Tira 19

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Entrevista al autor de este blog (y otros personajes)

Buenos días a todos ustedes, me han encomendado la difícil tarea de entrevistar a Fest. El por qué el autor decidió concederme la entrevista, aún esta por verse. De por sí, me siento bastante afortunado de que un hombre de tantas y múltiples ocupaciones como él, haga un espacio en su apretada agenda para hablar conmigo. Agustín Fest, como la mayoría sabe, es un joven resuelto, que desborda creatividad, que escribe más o menos, que le confunden fácilmente con un narcisista porque gusta tomarse fotos de sí mismo y que hasta el momento ha editado sus propios libros. Nadie sabe que pretende con esto, si ser famoso, si entrar al canon literario o si, sencillamente, divertirse con lo que escribe. Se diría entonces que se dedica a dos trabajos al mismo tiempo: escritor por encargo de sí mismo y lector número fanático número uno de sus propios escritos. Pero basta de suposiciones, sin más dilaciones les presento esta, LA ENTREVISTA DEFINITIVA.

FEST (se ríe nervioso): Vamos, tanto como definitiva no. A Fest le da miedo la palabra definitivo, porque es como un indicativo de un final y creo que de lo poco que he aprendido de Fest, es que no le gusta escribir cuentos que terminan.

ENTREVISTADOR: ¿Consideras que un final arruina una historia? ¿Te dan miedo, repulsión, o sencillamente no son de tu agrado?

FEST: Fíjate que esa es una excelente pregunta para Fest. Tal vez es porque se involucra tanto en lo que escribe, que mientras más avanza en la historia, le resulta más difícil saber como continuarla. Falta de disciplina, de una planeación para escribir, hace que las historias tomen giros inesperados que luego, pues, no sabe como deshacer. ¿Aunque de verdad, será necesario deshacerlos? El gozo de escribir viene en parte por continuar ese flujo que lleva la historia, deshacer lo que se tenía planeado y dejarse llevar. Como cuándo te ofrecen tu segundo toquín de mota. Te lo fumas y go with the flow.

ENTREVISTADOR: ¿O sea qué usas drogas para escribir?

FEST: Fíjate que ese es el tipo de pregunta estúpida y espontánea que se le puede ocurrir a un entrevistador. No. Fest no consume drogas y no recomienda su consumo para escribir. Puede ser que a algunos les funcione, y de hecho, a Fest le es fascinante leer a escritores que se encuentran bajo el influjo de sustancias. Sin embargo, Fest piensa que si él necesitara una sustancia para imaginar, entonces estaría perdido. No se necesitan sustancias para imaginar, sólo se necesita usar el coco.

ENTREVISTADOR: Bueno, y cuéntanos un poco de lo que estás escribiendo ahorita. La búsqueda de Bob, al parecer, no ha recibido una gran aceptación de tu público. Como que ha cambiado mucho de enfoque en comparación con la historia de Bob.

FEST: Ummm, es que son dos historias que aún cuando estan relacionadas, usan distintos recursos para desarrollarse. La historia de Bob, por ejemplo, se escribió pensando en las fotos enviaban los lectores para los fotocuentos. Si Fest sentía que la narración se atoraba en algún momento, recurría a la siguiente foto de la lista, cerraba los ojos y pensaba: En chinga, vamos, en chinga, ¿qué te dice la foto? ¿qué te diría la foto si fueras Bob?. En cambio, con La búsqueda de Bob, Fest se ha prometido escribir más fantasía y escribirla bien. Es decir, ha tenido mucho cuidado con que sean párrafos más largos de los que acostumbra (no sabe el por qué esa repentina adicción con los párrafos largos). También, ha tratado de que sea una historia un poco más amplia, que se enfoque en más aspectos donde no solamente se trate de buscar al cacto. Ha tratado de darle a cada personaje un sentido y temas que puedan desarrollarse, acorde o muy en contraste, con su personalidad. Con el personaje, homólogo del escritor, ha tenido cuidado en representar algunos recuerdos, experiencias y otras cosas que Fest no compartiría comúnmente, a manera de confesión. Fest se ha tardado un promedio de tres días en escribir las siguientes entregas y siente que no lleva ni la mitad de lo que tiene contemplado. Así que esta puede ser una historia muy larga.

ENTREVISTADOR: ¿Eso te afecta como weblogger? ¿Dirías que no puedes escribir de tu vida, cuándo paralelamente tienes a un personaje llamado Fest, sufriendo en la oscuridad?

FEST: Precisamente, piensa que ese es el problema. Ahora el entrevistador ha dado en el clavo. Es difícil retornar al ritmo de platicar cotidianidades y reflexiones, cuando uno ya esta llevando el ritmo de una historia que se esta escribiendo. Es por eso que Fest le pidió esta entrevista: De alguna manera, hay que disculparse con los lectores porque Fest esta a punto de entrar a otro proyecto, dónde el weblog se usará como un lugar dónde pueda escribir de chingadazo lo que piensa. Aunque sean solamente un par de líneas. La búsqueda de Bob, a Fest le dolería terminarla porque se ha encariñado de manera bestial con los personajes, sin embargo desea hacerlo. Aunque ha pensado que puede con ambos proyectos, en el caso de no ser así, promete retomar la historia en diciembre (aún cuando nadie lea blogs en diciembre) para terminarla como se debe.

ENTREVISTADOR: ¿Qué otro proyecto ocupará tu tiempo?

FEST: Uno en el que ha querido participar desde hace tiempo: NaNoWriMo. El proyecto consiste en escribir una novela de un mínimo de 50,000 palabras del 1 al 30 de Noviembre. Esa novela, no la escribiré en el weblog. Como un ejercicio de disciplina, la escribirá en un procesador de textos, y tal vez, cuándo termine el NaNoWriMO y la búsqueda de Bob, entonces se dedicará a publicar la novela por capítulos. Tal vez se esta tomando con mucha seriedad esto del NaNoWriMo, pero quiere ver si es capaz de escribir un texto jugoso en un mes y quiere ver si es posible disciplinarse para ello, fijándose un horario, fechas límite y mantener una coherencia en la historia.

ENTREVISTADOR: Ahhh, muy bueno, muy bueno… Ahora, es el turno de ustedes bienamados lectores, ¿alguno de ustedes tiene una pregunta? Aproveche que Fest esta de oferta, de aquí hasta el 31 de Octubre.

FEST: ¿Eh?

El camino del inicio perpetuo.

Cuando le dijeron que esperarían al anochecer, él pensó que sería muy buena idea. Sin embargo, el truco del diablo en la mente de Fest era tan poderoso, que cuando se metió al departamento, olvidó las memorias difusas y que la negación significaba su alma y su sangre. Es por esto que me permito llamar al primer camino de Fest, el camino del inicio perpetuo.

Cuando Fest se encerró de nuevo a su departamento, sin energía eléctrica, se sentó en una de las sillas que encontró a base de rutina. Respiró lento y pausado, creyéndose así mismo un oriental. Escuchó los sonidos que no se escuchan regularmente: el sonido del agua en las tuberías, los chistes de los borrachos de medio día, el movimiento de los árboles con el viento, las pisadas minúsculas de hormigas diabéticas buscando los desperdicios en el refrigerador, el reggaeton de los vecinos tres edificios más adelante y cuando terminó todo aquello, pudo escuchar la sangre poblar con su río los latidos de su corazón. Entonces Fest se sintió en comunión consigo mismo y con el universo, se auto congratuló y cayó dormido.

Fue el sonido de su propia erección rozando con sus pantalones lo que le despertó. Tronó los labios molesto y pensó que ser un zen, definitivamente, debía ser la peor putada del mundo. Que lo único que le permitiría empezar la búsqueda por su supuesto amigo, Bob, el cacto, sería empezar de nuevo. Dar el primer paso. Salir y arrollar con el mundo. Estar dispuesto a destruirlo todo y matar, kilos de sangre.

Fue así que Fest descubrió que su putada zen le permitió recordar un poco y burlar el truco del diablo. En el momento que se hizo consciente de su triunfo, el diablo volvió a borrarlo todo y se encontró sentado en una silla, en su departamento sin energía eléctrica, y preguntándose que hacer.

Fest esta loco no porque quiere, sino porque toda la vida ha jugado a Dios y el diablo. Es así, por ejemplo, que se recuerda en la secundaria, en la dirección. A su lado, estaba uno de sus compañeros: Daniel. Él le había robado dos estilógrafos, cuadernos, le había amenazado diversas veces, casi se habían agarrado a golpes una vez. Daniel, igual que el segundo nombre de Fest. ¿Y por qué ambos se encontraban en la dirección, frente a los ojos de la monja Sor Juana? ¿Era por qué él se había hartado de los abusos?

No. A Daniel iban a expulsarle de la escuela. Se había excedido tantas veces ya, que la piedad de las concubinas de Cristo se había agotado. Fest se encontraba ahí porque su abuela le había hecho prometer que nunca abandonara su nobleza. Daniel no es malo, dijo Fest en voz alta, sabiendo que si decía lo contrario también aplicaría así mismo, prometo cuidarlo madre, prometo responsabilizarme de sus actos… Prometo cuidarlo.

Igual que prometió cuidarlo y guiarlo, sabía que si no lograba nada con él, entonces no había de otra que declararlo un hombre perdido, alguien manchado a los ojos de Dios y del hombre. Es por eso que la monja se le quedó mirando con los ojos entrecerrados, graves… Este cabrón se sabe tan listo que esta abogando por el diablo, y cumpliendo o no, habrá ganado.

Pero hubiera sido bonito, pensó Fest, que me hubieran dado la oportunidad de salvarlo… De salvarnos juntos, Daniel.

Prometo cuidarlo madre, dijo Fest en voz alta y empezó a quedarse dormido. En sueños y sin ninguna voluntariedad oriental, escuchó los balones de basket en la cancha, el aceite saltando en un sartén para huevos en el departamento de arriba, los gemidos de una mocosa tocándose después de haber hecho la tarea de mate en su cuarto, el choque de las nubes contra el viento y despertó.

Se sintió terriblemente asustado, no estaba tan acostumbrado a escucharlo todo, así que buscó su reproductor portátil de mp3 y se sonrió estúpidamente cuando escuchó las canciones de José José.

Entonces recordó a la pobre de Perla que le quería tanto, que le admiraba tanto, que le veneraba tanto. Ella compraba los mismos libros que leía Fest, sin falta, y le regalaba libros, sin él pedirlo. Hasta una camisa y calzones le regaló. Yo no puedo amarte, le decía Fest, pero si quieres puedes ser mi puta, y la pobre haciendo como que mamaba y haciendo como que juntaba las piernas y se tocaba. A Fest sólo le bastaba recordarle lo puta que había sido, en público, para que ella bajara la mirada e hiciera como que lo odiaba. No fue la única, pero si todas esas pobres que tocaron su camino tuvieran que llamarse de algún modo, tendrían que llamarse Perla, todas esas que le dijeron “No me maltrates… Quiéreme”, “¿Por qué puta y no amor?”, “Después de todo ¿sólo eso piensas de mí?”.

¿Será por eso, que esta pagando tanto? ¿Karma? Nah, no lo cree, ellas también tuvieron su culpa, cuando lo veían tan listo, tan inteligente y culto, tan alto y blanco, tan banco de genes, tan necesario para mi cuarto de trofeos y de ser posible, para presumirlo como esposo. Pobre de Fest, que se vio en necesidad de enseñarles algo a las pobres putas.

Fest se hartó de las mujeres, cuando era igual con todas, todas eran igual con él. Tal vez ese pensamiento tan simple fue lo que le obligó a buscar querer de verdad. Fue la búsqueda del amor y ese amor como redención. Será que conscientes de esto, otras mujeres trataron de maltratarle y él, gustoso, actuó como un perro mal herido, si en eso consistía la redención, procuraría tener días tan malos que sólo el budismo o el asexualismo podrían curar.

Se volvió una rutina tan desagradable, que hasta pensó en acostarse con un hombre y a chingar a su madre. Venga tu banquete Platón.

Es en esta parte donde Fest quitó a José José del reproductor y miró una de las paredes sombrías e indefinidas, en completo silencio. Creyéndose un Quijote de Broadway, se arrodilló frente a una luna imaginaria y pidió con religioso fervor el perdón de todos sus pecados, hazme caballero, luna misteriosa, para que me perdonen todas las mujeres presta pronto y saba daba…

…y se quedó dormido.

Creo que sin lugar a dudas, el peor error de un escritor es poner demasiado de sí mismo en el inicio de una historia que nunca fue suya para empezar. Pero lo siguen intentando, así como Fest ahora escuchaba como las raíces de los árboles se enterraban en la tierra, el trazo de la pluma de un poeta mediocre, el pedo de un cura mientras ofrece la comunión y la serie de hechos inconexos que continúan entrelazándose para que un escritor pueda echar a andar por fin y rescatar a un asesino, un amigo que no recuerda.

Fest despertó por tercera vez. Decidió salir para respirar aire, despabilarse, hacer otra cosa que recordar y dormir. Cuando salió, el niño Torres trataba de liberar al lobo de fuego limando su cadena. Fest seguía recordando un millar de historias en su pasado, pero ninguna de Bob, el cacto.

-Es inútil, nada funcionará, a no ser que encuentres los jugos de una celta virgen.

-…

-Exacto. Pero la cadena esta puesta en mi cuello por una razón y supongo que es porque mis dientes, de poder alcanzarla, serían capaces de quebrarla. Uno de mis colmillos debe ser suficiente.

Torres y Fest se miraron.

-Ve por unas pinzas Fest -dijo el lobo sonriendo.

Si Fest tuviera que contar esta historia de nuevo, diría que buscó las pinzas con una calma poco común y cuando las encontró y salió con ellas, no estaba seguro de lo que sucedería con ellas pero que esperaba no tuviera que ser él quien las sostuviera en sus manos cuando llegara el momento crítico. Se equivocaba, por la honesta y burda razón de que él siempre se equivoca y termina resignándose por hacer las cosas que no quiere hacer.

Se arrodilló frente al lobo cuando él se lo pidió, y el niño Torres se tapó las orejas para no escuchar los aullidos y las carcajadas guturales del lobo, durante las dos horas y media que tardó Fest para extirparle su colmillo superior izquierdo.

Bulkinar.

Kayla, es una señorita que viste calcetas largas y minifaldas, no es menor de edad, pero lo parece y se da sus vueltas, repentinas, por la calle. Tiene teticas de perra, no son muy grandes, pero tiene un culo bonito. Tiene ojos azules, grises, o de cristal… y tiene unos muslos hermosos, unos tobillos magníficos, unos dedos universales, un cabello largo y rizado, nada más, pelirrojo a veces. Kayla tiene dientes de coneja, y tiene heridas, porque a ella también se le han muerto los muertos. Nos mira, la pobrecita, como si buscara en nuestros ojos citadinos magia. Yo nada más prendo un cigarrillo y le observo acariciar a un lobo, un lobo rojo, cuyo pelaje evapora las gotas de agua en cuanto lo tocan. —¿No se quemará Kayla? —le he preguntado a Bob y este, sencillamente, me ha dicho que Kayla es el vertiente de la naturaleza, que ella lo sabe todo, que sus caderas y la fertilidad, que de sus tetas se amamantaron los semidioses y los grandes hombres que todos desconocen, que sus ojos son el veradero amor de Dios y las vueltas que se da, son un simple juego que explotan los cosmos. —Kayla es nuestra madre, Kayla son los deseos más grandes, como la paz universal, la felicidad de toda la raza humana. Su carne saciará a los hambrientos, en sus manos la salud de los enfermos. Kayla es Dios y es Satanás, porque Kayla cuando duerme nos destruye, Kayla lo es todo —dijo Bob, y lo dijo tan seriamente, que estuve a punto de creerle. Y ella acariciaba un lobo rojo, que murmuraba palabras de amor, como esponjas de jabón, tan pronto sus dedos peinaban ese pelaje desordenado y yo seguía fumando, y miraba incrédulo a la mujer acariciando al lobo. —Kayla son las pasiones humanas, Kayla es furia, Kayla es violencia, Kayla es transgresión, a Kayla le perteneces cuando da vueltas y quiebra universos —dijo Bob, muy serio, mordiéndose las espinas. Creo, que el cacto regresó a un estado de pureza, creo… que el cacto, y su regresión, y Kayla acariciaba al lobo.

No puedo hacer más nada, solamente observarla, y fumar durante otros tres minutos de cigarrillo.

—Kayla me quiere cuando duermo. Kayla es tu madre —casi suelto la carcajada—, Kayla es tu abuela, dos mujeres en el centro cargando sus bolsas, Kayla es Imperio, es Raquel, e Inés, y la cruz, son tres Claudias, es Lilith, es K, y Borgia, y Frida, una Gloria, es Uhura, es un Sol entero, una María Magdalena, diez de mis espinas, y siete Patricias, Kayla es Cecilia, es Fátima, es Mariana, es Issel desnuda, y son reproches, y son tus culpas, y tus enigmas, y tus mejores triunfos. Kayla lo es todo, porque sin ella nada existe. Minuto y medio, antes de que termine la letanía y Bob sigue cantando todo lo que es Kayla, mientras miraba como peinaba al lobo y me preguntaba, ¿quién es él? ¿quién es él? ¿la misma que re/creó al cacto te hizo a ti, querido lobo? Y pensaba que Kayla era mi madre, y casi soltaba la carcajada, pero no lo hice… porque ella acercó su mano al hocico, y me horroricé cuando Kromg enseño sus dientes, la baba empezó a caérsele, abrió la boca, le mordió y se carcajeó de todos nosotros. Los dientes se clavaron en su piel de leche, y sus ojos cristalinos derramaron lágrimas. ¿Si Kayla destruye universos con sus piruetas, los borra totalmente con sus lágrimas? —La sangre de Kayla son niños muertos en el libro de T.F. Haddied —me dijo el cacto, y yo no le escuché más, porque miraba como a Kayla le dolía, y las lágrimas, y empezó a gritar, y la risa del lobo. No hay nada qué hacer, treinta segundos de cigarrillo, aún no se consumen. ¿Y los vecinos nos habrán escuchado? Entonces el lobo la dejó ir y se echó, cayó inmediatamente dormido. Gotas de sangre mancharon los muslos de Kayla, y sus calcetas largas, sus muslos hermosos, sus tobillos magníficos… me miró antes de irse, me sonrió antes de irse, se escondió la mano herida en su chamarra blanca y le dije adiós con la manita. Te amo Kayla, regresa pronto.

Ferenas.

Estaré jugando con el diseño estos días. No pienso escribir, sólo jugar con la carátula del blog. Ya que quede algo que me satisfaga o ya que me obligue a regresar al diseño de siempre, regresará la programación regular de este, su humilde espacio cibernético (ay ay ay).


NOlo me invitó y me dije, bueno, ¿por qué no? Después de todo, a veces tengo tiempo libre (tiempo libre de verdad) y me la paso jugando Playstation2, así que podría escribir algo de eso cuando no ando quesque trabajando las novelas de campeonato.


Hecho por Gibrán Aquino Pineda, ¿a poco no está poca madre?

Parkuk.

En este departamento no se puede fumar porque uno de los tíos es muy sensible con los olores y es bien sabido —no por los propios fumadores—, que el olor del cigarro es, pues, bien pinche apestoso. Así que para conservar la santa calma, la paz y la estabilidad en las relaciones diplomáticas, salgo a fumar un cigarro a la entrada del departamento, la cual esta enrejada. Viví en esta Unidad durante creo que unos diez años, hasta que me mudé a la Narvarte y ahora que estoy de vuelta, siento que han pasado otros diez años. Algún día entenderé porque mi percepción del tiempo es tan particular (una manera de decir “mamona”) y porque siempre soy un anacrónico con la sociedad. De todas maneras así lo disfruto… la anacronía en mí, es una nostalgia hasta porque pasa una mosca, vieja compañera, y es un mal necesario, al menos para alguien que gusta del arte o se la vive coqueteando con él. Sufrir de nostalgia y melancolía es parte de mi misma vida.

La anacronía es una enfermedad depresiva y a veces, en ella se consigue el éxtasis iláptico (el lector avispado se dará cuenta de la redundancia, de la constante redundancia). Una sensación que todo esta bien… como maniático hay que vivir.


La oración anterior contiene muchas palabras domingueras que se leen mejor si no se sabe que son y finalmente, utilizo las palabras sin la seguridad de saber que son y me guío al como y que me suenan. Sólo cuando “escribo en serio”, voy corriendo a la RAE para que me ilustre, ya que no tengo varo, ni ganas verdaderas, de comprarme un Corominas. Y vamos, para mi no hay de otra, a veces me dejo llevar por el sonido de las palabras e invento cosas, me procuro un bonche de antítesis, contrastes y paradójas que un lector cuidadoso hará bien de tirar a la basura y decirme—: Cabrón, me estas cantinfleando.

La anacronía, mi santa madre o santa muerte, desprecia el verdadero significado de las cosas.


No fue hasta muy tarde, ya algo crecidito (para mis estándares anacrónicos), que me enteré de la importancia de la identidad. La identidad nacional, la identidad individual, la identidad social, la identidad familiar, la identidad etcétera. O tal vez estaba muy consciente de su importancia y es por ello que me dediqué a moverme entre varios círculos sociales / núcleos familiares / juegos relativos interpersonae, siempre jugando el papel de la ambigüedad o del guasón (reemplazo con facilidad la carta que te falta, Ma’ killin’ jokee). ¿Estaba la gente igual de consciente que yo de su propia identidad? Mis compañeritos de juegos en el mercado, las marchantitas de los puestos y los amiguitos de la escuela. Ser parte del ejercicio escolar de llevar la bandera, robarse los jimanes de un niño más chico que tú o alzar la mano para demostrar que eres un sabelotodo. Ñoño mamón, lángara noble.

La anacronía exige el olvido del sí mismo para la constante búsqueda del ego. Exige una ambigüedad natal, un quiebre en una o todas las identidades, depende del sabor de tu helado.


De igual manera, un anacrónico no pertenece a ningún lugar, no importa si es un nómada o un sedentario. Para el anacrónico no existe nada definitivo, aunque siempre esta pidiendo un sí o un no. El anacrónico habla en blanco y negro, cuando todo lo ve a colores. Un anacrónico no pertenece a nadie, aunque este sumergido y disfrute plenamente del juego social. Un anacrónico mira lo que todos no ven, lo que no existe ya en el presente, porque siempre oscila entre el pasado y el futuro. El anacrónico huele su propia mierda antes que todos los demás, porque esta consciente que cualquier dedo suyo puede mover las olas del tiempo.

Una anacrónico sabe que todos vamos al mismo lugar, que todos nos vamos a morir y no hacemos nada, somos niños jugando en lo que papá nos manda a chingar a nuestra madre o a dormir.


Eso pensé, entres mis dedos izquierdos se consumía un cigarro. Mi palma izquierda sostenía un cacto [Bob] que roncaba inquieto. Enfrente la reja del departamento, un silencio sepulcral de vecinos durmiendo o que no han llegado del trabajo. Soy una carta de Tarot. Tal vez la vecina de enfrente, una alta y delgada, morena, con cara de mosca muerta y “yo no cojo por placer, sino por merecer”, me dedicó una breve mirada de desprecio por fumar en mi jaula antes de encerrarse en su departamento. A mi derecha, en un espacio entre departamento y otro, un lobo encadenado con oro (apostaría que de alguna montaña), de pelaje rojo, me miraba fijamente. Un lobo… un cacto… un cigarrillo… una jaula… una vecina con caretcétera. Esto se me hace tan familiar, un dejá vù.

El lobo me sonrió, me dio la espalda, se echó a dormir y yo me metí al departamento cuando me terminé el cigarrillo. El cacto seguía roncando y todos duermen, excepto yo, el anacrónico.

Vönafineen.

I still believe in your eyes, I just don’t care what you’ve done in your life.

Seguimos en la temporada de los días grises, de los días de lluvia. No sé porque me he fijado más en estos que en los anteriores, en otros años. Las parejas, en la noche de sus casas, deben estar contentas de frotarse los pies mutuamente y hacerse los dormidos. Yo estoy contento con prender un cigarrito, tomarme un cafecito y esperar más trabajo (ya quiero ser millonario, me cae). Jo. Ya conté y tenemos otros dos castings esta semana (Más otros dos que todavía estan activos).

Ya le eché agua al cacto, ya estoy cargando mi celular y me quedan como setenta-cien pesotes. Suficiente para dos días, sin gastar en vicios. Espero que ya me paguen esta semana y entonces, haré el famoso super. A ver si compro pan integral y algo de fruta (manzanas). Leche y jugo es lo de siempre.

También, hice el casting que Salvador Leal no hizo y … pues me quedé, así que ya soy todo un Árbol Latino Internacional. En otros lados dicen que soy el niño mayonesa. El varo que saque de ahí (no mucho), me servirá para uno que otro impulso (no muy grande). Para empezar, pagaré otro año de server (o dos) y si me gana otra vez la curiosidad, otro año de flickr. A ver como me va. He ido a filmaciones, pero insisto, no soy el actor/modelo que México esperaba y no soy profesional. Aunque a veces me considere uno, después de ver a tanta gente, hacer tantas caras y tantos gestos en el monitor, día a día.

He pensado, ¿por qué no escribo de las tendencias populares? ¿Por qué no escribo mi opinión política, por ejemplo? ¿O de la salida de Jolette, en ese programa nefasto —pero divertido (gracias Lola [gracias Ilse])— llamado “La Academia”?

  • Prefiero escribir de mis aburridos y tediosos días, antes que dedicarle dos líneas a López Obrador.
  • No quiero que ningún bombardeo de medios controle como escribo.
  • En algunos años, cuando tenga a mis hijos, o a mis nietos, y ellos lean este blog, no quiero responder preguntas insulsas como: ¿Qué era el PRD? ¿Qué fue el EZLN? ¿Quién era Jolette? Eso lo verán en la escuela o en algún almanaque de cultura popular. Prefiero que me pregunten—: ¿En serio el sexo era tan tabú abuelito? ¿Quién es ese J.C.O. que luego mencionas? ¿Aún tienes a Bob?
  • Porque ya muchos escriben de las tendencias, muchos necesitan que se escuche su voz y que los comprendan. Eso a mi, se me hace demasiado escandaloso y pretencioso. Si eso lo hacen los negros en gringolandia, ¿con qué huevos les quitamos el trabajo que les apasiona? (ya puedo escucharlo… ¿Eras racista abuelito?)