Por cierto, gracias por las felicitaciones… les agradezco mucho. Esperemos vivir otro par de años juntos. Tal vez más. Por mi sería una decada.
Me doy cuenta de la falta de un cigarrillo mientras escribo. Necesito un cigarrillo urgentemente. Una voz extraña y misteriosa, surge diciendo—: No debes fumar. No debes fumar.
Mi Tercer Round empezó a las 12 de la noche (más bien, 11:59) del día de ayer. Ajem. Supuestamente, me fumé el que sería mi último cigarrillo, cumpliendo exáctamente 4 años como fumador. Woaha. Toda una vida en la niñez. Además, así cumplí otro rito de esos inútiles, que como seres humanos nos formamos.
El segundo round, mencioné poco de él. Una línea en el blog. Fue en noviembre y fueron dos días en los que no toqué cigarrillo alguno. Algo similar al primero, al que le dediqué dos o tres posts al respecto.
Realmente no debiera dejar de fumar, con la cantidad de trabajo que tengo y el stress alrededor de mi dulce hogar. Los trabajos pendientes que tengo en la escuela. Ya saben, el cigarrito es como la pose de aquel que necesita relajarse después de tanto madrazo.
Además, hay que tener en cuenta que el cigarrillo imprime caracter —voz extraña y misteriosa.
Y la mayoría de los escritores en la literatura, ajem, tienen pose de fumadores empedernidos y/o alcohólicos irremediables. No suena mal. Ese fui yo, no fue la voz extraña y misteriosa.
Las cosas, van así esta vez.
Desperté, no fumé. Vine al trabajo, no fumé. Me preparé un café… me hice cargo de las listas… y Josefa salió del foro, prendió un cigarro… Me dio lo que quedaba y se metió.
Le di un par de fumadas y lo apagué.
Me regalaron un cigarro, le di tres fumadas y lo apagué.
Pueden pensar que he perdido.
Yo creo que no. Finalmente tengo un control. Finalmente, puedo decidir cuando apagarlo. Finalmente, puedo rechazarlo cuando quiera. Me dio gusto saber que tengo control. Y lo conservaremos, diciendo No, poco a poco. Hasta que no haya más y sólo quede el recuerdo.






