Noviembre 29, 2007 — Casting, Paranoidefobico, Voyeur, divier-tt.
Escrito por Agustin Fest.
Raras veces, hay un desbalance en el universo de casting. Dos proyectos, con más o menos el mismo número de personajes. Los dos editores platicamos un poco. “Liberemos espacio en esta máquina”. “Tan pronto salga la cámara”. “Nos tardamos más o menos lo mismo”. Claro. Ayer, dos proyectos. Sin embargo, uno incluía viejitos - bebés - adultos cuarentones y normalones. Ese proyecto, con los personajes extra, lo edité yo. Todo iba bien. Mi café. Luego mi coca. Luego mi café. Mis cigarrillos. Mi nueva laptop con el chat abierto. Mis manos trabajando los archivos convertidos. Mi compañero ocupado en el suyo. Mi compañero hablando en voz alta-. Ven a ver esto gordo.
“Esto”, era una mujer en minifalda. Una que no había editado.
Las piernas largas, el cabello rubio, botones sin abrochar, sonrisa blanca, mirada coquetona. Una modelo como cualquier otra. La vuelta de sus perfiles en cuatro sencillos tiempos: 1. Mi perfil derecho, mi pierna doblada. 2. Mi trasero, moviéndose coquetamente. 3. Medio perfil izquierdo, mi trasero aún se mueve. 4. De frente, olvida mi culo: mis tetas se tambalean. Una sonrisa que sabe lo que hace. Amor no es. Obviamente no. Regresé a mi lugar de trabajo. Corté una bebita cuya baba escapaba de sus labios como un xenomorfo venusino. La beba me hizo sonreír. Olvidé mi pequeña envidia.
Dos minutos más tarde: “Ven a ver esto gordo”.
Moví mi silla de nuevo. Otra modelo, más joven, con menos experiencia. Rostro bonachón, nada sensual, diecinueve años. Alejamiento de la cámara. Nos quedamos en medium shot. “Es la que se puso tetas”. Y sí, se puso tetas. Recordaba a la modelo cuando tenía quince años y la editaba en VHS. Ahora, un hermoso quicktime me enseñaba sus tetas crecidas artificialmente. Obviamente una blusa escotada. “Enséñame tus manos a la altura de tu cara”. Ajá. ¿Saben cuál es el truco de unas tetas artificiales y enseñar las manos a la altura de la cara? Los codos. Al momento de levantar las manos como una criminal, sus codos golpearon contra sus pechos. Corrección. Apretaron sus pechos. El escote lucía cada fotograma que pasaba. Sonreía… sí, sonreía bonachona. Sonreía inocente. “Jiji. Me puse tetas, pero soy una niña. Trátame con cariño”. Regresé a mi lugar. Un viejito dejándose crecer la barba por temporadas navideñas. Empezaba la competencia de los ancianos por ser Santa Claus.
—Adoro esos hotpants —susurró mi compañero a la izquierda.
Me asomé porque debía de hacerlo. Un personaje en mi circunstancia no permite cansancio: Hoy no hay balance y te tocó perder mijo, ni modo. La chavita en cuestión: diecinueve años, clase media alta, cabello castaño claro, ojos verdes, blusa pegadita, abdomen marcado, pants levantaculos y sonrisa: “Jiji. No me he puesto tetas, pero igual me deseas”. Hablará con la papa en la boca, pero… disculpen la vulgaridad mexicana… lámeme la cascarita, o sea ¿no? Hay cosas injustas en el universo. Si, yo editando bebitos viejos y cuarentones. Pero nadie, escúchenme bien, nadie resiste tres arquetipos de lujuria en serie. Ni modo. Esta vez eran todas las de perder.
C’est la vie.
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Noviembre 5, 2007 — Casting, Del deber ser, Despertares.
Escrito por Agustin Fest.
Sé que me desperté tempranito y luego me dormí, porque la verdad, era muy pinche temprano. Despertando de nuevo, ya eran las seis de la tarde. Estaba vestido, bañadito, no eran los mismos calzones del ayer y hasta sentí un impulso poético al darme cuenta que era un hombre distinto con sólo un pestañear de ojos. La primera vez, estaba en una habitación cuyo techo era de arcos y una mujer dormía a mi lado (bueno, LA mujer). Con el pestañeo, me encontré con la cámara en la mano, una lista de asistentes al casting y con Christian despidiéndose de mí. Haciendo uso de razón, me despedí afectivamente de él y celebraba por dentro que alguien más trabajaba por mi. Alguien más… estuvo trabajando todo el día en el casting. Ahora me encuentro esperando la conversión de los videos para editarlos, y morboso, deseo ver qué tantas actuaciones les hice, con qué voz les hablé, descubrir en qué consistía mi chamba.
Emocionante.
El detective llamó de nuevo el fin de semana. Era insistente con sus preguntas. Supuse, después de colgar con él, que era detective porque podía presentir que algo estaba mal conmigo. Tal vez el tono de voz. Tal vez la construcción semántica de las respuestas. O no tenía ni idea y yo era su única pista. Hubo un asesinato. Ocurrió el viernes. El problema, es que el viernes estaba tomando mi camión a la ruta del Camote. Así que apenado tuve que negar mi presencia. No creo que mi doble, mi señor doppelganger, se tome la molestia de viajar para matar y regresar. Aparte que nuestra economía no da para más. Nuestra… todavía estoy cometiendo el error. Pienso que lo mío lo esta utilizando cuando puede ser (igual que como intuyo con los cigarros), que él no esté usando mis recursos y que tenga los propios. Entonces, ¿por qué trabajar lo mío? ¿por qué hacerme ese favor?
Los datos que tengo no me llevan a nada favorable… la blusa, la falda, la sangre, el olor a sexo, los mensajes que no dicen nada. ¿Trasvesti y asesino? Vamos, muy rebuscado no puede ser. Debe haber una explicación muy simple a todo esto. Necesito encontrar la manera de observarme.
En el cuaderno estaba escrito: “Vienen y dejan sus cosas. No saludan, tan sólo se paran en su marca y sonríen. Son esclavos. Les doy instrucciones y ellos obedecen. Yo soy esclavo de alguien más grande. Yo también sigo instrucciones. Somos engranes de la máquina efímera. Una máquina que morirá pronto. Mis manos reaccionan a las órdenes: aprietan botones, manejan el tripié, hacen ademanes cuando explican. Mi voz prefabricada parece la bocina de una prisión o de un campo de concentración. Ellos sonríen, ellos obedecen, no tienen modales. Están ya tan acostumbrados que han olvidado los modos primitivos del hombre para guardar la compostura y el orden civil. No me apena. No me da asco. No. Es como una comezón, una comezón en el dedo meñique que si no rasco, continuará picando y picando… picando, y picando”.
Picando.
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Octubre 16, 2007 — Casting, La Ciudad, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Los mocos, cerebro en líquido, escapan en amarillo a la servilleta. La garganta medio cerrada. El dolor general del cuerpo, un entumecimiento molesto. La cabeza. No poder fumar apropiadamente. Muchos líquidos para evitar la deshidratación. El pensamiento errático. El malestar del cuerpo que se copia, como papel carbón, al humor y al espíritu. El pecho duele si toso. He tomado vitaminas y medicinas, parecen la misma cosa en estos tiempos. He estado gallito todo el día, hablando de gargajos y humores. Ayer lo ocupé para recuperarme, ni siquiera me acerqué a un monitor, si acaso prendí una televisión y dejé que sonara mientras yo dormía.
Tuve una mañana linda. Por un momento, creí que mi humor no recaería. Entonces recordé que me siento enfermo. La percepción cambia. Amarillo del sol, verde moco. Sonidos del motor, el papel a la nariz. Smog afectó mis pulmones. No puedo fumar decentemente. Iría a comprar cigarros, sólo porque no quiero caminar a comprarlos. Hace calor, pero es preferible no desabrigarme porque el frío afecta al cuerpo. Necesitaré muchas servilletas. “Quiero verte una vez más”, sigo con ese tango en mi cabeza.
Débil, desganado, en el momento menos indicado. Mucho trabajo. Montañas de trabajo. Estará bien para sentirme ocupado… me siento en muchos lugares a la vez. Me siento en ningún lugar. Una pendeja por el messenger. Muy pendeja. La gripa me hace paciente. No es cierto. Ya van dos veces que insulto a las personas porque no tengo ánimos. Ayer me tomé dos theraflús. Quien sabe que me hicieron. Hoy me tomé TYLENOL EXTRA FUERTE. Supongo que son los culpables del sueño. Jamás dejaré de escribir. No importa que pase.
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Octubre 9, 2007 — Casting, Niño viejo.
Escrito por Agustin Fest.
Los bebés, pequeños animalitos de ternura que se arrastran en sus patas y manchan sus ropas, fábricas de saliva-vómito-miados-y-otras-cosas. Bebés cuyos ojos son proporcionalmente más grandes que el resto de su cara y ríen de todos los chistes, excepto los que cuentan sus padres. Bebés… rosas, azules, verdes, alienígenas, con dos piernas y dos brazos, ojos claros o cafés, casi sin cabello o demasiado cabello para su bien (seguramente adultos estarán calvos… maldición, creo que soy uno de esos). Bebés que se llaman Ian, Javier, Alejandro, Jorge, Mayté, Atena, Erida, como su padre o su madre. Los que saben caminar berrean cuando los abrazan, los que no saben caminar berrean cuando los bajan. Bebitos de cabezota pesada y que los arrastra al centro de la tierra, para que se los chupe la bruja y se ría suavecito en sus orejas. La doble B, de baboso y brutal.
No puedo negarlo, me ponían de buenas y si alguno se atrevía a extender sus manitas para que lo cargara, lo llevaba en mis brazos mientras manejaba la cámara y hacía el casting a la madre. Dos de cincuenta. Otros dos lloraron tan pronto me vieron. A los demás, parecía serles un objeto más en este mundo. Un tipo detrás de una cámara chupándoles el alma. Invariablemente se reían cuando les decía “Quíhubole” o “Quepachó”. Otros más seguían mis dedos cuando les señalaba la lámpara o el ventilador. Muy pocos respondieron hola y adiós. Seguro todos pensaban—. Este esta más baboso y bruto que yo y quiere que me ponga hacer lo que mis tías gordas siempre me piden. Una bebita me señaló y dijo: “Gua gua”. Ese momento era el de mi humor de perros, supongo.
Lo más divertido, de algunos bebés, eran sus madres jóvenes. Ejemplos verdaderos de MILF. Algunas de sus mamás tenían mi edad o incluso más chicas. El problema cuando tienen un bebé, es que, pues, ya no pueden engañarnos con el mito de la virginidad, ¿verdad? y toda clase de historias pueden ocurrir en la cabeza de uno. Sí, bueno, seguramente los bebés tienen un padre pero eso no es lo importante. Señor, no. Lo importante es cuando incluso en pants todavía se ven antojables y los pechos cuelgan más naturalmente porque estan cumpliendo la función de amamantar (y no al señor que desearía ser amamantado, lástima). No me malinterpreten, con todos los bebés me porté naturalmente amable y caballeroso. También con sus mamás. Pero con las MILF, se me escaparon unas miraditas que mejor me dedico a trabajar en otra cosa que no sea esto.
Igual no estaría tan cansado si sólo hubieran sido mamitas, pero también hubo mamotas. Sigo repitiéndolo—. Deberían regalar condones en las esquinas. Hoy me topé con familias de tres a cinco chamacos. (Una de seis, según mi informante. Honestamente yo no la recuerdo). Haciendo cálculos a ojo de buen cubero, al menos tomé video a veinte o veinticinco de estas familias. ¿Por qué a todos? El casting es para bebés de 3 meses a un años y medio. Niños de 3 a 6 años. Niños de 10 a 15 años. Chavos de 16 a 25 años. Adultos de 25 a 45 años. Mayores de 50 a 60 años. El casting es para todo México. En la sala de espera un infiernito. El foro un trabajo seriado.
Los bebés son un pequeño descanso en el mundo de falsedad. No conocen las mentiras y las pequeñas cosas que aprenden, las hacen para regalar y como un condicionamiento, sin intenciones malignas aún. Alguien debería empaquetarlos y venderlos como jabón. Incluso su vómito huele bonito.
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Octubre 8, 2007 — Asceta, Casting, Consumidor de Entretenimiento, Despertares.
Escrito por Agustin Fest.
Me tocó forito. Tomé video a niños y… oh sí, bebes. Bebitos acolchonaditos y amigajonaditos. Chillones, autistas y sonrisas sin parar. Los bebés, hasta eso, me ponen de buenos modos. Me recuerdan cierto instinto paternal que tengo desde los veintitrés años. No por eso quiero tener un niño ya, bueno, quien sabe. Prefiero pensarme paciente con ese detallito del niño o niña que está por venir. En el foro procuré divertirme, haciéndoles caras a los niños, saludándolos, señalando la luz y señalarles con la mirada otras partes del foro. Algunos me hacían caso y otros no. Una beba estuvo platicándome, con el chupón en la boca y su lenguaje extraño. Como soy un adulto estúpido le respondí en su idioma en vez de hablarle seriamente. Como pasaban de una o dos mamás en el foro, a veces se entrometían la una con la otra. Algunas ayudaban, otras estorbaban. El corazón de un bebé me parece una ciudad desierta, un lugar inalcanzable e incomunicado. Los ojos de los bebés esconden los secretos que perdemos a medida que crecemos.
El oasis de todas las respuestas.
¿Cuál secreto guardará, por ejemplo, aquella mujer de una borrachera de la cual vagamente puedo acordarme, este viernes? Ay bueno, la preguntota es sólo para hacer más interesante el contexto. Tal vez no guardaba ningún secreto y sencillamente era la vanidad. Si pienso que guarda algún secreto, es porque cuando empecé a tomar el video de Pedrito, el borracho cantarín del Centenario, ella hacía todo en su poder para aparecer en él. Hacía como que se estiraba, hacía como que platicaba con el festejado, hacía caras con los desafinados borrachos e incluso, guiñó el ojo un par de veces a no se quién. Presentarse natural frente a una cámara no es tan sencillo como parece. Uno tiende a proyectar las partes que anhela enfatizar de su personalidad. Soy guapo, soy contracultural, hago muchos gestos, soy un hombre solitario, una mujer inteligente, un niño muy travieso, un bebé honesto.
No pensé que la ropa interior hiciera maravillas en una mujer. No sabía que pudiera hacerle tan feliz. Y no sabía, que podría hacerme tan feliz a mí. No hablemos de algo sensual o sexy, hablemos de algo tan sencillo como ropa para dormir. Camisetita y braga brasileña, porque hasta eso, puse mucha atención para estudiar los nombres de cada pieza. Me presenté a la tienda con una amiga y mi mente se dividió en tres: algo sencillo, algo bonito y algo sexy. Juega con las posibilidades. No te limites. Tan no me limité que mi cuenta de ahorro se ríe un poquito de mi. Todavía no se carcajea, pero se ríe. Sin embargo, el ver su cara de felicidad, sus ojos pispiretos y alegres, una sonrisa enorme que no había visto hacía tiempo, me hicieron pensar que bien valía la pena.
Si todo va bien, en el 2015 repetiré la hazaña.
No es ningún secreto cuando alguien esta feliz. Los ojos miran igual a los de un bebé satisfecho.
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Octubre 2, 2007 — Casting, Despertares, Sueño-Insomnio, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
No soy matemático, pero me llaman la atención y busco significados. No son grandes significados. Son pequeños. Me imagino la edad de mi interlocutor por ejemplo, o la fecha en que registró su correo, o bien, a veces imagino a las personas que se encargan de revisar las placas o dar números y me pregunto si darán el 144, o el 123, por alguna razón. Imagino fechas de su nacimiento, de su primer noviazgo, de la primera vez que le rompieron el corazón o que vio un muerto. Números de ocho dígitos, o bien, seis dígitos. Después, trato de suponer como estos números han afectado a la persona, como han mermado su desarrollo o como lo han pulido. ¿Habrá números chistosos? ¿Números “mágicos”? El 060606 compré mi primer helado y fue el más delicioso de todos. No niño, esos son los caminos del demonio y jamás comerás helado de nuevo.
A las seis de la mañana citaron a una cantidad considerable de modelos para llevarlos a Veracruz, a filmar un comercial. Ea ea. Llegó el camión de la ETN puntualito y como el 80% de los modelos también. El director de casting quería salir a las siete de la mañana, pero gracias a dos personas… dos zanqueros para ser más específicos, agarraron camino como al 10 para las 8. Ya estaban sonando los teléfonos y aumentando el enojo y los nervios. Un retraso de una hora. Veinticinco personas esperando a dos. Llegó uno y media hora después llegó la otra. Una mujercita que llegó diciendo: “perdón perdón perdón”. Se llamaba Violeta.
Si todo va bien, ya deberían estar sobre el timetable.
Ya cuando el camión estuvo preparado y disminuyó el tráfico, fui a mi casa. Morí y resucité. El celular vibró en un par de ocasiones y medio desperté para leer los mensajes. Mi hermano prendió la luz cuando llegó de la escuela y me preguntó cosas, pero yo seguía muerto sobre mi cama. No pensaba en nada, ni siquiera en números. Soñaba. Ayer, Mono y yo platicamos acerca de los sueños, y del estrés. No recuerdo lo que soñaba, pero era agradable, era como regresar a la juventud. Duermes y despiertas. Duermes y estas solo. Despiertas y hay alguien esperando a que abras los ojos. Cuando creces, y la gente depende de tí, cuando la gente te quiere, esperará verte cuando abra los ojos. La soledad es simplemente dormir. Quien tiene el valor de despertarte, es alguien que no te dejará solo.
Hace un momento fui a la tienda, y por alguna extraña razón, me llevé una coca cola light en vez de una coca cola. Cuando dí el primer trago, hice un gesto de asco y pensé: “esto sabe a light”. Al segundo trago, vi la botella y comprobé lo que mi corazón ya sabía. La moraleja es: Nunca dudes del corazón.
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Agosto 27, 2007 — Casting, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Un lugar común y ya explotado, sería escribir: “Ojalá la vida fuera como Word, dónde abro un nuevo documento y todo esta en blanco. Y no importa si ya está escrito, solamente Control N y ya estoy en limpio, como una hoja en blanco insisto”. Pienso que es mejor cargar con el pasado, los errores, los aciertos, la redención de los pecados se encuentra en el presente. Ojalá que pudiera empezar de cero es cometer otro error: la inacción, que se extiende tanto como el presente y sigue contaminando el futuro. Lo que es de verdad hermoso, es no tener la certeza de lo que sucederá mañana. Aún siendo asfixiados por la rutina, el mismo trabajo, la misma vida, los mismos gestos y las mismas caras… accidentes pasan, accidentes que modifican nuestro entorno y pueden cambiar nuestra vida de manera drástica.
Si no gusta, pues ni modo pichulita… pero ahí ta, pasó algo y cambió tu vida. ¿No es reconfortante?
Hoy me tocó tomarle video a unos niños para un comercial de banco. Me quejaba con la señora de Fest por teléfono, arguyendo que los niños eran estúpidos o que habían respirado mucho plomo el día de hoy. Ella contra-replicó (tómala con la construcción) que los niños no eran los estúpidos, sino que yo no me sabía explicar. Como aquella vez que estaba lloviendo y quería subir la maleta de su hermana en la cajuela, ya que la íbamos a dejar a la terminal. Ábreme la cajuela amor, con mi chalequito y mis brazos empapados. Ella simplemente se dirigió a su puerta, paraguas en mano y me contra-replicó, porque a ella le encanta contra-replicarme, “¿Para qué la metes a la cajuela?” … asentí lentamente, abrí la puerta de atrás, dejé la maleta de la cuñada junto a la cuñada y respondí suavemente: “Tienes razón, perdóname y soy un estúpido”. Tal vez no estaba de humor para aguantar chamacos. Los primeros diez, repetí la acción dos o tres veces. A los demás les tuve menos paciencia.
Mi nula paciencia y la brillantez que requería que una niña esperara a que su perro orinara en la acción. Ambos factores dificultaron el casting. Mañana buscaré una nueva forma de explicar la acción, aprovechando que hoy vinieron pocos niños y no daban el tipo.
En la tarde, casi a las seis, entró una viejita. También hice casting de esas edades. Me cuesta trabajo separarlas de mi abuela. Sé que no son la misma persona, pero el interactuar con un viejo me provoca recuerdos. De haber tenido otros tres abuelos, tal vez los vería diferentes. Una señora en particular, la cual se miraba bastante cansada. Cinco años atrás no se miraba así. Podía escuchar como le costaba trabajo respirar y tuve miedo que muriera en el foro. Mientras le preguntaba su nombre y los datos, pensaba en el número de viejos que sabía, habían muerto a mitad de un casting: cero. Ella iba a ser la primera. Se iba a morir durante el casting. ¿Hola tú nombre? Sí, mi nombre es… al suelo, a la mitad del video, me llevo la mano a la boca, “ahh… mierda…” susurraría, qué recepción hable a una ambulancia, qué alguien me ayude a contener a los chismosos, que otro más se haga cargo compermisito que me voy a al sillón. Me angustiaba de pensarlo. La señora sonreía bastante, pero estaba cansada…
Como los árboles en Otoño, pensé, necesitaba descansar.
Se acabaron los cigarrillos. Esta página ya la llené demasiado. Todavía queda trabajo por terminar. El trabajo fortalece el espíritu. Desvela. Resta vida. ¿Pero qué vida hay sin trabajo? ¿La contemplación? ¿La muerte? ¿Simplemente mirar el monitor? ¿Qué sería de nosotros, si no tuviéramos algo qué hacer…?
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