Julio 30, 2007 — Poesia.
Escrito por Agustin Fest.
Cajas se apilaban en la sala
llenas de recuerdos, libritos viejos,
santos, telas, recibos de bancos
y las anécdotas de mi abuela.
Feliz, recogí sus fotografías,
sus pinturas de hormigas y flores,
sus cuentos de deberes y amores.
Guardé las hojas que dejó vacías.
Ella aprendió a escribir sola.
Su letra descuidada, errática.
Seguido pedía perdón por eso.
Guardé sus arañas en una bolsa,
la noche a su paso, nostálgica.
¿Qué ruido haces, árbol de cerezo?
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Abril 13, 2007 — Asceta, Casting, Familia.
Escrito por Agustin Fest.
Las hojas se mueven y la brisa hace lo suyo, hablando de ritmos y espacios. Ayer, antes de dormir, platicamos un rato mi hermano y yo. —El día que tembló en Colima —dijo—, no había pájaros y los árboles no se movían. —¿De verdad? —pregunté incrédulo. —Sí, dejaron de moverse… se sentían extraño.
Me fascinó la interpretación de los fenómenos naturales un tanto ingenua, y luego me pregunté si no habría por ahí algún papel científico que explicara que los árboles dejan de moverse con el viento, cuando un temblor esta a punto de atacar. Lo de los pájaros puedo entenderlo. He visto Discovery Channel y he leído National Geographic, Muy Interesante y el Reader’s Digest.
El árbol postrado frente a la ventana de la oficina, donde paso la mayor parte del tiempo, esta moviéndose mucho el día de hoy. El choque de las hojas contra hojas, hace un sonido agradable. Mi hermano estaría contento y tranquilo de escucharlo.
Comí con Doña Mary, intercambiamos unas palabras muy breves, hasta sentí que me estaba dando a entender que le agrado. Igual y es alucinación mía. Ahora repite mi nombre cada que puede, porque alguna vez fui a comer con ella (cuando dejé Casting) y se le había olvidado. No quiere repetir la falta. Es lindo que las personas tengan esos detalles, aún cuando seas cliente y servicio. Es agradable que te llamen por tu nombre.
El árbol todavía musicaliza la escena, parece que se divierte el día de hoy, sus hojas bailan alegremente a pesar de las ambulancias que han pasado hoy por su calle. Me siento un poco enfermo, no sé por qué. Tal vez he fumado demasiado el día de hoy, la costumbre del café y la coquita por trabajar aquí, la inactividad, la espera por el material y luego el tedio de cortarlo, transformarlo. Largas esperas. Me pregunto como el árbol no se desespera y respondo que es por su baile ocasional con el viento.
Mi hija adoptiva me platica, mientras tanto, que se ha puesto una rutina de ejercicio. Le gustaría bajar las caderas. Personalmente me gusta que sean anchas, fuertes, apretables. Soy muy consciente de mi gén de supervivencia y fertilidad, yo creo. Por eso no ando detrás de todas las modelos que vienen a la oficina (supongo), porque sus caderas nomás no… y tienen bonitas piernas, tienen culos paraditos, pero les falta… “el agarre”, ¿saben? Porque cuando uno esta en medio de la acción, es menester buscar dónde agarrarse para el impuje, el momento, el impulso.
El árbol cuando baila, por ejemplo, se sostiene de su tronco y permite que las ondas de movimiento se extiendan a sus ramas, sus hojas, y deja ir sus semillas, para que busquen un pedazo de tierra. Similar a la eyaculación, porque sólo unas cuantas encontrarán un pedazo dónde sembrarse, mientras que las otras serán comidas por el concreto y las llantas de los coches que les aplastarán inmisericordes.
Es una muerte hermosa y valiente, dejarse ir por el viento, cuando tu padre o tu madre, te han expulsado de su cuerpo mientras bailaban. Ya esta grande el chiquillo, debe aprender a planear en el viento, debe crecer y hacerse grande como nosotros. Una explosión rítmica y natural que nos divide. Los vivos somos lo mismo, y tenemos en común lo más importante: vivir y morir.
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Noviembre 6, 2003 — Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Me acabo de golpear la cabeza con el tronco de un árbol.
Ni modo de decirle algo.
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Noviembre 5, 2003 — Cuenta-Cuentos.
Escrito por Agustin Fest.
En una carretera, era jalado por una mujer vestida con una toga negra. Una mujer muy flaca, cuya piel era blanca enfermiza. El pequeño Árbol llevaba los ojos muy abiertos y hacía mucho dejó de sonreír. Sin embargo, no estaba triste, ni se sentía desgraciado. Era como él había dicho, con resignación había aceptado estar maldito y la mujer, lo estaba jalando al final de todo.
¿Quién era la mujer? Se preguntó Heber y como se suele hacer en sueños, los persiguió como una figura incorporea. Caminaron kilómetros enteros en esa carretera que no llevaba a ningún lugar. Fue que el pequeño árbol abrió los labios y comenzó a hablar incoherencias.
—A todo quien estuvo conmigo, le dije que tenía que llegar a un destino. A todo quien me acompañó, le dije que había un lugar a donde llegar. Y les mentí. Les mentí descaradamente. Pero es que yo no sabía… de veras no sabía… que no había tal. De veras no sabía… y ahora no hay ninguna manera en que puedan perdonarme. Hijo de Dor, ¿me escuchas? Perdóname por hacerte jalar mi carrito. Fuiste casi el último. El primero fue tito. Pero es que nunca pude caminar solito. Si lo hacía solito olvidaría mi nombre y no hubiera podido….
Heber despertó y miró la carretera que llevaba a ningún lugar. Buscó con su mirada al pequeño Árbol Tsef Thaed. Ya no estaba ahí, se puso de pie y miró atrás. Tampoco había ninguna cueva de demonios rastreros. Sólo eran la carretera y él. Suspiró y se decidió a caminar. No sabía donde estaba y no sabía a donde podía llegar
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Noviembre 4, 2003 — Cuenta-Cuentos.
Escrito por Agustin Fest.
Oscuridad y vacío.
Un olor a viejo y podrido.
Heber buscó la puerta para salir y ya no la encontró. Estaba destinado, tan definitivamente-condenado.
Apretó el Diario contra su pecho y suspiró. Había escrito un cuento, el de Levanta-Muertos. Si, ese cuento él lo escribió. Pero nunca había detallado el armario. Nunca se lo imaginó.
Y le dolió que fuese tan oscuro. ¿A esto se tuvo que enfrentar todos los días Levanta-Muertos, al bajar con su carreta y las almas en pena? El rostro de su padre salió de las sombras, materializado por un recuerdo inventado. ¿Qué diría el viejo Simón?
—Lo que tenga que pasar, pasará.
Eso diría. Casi pudo escucharlo. El problema aquí… pensó Heber, es que no quería morir. No le gustaba ser tan definitivamente-condenado. Tan enfermo y tan perdido. Tan estúpido.
La oscuridad le hacía pensar demasiado. El vacío le drenaba la vida. Decidió caminar a ningún lugar y escuchó el eco de sus pasos. El tip-tap se convirtió en una melodía regular y ya no se sintió tan desolado. Siguió caminando. Un paso después de otro. ¿Cómo sabía Levanta-Muertos el camino de ida? ¿Cómo había logrado aprender el regreso? ¿Por qué con el fantasma de su hija, carcomiéndole el alma, había decidido sobrevivir a la oscuridad?
Oscuridad y vacío. Preguntas demasiado.
Un olor a viejo y podrido. Y nunca encontrarás las respuestas.
Heber ya no buscó la salida. Aferrándose al Diario, continuó caminando. No las que quieres. Sólo las que yo te dé.
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Septiembre 9, 2003 — Cuenta-Cuentos.
Escrito por Agustin Fest.
Y sería el primer hijo, Iddo Dor, quien conociera al Hombre que Escribe. E Iddo Dor engendró a Betsabé, y a Benjamín el mismo día. Fueron los días de Iddo Dor y murió.
Y Benjamín Dor, fue el hombre con la suerte más extraña; Y fueron los días de Benjamín Dor y murió.
Y Betsabé Dor, juró que no habría otro Dor que fuera bastardo y todos los Dor llevarían el apellido en alto, sin importar ninguna maldición. Betsabé engendró a Josué, y a Jaziel. Y fueron todos los días de Betsabé Dor y murió.
Y Josué Dor, sería el segundo inmortal dentro de la familia Dor y el primer hijo que quisiera vivir la maldición del cuenta-cuentos de manera voluntaria. Se dejaría abrazar por el thanatos y se perdería en letras, convirtiéndose en un demonio con cara de mortal, viviendo entre humanos y buscando al primer inmortal de la familia Dor. Y serían los días de Josué, llamándose así mismo Simón Josué Dor.
Y Jaziel Dor, sería el hombre que no deja de escribir cuentos de hadas, a escondidas del padre. Y engendró a Jacob, y a Priscila, y a Silvia. Y fueron todos los días de Jaziel Dor y murió.
Y Priscila Dor, nacería con el conocimiento de los ancianos. Y fueron todos los días de Priscila Dor, murió a los dos años de nacida.
Y Jacob Dor, sería el segundo Dor que buscara a Lázaro Dor por leyendas que su abuelo Simón Josué le dijo. Y fueron todos los días de Jacob Dor y murió.
Y Silvia Dor, sería la mujer que contara las historias de su padre, de su abuelo y de su hermano juntos, a su único hijo: Jefte Dor. Y fueron todos los días de Silvia Dor y murió.
Y Jefte Dor, abriría la puerta del mundo del infierno y del mundo del cielo, en dos casas del abandonado Puerto Octay. Y engendró tres hijos: Jared, Selah, y Josias. Los tres nacerían el mismo día, con tres años de diferencia cada uno. Y fueron todos los días de Jefte Dor y murió.
Y Jared Dor, sería el que entrara al infierno y se sentaría a la izquierda del padrE, al tercer día de su cumpleaños número veinte.
Y Selah Dor, sería el que entrara al cielo y se sentaría a la derecha del Padre, al tercer día de su cumpleaños número diecisiete.
Y Josías Dor, sería el que encerrara a sus hermanos y sanara la realidad, al cerrar las puertas del cielo y el infierno, al tercer día de su cumpleaños número catorce. En el cumpleaños número cuarenta, Josías desapareció, no sin antes engendrar tres hijas: Sarai, Jezabel, y Nagai.
Y Jezabel Dor, sería la dirigente del mejor prostíbulo en Jaramillo. Y fueron todos los días de Jezabel y murió.
Y Nagai Dor, sería la monja más digna del amor y compasión del Señor. Y fueron todos los días de Nagai y murió.
Y Sarai Dor, también conocería al Hombre que Escribe. Negándose justamente a su destino, engendraría a siete hijos: a Libna, a Julia, a Rut, a Set, a Israel, a Juda y a Jeremías.
Y Libna Dor, sería la doctora que mata a viejos, adultos y niños por piedad. Y fueron todos los días de Libna Dor y murió.
Y Julia Dor, sería la cantante y actriz de teatro con el cabello más hermoso. Y fueron todos los días de Julia Dor y murió.
Y Rut Dor, sería la primera sexóloga de Jaramillo, haciendo a muchas parejas felices. Y fueron todos los días de Rut Dor y murió.
Y Set Dor, sería el primer escritor de libros de auto-ayuda en ser publicado. Y fueron todos los días de Set Dor y murió.
E Israel Dor, sería el primer senador de Jaramillo para el mundo. Y fueron todos los días de Israel Dor y murió.
Y Juda Dor, sería el primer y único Papa de Jaramillo. Y fueron todos los días de Juda Dor y murió.
Y Jeremías Dor, el séptimo hijo, se proclamaría como el perfecto y el último hijo de Simón Dor. Lograría hacer una secta por medio de las enseñanzas de los diarios. Sin embargo, estaba muy equivocado… ya que engendraría a su vez a dos hijos: Galilea y Uriel. Y fueron todos los días de Jeremías y murió.
Y Uriel Dor, se convertiría en el incendiario. Y fueron todos los días de Uriel Dor y murió.
Y Galilea Dor, me engendraría a mi, cumpliendo al pié de la letra su nombre. Y moriría al parirme.
Su seguro servidor.
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Septiembre 8, 2003 — Cuenta-Cuentos.
Escrito por Agustin Fest.
Y por la vida de los hermanos, Abdiel y Caín, la familia Dor habría de ser mal vista por la gente de Jaramillo. David era el más desdichado, ya que sería el único sobreviviente de los Dor y el que tendría que rendir cuentas, hasta ese momento, de su familia que empezó con Simón Dor.
Y aún así, David fue el más amado, engendró a Ahuzam; y fueron todos los días de David Dor y murió.
Y Ahuzam Dor se dedicó a cazar fantasmas, engrendó a Husai; y fueron todos los días de Ahuzam Dor y murió.
Y Husai Dor, el hombre más rápido, engendró a Lázaro; y fueron todos los días de Husai Dor y murió.
Y Lázaro Dor, el hombre que persiguió eternamente la luna y se hizo inmortal, engendró a Gadiel, a Ezequías, y a Josabet; y fueron todos los días de Lázaro en una eterna persecusión, hasta que perdió consciencia de sí mismo y olvidó su linaje.
Y Gadiel Dor, llegó a ser el hombre más rico del mundo; y fueron todos los días de Gadiel Dor y murió.
Y Ezequías Dor, llegó a conocer los secretos de la omnipotencia a través de las palabras necesarias; y fueron todos los días de Ezequías Dor y murió.
Y Josabet Dor, juró ante Dios que ella no sería quien terminara la maldición del cuenta-cuentos, y con placer engendró a siete hijos: a Bidcar, a Caleb, a Gersón, a Mahalat, a Mefi-Boset, a Jabes, a Josias.
Y Bidcar Dor, sería el mejor asesino a sueldo; y fueron todos los días de Bidcar Dor y murió.
Y Caleb Dor, sería el mejor criador de perros de pelea; y fueron todos los días de Caleb Dor y murió.
Y Gersón Dor, sería el mejor verdugo del Ejército Segundo; y fueron todos los días de Gersón Dor y murió.
Y Mahalat Dor, sería la infectada que mataría por la peste; y fueron todos los días de Mahalat Dor y murió.
Y Mefi-Boset Dor, sería el juez corrupto de Jaramillo; y fueron todos los días de Mefi-Boset Dor y murió.
Y Jabes Dor, sería el hombre más triste como el vagabundo; y fueron todos los días de Jabes Dor y murió.
Y Josias Dor, sería el hombre que sanara los crímenes de sus hermanos, de su madre y también, salvara a Jaramillo del Ejército Segundo. Y engendró a un hijo que tendría cuatro nombres: Eliseo, Elisur, Elisama y Elisafat.
Como Eliseo Dor, salvó a mucha gente. Y tuvo un hijo bendito: Baruc Dor; y fueron todos los días de Baruc Dor y murió.
Como Elisur Dor, se le erigió una estatua en su nombre. Y tuvo un hijo calvo: Core Dor; y fueron todos los días de Core Dor y murió.
Como Elisama Dor, se volvió el confesor de los criminales. Y tuvo un hijo quien tenía problemas del corazón; y fueron todos los días de Doeg Dor y murió.
Como Elisafat Dor, habría de juzgarlos. Y pidió Elisafat a Dios que un hijo no se le muriera, y fue así que nació Salatiel Dor; y fueron todos los días de Elisafat Dor y murió.
Y Salatiel Dor, fue considerado como un milagro y así, la gente lo siguió a todos partes, pidiéndole el favor de Dios, aunque éste no era escuchado por Él; y fueron todos los días de Salatiel Dor y murió.
La familia que había seguido de cerca a los Dor creyó que había terminado la maldición del cuenta-cuentos.
Sin embargo, apareció un hijo bastardo con el nombre de Iddo.
Iddo Dor, oportunamente, habría de continuar la estirpe.
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