Mayo 19, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
Llegar al departamento de Matilda me cuesta unos sesenta varos de taxi y veinte minutos de tiempo. En ese tiempo, que estaba sentadito mirando las luces de Insurgentes, la ocasional piruja que en las películas mexicanas son tan bien pinches importantes, los chavitos que salían borrachitos de los antros y los cabrones que tiran vidrios en el piso para demostrar que son Kalimán, pensaba una sola cosa: Tengo que chingarme al Borneos. ¿Mi compromiso? Bien gracias. Una canita al aire no me haría daño. Soy hombre, perdón, vivo en México, perdón, soy católico en mi casa, perdón. Tengo veinticinco años y si no aprovecho mis últimos momentos de peak sexual para demostrarle la longitud de mi falo a un cabrón ahorita, ¿entonces cuándo? Además, estaba tan encabronado por la discusión marciana que tuve con mi mujer hacía unos días, que también debía desquitarme con ella… de verdad, a veces soy como caballo ciego, cuando el rencor obliga otra cosa no pienso y sigo el camino derechito a la chingada.
Saqué mi celular, le marqué a Matilda y cuando ella adormilada preguntó—. ¿Borneos? —alcé los ojos a una esquina, pensé lo sumamente interesante e inteligente que me parecía esa mujer, y adusto, le corregí—. No. Soy Agustín. Voy a tu casa, no tardo —colgué el teléfono y a los dos minutos ella marcó de nuevo.
—¿Perdón?
—Voy a tu casa.
—¿A qué?
—A platicar contigo.
—Son las pinches dos de la mañana.
—¿Y qué?
—¿Vienes pedo?
—Si te digo que sí, ¿cogerías conmigo? Siguey leyendo →
|
Tags: capítulo-5, Una absurda historia de amor.
Mayo 23, 2003 — Padre Taxi.
Escrito por Agustin Fest.
El redentor de la gabardina se sentó y lloró, los cuerpos desechos por las balas yacieron en el piso de la casa. Una luz manchada de sangre, sucia y amarillenta abrillantó las lágrimas de Killian, quien sacó un pañuelo de una de sus bolsas y limpió el cañón de la escopeta. Un fonógrafo tocaba en algún lugar Stand by me de Ben King.
—No I won’t, be afraid… No, I won’t be afraid. —cantó Killian, movió sus pies con el ritmo de la música y se reacomodó el sombrero en la cabeza ensombreciendo sus ojos. Las sombras innaturales se le acercaron y le acariciaron su corazón.
Necesitamos más sombras Killian.
—Déjame en paz, te he servido bien y lo seguiré haciendo siempre y cuando me des estos momentos.
El tiempo es corto, ellos encontrarán el libro antes que nosotros a menos que continúes consiguiendo sombras.
—Tenemos muchas.
Necesitamos más.
Killian se limpió las lágrimas y con ojos borrosos miró las cortinas moradas manchadas de carmesí, la mesita del teléfono que se descolgó accidentalmente cuando la señora de la casa intentó huir. La mesa de madera con tapa de vidrio que sostenía obligadamente la cena del marido.
Siguey leyendo →
|
Tags: capítulo-5, Padre Taxi
Abril 21, 2003 — Poder Gris.
Escrito por Agustin Fest.
Raíces.
El rayo de luz penetró en su sueño y encontró una velada prometedora en sus ojos. Sintió el calor del sol como el seno materno en el que había sido cuidado y protegido. En ese preciso instante de comodidad, salió de entre la penumbra de sus neuronas una pregunta abrumadora e insistente.
¿Quién o Qué demonios era su madre?
Argoth regresó a diversos recuerdos con la velocidad de un rayo, sin tiempo que perder revisó cada uno de sus archiveros mentales llenos de telarañas y espacios en blanco, ninguno de ellos tenía alguna etiqueta que dijese: “Mamá”, “Mami”, o “La Mujer que me Parió”, entonces fue cuando encontró un archivo relacionado a su búsqueda: “Ojos”. Hurgó en él como un niño abriendo regalos, el regalo más especial debía ser este ya que era una caja muy grande y envuelta en listones de oro y papel de payasitos. Argoth se imaginó a si mismo como un niño, sentado en algún lugar desconocido —pero en su interior, tan conocido como la palma de su mano— vestía ropas que no iban de acuerdo a donde estaba ahora y lo más especial, el ganador de la escena bizarra era el árbol decorado (otro recuerdo sin descubrir, pensó Argoth), dejó todo eso a un lado para abrir su regalo.
En ese regalo apareció por primera vez la imagen de su madre. Tan vivida, tan cálida, que Argoth sintió como sus lágrimas fluyeron. Lo primero que observó fueron sus ojos, los culpables de que el estuviera en ese recuerdo, tan brillantes y juguetones, tan felices, de un color castaño, muy expresivos. Al ver esos ojos, ante él, se descubrió el resto de esa figura especial que estaba buscando, Argarath procedió inmediatamente a guardar esa imagen en un nuevo archivero, uno llamado “Mamá”, conservó su nariz, su barbilla, su rostro entero, no quería olvidarla, no quería volver a preguntarse quien fue la mujer que lo cuidó alguna vez.
Entonces llegó el Caballero Gris.
La Muerte miró a su protegido con severidad, de alguna manera, pudo entrar en el archivero llamado mamá, lo analizó minuciosamente, hizo una mueca de disgusto y con firmeza empezó a destruir el dibujo mental que hizo Argoth, este empezó a gritar, a resistirse, pero todo fue inútil. Su madre se esfumó y volvió a tener un pasado oscuro otra vez. El Caballero Gris vigilaría a su alumno y regresaría para matar el recuerdo si este volvía a nacer, cuantas veces fuera necesario ya que no podía arriesgar la fortaleza de su alumno.
Destruiría hasta poder Crear.
Siguey leyendo →
|
Tags: capítulo-5, Poder Gris