Colbert - De escribir.

Solía escribir cosas para mis amigos. Había esta chica que me gustaba muchísimo, y tenía un profesor que no le agradaba en la escuela. De verdad la chica me gustaba mucho, así que casi todos los días, le escribía un cuentito dónde ella lo mataba de distintas maneras.

—Stephen Colbert.

El camino del inicio perpetuo.

Cuando le dijeron que esperarían al anochecer, él pensó que sería muy buena idea. Sin embargo, el truco del diablo en la mente de Fest era tan poderoso, que cuando se metió al departamento, olvidó las memorias difusas y que la negación significaba su alma y su sangre. Es por esto que me permito llamar al primer camino de Fest, el camino del inicio perpetuo.

Cuando Fest se encerró de nuevo a su departamento, sin energía eléctrica, se sentó en una de las sillas que encontró a base de rutina. Respiró lento y pausado, creyéndose así mismo un oriental. Escuchó los sonidos que no se escuchan regularmente: el sonido del agua en las tuberías, los chistes de los borrachos de medio día, el movimiento de los árboles con el viento, las pisadas minúsculas de hormigas diabéticas buscando los desperdicios en el refrigerador, el reggaeton de los vecinos tres edificios más adelante y cuando terminó todo aquello, pudo escuchar la sangre poblar con su río los latidos de su corazón. Entonces Fest se sintió en comunión consigo mismo y con el universo, se auto congratuló y cayó dormido.

Fue el sonido de su propia erección rozando con sus pantalones lo que le despertó. Tronó los labios molesto y pensó que ser un zen, definitivamente, debía ser la peor putada del mundo. Que lo único que le permitiría empezar la búsqueda por su supuesto amigo, Bob, el cacto, sería empezar de nuevo. Dar el primer paso. Salir y arrollar con el mundo. Estar dispuesto a destruirlo todo y matar, kilos de sangre.

Fue así que Fest descubrió que su putada zen le permitió recordar un poco y burlar el truco del diablo. En el momento que se hizo consciente de su triunfo, el diablo volvió a borrarlo todo y se encontró sentado en una silla, en su departamento sin energía eléctrica, y preguntándose que hacer.

Fest esta loco no porque quiere, sino porque toda la vida ha jugado a Dios y el diablo. Es así, por ejemplo, que se recuerda en la secundaria, en la dirección. A su lado, estaba uno de sus compañeros: Daniel. Él le había robado dos estilógrafos, cuadernos, le había amenazado diversas veces, casi se habían agarrado a golpes una vez. Daniel, igual que el segundo nombre de Fest. ¿Y por qué ambos se encontraban en la dirección, frente a los ojos de la monja Sor Juana? ¿Era por qué él se había hartado de los abusos?

No. A Daniel iban a expulsarle de la escuela. Se había excedido tantas veces ya, que la piedad de las concubinas de Cristo se había agotado. Fest se encontraba ahí porque su abuela le había hecho prometer que nunca abandonara su nobleza. Daniel no es malo, dijo Fest en voz alta, sabiendo que si decía lo contrario también aplicaría así mismo, prometo cuidarlo madre, prometo responsabilizarme de sus actos… Prometo cuidarlo.

Igual que prometió cuidarlo y guiarlo, sabía que si no lograba nada con él, entonces no había de otra que declararlo un hombre perdido, alguien manchado a los ojos de Dios y del hombre. Es por eso que la monja se le quedó mirando con los ojos entrecerrados, graves… Este cabrón se sabe tan listo que esta abogando por el diablo, y cumpliendo o no, habrá ganado.

Pero hubiera sido bonito, pensó Fest, que me hubieran dado la oportunidad de salvarlo… De salvarnos juntos, Daniel.

Prometo cuidarlo madre, dijo Fest en voz alta y empezó a quedarse dormido. En sueños y sin ninguna voluntariedad oriental, escuchó los balones de basket en la cancha, el aceite saltando en un sartén para huevos en el departamento de arriba, los gemidos de una mocosa tocándose después de haber hecho la tarea de mate en su cuarto, el choque de las nubes contra el viento y despertó.

Se sintió terriblemente asustado, no estaba tan acostumbrado a escucharlo todo, así que buscó su reproductor portátil de mp3 y se sonrió estúpidamente cuando escuchó las canciones de José José.

Entonces recordó a la pobre de Perla que le quería tanto, que le admiraba tanto, que le veneraba tanto. Ella compraba los mismos libros que leía Fest, sin falta, y le regalaba libros, sin él pedirlo. Hasta una camisa y calzones le regaló. Yo no puedo amarte, le decía Fest, pero si quieres puedes ser mi puta, y la pobre haciendo como que mamaba y haciendo como que juntaba las piernas y se tocaba. A Fest sólo le bastaba recordarle lo puta que había sido, en público, para que ella bajara la mirada e hiciera como que lo odiaba. No fue la única, pero si todas esas pobres que tocaron su camino tuvieran que llamarse de algún modo, tendrían que llamarse Perla, todas esas que le dijeron “No me maltrates… Quiéreme”, “¿Por qué puta y no amor?”, “Después de todo ¿sólo eso piensas de mí?”.

¿Será por eso, que esta pagando tanto? ¿Karma? Nah, no lo cree, ellas también tuvieron su culpa, cuando lo veían tan listo, tan inteligente y culto, tan alto y blanco, tan banco de genes, tan necesario para mi cuarto de trofeos y de ser posible, para presumirlo como esposo. Pobre de Fest, que se vio en necesidad de enseñarles algo a las pobres putas.

Fest se hartó de las mujeres, cuando era igual con todas, todas eran igual con él. Tal vez ese pensamiento tan simple fue lo que le obligó a buscar querer de verdad. Fue la búsqueda del amor y ese amor como redención. Será que conscientes de esto, otras mujeres trataron de maltratarle y él, gustoso, actuó como un perro mal herido, si en eso consistía la redención, procuraría tener días tan malos que sólo el budismo o el asexualismo podrían curar.

Se volvió una rutina tan desagradable, que hasta pensó en acostarse con un hombre y a chingar a su madre. Venga tu banquete Platón.

Es en esta parte donde Fest quitó a José José del reproductor y miró una de las paredes sombrías e indefinidas, en completo silencio. Creyéndose un Quijote de Broadway, se arrodilló frente a una luna imaginaria y pidió con religioso fervor el perdón de todos sus pecados, hazme caballero, luna misteriosa, para que me perdonen todas las mujeres presta pronto y saba daba…

…y se quedó dormido.

Creo que sin lugar a dudas, el peor error de un escritor es poner demasiado de sí mismo en el inicio de una historia que nunca fue suya para empezar. Pero lo siguen intentando, así como Fest ahora escuchaba como las raíces de los árboles se enterraban en la tierra, el trazo de la pluma de un poeta mediocre, el pedo de un cura mientras ofrece la comunión y la serie de hechos inconexos que continúan entrelazándose para que un escritor pueda echar a andar por fin y rescatar a un asesino, un amigo que no recuerda.

Fest despertó por tercera vez. Decidió salir para respirar aire, despabilarse, hacer otra cosa que recordar y dormir. Cuando salió, el niño Torres trataba de liberar al lobo de fuego limando su cadena. Fest seguía recordando un millar de historias en su pasado, pero ninguna de Bob, el cacto.

-Es inútil, nada funcionará, a no ser que encuentres los jugos de una celta virgen.

-…

-Exacto. Pero la cadena esta puesta en mi cuello por una razón y supongo que es porque mis dientes, de poder alcanzarla, serían capaces de quebrarla. Uno de mis colmillos debe ser suficiente.

Torres y Fest se miraron.

-Ve por unas pinzas Fest -dijo el lobo sonriendo.

Si Fest tuviera que contar esta historia de nuevo, diría que buscó las pinzas con una calma poco común y cuando las encontró y salió con ellas, no estaba seguro de lo que sucedería con ellas pero que esperaba no tuviera que ser él quien las sostuviera en sus manos cuando llegara el momento crítico. Se equivocaba, por la honesta y burda razón de que él siempre se equivoca y termina resignándose por hacer las cosas que no quiere hacer.

Se arrodilló frente al lobo cuando él se lo pidió, y el niño Torres se tapó las orejas para no escuchar los aullidos y las carcajadas guturales del lobo, durante las dos horas y media que tardó Fest para extirparle su colmillo superior izquierdo.

Domatýu.

La Martha comentaba que esta en la etapa donde le gusta más leer otros blogs, y escribir en el suyo se ha vuelto más esporádico. No sé si es una situación general, sé que me pasó algo similar en su momento… no tengo la menor idea de por qué. Probablemente sea una situación de feromonas, de esas donde dicen que solamente duran tres años y medio y después ya, ya vale madres. Poco importa si Eduardito escribió esto, que si Pachulito escribio aquello, que si la Chiquitibún enseñó otra vez las tetas, que otra adolescente esta sufriendo un mal de amores, que el pendejito aquel sigue tan gracioso como siempre. Claro, eso pasa ya cuando llevas un ratote, ya cuando tienes a tus cuates y más o menos les sigues la pista, ya sabes qué onda con su vida, ya sabes a dónde van, ya te das una idea de que meme mandarle y cuál si te va a responder…

Hablando de memes, responderé uno que me dejó Javier Benek

Al rato me la viviré respondiendo memes. Ya se me hacía raro verlo escrito en toda mi blogósfera y que no me lo mandaran a mí.

Diez años atras yo:

Tenía 14 años. Mierda, creo que la pubertad fue lo más culera de mi vida, andaba con las hormonas bien altas y estando más gordo que ahora (y aparte, tímido y pendejo), pues no… no pasaba nada conmigo. Lo bonito que recuerdo es que me enamoraba de todas las mujeres… eso si… es bonito enamorarse, es bonito el sentimiento de querer ver a alguien, de querer compañía, de ser admirado y deseado. En ese tiempo eso era más intenso, mucho más intenso, por cualquier reacción física y biológica que puedan hacer unos catorce años. También, cualquier novedad sexual era muy fuerte, que si la masturbación, que si le miré las piernas y se me paró… eso creo que es irrecuperable, pero francamente, no reviviría la pubertad sólo para recuperar ese tipo de sensaciones primitivas, prefiero masticarlas ya que estoy crecidito.

Ya estaba terminando la secundaria, ya había hecho examen de admisión para entrar al CUM y en ese entonces no tenía idea del impacto que tendría esa escuela en mi educación / formación, en mi disciplina de trabajo, en mi sed de conocimiento y reconocimiento.

A mi mamá le detectaron un tumor en ese entonces, los tratamientos costaron un dineral que pagaron mis tíos. De ahí, le empecé a prestar especial importancia al cáncer en mis genes (en un aspecto fatalista / destino). El cáncer, hace diez años, se hizo parte integral de mi vida y mis pensamientos. En los libros, los comics, los folletines y los periódicos que leía tomaba nota de la palabra y cómo la usaban. Afortunadamente, como lo detectaron a tiempo, mi mamá salió bien… sin embargo, eso aumentó su deuda con sus hermanos, por eso y otras cosas muy personales, empezaron a romperse las relaciones entre ellos.

Cecilia desaparecería de mi vida un año después.

No, no regresaría mi vida diez años. No estoy pendejo, ni loco.

Cinco años atrás yo:

Tenía diecinueve años… y de esa etapa de mi vida ya platiqué en mi blog (y recientemente). Si realmente les interesa saber… hay dos posts de eso, muy recientes, que escribí un día que discutí con mi hermano.

Un año atrás yo:

Estaba trabajando todavía en Carrillo Casting. Ya por esas fechas estaba pensando renunciar. También abandoné mi carrera un año. Llevaba casi un año viviendo solo. Ya tenía cuatro años trabajando en publicidad. Sol se mudó a Puebla y con eso, se facilitó muchísimo nuestra relación.

5 Lugares ideales para mi:

  • Una playa donde morir agusto.
  • Un lugar sin tanta gente.

5 Mayores alegrías de mi vida: (Eso de Mayores alegrías me suena tan mamón y espantoso, pensaba ponerle “momentos sublimes” pero creo que se oye igual).

  • Estar de nuevo con mi hermano.
  • Sol María.
  • Terminar Padre Taxi.
  • Terminar El Diario de Simón Dor.
  • La primera vez que fui a Guadalajara.

5 Cosas q me gusta comer:

  • Milanesas, lo siento, soy muy corriente para la comida.
  • Arrachera.
  • Ensalada de atún con aguacate y mayonesa. Me recuerda mis momentos pobres en Carrillo Casting y también, me recuerdan el mercadito de la abuela.
  • Ensalada navideña de la abuela.
  • Chocolate blanco.

5 Cosas que no me verás usar:

  • Ropa o accesorios con algún logotipo de partido político.
  • Pantalones-de-Cuero.
  • Pornografía para homosexuales varones.
  • Pociones mágicas.
  • Un cepillo de dientes para lavar un baño.

5 juguetes favoritos:

  • un cuaderno en blanco.
  • mi servidor.
  • cualquiera que sirva para armar.
  • cualquier final fantasy, ¿no cuenta juego cómo juguete?
  • de cuero, el pack de esposas - mordaza -antifaz. ¡Yay!

5 personas para que les pases esta tortura.

Como siempre, aquí lo dejo… si te gustó y quieres responderlo, adelante, tómalo y por ahí déjame una liga, que como dos tercios de la blogósfera, a mí también me encantan.

Doña Maru me quiere, Doña Maru me alimenta…

Todas las tardes y algunos sábados, decidí comer en la cocina económica de Doña Maru que está a una cuadra de este lugar. Por veinticinco pesitos puedo decidir entre consomé o sopa de pasta, entre arroz o spaghetti, entre agua de limón o de jamaica. Y además, hay cuatro guisados después de los cuales yo puedo elegir el que más me plazca. Al finalizar, me preguntan todavía bien chic—: ¿Gusta usted gelatina de postre?

—Encantado —respondo, con una sonrisa de borreguito bien alimentado. Me siento en una película de Pedro Infante cada que entro a la cocina económica de Doña Maru. Todo mundo se dice “Buenas Tardes”, todo mundo se dice “Provecho” y a mi, me reciben con una sonrisa y me saludan cada que paso por ahí. Si, ya soy del barrio, cuando las de la lavandería, el señor de la tiendita y “Doña Maru” conocen tu nombre es que ya empezaron a hablar de ti a los vecinos y conocidos.

Y… ¡ay!, cada vez que como con Doña Maru, lentamente he empezado a generar una responsabilidad con ella. Bien reza el dicho—: Barriga llena, corazón contento. Creo que le ha agregado un poquito de condimento de amor a su comida, cada vez la veo más retebonita y retechula a la condenada. Estoy seguro, que si Doña Maru tuviera una hija, me sentiría moralmente, sexualmente y socialmente obligado a casarme con la nena para que Doña Maru me cocinara. Porque… me ha conquistado, con la comida me ha conquistado. Soy un borreguito tan feliz y tan lleno…

En fin, platicando con ella, me disculpé por ir menos a comer esta semana.

—Es que… he estado yendo a la escuela, como voy en la tarde… pues no he comido aquí…

—¿Si? ¿Y qué estudia joven?

—Literatura.

—Fíjese, yo estudié para dentista… pero mire que estoy haciendo.

Perfecto… mejor me caso con Doña Maru, ya tengo dentista y cocinera en un sólo paquete…

Babbling and then… just another Casting Rush

El día empezó cuando me levanté y pensé en Ella. ¿Qué nombre puedo darle? Lo he estado buscando, pero no encuentro a ninguna mujer en la literatura que se le parezca, ¿será que es única? Es como un murmuro y es como un grito. Es la inocencia de una niña, omitiendo a la mujer que le habla en tres tonos musicales distintos. ¿O serán cuatro? ¿O serán infinitos? ¿O serán números imaginarios? Me despierta la caballerosidad de un inglés y me alimenta el instinto posesivo de un mexicano borracho.

Si, me levanté, como si hubiese dormido con ella a mi lado. Hoy sería un día difícil, no había pensado cuanto… pero sabía que lo sería. Lo presentía. Uno de esos días adorables en el trabajo… ¿qué nombre? ¿Debería entonces, buscar uno con significado bíblico, para nombrarle? Así como ha hecho Simón con sus hijos y los hijos de los hijos, y los hijos de los hijos de los hijos.

No, no lo encuentro. Sé que la he leído antes, de alguna forma, sabía que ella existía… una mujer que camina en ensueño o en magia. ¿Qué mujer podría ser? Me sonaba mucho a “La Maga” de Cortázar, por una frase que decía más o menos así: “Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra”, o tal vez era esta: “Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos, o se acuerdan llorando a gritos de haber visto en una vitrina el décimo de lotería que acaba de ganar cinco millones”, claro… esa fue mi primera lectura de Cortázar.

Se entiende que la mujer era un desastre, pero yo lo modifiqué en mi primera lectura… hice de la Maga, magia. Imagínense una mujer así, una mujer que encuentras cuando menos lo esperas, una mujer que rompe puentes o jura haber encontrado el billete ganador entre miles. Para mi, la Maga, era magia y Horacio la hace así eventualmente. Me pregunto, ¿la encontrará algún día?.

Y ella no es La Maga. Es algo más… todavía sigo buscando, tengo que encontrarla… o si no, terminaré escribiéndola, aunque a nadie le importe.

Suficiente de Cortázar, algún día tendré que superarlo. Siguey leyendo →

Me dijeron que estoy bien guapo…

…y me la creí.

Andaba esperando mi camión, pensando en algún post para “La Chaqueta” y tenerlo de reserva, porque ya ven que posteamos cada siglo de por sí, alguna jalada mental que se nos ocurra. Fue cuando mi mente giró en torno al feminismo y un post titulado: “Por qué los hombres lo adoramos”. Mi mente trabajó rápido, juntando todo el material que mi propia experiencia me pudiera dar.

  • Nos gustan las feministas porque pagan lo suyo… es más. ¡Vuélvanse todas feministas! Así nada de invitar que el antro, que el cine, que la cena. ¡Tengamos todos gastos iguales! No, no… y no se vale apelar a que el caballero debe pagar las cosas que no se qué. No. Si buscamos igualdades, tengámoslas.

  • Adoramos a las feministas porque si viven con un hombre, ellas cocinan lo suyo, lavan lo suyo, hacen lo suyo y no se la pasan preguntando, ¿dónde andabas? ¿qué estabas haciendo? Es más, una buena feminista trabaja. Y así, aporta algo para el hogar, entre otras chucherias. También, de esa forma, los hombres estarían obligados a ser independientes de las mamás-maridas. ¡Crecimiento en ambos aspectos!

No está por demás decir, que estaba pensando pura pendejada. ¿Verdad?

Seguía pensando cosita tras cosita para echarle tierra a la primera bondad y maldad que creo Dios (la mujer), cuando un coche se detuvo y escuché—:¡Oye chiquito!

Miré hacia el coche, jovencitas de diecinueve años, probablemente nada más echando desmadre. La que me habló iba en el asiento del copiloto, una chava bonita, de cabello rizado y largo, ojos y labios grandes, voz gruesa.

—¿Si?

—Hola, oye, me recordaste a un novio mío. Quería decirte que estás bien guapo.

Sonrisa pendeja.

—Je, gracias.

—De veras, estás muy guapo.

Ella me sonrió y subió la ventana de su lado. Siguió platicando con sus amigas durante el alto y cuando el coche echó a andar me sopló un beso, y el coche desapareció a unos cuantos kilómetros por hora.

Oh si, me dijeron que estoy bien guapo… y me la creí. No resta decir que se me olvidó todo mi tratado acerca del feminismo.


Hoy, durante el trabajo, pensé en Fiammetta.

Me sentía muy mal, he estado bajo muchas presiones estos días, no sólo por mi trabajo. También el despido de mi madre y pensar que el dinero no alcanza, me tiene con los nervios de punta. Eso y que no he tenido ni un sólo día de descanso, en el que me pueda acostar y cerrar los ojos sin preocuparme. Pronto iniciará la escuela y mis horarios son en la tarde, todo eso me tiene mal.

Fiammetta hoy se convirtió en un delicioso escape. Cerré los ojos y pronuncié su nombre en mi mente, durante varios minutos. Imaginé muchas cosas y recordé otras más. Sentí que así podía llegar a tocarla, extenderle mi mano y si mi mente es un poquito misericorde, abrazarle y no dejarla ir. Si… hacía mucho que no me sentía así. Lo había olvidado.

Cuando abrí los ojos, me sentí un poquito mejor.

Mejores maneras

—¿Y cómo quieres pasar el tiempo?

—¿Quieres embriagarte?

—No sé, ¿tú quieres?

Ella se pone de pie, se acerca a mí y nos besamos en los labios. El olor y el sabor me embarga, me embriaga… ¿hacía cuánto que no tocaba una mujer? Tenía tiempo. Y tuve suerte… una mujer de grandes ojos negros y de sonrisa encantadora.

—¿Mejor?

—Mucho mejor.


Piel que se toca, sentidos que se agudizan, el hombre hundiéndo su rostro en el vientre de la mujer, como si quisiera regresar al seno materno. Acariciando y mamando los senos, buscando la leche materna que alimenta. Ella le mira y le acaricia el cabello, se los ofrece. ¿Y qué busca ella? Es muy sencillo, toda mujer que se descubre así ante un hombre, es el botón de la flor abriéndose y demostrándose, la señal de la confianza, el permiso discreto para tocar su cuerpo entero, y con un poquito de cariño, acariciar su alma. La mujer completa, espíritu y cuerpo descubriéndose durante una relación sexual, enalteciendo el aura, fundiéndola en agua de sal y muslos calientes e inquientos.


—Se ve que te gusta besar…

—¿Se nota?


Labios pegados, es el ofrecimiento del oxígeno, el aire vital para uno y otro se une en uno sólo y se convierte en un suicidio mutuo y voluntario, dispuestos a morir con tal de encontrarse como una sola persona. El agua interior se vuelve una y las lenguas se hacen como barro. Los labios se enrojecen, les encanta ruborizarse con el coqueteo cuando se tocan unos a los otros. En ese momento, son niños, con la mirada inocente y los labios entre-abiertos, dedicándose a jugar. En ese momento, son adultos, un ser incompleto que se desespera tratando de pegar la piel que le falta a su cuerpo.


—¿Te gusta jugar?


Dedos juguetones que con la punta tocan la frente y bajan por el cuerpo, a los labios que lo encierran y lo muerden suavemente. La búsqueda del hombre por beber el agua con que la diosa ha llenado la cornucopia, la búsqueda de la mujer por apagar con sus besos la espada flamígera de aquel que se cree héroe. Dedos entrelazados y aprisionados en calor, la piel se derrite en las palmas y al secarse con sudor, se une. Se ha hecho la conexión del espíritu, la medición del ritmo, el igualamiento del karma.

Y en algún momento se abrazan el uno al otro, no queriendo que termine. El ser se completó.

En horas, se separaron las piezas y les quedó la vaga esperanza de volverse a ver, para tratar de reunir otra vez las pieles.