Una absurda historia de amor. Final.

Mi mamá dijo antes de morir, que por mi bienestar, debo terminar todo lo que empiezo. Fue muy apropiado de su parte para nuestro momento, ella en su lecho de muerte y yo cogiéndole las manos. Ella empezó vida cuando parió lo que soy y la terminó con el mejor consejo que pudo darme. Probablemente, y no porque deseé desvirtuar el momento, sino por ser realista, ella escogió la mejor frase que pudo. Alguna que habrá recordado de tantas películas hallmark que miraba antes de terminar su vida. Supongo que era su mayor aspiración, el llegar al momento donde pudiera decirme algo de valor verdadero. Cuando no tienes aspiraciones, recurres a lo primero que se te ocurre para continuar sobreviviendo y darle un propósito a la vida. Parece, ¿o acaso siempre lo ha sido? que cada vez es más importante encontrar un destino resultado de tus acciones. ¿Qué importa? Si de todas maneras, aún cuando no quieres, continúas moviendo las bisagras, una maquinaria que da la falsa impresión de ser universal y atenta contra todo lo que haces y eres. No tiene sentido trazar un destino, si de todas maneras será cumplido. Ya no importa. Siguey leyendo →

Padre Taxi. Capítulo 7: “Pesadillas de Héroes”

Este post es parte de una serie, llamada “Padre Taxi”. Anotación 7 de 15


—¿Sabes qué nosotros los héroes tenemos pesadillas? —preguntó Matías, manejaba al coche y podía ver en el camino que el mar de Puerto Octay ya estaba en el horizonte, no tardarían. Todos en el coche dormían excepto él, miró de reojo y Jonás dormido abrazaba con más ahínco al cadáver del niño—. ¿Por qué? Se supone que los héroes como nosotros tenemos sueños, ilusiones e ideales. Por supuesto, blandimos nuestra espada cuando hay una guerra o sufrimos la tragedia de perder lo nuestro. ¿Por qué los héroes tienen también pesadillas en sus sueños? No lo comprendo Anciana, no lo comprendo. No me lo tomes a mal, utilizo el término héroes, porque nosotros fuimos elegidos para funcionar del lado del bienestar en esta Obra del Destino. Personalmente preferiría estar en el Club Araña, platicando con mi buen amigo Gorostiza, ¿sabías que es sensei de un dojo de Aikido al que nadie va?, el me dijo que promovían la paz, y que su uso fundamental es el uso de la energía, ja-ja. Quiero llorar la pérdida de mi madre. ¡Por favor! ¡Nadie quiere salvar al mundo en esta era moderna! Todos fuimos atraídos por causas circunstanciales, porque el mundo o el destino así nos ha forzado, no me gusta que el Olimpo juegue con nuestras piezas, soy un firme creyente de que soy amo de mi propio camino y que soy amo de mi forma de vida. ¡No me has dejado opción en ninguna, Vieja Bruja! No te me pongas violenta, porque se me ha acabado la marihuana y no tengo forma de bloquearte, no quiere decir que no pueda ignorarte. ¡Escúchame carajo! No me retes Bruja, que ya estamos llegando a Puerto Octay. Lo que me molesta es que no he dejado de tener pesadillas desde que te conozco, antes soñaba poco, y eran sencillamente quimeras del día. Me sentía dichoso cuando soñaba en Jaramillo. Seguro tienes algo que ver con que sueñe la muerte de mi madre todos los días. No te hagas la inocente. Por favor, no lo hagas.

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Poder Gris. Capitulo 7: “Almas en Juego”.

Erick.

Vamos Erick, tu sabías que llegaría este encuentro, siempre supiste que esto nunca acabaría, vaya que es tu eterna pesadilla pero no eres nada estúpido, nada estúpido, dijo la sonrisa maldita de mis mejores sueños. He olvidado soñar como los demás, yo llamo a los sueños aquellos que no son de la sonrisa maldita, donde no sueño como Kainth me mata, me tortura, me roba mi alma. Dioses, ¿Qué me espera? Kainth es más poderoso que nunca. Veo algo, en la oscuridad, una luz. Miro con más atención, Kainth es la oscuridad, esa oscuridad tan envolvente que me sofoca, me destruye. La luz, ¿Quién es la luz? La veo… La luz es…

Tanya/Crisidia, es su cuerpo inerte que aún brilla con luz propia.

—Te extrañé Erick —susurró Kainth, como una amante deseosa.

—Yo no —contesté, me arrodillé ante mi Tanya/Crisidia— ¿Ahora qué quieres de mi?

¡Venganza! Pobre imbécil, ¿no sabes qué es lo que quiere? ¿Acaso no te preparé para estos casos?

Kainth se movía libremente en la oscuridad, apareciendo a mi lado, a veces lejos de mí, a veces arriba y luego enfrente, siempre riéndose con locura. Saqué mi espada y fue inútil perseguirle.

—¿Ya no eres tan valiente? —preguntó burlón.

Conservé la calma, lo más que pude. Seguí persiguiéndole con el filo de mi espada, utilizando mis sentidos vampíricos para buscar donde aparecería. De alguna forma, mi maestro Kainth había logrado sobrepasarse así mismo, sus habilidades crecieron de tal forma que me hizo pensar que había dejado de ser terrenal.

—No soy un fantasma, soy algo mejor. Tu demonio personal.

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