Junio 11, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
Permítanme contar la historia del hombre que se despedía de nadie en los camiones. Si fuera dibujante, la ilustraría con un hombre mirando por la ventana del autobús, despidiéndose. Era de noche, había unas cuantas personas alzando los brazos, como ondeando una bandera, para despedirse de sus seres queridos, y él hacía lo mismo, al otro lado del espejo, igual que los demás, aunque nadie estuviera para mirar el inicio de su largo camino. El hombre, enamorado de una mujer que vivía en otro estado, solía viajar mucho los fines de semana para verla… pero nada más para verla, porque no la conocía, ni siquiera sabía su nombre y no estaba seguro si la encontraría. Por los numerosos viajes que hacía este hombre, en su trabajo y sus familiares, le preguntaron si estaba enamorado y él, como una flor en primavera, se ruborizaba y respondía que sí. ¿Los cerezos florecen en invierno? Porque el amor es un deleite, pensaba el hombre, cuando te esperan al final de un largo viaje. Sin embargo, cuando las preguntas continuaban, y se acumulaban, y el aire se convertía en un mar de preguntas sobre preguntas, él tuvo que inventar un nombre, una relación de cuatro años, tuvo que inventar su rostro y su cabello, el aroma de su sexo, el color de sus calzones y eligió dos marcas de ropa interior, una para todos los días y otro para encenderlo. Inventó una casa y a su mascota, un perro enfermito del higado, pero tiernísimo el cabrón… tiernísimo. Ha dicho, incluso, que llorará cuando muera su perro.
Ese hombre estaba loco, tal vez… como enfermito de amor.
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Mayo 23, 2003 — Padre Taxi.
Escrito por Agustin Fest.
Matías Elizondo prendió el carrujo y se tranquilizó. Todo volvía a la normalidad, dejaba de ver los colores y los fantasmas ambulantes. Cruzó una pierna y el ambiente de luces de neón del Club Araña pintó ligeramente su rostro de azul, el cual apenas se podía ver por el humo viciado del lugar. Matías peinó el lugar con su mirada y era la misma clientela de todos los días, incluido el mismo.
Nada cambiaba.
—Quizás sea mejor así —dijo Matías y disfrutó el efecto relajante de la mariahuana, se pasó una mano por su cabello largo y rizado, se recargó en su asiento y miró por un segundo su bebida, esperándole tranquilamente en su mesa.
—¡Vamos Matías, tienes diecinueve años y un brillante futuro! —exclamó Matías y se echó una risotada. Se caló el rostro barbón, sus ojos oscuros brillaron intensamente y dieron una chispa de alegría nostálgica. Miró a las personas del club, buscando en sus rostros el rostro de su madre.
—Ambos moriremos en Jaramillo mamá. Ya te alcanzaré, no tardo, es un pasito a pasito muy chiquito y los dos estaremos juntos en el cielo. Soy el Pensador porque pienso demasiado dicen, porque mis exámenes dijeron que era un genio, ¿Si soy un genio qué hago aquí? Espérame en mi crucero mamá, mi genialidad hará bien en construir mi nave espacial para llegar a tu cielo.
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Mayo 5, 2003 — Poder Gris.
Escrito por Agustin Fest.
Era la Segunda Reunión de los Dioses. Un lugar donde una mitad era luz y la otra oscuridad. Había una mesa de conferencias y asientos para ellos. El lugar en sí, era un nudo entre el tiempo y el espacio, un lugar que nunca sería visto por seres mortales, un lugar tan bello, pero tan espantoso al mismo tiempo.
Ying-Yang. Orden-Caos. Blanco-Negro.
Pero dentro de ese lugar, había un trono que marcaba una división.
Un trono gris. La división de todo eso. El Caos ordenado y el Orden caótico. Ese día, nadie ocupaba el trono. ‘Debe ser un error’, ‘Nos ha traicionado’, ‘Realmente planea seguir con su plan’, pensaban los dioses, tanto claros como oscuros. ‘Se le ha llamado, y él no ha acudido. El Caballero Gris, no ha venido’. La respuesta era sencilla.
El Caballero Gris había cambiado. Había dos opciones: Se había entregado a una oscuridad, con un ideal claro en su mente. O tal vez sus métodos eran de luz, pero con un final oscuro. El Poder Neutro, el Poder Gris se estaba rompiendo. Los dioses manejarían esa situación como mejor sabían, tal vez de la manera correcta, o la más estúpida.
Una guerra.
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