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Esta es la primera imagen, que mucha gente tomó tan pronto compraron sus cámaras fotográficas y digitales. Es un pasatiempo que tengo. Dejo pasar el tiempo y busco las primeras imágenes de las personas. También busco las número cinco y las número veintiuno. Si uno es insistente, puede encontrar pornografía muy personal, que nunca debió ser publicada en internet.

En Xola continúan construyendo los carriles y las estaciones para el metrobus. Año y medio más, me han comentado algunos taxistas. Muevo la cabeza resignado. Los días de casting han sido particularmente divertidos e incluso pesados—. Modelos en minifalda caminando sobre la avenida y los albañiles chiflando a todo lo que dan. Los pulmones de un albañil son mágicos. En seis horas conté trescientos silbidos. No pierden una.

En la calle, la dueña del restaurante chino tenía su muslo extendido y su pie sobre la caja de un boleador. La china con sus ojos pequeños admiraba el trabajo de los albañiles. Hace seis años la conozco pero muy superficialmente. Raras veces voy y pido arroz frito. Bajó su muslo señorialmente y puso el otro. El boleador no alzaba la mirada. Las máquinas continuaron destruyendo el pavimento. La china nunca habla español correctamente. Lo hace como el estereotipo. Se ve todavía joven, como hace seis años. Probablemente el tiempo no pasa cuando se encierra en su restaurante. Probablemente habla español chinesco estereotípico porque eso le agrada a los clientes.

Me prometí escribir diferente. Es un ejercicio personal. No sé si es notable, o si lo estoy logrando siquiera.

Sueños de un pornógrafo. 2

Ayer cuando regresaba a casa, miré a dos putas pasándose una calle a una cuadra de la unidad habitacional donde vivo. Me sorprendió. Ya me había comentado Ricardo de la existencia de las señoritas sexoservidoras porque las había visto pasar cuando regresaba a su calle en el coche, pero me había negado a creerlo porque me sorprende que mi pueblo despliegue tan sorprendente ejemplo de progreso, modernización y multiculturalidad. Se paran en la esquina del McDonald´s y esperan, esperan a sus víctimas. —Sí son hombres, ¿verdad? —me preguntó mi compañero hace un momento, y lo único que atino a recordar es que una de ellas tenía una minifalda tan pequeña y sus piernas aparentemente largas, que se le miraban los calzones mientras caminaba, apresuradamente, sobre sus plataformas, bajo la lluvia. Prostitutas trabajando en la esquina de un McDonald´s. ¡Qué servicio! Papas con mi mamada, por favor.

Me he preguntado, toda la tarde, donde trabajan si por mi casa no hay hoteles. ¿En el estacionamiento? Vámonos allá atrás, al fin y al cabo no nos ven. Si fuese un pornógrafo, porque temo que todo esto se quedará en un sueño, me acercaría a una de ellas y le diría—: Hagamos un negocio. Tú se la mamas al cliente y yo le vendo el video, para que siempre te recuerde Rubí. Se venderán los dvd´s piratas de “Las Putas de Alta Tensión” y en internet, se harán tan populares como La caída de Edgar, pero underground, porque la pornografía es el pilar de la cultura underground. Escondamos nuestras revistas y videos de la vista de nuestros hijos, si somos extraños parafílicos enterrémoslos bajo el árbol.

Ya tomé nota, trabajan los jueves. ¿Pero qué tal si no son de fiar? Puede que sean de esas que engatuzan a su cliente: lo drogan, lo despojan de sus honestas pertenencias, lo encierran en el baño y le roban un riñón. Hay un cementerio a otras tantas cuadras, así que el servicio es completo. Extraño preguntarme dónde estará la entrada del cementerio, cuando pienso en la minifalda de brillantitos purpuras que caminaba esa noche, haciéndose paso por la lluvia, mientras su dueña le sonreía a la otra. Igual ya habían trabajado mucho esa noche, ya se iban a casa, a recargar las pilas… de sus juguetitos o que se yo.

Me dijeron que estoy bien guapo…

…y me la creí.

Andaba esperando mi camión, pensando en algún post para “La Chaqueta” y tenerlo de reserva, porque ya ven que posteamos cada siglo de por sí, alguna jalada mental que se nos ocurra. Fue cuando mi mente giró en torno al feminismo y un post titulado: “Por qué los hombres lo adoramos”. Mi mente trabajó rápido, juntando todo el material que mi propia experiencia me pudiera dar.

  • Nos gustan las feministas porque pagan lo suyo… es más. ¡Vuélvanse todas feministas! Así nada de invitar que el antro, que el cine, que la cena. ¡Tengamos todos gastos iguales! No, no… y no se vale apelar a que el caballero debe pagar las cosas que no se qué. No. Si buscamos igualdades, tengámoslas.

  • Adoramos a las feministas porque si viven con un hombre, ellas cocinan lo suyo, lavan lo suyo, hacen lo suyo y no se la pasan preguntando, ¿dónde andabas? ¿qué estabas haciendo? Es más, una buena feminista trabaja. Y así, aporta algo para el hogar, entre otras chucherias. También, de esa forma, los hombres estarían obligados a ser independientes de las mamás-maridas. ¡Crecimiento en ambos aspectos!

No está por demás decir, que estaba pensando pura pendejada. ¿Verdad?

Seguía pensando cosita tras cosita para echarle tierra a la primera bondad y maldad que creo Dios (la mujer), cuando un coche se detuvo y escuché—:¡Oye chiquito!

Miré hacia el coche, jovencitas de diecinueve años, probablemente nada más echando desmadre. La que me habló iba en el asiento del copiloto, una chava bonita, de cabello rizado y largo, ojos y labios grandes, voz gruesa.

—¿Si?

—Hola, oye, me recordaste a un novio mío. Quería decirte que estás bien guapo.

Sonrisa pendeja.

—Je, gracias.

—De veras, estás muy guapo.

Ella me sonrió y subió la ventana de su lado. Siguió platicando con sus amigas durante el alto y cuando el coche echó a andar me sopló un beso, y el coche desapareció a unos cuantos kilómetros por hora.

Oh si, me dijeron que estoy bien guapo… y me la creí. No resta decir que se me olvidó todo mi tratado acerca del feminismo.


Hoy, durante el trabajo, pensé en Fiammetta.

Me sentía muy mal, he estado bajo muchas presiones estos días, no sólo por mi trabajo. También el despido de mi madre y pensar que el dinero no alcanza, me tiene con los nervios de punta. Eso y que no he tenido ni un sólo día de descanso, en el que me pueda acostar y cerrar los ojos sin preocuparme. Pronto iniciará la escuela y mis horarios son en la tarde, todo eso me tiene mal.

Fiammetta hoy se convirtió en un delicioso escape. Cerré los ojos y pronuncié su nombre en mi mente, durante varios minutos. Imaginé muchas cosas y recordé otras más. Sentí que así podía llegar a tocarla, extenderle mi mano y si mi mente es un poquito misericorde, abrazarle y no dejarla ir. Si… hacía mucho que no me sentía así. Lo había olvidado.

Cuando abrí los ojos, me sentí un poquito mejor.