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blurblurblurb.

Es… odioso no tener computadora. No he podido hacer mi recorrido webloggero nocturno, con el café caliente mientras escucho a los Cadillacs, sentarme tranquilamente a meditar y leerlos (a los que aún me visitan y a los que no, también).

Los cigarrillos consumiéndose mientras leo confesiones de amor o paranoias sin fundamento, notitas tecnológicas o ratos de ocio, teorías akesianas o poblanos destapados, chilenos intelectuales o intelectualoides, escritos chuecos o política española, angeles tristes o la espada de una historia interminable, tres demonios discutiendo o pensamientos del pensador venezolano, la vida de una gitana que ha sido más bien esporádica o la vida de aquella mujer que me ha hechizado (embrujado es la palabra y si, me refiero a tí). Me siento desconectado.

Pero los he leído tanto que seguro, cuando regrese después de éste descanso de leer los cuentos de canterbury o el decamerón, mirar televisión como nunca acostumbro, cenar a mis horas, irme a dormir directamente o dibujar. Seguirán siendo los mismos muchachos que dejé.

He estado escribiendo en un cuaderno para reemplazar el weblog, sin embargo, no hay comentarios y eso hace que alce una ceja de vez en cuando. Ajem Corrección, EJEM, como dice Feyo.

¿Y bien, qué más hay que decir en esta ausencia prolongada? Del todo, nada. En la escuela todo va bien, simón, simón. Claudia y yo nos llevamos mejor (realmente sirvió quedarme a clase de Cultura Europea), YUMMY, YUMMY (Una guapísima con cuerpo de bailarina de flamenco).

En el trabajo, el trabajo es una perra porque sigo aquí (adoro mi trabajo, por si mi jefecito llega a caer en la página y lee eso y que no se preocupe, que seguiremos trabajando muchos años juntos, que lo adoro y le doy besos en su colita). Y Feyo nada más se ríe. Ahhhh si, es cumpleaños del Cheques e iremos a festejarlo en el Bulldog, antro que está sobre Reforma (¿o Revolución?). Trajo cochinita a la oficina para hacer una breve comida y jugamos SoulCalibur.

Un saludo a Adriana Kozub (una modelo guapísima), aprovechando que cayó en mi página y que a la mejor la seguirá visitando.

¿Me falta algo? No sé, ya lo recordaré un día de estos, pero como no tengo computadora en casa para escribírselos, tendrán que estar al pendiente.

PD. Me urge cambiar la imagen de la cam.
PD2. Aunque la imagen se ajusta bien al estado de animo por no tener computadora.

Descanso obligado

Las circunstancias me han obligado a un descanso… no tengo computadora, porque verán, una cosa llevó a la otra y viceversa. Al final, acabé con una fuente de poder quemada, dos discos duros muertos (uno de 60 gigas y un viejito de 12) y un motherboard de dudosa funcionalidad.

Arreglar todo me costará unos 2,000 pesitos (200USD) y si quiero mejorarlo, como unos 3,000 (300USD). Así que estaré ausente, probablemente, durante dos semanas… en el caso extremo, serán tres.

Escribiré muy esporádicamente o tal vez nada, me conectaré de la oficina si es que puedo, para saludarles y estaré al pendiente de sus comentarios y del tag.

Un saludín y disfruten su vida.

Ausencias.

Es cuando ella le platicaba que se la imaginaba con una sonrisa. Cuando ella le contaba de su día o le decía de antemano lo que él pensaba contestar… disfrutaba mucho imaginársela con una sonrisa y no pensaba que era posible imaginársela de otra forma. En su mente resolvía el rompecabezas y soltaba pistas silenciosas para recuperar más piezas, sin que ella lo supiera… y después la sorprendía al decirle las cosas que ella no esperaba que él intuyera con tan solo los vestigios de los frugales encuentros que se suscitaban entre los dos.

En la ausencia de ambos, encontraban su compañía. Los mensajes que se mandaban servían para seguirse el rastro todo el día, como un aroma de café que les envolvía, que se les presentaba cada vez que cerraban los ojos al respirar. Ahí estaban unidos, en su ausencia.

Se perseguían como élfos en forma de viento, ella al mirar atrás podía ver el cuerpo de él confundirse con la brisa… él se espantaba cuando la flor de los cerezos formaba la silueta de ella. No podía ser que la estuviera viendo en todas partes y aún así, se reconfortaba. Se limitaba a una discreta sonrisa, porque temía que si se abrazaba a sí mismo en público, le juzgaran loco… pero loco, es que loco ya estaba.

Ella ya hablaba sóla cuando caminaba de noche en las calles. Él ya le respondía en silencio con una mirada, cuando veía su reflejo en el autobus. Y es que pronto ya no necesitaron mandarse mensajes, porque era así que la estrecha cadena invisible, como aquella que ató a Fenrir, los ató a ambos y ésta vez no había dios que pudiera detener el encantamiento.

Porque era así de grande la ausencia que había crecido en ambos y se reían al saber cuánto les unía.

¿Dónde estarás hoy? Preguntaba él al afeitarse. En el trabajo, respondía ella mientras se tomaba el café. ¿Regresarás temprano a casa? preguntaba él mientras se hacía el nudo de la corbata. Si, para extrañarte mucho respondía ella, deseando estar con él para enderezarle el nudo mal hecho.

Y en las noches, cuando la ausencia del cuerpo era aún mayor, ambos sufrían de fiebres que les retorcían las extremidades y les arrancaban el aire de los pulmones. Tan alejados por el estrecho espacio-tiempo, se acercaban aún más por métodos metafísicos. Las manos de él acarician el aura de ella, y ella pasaba sus labios por el karma, él se amamantaba del cosmos y ella se entregaba a una misa negra como la que escribió Gutiérrez.

Al terminar se miraban a los ojos y se daban el beso de los buenos días, beso que se perdía como la distancia se pierde en la ausencia.