Mauricio Bonilla

Ayer pasé la noche con un amigo y unas cervezas, su nombre es Mauricio Bonilla… la amistad, en mi concepto retorcido del mundo, creo que es un ideal romántico de mi parte. Por eso mantengo dos amigos en esta vida.

Mauricio es uno de ellos, con él no me preocupo de representar un papel o una máscara, me facilita los comentarios y es el amigo (igual que a Irwin) al que no le veo los defectos. No se trata de tolerancia, es sencillamente que olvidas y te enfocas a pasarla bien con la persona. Ese es mi amigo Mauricio.

Ayer fuimos al estacionamiento que está por … la verdad no recuerdo, pero creo que es por donde está el paseo de Guadalupe. En el estacionamento del Suburbia, el Portón y demás establecimiento, se juntan las personas para presumir sus coches. Lamentablemente ayer se cayó la diversión porque las autoridades se pusieron más intransigentes de lo usual. Todavía se quedaron algunos valientes, por ejemplo el Neon que tenía doble sistema de nitro, luces debajo de la carrocería, DVD y CD incluidos, con pantalla plana. Quitó los dos asientos de atrás para que se viera el sistema electrónico…

Precioso coche, por lo menos con 10,000 dólares adicionales en equipo.

Había una caribe modificada también, con luces de neón debajo de la carrocería (parecían ovnis la mayoría, hasta parece que están de moda), buen sistema de audio, pero vaya, no se le compara al Neon. Lo que si puedo decirles es que estaba modificado para ser convertible. Bastante bonita la Caribe, siempre he querido tener una.

Mauricio tiene una camioneta Ford 1942, de esas que son del tamaño de un Microbus y pueden deshacer uno en un choque directo, le llamamos el “Artefacto”, tiene motor de Mustang, frenos de disco y dirección hidráulica, está bella. El problema, bueno, es que ya se le invirtió mucho dinero y está contemplando cambiarla por algún otro coche viejo y de esos, que aguantan. El motivo al que fuimos a aquel lugar, fue para ver si había algún posible comprador.

Pero la seguridad privada no nos dejó.

Comimos hamburguesas, seguimos a una niña que nos sonrió en el coche (su mamá se dio cuenta y tomó otro camino). Y la noche siguió con un par de cervezas y nuestras ideas maquiavélicas… acabamos riéndonos de una chava en el chat que estaba ebria y no dejaba de cantar canciones por el micrófono.

Fue una buena noche, con mi amigo, Mauricio Bonilla.