Abril 26, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
“Si se despedaza una mentira… los pedazos son la verdad”
Eugene Gladstone O’Neill (1888-1953)
No soy un tipo sonriente, ni cursi. Tampoco soy un amargado. Soy buena onda, tengo mis momentos de felicidad, pero hasta ahí. Por eso, cuando me comisionaron escribir una historia de amor a siete capítulos, no salté de alegría. No sé escribir historias de amor que no acaben medio trágicamente, o que no contengan groserías. Es por eso que me disculpo de antemano con mi editor, si encuentra algunas groserías. Le prometo que solamente serán mías y de nadie más.
Mientras pensaba en las vicisitudes que debía contener una de estas historias y personajes memorables para acompañarla, se me ocurrió que no debía ir tan lejos y relatar algo que ocurrió hace poco entre un trío bastante inusual. Si ventilo su historia, es porque los tres me caen mal o no tengo nada que me una a ellos, mas que una relación laboral y la pura casualidad. He recogido pedazos de la historia entre Matilda, Borneos y Caifás entre viaje y viaje. Como soy muy preguntón cuando algún chisme me interesa, tengo casi todos los detalles y los que no, digamos que los inventé.
Matilda se me acercó corriendo, como una gallina descabezada, cuando su jefe le había dado la nota: “O inventas una buena idea para el siguiente comercial, o te largas”. Había cometido la indiscresión de decir estupideces en sus últimas dos juntas. En una de ellas, por cierto, presenté el casting y un chavo que ahora es un hit de telenovelas, Matilde tuvo el atrevimiento para decir a mitad de la junta que tenía los dientes amarillos y un ojo virolo. No sólo me echó a perder mi trabajo, sino que también los clientes se dieron topes contra la pared cuando se dieron cuenta que pudieron tener imágen sin pagar los miles de pesos.
Siguey leyendo →
|
Tags: capítulo-1, Una absurda historia de amor.
Agosto 12, 2003 — Arbol.
Escrito por Agustin Fest.
Erase una vez, en una contaminada ciudad donde mucha gente caminaba mirando el reloj, que vivía un Árbol pequeño dentro de una pequeña maceta. Era tan pequeño como un bonsai, con sus pequeñas raíces apenas tocando el fondo de la maceta. Éste Árbol tenía dos pequñas cicatrices cruzadas en el ojo derecho, un recuerdo que le heredó su padre y un perro que le salvó al esconder su semilla para que no se perdiera en un mar antiguo.
El Árbol respondía al nombre de Árbol Tsef Thaed. Se lo dio un hombre que viajó durante cuarenta días y cuarenta noches, a través de tormentas, desafiando súcubos, jugando ajedrez contra Dios y contra Satán. Ese viejo, de nombre Simón Dor, le dijo que era su nombre porque era el mismo que había tenido su padre. Fue cuando le preguntó al hombre a qué se había dedicado su padre y éste solo atinó a responder—: Caminar, Árbol, caminar para buscar su nombre.
Eso había significado mucho para el pequeño Árbol Tsef Thaed, le hizo imaginar que su padre fue un gran árbol y haber encontrado su nombre, su más grande bendición. Al mismo tiempo, le preocupaba sobremanera. ¿Qué razón de existir tenía éste pequeño Árbol, si su nombre ya había sido encontrado? No podría caminar en bosques mágicos, ni en inclementes desiertos, ni en las nubes hechas de algodón, ni profanar templos míticos o reales y tampoco podría andar en túneles subterráneos. Su nombre ya estaba escrito en la corteza y no había nada que moviera al Árbol a caminar.
Hasta que un día, mientras acompañaba a Simón Dor cuando escribía, escuchó decir del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal. Simón Dor leía el Génesis en voz baja y sin querer, el Árbol escuchó y así inició este pequeño, su gran historia.
Siguey leyendo →
|
Tags: árbol-de-los-mil-caminos, capítulo-1
Mayo 23, 2003 — Padre Taxi.
Escrito por Agustin Fest.
—Mi nombre es Padre Taxi y no sé nada de un tal Andrés Burgos —respondió el señor de cuarenta y dos años, vestido con una sotana y un letrero colgando en su espalda que decía Libre en letras blancas y grandes, sobre un fondo rojo—. Soy un indigente más de esta maldita ciudad.
—Vamos Andrés, usted no me engaña, no se sabe todos los días que un hombre millonario acaba mendigando en las calles; le conseguiré una deliciosa hamburguesa y tal vez dinero para que sobreviva un mes sin necesidad de rascar por sobras —respondió el reportero, vestía un traje café barato, la camisa manchada y sobre estirada. Un oportunista.
Taxi dio vuelta en la calle cuarenta y dos, acariciando paredes, huyendo como desesperado en cámara lenta. Se detuvo un momento para escuchar a Edith Piaf que cantaba gracias a un fonógrafo distante y se arrepintió del pequeño placer al percatarse de que el reportero le seguía a distancia dispuesto a obtener sus palabras.
—Ratas, todos ustedes son unas ratas —susurró Padre Taxi y caminó distraído, el reportero lo siguió apresurado en las viejas calles oscuras.
Siguey leyendo →
|
Tags: capítulo-1, Padre Taxi
Marzo 24, 2003 — Poder Gris.
Escrito por Agustin Fest.
Mis estimados y bien ponderados lectores que todavía me visitan. He de platicarles que la escritura más que un método de supervivencia, es un arte… así que he decidido compartirles este pedazo de mi vida y me ayuden, si ustedes gustan, por medio de sus comentarios y sus críticas a terminar este trabajo de una vez por todas. Se llama el Poder Gris y es una novela épica-fantástica que lleva ya cuatro años esperando que le ponga un punto final. ¿Les parece si cada lunes les escribo un capítulo? (Son 11 por el momento) Así me aseguraré de terminarlo o tal vez, extenderlo a más de lo que hay en mi mente ya preparado.
Sin más farfullería, les dejo la introducción y el primer capítulo. Quedo de ustedes, su incondicional remedo de escritor: Agustín Fest.
Siguey leyendo →
|
Tags: capítulo-1, Poder Gris