Mayo 2, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
Tuve que salir a comprar cigarros para contar esto, porque se pone bien meloso. Neta. Vino la Matilda a conocer al Borneos y “hubo química”. Nunca he entendido la frase. Supongo que se refiere a los procesos hormonales y bioquímicos, cargas eléctricas que recorren desde la punta de los pies hasta erizar los cabellos y peinar las cejas, procesos que suceden cuando dos personas se encuentran y de manera exitosa se atraen mutuamente. Se atraen tanto, que sólo piensan en juntar los dedos de las manos, meterse la lengua hasta la garganta y poner los ojitos en blanco, como una expresión teatral similar al orgasmo. Aunque la Matilda se llenara de gorros me imaginaba que se le paraban los pelos como a un gato y el Borneos, aunque no la mirara a los ojos, se notó la voz de galán cuando le hablaba a través del celular.
En ese momento estaba trabajando en un casting para escuincles y tenía una junta. El director estaba de necio con que no le gustaba nadie, así que prometía ser extático. Cuando llegó la Matilda ni la saludé, como estaba de mal humor, pues la jalé del brazo, la pasé a la sala de edición, la senté y me fui rapidamente a la sala del café. Cuando me encontré al Borneos, midiendo el muy mamón la cantidad exacta de granitos de azúcar, lo jalé de una de sus bufandas, atravesamos dos escaleras, un pequeño patio, subimos a la sala de edición, jalé una silla adicional, lo senté frente a Matilda y les dije—. Dense la mano, platiquen y los veo al rato. Preparé mi foldercito, mis cd’s, sacudí la mano despidiéndome y me fui.
Tres horas, un dolor de estómago, una lluvia más tarde y aún con la presión de la junta del día siguiente, llegué a la oficina y antes de pasar a la sala de edición, me di cuenta que había olvidado por completo a la Matilda y a Borneos. No le expliqué en ningún momento a Matilda que él se hacía el autista y para platicar con él, se necesitaba un celular en la mano. Chasqueé los labios pensando que ya lo había arruinado, me encogí de hombros y entrando a la sala de edición, me encontré la cosa más extraña que estos ojos hubieran visto. Matilda y Borneos seguían sentados el uno frente al otro, en silencio, mirándose con ojitos de borrego muerto. Lo primero que pensé, es que estaba pendejísimo trabajando en lo mío, ya que la creatividad daba a cualquier ser humano tres horas de vida para permitirse verse… nada más verse. Pasmado, me jalé una silla y me senté junto a ellos. Como si yo no existiera. Siguey leyendo →
|
Tags: capítulo-3, Una absurda historia de amor.
Mayo 23, 2003 — Padre Taxi.
Escrito por Agustin Fest.
Vibraciones.
Desde que nació sintió las vibraciones. La música de circo inundó la sala y salió en su monociclo con su gran sonrisa, alzó sus manos y en un tropiezo prefabricado los hizo reír. Arlequín miró hacia otro payaso que en la vida fuera del circo era su hermano, dieron un concierto de insultos idiotas y las vibraciones crecieron.
La gente se impresionó cuando por arte de magia apareció un elefante detrás de ellos, los payasos continuaron discutiendo y como parte del acto, se dieron cuenta del silencio del público y voltearon a mirar atrás.
El elefante, como estaba entrenado, utilizó su trompa para alzar a Arlequín, la gente exclamó sorprendida y con la esperanza de que fuera parte del acto la lucha de Arlequín ante tremendo animal, los demás payasos, todos alumnos del maestro Arlequín, hicieron ademán de intentar rescatarlo.
Las vibraciones se hicieron de angustia y temor, cuando Arlequín logró el efecto deseado tronó sus dedos y el elefante obedeció y lo puso en su lomo. Arlequín alzó los brazos y la gente exclamó jocosa y alegre. Arlequín hizo una reverencia desde el lomo del elefante y saludó al público.
Vibraciones de risa y alegría, eran las mejores.
Arlequín dejó de vivir en el pasado durante un instante, sacó un cigarro y lo prendió nervioso, tomó la mano de la Muda y dejando el cuerpo de Chucho atrás hizo que caminara hacia la ciudad con él.
Siguey leyendo →
|
Tags: capítulo-3, Padre Taxi
Abril 7, 2003 — Poder Gris.
Escrito por Agustin Fest.
Después de la Libertad.
Catorce años de aventuras y magia pasaron rápidamente, Argarath pensó en lo efímero del tiempo, suspiró al recordar los momentos de triunfo y fracaso desde que conoció a los tres viajeros y se sonrió nostálgicamente.
Acarició el cabello de Cilia, ella siempre estuvo con él en esos momentos.
—Recuerdo esas miradas discretas que nos dábamos el uno al otro, Jayli y Trevan auguraban nuestro amor con sus burlas infantiles —susurró Argarath para sí, Cilia se fingió dormida para escuchar—. Tú risa cuando te hacía reír. Eres siempre tan seria, es todo un honor para mi sacarte una risa.
—Siempre sabes como hacerme reír Argoth —Cilia se volteó y beso los labios de Argarath, él correspondió el beso y con un gesto pidió su atención.
—Jáh vino a mi a petición de Sart, habló conmigo. ¿Te imaginas Cilia? ¡El mismo Jáh! ¡El padre de los dioses claros! Y me pidió que continuara mi camino como Avatar, ¡quiere que sea un santo guerrero de Jáh! ¡quiere que sea una de sus resurrecciones!
—Argoth, tú siempre has debido ser un Avatar.
—¿Lo ves Cilia? —sonrió Argarath con sus ojos iluminados.
—Quiero saber una cosa y quiero que la sepas tú antes de decidir, ¿Es la decisión de Jáh o de alguien más? Argoth, noche tras noche, desde que éramos niños, te he escuchado hablar en sueños, ¿quién es aquél con quien hablas Argoth?
—No puedo decírtelo Cilia, puedes pedirme todo el mundo menos eso —respondió Argoth, oscuro, sombrío, como un recuerdo doloroso de antaño.
—¿Qué es eso qué se pone enfrente de la mujer qué amas? ¿Quién es, Argoth? —preguntó Cilia triste, casi silenciosa.
Callaron y la luna miró triste las lágrimas de la pareja ocasionadas por el triunfo de la muerte y los lobos le aullaron, acompañándola en una escena siniestra.
Siguey leyendo →
|
Tags: capítulo-3, Poder Gris