Día 18
Tengo en mis manos polvo de Arte, ¿sabes cómo funciona diario querido? Acércate, te lo diré al oído… porque el polvo de arte es similar a hacer el amor. Pasas una mano por sus delicados muslos, que son como frases delicadas o colores pasteles con un brillo en el centro, como la noche estrellada de van gogh… las manos se mueven hacia arriba, acariciando el vientre de un cuerpo de Botero, deliciosa música de Beethoven incrusta el aire y se convierte en la Oda de la Alegría cuando los dedos aprietan girasoles o manzanas de naturaleza muerta que se enciende en vida. Un beso significa el descubrimiento de la luz y la sombra, el contraste de matices que evocan sentimientos del pasado. Los cabellos simulan un cuadro de Monet en diversas tonalidades y es obvio que la sonrisa es de Mona Lisa. Enigmática, profunda.
La nostalgia en polvo de arte se convierte en el Adagio de Albinoni, y la esperanza son los diversos Opus de Tchaicovsky o la inmensidad de la Capilla Sixtina, que nos hace sentir insignificantes y abre nuestros ojos a tal extremo de creer que verdaderamente es una obra divina y tan solo es humana. La inocencia y la pureza de un desnudo es el David y la triste reflexión o el momento antes de una decisión es El Pensador. Y si recordamos nuestro ancestro pasado, el Polvo de Arte gustoso nos lleva a pinturas rupestres en Francia, podemos imaginar los tambores africanos circulando al ritmo de nuestra sangre y en el viento se puede oler la mezcla de hojas y sangre de insectos que llevaban los patrones Aztecas.
Nuestros ojos asemejan la fotografía de un 1910 o 1920, con un indio sioux evocando a los espíritus del águila, el halcón, el oso o la hormiga, no lo se. Nosotros somos Polvo de Arte, así como la Magia existe en el mundo, las driadas y las sirenas y los sátiros y las ninfas llevan sus enseñanzas, tocando los instrumentos y pintando los colores en el mar de nuestra propia alma.
Allí estaba, su falda se pegaba a las nalgas que bien formadas por el ejercicio, se presumían ante mi. Sus ojos azul claro, su cabello liso y perfecto. Yo toqué sus manos y le tuve que besar los labios, como si fuera un principio, ahí estaba ella… y casi creí sentirme enamorado.
Mis manos perdieron caso al dueño, la moral se derrumbó cuando se deslizaron debajo de su armadura de algodón, sus labios suspiran frases que jamás serán escuchadas y entre la ausencia de oxígeno escucho mi nombre y ahí empezó mi falso amor.
Mis labios se encarnaron alrededor de su cuello, abrieron una entrada a su cuerpo y penetré en su espíritu antes de penetrar en su cuerpo, el hilo de seda de su cabeza acarició mi rostro enterneciéndolo, enrojeciéndolo a medida que me acercaba más a ella. No pude evitar subir su falda y ella, sencilla, se rindió.
No protestó cuando la presentación física, sus manos quietas encadenadas por las mías y su cuerpo doblado, sus ojos cerrados y su boca entrecerrada, mi nombre se escucha, mi nombre se pierde, los gritos ya son sin sentido y yo, con mis manos en su espalda, empujando su pecho contra el cielo y atravesando la jungla de su falda para llegar a mi tesoro escondido.
No pude parar y bien parado estaba… y bien parado estaba, ya no pude parar.
Hasta que desperté sudando frío.






