Verdad.

Soy un hombre educado. Después que ella mandó la fotografía, le pregunté si quería escuchar la verdad. El problema es que no dijo que bueno, o sí, de manera poco entusiasta… lo dijo con un SÍ, que escapó a los cuatro puntos cardinales que hasta pena me dio. Para no quedarme atrás, en la confesión de la verdad que se construía a medida que el tiempo pasaba, le dije que la empujaría contra el escritorio. Un breve silencio. Le alzaría la blusa por encima de los senos, le desabotonaría el pantalón y continuando con la sonrisa, y las reglas del dominio, empujaría para que ella no pudiera zafarse. Qué cosas. Imagínense su cara, que yo no pude porque la tenía de espaldas. Si seguimos así, suspiré, también habré de quitarte el brasier y bajarte los calzones a la mitad. Nada más faltaría que ella moviera el culo como gata ansiosa, pero esas cosas de verdad no pasan… en Cinema Golden Choice tal vez, por ahí de las dos o tres de la mañana… pero si lo movió, y ya estando en esas, y hablando de suciedades, hice lo propio que haría un hombre de mi condición—. Vestirla de nuevo, salir a caminar y ver arbolitos, y pajaritos… jeje.

La crueldad infantil.

Ayer me dieron un proyecto para mí solito, lo cual me saca de onda porque hace tiempo que no lo hago. Eso de tomar cámara, presentar juntas, buscar más gente, tomar notas… simplemente me pone neurótico, y llego a sentirme ineficaz y estúpido. Me molesta sentirme ineficaz y estúpido. Sé que no lo soy, sé que puedo, sin embargo… entre la interacción social y el mínimo cuidado a los detalles, presionan la comodidad de mi forma de ser. Además, tendré que hablar en inglés con el director (un canadiense), para vender al talento que sirve y no defender al que no. So do you understand me bato?, I want to sell you the casting.

Estoy inseguro con las actuaciones, porque una de ellas no lleva reacciones e involucra simplemente caminar de un lado a otro. Los niños (un rayo divino, por haberme reído del casting de medicina supongo)… tienen que comerse su dulcito mientras caminan en línea recta y admiran, sin reaccionar exageradamente, el paisaje. O sea, le estas pidiendo a un pinche mocoso que no mueva la jeta y que admire el paisaje. Releí, una, dos, hasta tres veces el e-mail del canadiense, dónde recalcaba la importancia de que los niños tuvieran en sus capacidades importantes: caminar y comer al mismo tiempo.

Mientras hacía el casting ayer, a los querubines, y les explicaba que no reaccionaran a la cámara y sólo caminaran de un lado a otro, sentimientos encontrados me crujieron el corazón y la confianza. He vuelto a leer el e-mail dónde pide el director que coman y caminen al mismo tiempo. Mientras tanto, el editor me pidió que hablara con Jorge y le preguntara qué onda con la actuación, mientras sugería que podía pedirles que, efectivamente, hicieran caritas de sorpresa y felicidad. Si mal no recuerdo, antes de dejar la chamba, habíamos trabajado con el canadiense y en uno de los castings, al verlo, se había puesto neurótico esquizoide porque había actuaciones exageradas. Chill ese… the kiddies are solamente doing caritas for you, y’know?

Sin embargo, esta la cosa de que mi producto, los niños tan hermosos con alma, son una especie de robotitos en el casting. Voy a vender perritos japoneses con baterías recargables de litio. Voy a vender productos sin alma.

Me siento ineficaz y estúpido, por cositas como esa. Porque así lo pidió el canadiense, pero seguramente, un second, o el second del second, o el vigilante de la productora, van a descubrir un hilo negro, van a mirar el casting en una junta y pensarán lo mismo que yo. —No mames güey, tan siquiera los hubieras puesto de cabeza —Voltearé para mirarles feo, les sonreiré amablemente y murmuraré entre dientes—. Lo sé, pendejo. Gracias.

Otro punto aparte es la agencia de publicidad: Piden que los contratos estén firmados por ambos padres. Si estan divorciados, piden copia del acta de divorcio y que ambos estén presentes en la filmación. Si es viudo, piden copia del acta de defunción. Entre un sinfín de cositas… Lo hacen para protegerse… demasiado, creo. Nomás espero que no se pongan muy difíciles.

Aunque este pequeño casting tiene sus recompensas. Me encontré con una niña que no le gustaba el dulce en cuestión pero hizo todo el casting sin problemas (aunque no puedo presentarla, simplemente para no arriesgarme a que vomite el producto enfrente del cliente). Me sorprendí de la cantidad de niños que lo tienen como su dulce preferido. Un chamaco abusado me robó uno extra para comérselo saliendo. Cuando tenía que abrirles el producto, me tenía que chupar los dedos por su consistencia y acabé con una dósis exagerada de azúcar en el cuerpo. Lo mejor del día, es que la última chavita, quien llegó tarde al casting pero que dejé pasar (aunque no debí, de verdad)… me regaló una hojita dónde había rayado un sol, unas nubecitas, y de colores la frase: “Hola, ¿cómo estás?”.

Medio mal chamaquita, pensé, más vale que le haya entendido bien al vato ese loco de Toronto o de verdad, seré oficialmente ineficaz y estúpido… por mis propios méritos.

El trabajito de recepcionista, (yay).

Este post es parte de una serie, llamada “Listas”. Anotación 12 de 13


11.19: Estoy en la computadora, esperando nada. Un modelo se acerca a payasear, a platicarme como este lugar suele ponerse como metro. Otro se acerca a mirar la lista por el monitor. Me incomoda que me cachen escribiendo esto, aunque es nada. Se escucha la puerta, no ha llegado nadie más. Llevo anotadas alrededor de 20 personas. Un niño de tres años corre por ahí y hace demasiado ruido. Tocan el timbre.

11.23: Llegan dos personas. Una mujer de veintitantos y un hombre en sus cuarentas. El hombre es chistoso, character, de esos hombres que utilizarías en uno de esos comerciales divertidos. Se disculpa porque no se sabe el número de su celular y me hace esperar un poco. Los niños a mi izquierda juegan con las máquinas de dulces y chicles. Probablemente van a descomponerlas. Sale alguien del foro, entra otro más y yo llamo al siguiente para que espere frente a la puerta. Los niños continuan corriendo. Tengo enfrente a una mujer con minifalda y con mayas ochenteras, hasta las pantorrillas. ¿Por qué acostumbran a hacer eso? Nuestras miradas se cruzan brevemente y le sonrío. El director de casting sale del foro tres, deja a su asistente adentro. Tocan el timbre.

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Casting Rush

Oh si, ya vienen. Hoy fue el primero de unos días terribles.

Ya estoy contando los cigarros y las coca colas de antemano. Y todo estaba normal la semana pasada, bueno… más bien, estaba “tranquilo”, sin nada de trabajo, presiones o whatever.

Pero este lunes: dos campañas. Un comercial de coche y otra para cerveza. llevo treinta personajes en uno y veinte en otro. Hermoso, sencillamente hermoso. Aparte, se coló un bomberazo. Un bomberazo consiste en un casting que se resuelve en tres días, esto es para un banco… no me preocupa mucho, porque este mismo se resuelve con los castings enorme de los otros dos. El perfil de uno y de otro es similar y si la diosa fortuna me sonríe, se arreglará solo.

Lo que es coche, el día de hoy terminó el casting: un total de doscientos cincuenta personas. El casting terminó a las diez de la noche, Josefa fue inteligente y empezó a hacer la revisión para darme mi primera lista de edición a las ocho de la noche… terminó de hacer la revisión a las diez, al mismo tiempo que el casting. De doscientos cincuenta, quedaron ciento veinte.

Que maravilla… a las diez de la noche, editar a ciento veinte. Afortunadamente, la edición es un transfer. ¿Qué es un transfer? Pasar de caset a caset, a corte directo. Sin monerías, todo simple y llano. Me siento y veo la lista, entonces me recuerdo a mi mismo que debería hacer como Beppo el barrendero: “Respirar, mirar de un lado a otro, barrer, derecha, izquierda, respirar, mirar de un lado a otro, barrer, derecha…”.

Paso a paso, paciencia Agustín, no mires el reloj compulsivamente. Edita uno por uno. Aunque había chicas en bikini, brasileñas y argentinas recién fresquesitas de sus respectivas tierras, aunque había una que otra teen… es pesado. Ya es pesado hacerlo a las diez de la noche, ya es pesado mirar personas, ya es pesado preguntarse en qué estará trabajando aquel o cómo estará el hijo de aquel otro.

No pienses que es pesado Agustín, vamos. Uno tras otro. Primer caset virgen, ten fé… mira, ve la lista… ya llevas veinticinco, ¿ves?

Alejandro y Josefa deciden cenar algo a las once de la noche. Les acompañó. Cheque y Gustavo deciden abrir las cervezas, me tomo un par.

Regreso a la silla, ya llevo cincuenta. ¡Muy bien, Agustín! Como más o menos decía Beppo el barrendero: “Si miras la calle, a lo lejos, te darás cuenta que nunca termina… pero si haces todo paso a pasito, mirando al piso… mirando a tu alrededor, barriendo… te dedicas a barrer, no a terminar”.

Editar, no terminar. Miro a Alejandro que no hace nada, pero lo veo con ganas terribles de hacer algo, después de todo es su proyecto. Le doy los dos casets con menos gente y sus respectivas listas para que empiece la segunda parte del transfer. Perfecto, hemos acortado el tiempo a la mitad, ¡Espera Agustín! ¡Editar, no terminar!

Gustavo y Cheques van a dejar a Josefa en mi flamante coche y regresan. Genial, de veras no debieran quedarse… no necesitan estar aquí. ¿Por qué? A Cheques le dije que podía regresar a su casa, que no había problema en que se llevara el coche, que no me esperara porque iba a terminar tarde. Es muy noble Cheques, no debiera estar esperándome… pero lo hace.

No sé agradecer. Debo aprender.

Pienso, muchos días pienso que mi trabajo no es difícil. Si lo es. Yo sé de gente que me mira con terror cuando les digo mis horarios, las puntadas del señor director o el señor cliente. He platicado mucho con Jorge al respecto, es como para asegurarme de que estoy aprendiendo algo más importante que como hacer un transfer.

—Nuestro trabajo es difícil, ¿verdad Jorge?

—Lo es, Agustín.

—Nos enseña a ser responsable, nos enseña a resolver problemas. Es un trabajo que requiere velocidad y precisión. En el menor tiempo posible resolver problemas que otros ni se imaginan. Y sólo miran la tele y creen que es tan sencillo sonreír como la chica del comercial de Colgate. ¿Es difícil, verdad Jorge? No saben todo lo que tuvimos que hacer, todo el esfuerzo que hicimos para conseguirles esa chica y meterles en el cerebro que esa es la marca que tienen que comprar. ¿Cierto? No saben… la gente no sabe…

Jorge me ha visto pocas veces en ese ánimo. Es como para asegurarme que estoy asimilando algo para mi vida, aparte de las friegas que me pongo con coca cola y cigarro. Es como aprender a ser duro… cuándo le digo a Jorge que esto de los casting y la publicidad es como una guerra, el se ríe y me da la razón. Siempre hay qué estar consciente de que haces, qué dices, cómo hablas con tal persona en el teléfono. Es impensable no tener una respuesta, o no hacer algo. Debes cuidar las espaldas, todo el tiempo. Debes procurar a tu equipo de trabajo, si uno tiene la culpa, la tienen todos. Dependes de los demás, algún día los necesitarás.

Todavía no aprendo eso, debe ser porque tengo una posición más o menos favorable en mi trabajo. Después de todo, domino lo que se refiere a edición y diseño, medianamente, y cobro bien por trabajar barato y rápido.

Soy rápido y eficaz, en cuanto a las ediciones y las cuestiones tecnológicas. En relaciones públicas soy un desastre, ahí dependo de Josefa Guerrero. En paciencia con la gente y en humor en los tiempos oscuros, soy malísimo, por eso está Cheques. En platicar con personas de otros países y diplomacía, dependo de Gustavo. En Juan Carlos, dependo con la rapidez de decisión. Y en Feyo, la forma centrada de resolver problemas. Yo sé donde cojeo. Necesito a todas esas personas que se han convertido en mi segunda familia. A cada uno los quiero.

Y de Carrillo, ¿qué puedo decir? Es el Mentor de esta etapa en mi vida. Es una persona completa en muchísimos aspectos, me gustaría ser como él de grande. Jaja, ¡Mamá! ¡Quiero ser como él cuando sea grande!

Este trabajo, me ha hecho chillar. Tuve que salir, ya no aguantaba, tuve que salir a caminar y chillar. Si, si fue en Comercial Mexicana del año pasado. Aparte de que estaba en una depresión medio extraña… pero bueno… si contamos las veces que he llorado en estos últimos cinco años, han sido tres. Debo llorar más seguido.

Terminó la edición. Alejandro y yo terminamos. Ciento veinte personas en dos casets. El caset tiene que estar mañana a las dos de la tarde en la productora, pobre del tipo al que le toca convertir en Quicktime y mandar a Argentina. Le espera una igual y peor. ¿Él también saldrá a llorar, cuándo tiene que estar sentado y reconocer gente que ya ha visto antes? ¿Él pensará mal de nosotros, Casting, por hacer una selección holgada de gente? ¿Barrerá o mirará la calle?

¿Barrerá… o mirará la calle…?