Septiembre 19, 2007 — Creative Urge, The Net, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Sí, sí me duele todo. Después de bastantes añitos de no acercarme al ejercicio, es obvio que duele todo. Los brazos y las piernas. Pero me siento orgulloso de haber aguantado los veinte minutos en mi caminadora artificial, dónde tenía que imaginar un bosquecito y un pajarito, y luego al diablo correteándome a mis espaldas, para nomás no dejar de caminar. Las pesas, sin embargo, creo que debilitaron más las articulaciones de mis brazos de pollo y mi sonrisita de sabelotodo insoportable se ha que quebrado un poco. Mañana gimnasio otra vez. Sé que si me atrevo a no hacerlo, el miércoles moveré mi cuerpo como si fuera una momia de Guanajuato y de imaginármelo, la sonrisa se quiebra en dolor y espanto.
Desde hace un par de semanas, un par de caracoles viven en mi baño. Me pregunto si cumplirán el rito del apareamiento en algún momento. Puro morbo, aunque es conocimiento general que la mayoría de los caracoles son hermafroditas. A la mejor uno esta persiguiendo al otro para golpearlo, insultarlo, o cobrarle alguna deuda. Uno esta en una esquina, cerca de la ventana, mientras que el otro esta más cercano a la puerta. A veces los sorprendo asomándose y reptando por los muros muy despacio. En las noches hago apuestas. Un día, mientras uno de ellos esté hibernando, el otro aprovechará y empujará con todas sus fuerzas para robarle la concha. Sólo espero que ninguno de los dos se le ocurra estar debajo de mi pié mientras no estoy mirando, porque es bien sabido, que como ya viven en mi baño, ya me siento responsable de ellos, y se han vuelto un par de mascotas.
¿Sabían que los franceses comen caracoles? Protejo a los míos de esas atrocidades.
Me he vuelto un asesino de bichos esta semana. Me siento orgulloso, porque pude matar a una araña de la longitud de 3/4 de mi dedo índice y ayer aplasté a un cara de niño. ¿Cómo se llevarán los cara de niño con los caracoles? Tal vez lo descubriré en Discovery Channel esta semana, si tan sólo viera algo de televisión o supiera el nombre de esas fascinantes criaturas en inglés, para investigarlo en la Wikipedia. Hay un archivo escondido dentro de una imágen en el escritorio de la computadora. Debería borrarlo porque no tengo la contraseña, pero me gusta conservar esas pequeñas rarezas. Bajé Blender, un programa gratuito para hacer imágenes y películas tridimensionales. Supongo que deseo crear. Supongo que deseo rebasar el límite impuesto por el lenguaje.
Pero no me alcanza el tiempo ni para ser autodidacta, ni el dolor de mis brazos permite mover el mouse lo suficiente para hacer una cara.
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Abril 10, 2007 — Consumidor de Entretenimiento, Ocio, Paranoidefobico.
Escrito por Agustin Fest.
Entré al baño y mientras me ocupaba de lo mío, miré las dos latas de coca cola, y me pregunté: “¿Qué hacen aquí?”, para después decirme: “Nada bueno… seguro”. Más que una tentación para los idiotas sedientos, probablemente las latas de aluminio se traían algo entre manos. Lo curioso es que una lata era más grande que otra, ya saben que en México se venden esas latitas de 170 y tantos mililitros (probablemente me equivoco). Me acordé de los perros de la Warner Brothers, el chiquito que siempre seguía al bulldog y le decía “Spike, Spike, ¿soy tu amigo verdad, Spike?”.
Así que mi preocupación más urgente, en el baño, aparte de lo mío, era que las latas empezaran a hablar. Me senté, prendí un cigarrillo y pacientemente, esperé que mi mente jugara trucos (si había trucos que jugar). Afortunadamente no lo hizo, aunque en honor a la verdad, las latas de coca cola son reconocidas por su discresión. Ni los locos certificados hablan con latas de coca cola. ¿Qué guardarán dentro de sus colores rojos? ¿Qué secretos morirán, sin ser escuchados, cuando las burbujas de carbohidrato se rompen? Sentí la tentación de tomar una de las latas y acercármela al oído. No lo hice. Mi cigarrillo se terminó.
Mis pies empezaron a jugar un poco, temblando de arriba a abajo, y se me ocurrió sacar mi pocket pc para seguir leyendo en lo que esperaba que terminara lo mío. Deseaba dejar el tema de las coca colas en paz. Mi dispositivo móvil, tan lindo él, abrió el libro en la página que estaba pendiente. Todavía estoy leyendo los cuentos de Brian Aldiss, por alguna razón los estoy digiriendo despacio. Me gustan sus cuentos, porque algunos tienen un toque muy sutil de falta de comunicación, de desamor, de poca esperanza, de crueldad. Miré de reojo a mis amigas, las latitas, a ver si con estos pensamientos se les ocurría decirme algo, pero mantuvieron su silencio firmemente.
Entonces me decepcioné. No hay otra cosa en una lata de coca cola, más que desprecio y azúcar.
Seguí leyendo y poco a poco, me sumergí en las letras de Aldiss. Es una antología de “sus mejores” cuentos enorme, grandísima… si pueden conseguirla, leanla. Cerré la pocket pc, la metí al bolsillo de mi pantalón y estornudé. Escuché claramente que alguien decía “Salud”, a mi derecha. Una de las latas había escupido uno de sus secretos. “Gracias”, respondí, como si nada hubiera sucedido. Asentí lentamente, y después del rito obligatorio de limpieza… salí del baño.
Cuando dos latas de coca cola estan abiertas a un lado del sanitario, lo más prudente es no recoger ninguna de ellas y beber sus contenidos.
De verdad.
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Tags: azúcar, baño, Brian-Aldiss, coca-cola, decepción, distorsión, espera, humor, Lector
Agosto 22, 2003 — otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
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Tags: baño, Big-Blogger, fotografía, Hojas, humor
Octubre 2, 2002 — Asceta, Escuela, Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
Es curioso, pero se me acaba de ocurrir una idea genial. Tendré que hacer un estudio en el baño, ya que no me siento cómodo con el ruido, las distracciones y el no poder fumarme el cigarrillo mientras leo. De hecho ya lo estoy visualizando, una silla, una mesita, un cenicero y mis copias…
Oh si, manos a la obra mi buen estudiante de Letras Inglesas.
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