Agosto 27, 2003 — Mi abuela, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Licha:
Te escribo esa carta, usando ese nombre, porque me imaginé que en tu cielo personal volverías a ser la niña de pueblo, sin hijos de los cuales preocuparse. A menudo recuerdo cuando hablabas de la resurrección: “Humano ya no, es una carga tremenda ser humano. Prefiero ser un perro o un gato, hasta un árbol. Un árbol de mi pueblo, junto a la tumba de mi papá”. Eso decías, algún día buscaré la tumba de tu papá y el primer árbol que me llame, serás tú.
Toda mención esotérica o espiritual que tú decías, de niño la absorbí como verdad y sabiduría, aunque probablemente para ti era mera superstición. Me he vuelto un hombre que consideran “científico”, “racional” y “prudente”. Me sonrío cuando me miran raro cuando son tus enseñanzas las que hablan… me has convertido en un pequeño hombrecito curioso. Ojalá me mires desde el cielo y te rías cuando yo me río. Al fin y al cabo, te me has adelantado y tienes en tus manos la verdad más poderosa: ¿Qué hay después?
Releí mi diario y con sorpresa me re-descubrí a unos días antes de tu muerte y me reconocí a unos días después. Lo que es mejor, me descubrí sonriendo. Claro, también tenía ganas de llorar… pero me ganó la sonrisa. He madurado tu fantasma, lo logré mi querida abuela Licha. Ahora solo me queda uno más por resolver.
Me sentí con la necesidad de hablar contigo anoche y lo hice, sé que lo hice. Sé que me escuchaste y ahora que estoy escribiendo, te siento conmigo. Es como el corazón cuando es acariciado desde mero adentro, como si tu mano estuviera en mi hombro (nunca tuve tu mano en mi hombro, pero si me acuerdo de los besos que me dabas en la cabeza cuando escribía y me decías: Mi niñote). Te he resuelto, mi querida Licha y ahora se que es llevarte conmigo.
Y la razón por la que quiero llevarte conmigo, es porque voy a hacer un viaje. Tu y yo, juntos. Algo de lo que nunca te platiqué fue de las mujeres en mi vida, y la verdad, no consideraba a ninguna digna de presentártela. ¡Te me fuiste antes, tramposa!
Ya te imagino, riéndote como niña y escarbando la tierra, para encontrar caracoles. A la vista de tu madre y de tu padre. En el cielo, esas cosas se merecen.
Te platicaba de lo que escribía, te platicaba de mis amigos… siempre me preguntabas de aquel que no se me hacía tan importante, de Mena: “¿Todavía me sigue pensando que le eché el mal de ojo?” y te morías de la risa. Me acuerdo de Irwin: “Es un hombre muy tranquilo, encuentra un lugar para sentarse y para ocuparse… se siente en su casa cuando llega, me cayó bien”. ¿Y te acuerdas de Mauricio?, cuándo te dije que manejaba muy bien y muy tranquilo… y sabías que no era cierto, siempre me preguntabas que como estaba.
Platicábamos del mercado, de la familia, de mi escuela, de tus dibujos y de las cosas que escribías. Te la pasabas diciéndome que eras una burra, porque nunca aprendiste a escribir como la gente de-cen-te. Sólo quiero decirte, que ojalá la gente aprendiera a escribir como tú, a dibujar como tú, a vivir como tú.
Quiero presentarte a esta mujer maravillosa, cuándo vayamos de viaje este viernes. Vente conmigo, aunque sea un momentito. Te agradará, será la primera mujer que te presente, mi querida Licha. Perdóname por no platicarte antes, tú sabes… solo son puras quejas y contigo, ya no quiero quejarme. Te mereces descansar.
Ya tus hijos te dimos mucha lata en vida.
Te presentaré a alguien en este viaje… y te agradará, lo sé en el corazón. Y así me sonreirás allá arriba y sabrás con toda certeza, que tu séptimo hijo, se encuentra bien. Se encuentra MUY bien.
Ya no hay ningún crucero espacial que me quiera llevar a ti, en muchos años más. Pero en la noche, antes de dormir, seguiré platicándote… estate al pendiente mi querida Licha.
Te quiero, te mando un beso.
Agustín.
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Agosto 15, 2003 — 1-2-3.
Escrito por Agustin Fest.
Quiero escribirte esta noche.
Y no sé como empezar. Pensaba hacerlo de otra forma, pero también sé, que si lo hago de otra forma, tardarías en leerlo y prefiero que sea lo primero que mires en la mañana. ¿Y qué tiene que lo miren todos?, ya has entrenado la mirada del hombre posesivo en mis ojos. Que ellos sepan, que no hago más que querer escribirte esta noche (y todas las noches). Tú lo leerás y entenderás primero. Aunque te encuentre en otros caminos, espero con ansias que éste lo recorras a primera hora, cuando escuches mi voz en las noches o cuando trate de llamarte me-ta-fí-si-ca-men-te (como diría Horacio).
Cuando las letras salen, pongo las pistas que encontrarás y nadie más podría adivinar. Primero se convirtió en un juego secreto que compartían dos personas y luego, ¿en qué se ha convertido?
Eso me pregunto sonriendo todas las noches.
Te he leído, una y otra vez, en el regalo que me hiciste. Yendo de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Repasando cuidadosamente los días, hurgando entre recuerdos, adivinando situaciones y rostros. Comprendiendo muchas cosas, aceptando otras, negándome un par aún sabiendo que tienes toda la razón.
Tengo que confesarte algo… soñé con aquella mujer la otra noche, aquella mujer que me golpeó violentamente con la conciencia de que todavía puedo enamorarme. Le miré y ella trataba de explicarse, realmente trataba de explicarse el por qué no podía aceptarme. Tuve que mirarle con lástima y susurrarle en sueños: “Ya para qué… ya para qué”.
¿Para qué si existes tú? Un sentimiento elegante, vibrante, creciendo como una semilla. No como el otro, que fue un soliloquio, un acto repentino, un impulso.
Usted. Tú, la mujer que camina como en un ensueño, como una luz que brilla con energía propia, energía pura. No necesitas curar nada, solo necesitas existir. No necesitas sanar, solo sonreír y extender tu mano a la mía, que es necia y a veces se siente como un animal herido.
La mano que te acarició durante una hora completa y extraña. Mano necia, indecisa, que primero no sabe como responder, que a veces niega, extraña a muchos ratos y luego te pide a gritos que regreses.
¿Me permites? ¿Me tendrás fé? ¿Me permitirás existir, cerca de tí, escribiendo en presente?
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Junio 20, 2003 — Asceta, El Viaje de Simón Dor, Enamorado, Sensitivo, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario.
He entrado de nuevo al Cuarto de Juegos y me he quedado largo rato mirando el Ajedrez… me han estado llamando de nuevo: el sacro-santo alfil, el caballo de pura-sangre, los ilusos peones que quieren convertirse en nobles… las hermosas damas utilizando su abanico mientras ríen del poderío que poseen, el paciente, hábil y viejo rey, que sólo puede moverse tantito o si no, se le podría romper la columna.
Las torres… sobre todo, son las torres. Ellas me recuerdan mucho a un personaje que escribió Fest, llamado Piedra. Son como niños con alma de guerreros… niños que están dispuestos a espantar a los caballos, a quitarles el gorrito a los alfiles, mirar debajo de la falda de la dama o… jalarle los bigotes al paciente rey. Niños de piedra. Niños tristes o juguetones… interprétenlo como quieran.
Al estar absorto mirando el ajedrez, curiosamente, tomé asiento del lado de las blancas y moví mi peón de rey dos cuadros adelante… practicando mi Ruy López. Es la única salida que me sé… oh, y también medianamente la inglesa… y bueno, la variación de Capablanca…
El ajedrez negro se movió sólo entonces. Correspondió con su caballo de lado de la reyna para amenazar a mi solitario peón que deseaba apoderarse del centro, me sonreí, eso les pasa por querer brillar en sociedad, mis queridos peones… pero no se preocupen, yo soy el rey. Y como rey, decidí que el caballero o más bien, el caballo pura-sangre, respaldara con su defensa a mi peón.
El juego se detuvo y apareció una carta en el tablero… una carta del Sr. Fest que ha de ser leída y escuetamente comentada por mí.
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Junio 19, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Enamorado, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario:
El delfín sigue nadando a lado de Mojalnir. ¿Debería darle un nombre?
El árbol de los mil nombres sigue marchito.
El niño mago sigue dibujando cosas en el aire y de vez en cuando, en mi Diario.
El cuarto de trofeos guarda lo siguiente:
- La pistola de McGonnagal.
- Las tres llaves que me ha dado Beatriz.
- La cabeza de Mindar.
- El alma del súcubo Galloria, guardada en un frasquito con formol. Me he quedado con sus ojos.
Hay en mi barco, un cuarto más que no puedo abrir y necesito otra llave adicional… es “El Cuarto de los Espejos”. Se me ha hecho un dato curioso y no tengo prisa en abrirlo, porque me dan miedo los espejos… cada vez que me miro en uno, encuentro un reflejo deformado de mi mismo, como “El grito” de aquella famosa pintura.
De vez en cuando, aparece un angel y sigo cargando conmigo un plumón para pintarle bigotes y siga pareciendo un reflejo monstruoso.
Reflejo-contrarreflejo. ¿Han pensado en ello? Todos nosotros, en cuanto a nuestro arte se refiere, somos el reflejo torcido de alguien más a fín de crear nuestra propia originalidad. Hay un foco de inspiración que nos guía, de manera inconsciente y cuando abrimos los ojos, nos damos cuenta que esa inspiración o chispazo que creíamos original y único, proviene de un antecesor. Un antecesor que bien podríamos ser nosotros y no serlo.
Me pregunto… ¿De quién soy reflejo? ¿O soy yo el contrarreflejo? ¿Qué imagen saldrá en el espejo? ¿La de algún escritor famoso que me ha inspirado a escribir este diario?
Reflexiones, a los treintaicuatro días y treintaicuatro noches de terminar esto.
Carta de Agustín Fest:
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Junio 15, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Enamorado, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario:
Hoy el cuarto de máquinas hizo un escándalo inusual, la cabeza de Mindar comenzó a ladrar asustada, el árbol de los mil nombres se meció de una manera violenta y el niño mago mantuvo la cabeza gacha. Se hizo una tormenta de relámpagos en los mares y yo, borracho y crudo de cigarro, sólo estuve mirando las nubes grises esperando lo que habría de seguir.
Las tres llaves en el cuarto de trofeos estaban repiqueteando como el campanario de una iglesia. Indudablemente, ésto era una señal.
Allá en el cielo, se veía un punto oscuro (mas negro, que la naturaleza gris de las mismas nubes) que se acercaba lentamente. Yo me sonreí, finalmente Dios había decidido mandar un meteorito para destruir mi existencia sacrílega. Así tenía que ser, no podía ser de otra manera… aunque, no, hay algo que deben saber tanto ustedes, como yo: Dios no juega sucio.
Ni siquiera habíamos discutido desde que salí en este viaje, no era Dios el origen del punto negro. A medida que se fue acercando… descubrí a una mujer con alas de murciélago. Una mujer de ojos grandes y oscuros, morena, un poco pasada de peso, poseía unos dientes muy blancos que se notaban con su sonrisa.
Mojalnir, mi barco, se detuvo para recibirla y la mujer descendió a la proa con gracia.
Árbol de los mil nombres: Sairun, mondeley, somariono.
Niño mago: No es ninguno de esos tu verdadero nombre. Mírala… ha venido la primera. Es la reina sumisa, esperando siempre las órdenes del amo… a la que no le importa que dañen su cuerpo, pero como se cobra después con la mente.
Árbol de los mil nombres: ¿Cuántas faltan?
Niño mago: Tal vez tres o cuatro, escucha como Beatriz llora, ¿crees que debería regalarle una mariposa?
Árbol de los mil nombres: Joriondos, turath, merasnik.
Niño mago: No, no es ninguno de esos tu verdadero nombre.
Estaba vestida de shorts y una playera suelta, un poco más grande de su tamaño. Las alas sobresalían por una abertura en la espalda de su playera, pero ella, con una mirada… hizo que las alas desaparecieran sin ningún dolor, como si nunca hubiesen existido.
Un súcubo.
Súcubo de ojos tan profundos como la noche que con su sonrisa me invitaba a jugar. La recibí con los brazos abiertos y ella me abrazó: era increible, casi me sentía nuevamente enamorado.
—Me llamo Galliora —dijo la mujer y la invité a pasar unos días en mi barco. Inevitablemente, tendríamos que conocernos y jugar.
Recuerden ese casi (que puede confundir al hombre y arrastrarlo hasta el extremo) y también recuerden, como el ruido del cuarto de máquinas se hizo más potente.
Carta de Agustín Fest para Simón Dor.
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Junio 10, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario:
He puesto la pistola de McGonnagal en un “salón de trofeos”, ahí estará hasta que sepa cuál será el uso que tenga que darle.
Hoy desperté llorando y con lo que me resta de su fotografía. El viento hacía un escándalo tremendo dentro de esta pequeña habitación, azotando mi humilde ventana y no he hecho más que ver este paisaje oscuro, hasta el horizonte, de agua negra y nubes grises. Swoooooosh… Swooooooosh… el agua, el mar que se mueve de manera interminable y en su murmullo carga los recuerdos.
He despertado llorando y con lo que me resta de su fotografía. El fantasma de ella está escondida entre la maquinaria del barco, haciendo ruidos fantasmales y llamándome a cada minuto: “¿Simón? ¿Dónde estás Simón?”. Ese fantasma que me persigue, que me atormenta, que me ilumina en las noches que me gustan negras hasta el cansancio. Una iluminación falsa e irreal, la pequeña desesperanza del hombre que se hace llamar esperanza de volver a verla, conocerla y sentirla. Aunque sea un énte ectoplásmico con una mantita encima y unos agujeritos haciéndose pasar por ojos.
Es así, que el segundo recuerdo que se abre paso para poder salir del mar oscuro e iniciar el viaje al pasillo de la muerte, dice así (escrito por Agustín Fest, que ha escuchado mis recuerdos desde el inicio y me ha mandado esta carta): Siguey leyendo →
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Junio 9, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido diario:
Mirando el mar negro y el cielo gris, acabo de soñar mi muerte o tal vez el término más correcto es alucinarla. Es una muerte espiritual y simbólica, mi viejo cuerpo se desgarraba como la tela, jirón tras jirón de carne vieja se descarnaba y caían sobre la maderal del barco como papeles viejos en una oficina donde tienen que romper frenéticamente los libros de cuentas, ya que hacienda los ha descubierto.
¿A mi quién me ha descubierto cómo para matarme así? ¿Quién ha mirado mis ojos de tal manera, que mi yo corrupto tenga que ser destruido para que no quede rastro? Nadie, es la mera verdad… o si, tal vez. Tal vez, en el pasado distante.
He soñado que soy Quijote, ese sueño me gusta más… Borges tiene una teoría interesante que es la teoría de la quijotización, no se mucho acerca del tema pero creo que lo básico es—: Todo mundo sabe qué o quién es el Quijote, aunque nunca lo hayan leído. ¿Será cierto? Estoy inclinado a pensar que sí, porque no sé nada de él y aún así, lo interpreto a mi gusto. Me gusta soñar que soy Quijote.
Muerte simbólica del viejo convirtiéndos en jirones. ¿Qué significa? ¿Puedes decirme tú, cielo gris? ¿Puedes decirme tú, mar muerto? Me convendría hablar con mi estimado amigo, el Sr. Fest, él entiende mejor de simbolismos que yo, de cualquier forma.
No llevo ni medio día en éste barco y ya he escrito de nuevo en tí, mi querido diario, pero la gente comprenderá que mis días son distintos a los suyos, que mis días son en base a los momentos. Y éste momento, siento que es crucial…
tal vez dirija el rumbo de mi viaje.
¡Dios mío! ¿Te das cuenta? ¡He de viajar al pasillo de la muerte!
¡Ahora lo entiendo y está clarísimo! Pero… pero todavía no es hora, mi querido diario… algún día lo tendré que hacer, pero todavía no. Todavía no… me niego. ¿Qué debo hacer? ¿Es necesario para qué pueda continuar en éste viaje desentrañar el pasado, desde el mero principio? ¿Es necesario que haga éste viaje para poder permitirme continuar? ¿Continuar qué… amando o viviendo? Yo no puedo amar, mis viejos cansados y huesos derruidos, bien lo saben.
El viaje al pasillo de la muerte es para seguir viviendo. Es hora de mi catársis, de acuerdo al sueño y no se me permitirá viajar más a menos que me decida. Y yo para las decisiones, mi querido diario, soy un cobarde.
Seguiré en mi barco, mirando el cielo gris y oliendo la brisa contaminada, como si fuera matinal de domingo.
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