de confesar qué sucedió. Que he dejado de ser aquel niño. Crecí y vi el mundo tal como lo que es, sin adornos en las palabras (como acostumbro), sin tonalidades rosas cuando estás enamorado, sin el derroche imbecil de sentimientos. Me fue negado el potencial de convertirme en un hombre, al derecho y al revés, porque me fue arrebatada la primera mujer de mi existencia. Y creo que es cierto que todos los hombres necesitamos aquella mitad, aquella otra parte de nuestra alma hermafrodita.

Así crecí. No sé como llamarme ahora (aunque me agrade mucho que me digan que soy un buen hombre). Cuando escucho/veo/leo de problemas sentimentales en este mundo, no evito sonreír… gente ilusa que lo tiene todo pero bien que quiere echarlo a perder y es ahí donde entra la otra parte mía que ha crecido: “Yo no soy nadie para decirles como caminar el empedrado amarillo, anden solos”. Me he enseñado a no cuidar de los demás, porque esa no es la manera…

Esa no es la manera. Me es imposible meterlos en mi cabeza, en mi alma gastada, en mi espíritu domado y enseñarles lo fácil que es amar cuando se presta y eres correspondido. Lo fácil que es dejar a una persona que no te corresponde (que no te llena) y andar el camino, esperando a la persona con la que estás destinado(a) a andar de la mano (siempre hay un roto para un descosido (así va el dicho?)).

De qué sirven los sentimientos negativos cuando se te ofrece el positivo más grande. Mal, mal, mal… piénselo en sus casas. Yo no sé, como se los puedo explicar (primero debería preguntar, ¿quieren que se les explique?).

Ahí es cuando comprendo que yo solo soy un viajero en este tiempo, en este espacio, en su razón y en mi corazón. Dejé de ser un hombre, un angel guardián… me he convertido en un bufón que se mofa de la vida y así, me rió de mi mismo. Y como todo trovador, como todo bardo, en algún momento he de agarrar mis canciones y seguir caminando a otro lugar… si tengo suerte, beberé agua de la Fuente de la Vida y veré su rostro y ella me señalará el camino.

Si… tal vez. Hasta que no se me diga si es hora de irme y caminar por la vida para crecer un poco más… éste espíritu que se niega a reverdecer como árbol que recibe agua nueva y crece con vida nueva… he de acompañarlos en este, nuestro juego de la vida.

Falta para que se libren de mí, ¡Si señor!

PD. Aunque pueden descansar de mi un rato más… la historia verídica, verdadera y oficialmente oficial de los motivos de mi descenso han sido escritas por Don Arturo en Gucho y la PC.

Como niña de secundaria

Algún día tenía que pasar y sobre todo… justo como lo había previsto. En casting, los que trabajamos ahí, tenemos nuestros amores platónicos. Cryztales tiene un par, Feyo tiene una (pero no se lo digan a su novia), Cheques también tiene varias, Alex no lo ha comentado. Mi jefe y Josefa no tienen amores platónicos. Son personas con experiencia en el medio.

Yo tengo un amor platónico, a la que por razones poéticas, llamaremos Beatriz. Los antes mencionados, tienen sus amores platónicos por sus diversos motivos. Mi motivo, es muy sencillo… tiene el rostro de Cecilia (una historia que se ha soltado por medio de enigmas en esta página). Beatriz es muy distinta a ella, en cuanto al caracter, ya que regala sonrisas como si fuese millonaria y platica mucho, baila como diosa, es linda y no tiene mala actitud.

Éste medio realmente te enseña los estándares de belleza publicitarios. Y algo que es cierto, a pesar de cuerpos perfectos y rostros divinales… cuenta mucho más la actitud (No la inteligencia, no la belleza interna, no señores, la actitud). Puede ser que Beatriz se haya enseñado a ser así, para abrirse más puertas en ámbito tan difícil como la modelada… sin embargo, una conocida mía me comentó que desde preparatoria ella no tenía problemas para regalar sonrisas.

¿Qué fue lo que sucedió ese viernes? Bueno, primero… me enteré que Beatriz tenía novio, lo cual era de esperarse… en realidad, no era algo que me preocupara. Para eso son los amores platónicos, para hacerlos ideales e inalcanzables (creanme lo que les digo, en el caso de una modelo, es mejor mantenerlo así). Uno puede explotar el Byron interno con uno de esos y escribir cursilerías magnánimas.

¿Si no fue eso, entonces qué sucedió el viernes?

A eso voy. Primero, un pequeño background acerca de Josefa Guerrero.

Josefa tiene 18 años trabajando en casting para comerciales de TV, ya es una señora, madre soltera de una hija maravillosa. Josefa es de esos casos que se dan: Lo tenía todo y cuando murió su padre, lo perdió todo. Una señora que conserva un buen gusto, a manera clase mediera, perfeccionista en su trabajo y adoradora de la limpieza. No tiene empacho para guardarse sus comentarios, ¿a qué me refiero con esto? Nada de mamadas de la gente que te dice: “Yo no tengo pelos en la lengua y yo soy muy honesto”, no… ella simplemente te lo suelta y de la manera tan dulcemente diplomática que te cae como un saco de ladrillos.

Y sin groserías, no, no, no. Toda una mujer Josefa… de ella me agrada su honestidad. Aunque debes tener cuidado, porque como no tiene a bien quedarse callada y le encanta que la reten… es mejor que no le digas quien es tu amor platónico.

Eso fue lo que pasó el viernes, andaba yo muy tranquilo arreglando una computadora, cuando Beatriz pasa caminando por la puerta de la oficina y se queda ahí esperando su turno para pasar al foro. Josefa estaba ahí también, limpiando su escritorio como suele hacer, para no quedarse quieta.

Miré a Josefa de reojo, ella me miró de regreso. Yo abro un poco más los ojos mientras me murmuro a mi mismo: “No se atreverá” y Josefa sonríe de oreja a oreja. Mierda, que odio cuando los dos pensamos lo mismo.

-Tu le gustas a él -dice Josefa a Beatriz. La reacción incontrolable del cuerpo… la piel se me puso roja tomate. A huevo. Y luego si han mirado en la foto lo blanco que soy, puta… parecía que estaba hirviendo. Y después me puse a pensar que el novio estaba esperándola abajo… no, no, no…

En estos casos, cuando me veo en peligro, lo primero que hago es negarlo. Miré a Beatriz y le hice con los dedos en la sien el gesto de “está loquita esta señora”. -No, no, Agustín -dijo Josefa -. Tú me habías dicho que Beatriz te gustaba y que le ibas a llamar ese día que te habías puesto bien borrachín, ¿y qué más comentas cada vez que la ves en video, eh?

Viene la segunda reacción de animal en peligro, aceptarlo todo de una forma ruidosa y exhuberante-: Si, la verdad es que eres mi musa inspiradora desde que trabajo aquí -y no me acuerdo que más dije, porque hablaba tan rápido y con las frases tronándome una tras otra… mal, mal, mal.
Beatriz se vio muy linda y para salvarme, cambió radicalmente el tema-: Awwww… ¿quien hizo estas fotos? Susurré gracias para mis adentros.
-¿Por qué cambias el tema? -pregunta Josefa, tan tierna y linda ella…
Beatriz hizo cara de linda niña que no entendía que estaba pasando.
-Dime, dime, ¿por qué me cambias el tema?
A punto de explotar, como tomate rojo, si señor. Afortunadamente abrieron las puertas del foro, Beatriz se metió rápidamente y Josefa y yo, nos miramos el uno al otro…

-Cabrona -le dije, eso le dije… y ella nada más me sonrió tan ampliamente. Yo busqué un cigarrillo con urgencia y me lo fumé con las manos temblando. Como niña de secundaria quería esconderme debajo de la cama.


Al final se fueron Beatriz y Héctor (el novio), yo me despedí con una sonrisa y tratando de conservar algo de dignidad, le dije quien había hecho las fotos por las que había preguntado en un principio. Fue un agradecimiento silencioso por su valeroso intento por tratar de detener a la señora Josefa Guerrero.


Hace dos años ya que trabajo con Jorge Carrillo, y fue hace dos años cuando por primera vez la miré… su rostro era el mismo que aquel fantasma del pasado llamado Cecilia, le ayudaba mucho estar seria y fastidiada por esperar su turno para el casting. No me acerqué, hace dos años era demasiado tímido y muy impersonal con la gente… éste trabajo me ha cambiado en ese aspecto. (A Carrillo le encantaría escuchar que lo admito de una manera tan seria).

La identifiqué inmediatamente, la misma chica de aquel comercial de Doritos. Y en persona la vi más linda de lo que me hubiera imaginado… discretamente, le miré el rostro en diversos ángulos y los rasgos eran muy similares al humo que hacía imágenes con mi pasado, con su carita de “ya me quiero ir de aquí”.

Luego la miré sonreír, la diferencia está en los hoyuelos y las orejas, pero los labios son tan sorprendentemente similares. Un día ella apareció peinada con coletilla de caballo, como solía traerlo Cecilia, y estuve varios días pensando en esa imagen, sin poder despegarla de mi cabeza, dejando que creciera en mi cuerpo como un cáncer.

Ella se convirtió en mi ancla, en mis inicios. Porque fue a la primera semana que quería dejar aquel trabajo tan absorbente, tan demandante, que me hacía pensar que a mis 19 y con responsabilidades de hombre maduro. Quería renunciar, huir. Y a ella la miré caminando por esa puerta que yo abrí, todavía me acuerdo que me dije en broma: “Ya valió madres, nunca más podré dejar de estar aquí tan solo por esperar verla otra vez”.

Y hasta la fecha, cada que hay casting donde sé que Beatriz pudiera presentarse, estoy ahí… esperándola, preguntando si ella había venido cuando no estaba, tan solo por alimentar el amor ideal al puro estilo de Byron. Lo angustiante es cuando pienso demasiado y se que no espero a Beatriz caminando a través de esa puerta… la espero a ella, con su lazo rojo… aquel fantasma del pasado llamado Cecilia.