Guadalajara 2007.

Fui a Guadalajara este fin de semana. Sí, pasé por la FIL, pero mis motivos eran otros: ver una tortera delgada, bonita y sabanable prepararme mi desayuno de 25 pesos. ¿Fil? No señor. Guadalajara es una exposición de mujeres bellas. Y ya. Cuando uno se cansa de las blogueras gordas, feas, medio inteligentes, sarcásticas, corazón de pollo y cuero flojo, llenas de luz y entendimiento, bigotonas y mamonas, es menester desconectarse un fin de semana y ver mujeres bellas. No leerles el ego. Nada más verlas. Lo haría en el Distrito Federal si no fuera tan difícil encontrarlas. Multiplicador por cuatro por gracia de las minifaldas y los shorts. He llegado satisfecho. Fue bueno.

Tomé fotos de la FIL. Las publicaré en flickr próximamente.

Hablemos de capitalismo. Compré cuatro libros. Dos de República Dominicana (Hirma Contreras y Juan Bosch). Uno de Argentina (Javier Villafañe). Y Michael Ende (La Prisión de la Libertad). Por fin lo tengo en mis manos. Mi historia con ese libro viene de años atrás. No compré novelas. De por sí, tengo un gran número de lecturas pendiente y poco tiempo para dedicarles. También, Irwin (sé que me lees), ya tengo tu disco duro, avísame cuando pasas por él o cómo te lo mando. Otra cosa que compré: una tablita para desayunar, 100 pesos en un semáforo. Simplemente hermoso. Si no tuviera una vida, ya no tendría que levantarme de la cama nunca más.

Vi a un viejo amigo: Ian Madrid. Esta en Guadalajara iniciando su negocio de comida. El mismo de siempre. Extrañaba la facilidad de Ian para romper cualquier noción de seriedad en la vida. Aquel sarcasmo y agudeza. Una agudeza elegante y precisa. Estuvimos platicando un poco de China y su vida allá. Me parece de los pocos hombres honestamente duros que existen. Continúa con su enorme sonrisa. Me dio gusto verlo. “Entonces… ¿vienes al parque mañana a jugar freesbe? Para que te pongas un cigarro en la boca y vengas con tu cara de escritorcillo mustio”. Ja. Lo extrañaba.

También extrañaba a los buenos amigos: May, Paulina, Arturo. Los ocupados que se dejaron ver 10 minutos, como Jaka. Los que hoy conozco mejor, como Sachiel. Los que no pude ver, como Homero Vidal (cof cof), Ruth y Mozzy. Las relaciones cambian. Las perspectivas cambian. Ocupaciones. Vida. Letras. Etcétera. Sigo pensando lo mucho que me gusta Guadalajara. Pero la verdad es… a mí me gusta todo lo que no parezca este nido de ratas. El pequeño infierno de luces de neón y diversión toda la noche. Cuando nunca has visto una mujer bella preparar una torta, sabes que algo anda mal. Me gustaría mudarme para allá en algunos años. Ya veremos que ofrece el tiempo.

Llegamos a chambear. Hay un artículo que debo terminar para estas fechas. En casting tenemos proyecto. Los párpados se cierran. Dormiré un poco antes de continuar viviendo.

Amor no es.

Raras veces, hay un desbalance en el universo de casting. Dos proyectos, con más o menos el mismo número de personajes. Los dos editores platicamos un poco. “Liberemos espacio en esta máquina”. “Tan pronto salga la cámara”. “Nos tardamos más o menos lo mismo”. Claro. Ayer, dos proyectos. Sin embargo, uno incluía viejitos - bebés - adultos cuarentones y normalones. Ese proyecto, con los personajes extra, lo edité yo. Todo iba bien. Mi café. Luego mi coca. Luego mi café. Mis cigarrillos. Mi nueva laptop con el chat abierto. Mis manos trabajando los archivos convertidos. Mi compañero ocupado en el suyo. Mi compañero hablando en voz alta-. Ven a ver esto gordo.

“Esto”, era una mujer en minifalda. Una que no había editado.

Las piernas largas, el cabello rubio, botones sin abrochar, sonrisa blanca, mirada coquetona. Una modelo como cualquier otra. La vuelta de sus perfiles en cuatro sencillos tiempos: 1. Mi perfil derecho, mi pierna doblada. 2. Mi trasero, moviéndose coquetamente. 3. Medio perfil izquierdo, mi trasero aún se mueve. 4. De frente, olvida mi culo: mis tetas se tambalean. Una sonrisa que sabe lo que hace. Amor no es. Obviamente no. Regresé a mi lugar de trabajo. Corté una bebita cuya baba escapaba de sus labios como un xenomorfo venusino. La beba me hizo sonreír. Olvidé mi pequeña envidia.

Dos minutos más tarde: “Ven a ver esto gordo”.

Moví mi silla de nuevo. Otra modelo, más joven, con menos experiencia. Rostro bonachón, nada sensual, diecinueve años. Alejamiento de la cámara. Nos quedamos en medium shot. “Es la que se puso tetas”. Y sí, se puso tetas. Recordaba a la modelo cuando tenía quince años y la editaba en VHS. Ahora, un hermoso quicktime me enseñaba sus tetas crecidas artificialmente. Obviamente una blusa escotada. “Enséñame tus manos a la altura de tu cara”. Ajá. ¿Saben cuál es el truco de unas tetas artificiales y enseñar las manos a la altura de la cara? Los codos. Al momento de levantar las manos como una criminal, sus codos golpearon contra sus pechos. Corrección. Apretaron sus pechos. El escote lucía cada fotograma que pasaba. Sonreía… sí, sonreía bonachona. Sonreía inocente. “Jiji. Me puse tetas, pero soy una niña. Trátame con cariño”. Regresé a mi lugar. Un viejito dejándose crecer la barba por temporadas navideñas. Empezaba la competencia de los ancianos por ser Santa Claus.

—Adoro esos hotpants —susurró mi compañero a la izquierda.

Me asomé porque debía de hacerlo. Un personaje en mi circunstancia no permite cansancio: Hoy no hay balance y te tocó perder mijo, ni modo. La chavita en cuestión: diecinueve años, clase media alta, cabello castaño claro, ojos verdes, blusa pegadita, abdomen marcado, pants levantaculos y sonrisa: “Jiji. No me he puesto tetas, pero igual me deseas”. Hablará con la papa en la boca, pero… disculpen la vulgaridad mexicana… lámeme la cascarita, o sea ¿no? Hay cosas injustas en el universo. Si, yo editando bebitos viejos y cuarentones. Pero nadie, escúchenme bien, nadie resiste tres arquetipos de lujuria en serie. Ni modo. Esta vez eran todas las de perder.

C’est la vie.

Dulces decepciones.

Itsa mi, Mareeo. El chaparrito italiano y panzón es parte vital de mi infancia. No conozco remix o composición de la clásica canción de Mario Bros, que no me agrade porque me recuerda aquellas ocasiones en que prendía la Nintendo y dejaba que el diablo, los hongos, las tortugas aladas y el poco deseo sexual se apoderaran de mí. Benditos los videojuegos porque de ellos es el reino de los cielos. Veinte años después de la famicom, no he conocido juego que me recuerde tanto las horas de frustración y placer que me daba recorrer un mundo, mientras tragaba hongos y crecía el doble del tamaño normal. Ya no existen los juegos sencillos de matar, rescatar a la princesa, ni decepciones tan dulces como: “Sorry Mario, but the princess is at another castle”.

Fui a la junta para padres de familia del Centro Universitario México. Como tutor de mi hermano, lo consideré mi deber. Básicamente lo mismo de hace un año. A partir de la media hora, tenía unas ganas terribles de orinar, pero me aguanté como todo un hombrecito. Recé el padre nuestro, el ave maría y pedí favores a San Marcelino Champagnat. La noción de que ya son diez años desde que dejé la preparatoria me taladró el cerebro. Incrédulo me lo repetía en voz baja, mientras hablaban de revisar calificaciones por internet y de enseñar a los hijos a leer, porque algunos imbéciles no entienden lo que quieren decir las palabras y responden mal los exámenes.

En ningún momento el director de la institución dijo la palabra imbéciles.

Una de las hijas de mi padre estudiará este año ahí. Supuse que lo encontraría entre la gente, pero la verdad, es que no ví a nadie remotamente parecido a mí. El señor que se sentó a mi izquierda, sin embargo, me miraba y por un momento, la paranoia o el anhelo, pensé que era él. Un momento muy breve. Me pareció que no teníamos la misma nariz enorme y lo dejé por la paz. No era el lugar, no era el momento y si alguna vez, Agustín Fest se siente remotamente culpable, se acercará a mí. Lamentablemente compartimos el mismo nombre. Lamentable para él, que desea esconder el pasado. Internet es un falso anonimato. Todo se sabe, eventualmente.

Llueve. Tengo sueño. Compartir el nombre de mi padre. Pobre de él, y pobre de mí, que con eso el flujo de cierto río místico se siente. Llevo su nombre. Él permitió dármelo. Que cosas. Tantas cosas que habrían sido distintas si no lo llevara. En algún momento, si nos dedicáramos a buscarnos, nos encontraríamos de inmediato. No es lo mismo que Mario, porque hay muchas princesas que se llaman así mismas “Peach”. Ni modo. Aquí nomás es levantar tantito la piedra. Cuando pienso en mi padre, es como si pensara en mí mismo: “Si Agustín Fest se siente remotamente culpable”. Quien sabe cuántas consecuencias inconscientes tendrá ese flujo de pensamiento. No es como “Si Juán González sintiera cosquillas”, porque podría pensar en todos los Juán González del mundo. En cambio, y que mal pedo, pareciera que sólo hay dos Agustín Fest.

Invité a mi “hija adoptiva” a cenar esta noche. Platicamos de su carrera, de cocina, de dónde le gustaría trabajar, de su novio. Compartimos el pastel, le invité un vodka, escuchamos como felicitaban a cinco personas por su cumpleaños. Agustín Fest se siente bien con esas reuniones tranquilas. De verdad le hacen bien. Tomé una copa de vino, y milagrosamente, me sentí más ligero. Hacía tanto que no tomaba una de esas. Abriendo la puerta de mi casa, después de dejar a la hija en casa, se me ocurrió que debería tomar una copa de vino todos los días y sentarme a escribir, nomás por mamón. Algo que no creo hacer.

Duele más estar sobrio.

Esta noche es tranquila. Nada duele. Pronto iré a la cama. Chaquetita y a dormir. O dormir nada más. Estos posts tan personales… a ver si mañana me invento un cuento, o termino de una buena vez la tortura que es leer a Octavio Paz. Sí, decepciones dulces… no es lo que esperabas, pero tampoco deseas terminarlo. Decepciones dulces. Ibas con todo a terminarlo, pero no lo encontraste y debes seguir buscando.

Pequeños misterios.

Escribir, escribir, escribir. Imaginar. Escribir de nuevo. Hacerlo sin propósito, nada más por qué sí. Parece una tarea inútil. Nada que documentar, nada importante que decir. Nada. Es aventarse al vacío, cubrir las expectativas, continuar el ejercicio. El temor es que esto se convierta en rutina y escribir algo similar mañana. En todo el blog hay anotaciones de este estilo. Mientras tanto, en silencio reviso algunas tareas pendientes, escritos incompletos y bocetados. En otra parte, pienso historias que probablemente podría escribir y que deshecho, porque mi editor interno esta muy acostumbrado a deshecharlo todo. ¿Será la edad? ¿El tiempo? ¿Flojera? Por otra parte, hago pequeños cambios en este blog: elimino el tagboard porque provoca problemas, cambio de lugares ciertas cosas, sigo editando tags y favoritos. Quien sabe si la gente las use, pero mantiene este lugar vivo, ocupado, reinventándose. El día de hoy, Magenta me tomará más fotografías. “Siempre y cuando no sea desnudo”, bromea mi mujer. No he pensado en ello. No tendría problemas en desnudarme, sin embargo, hay poco valor en mi desnudez: demasiado gordo, demasiado fofo. Me parece que no soy nada interesante desnudo. En la sesión anterior me pedía que hiciera cara de malo, pero no me sentía malvado, ni perverso… hay momentos para eso.

Por ejemplo, el día de ayer, que le miraba las nalgas a una cualquiera.

Un sábado como cualquier otro.

Que horror, ya hay un post titulado: “Un sábado sin pena, ni gloria”. A Bob, le esta creciendo lo que, propiamente, se le llamaría el glande… porque ya tenía una especie de minicacto fálico a su lado, que llamaba pene. Al pene le esta saliendo una bolita. Bob esta contento, supongo. Salí a fumar un cigarro. Hicimos el super, el día de hoy… atascamos el refri, y nos llenamos de necesidades básicas. Afortunadamente, ya me compraron desarmadores. Hoy en la madrugada se quemó la fuente de poder de mi computadora y tenía una extra por ahí. No aguantan nada. Por si las dudas, la próxima semana iré a comprar una fuente de poder extra. La tecnología necesita reemplazos.

Arreglando mi entorno, encontré cuatro plumones sharpie… como si quemara tantos discos. Mi quemadora no funciona, debería reinstalar windows. Cositas pequeñas, que uno retrasa y va relegando. Me ha gustado el clima, ha llovido mucho estos días después de los días calurosos. Soy un hombre que cambia poco, y que, lamentablemente, es esencialmente bueno. Por eso mis venganzas nunca son efectivas, o mis rencores duran poco y termino por olvidarlos. Existe el lado oscuro, pero existe y ya… hace tanto que no lo desarrollo, que el pobre esta haciendo pucheros en una esquina. En el supermercado, una señora de treinta y cinco llevaba falda, y se veía bien, se veía jovial. Me agradó y me le quedé observando, en lo que esperaba al carnicero y cuatro trozos de T-Bone para llevar.

Me despertaron en la mañana para usarme de paño de lágrimas. Estaba medio dormido, pero procuraba escuchar con atención. Escucharle a veces me entristece. Envidio a las arañas, porque construyen el suelo donde caminan, sin importarles que haya aire de por medio. Tal vez por eso les tengo miedo. Mi viaje a Puebla se aplazó, lo haré mañana y será cosa de un ratito. Podría viajar desde ahorita, pero quisiera ahorrarme lo del hotel.

Y ayer, ayer ella me preguntó—. ¿Por qué me mataste?

Le dije muchas cosas, pero se me olvidó decirle—. Porque estaba triste.

Días que me siento enamorado.

Me queda un cigarrillo, nada más.

Hace unas horas, conté por segunda vez la anécdota de cómo le dí el anillo a Sol y cómo la pedí con sus padres. Hilando la historia me di cuenta que estaba profundamente enamorado y descubrí que era, tal vez, una de las historias más bonitas de mi vida, hasta la fecha.

Hay cosas a las que no me acostumbro: contar la muerte de mi abuela, por ejemplo, y las historias del pasado con ella. Un halo de tristeza y de gozo me acompañan cuando me decido a hablar de ello. No me gusta hablar de mis cosas. Siempre hay una opinión después de que hablas… cuando lo único que quieres es compartir, los otros buscan discutir o aportar. Eso me parece un poco triste: deseas regalar una tostadora, pero no la aceptan, sino que desean agregarle la parrilla eléctrica y un mejor diseño. Te lo regresan. La intención de platicar en mi caso, no es buscar ayuda o consejo… solamente compartir. Por eso no hablo tanto. De todas maneras, me animé a contar aquella historia de nuestro compromiso y me hizo sentir amor… ¿Será eso de lo que hablan los viejos, que se han aguantado durante tantos años? ¿Recordarán la historia cuando su amor flaquea?

Curiosas preguntas que me han perseguido a lo largo de la noche.

He tenido semanas difíciles en el trabajo, lo bueno es que estan llegando a su fin. El lunes se resuelve la mayoría de estos problemas. Tengo otro trabajo muy atrasado que pretendo adelantar mañana y el domingo. Además de cumplir las promesas que llevo arrastrando desde hace un mes con mi hermano de llevarlo al cine. Cuando retraso esas promesas me siento culpable. Costumbre difícil de erradicar. Eso me ganó un berrinche con Sol María, porque mañana tiene una boda y mis tiempos estan tan ajustados, que no podré ir con ella. Aunque ya platicamos, y reímos, y entre berrinche y broma, nos lanzamos cojines y ladrillos, tengo miedo que esos pequeños detalles puedan provocar un gran problema. Antes de colgar me dijo porque estaba así, y aunque lo entiendo perfectamente, no sé como hacerle sentir mejor. Su hermana se regresa a Villahermosa en unos días, ella estará viviendo sola en la casa… no esta acostumbrada a la soledad.

A mí me gusta estar solo. Mis amigos, ese tipo de amigos que prometes ver para siempre, los veré una o dos veces al año (eso si fue un buen año). Cuando vivía con Johnny, casi no visitaba a mi familia y cuando vivía con mi familia, no visitaba a Johnny… aún cuando lo considero un hermano mayor. Nunca entenderé porque soy así, y aunque probablemente no soy el único, estoy demasiado consciente de esas pequeñas líneas que nos separan, y nos alejan, esos hilos de plata que nos unen (y no se rompen), y continúan estirándose en tiempo y en espacio, hasta que sea el momento de volverlos a ver o cuando desvanecen completamente, y sólo permanecen esquirlas de plata que caen a otros hilos. Hilos que unirán, probablemente, a nuestros hijos y nuestros nietos.

Mi mujer no es así. Siento que no le gusta, o no acepta, la experiencia de “abandonar” a las personas. Algo que no puedo comprender del todo, porque no soy ella. Aún cuando puedo entender ciertos aspectos, ciertas cosas, ciertas necediades… quisiera tener un manual para saber como hacerle sentir mejor. Unas por otras. Este es el momento para hacer un poco de tiempo con mi hermano, después de que lo abandoné cuatro o cinco años. Mañana será el tiempo de retribuir a mi mujer, porque la veo cada uno o dos fines de semana. Distribuir los sentimientos, las culpas, la redención, las alegrías y las experiencias. No disfruto sentirme responsable por tantas cosas, pero así soy…

Se ha terminado el último cigarrillo. Los vecinos borrachos del departamento de arriba, siguen discutiendo del partido que hubo esta noche. He sido un niño muy valiente y he matado a tres arañas el día de hoy, todo gracias a mis bototas. Desde hace rato, he querido irme a dormir pero no he podido, algo de esto tenía que escribir… y he quitado los comentarios del blog, no sé por qué… tal vez por lo que decía allá arriba: solamente deseo compartir y así será, de ahora en adelante, hasta que me canse de este changarro y lo cierre.

Buenas.

Un suave enojo.

Ayer me enojé por cuestiones personales mientras platicaba con Sol María. No fue nada grave, pero mis enojos son inmediatos. Me dolió el estómago ayer y aún hoy, a lo largo del día, he sentido una especie de malestar. Como la plática estaba en curso a través del messenger, puse en mi subnick: “Estoy muy encabronado, no quiero hablar con nadie”. Funcionó en cierta medida. De los trescientos contactos que tengo, los cuatro que tuvieron el atrevimiento, los bloqueé temporalmente en lo que terminaba la charla. Puedo decirles que en once años de vida cibernética, nunca, nunca… he bloqueado a nadie, ni siquiera temporalmente. Así de enorme era mi enojo.

La situación todavía me tiene pensando. No el enojo, ni la discusión, eso ya se resolvió de alguna manera. Sin embargo, el pequeño letrero avisando mi enojo tiene muchos puntos de vista muy básicos que se pueden extender a todo tipo de situaciones. Para empezar, ¿por qué poner el letrero y no simplemente desconectarse? Pues la plática todavía estaba en curso, pero el simple hecho de apagarlo hubiera resuelto la molestia de bloquear a un grupo de contactos. Es cierto que puede tomarse con humor, el que te manden un mensajito mientras estas enojado te puede poner de buenas… si estas dispuesto. O se puede tomar como una falta de respeto, si estas pidiendo que no te molesten… ¿por qué lo hacen? ¿por graciosos? ¿por qué la vida no va en serio? ¿para picarte más?

Se me olvidó y me quedé en el messenger hasta las cinco de la mañana. K me mandó un mensaje y me preguntó que “porque estas conectado si estas encabronado? :P”, me despabilé, fue como despertar. Me había distraído leyendo algo. Platicamos un ratito, casi nada.

Mi celular ha estado sonando mucho las últimas dos semanas y he descubierto que lo odio. Me gustan los mensajitos, pero no me gusta que me llamen. Muy raro y contradictorio, igual… se puede tomar de varias maneras. ¿Por qué tienes un pinche celular, si no quieres hablar por teléfono cabrón? Pues porque me gustan ciertas llamadas, no lo niego… me gusta que me hable la gente que me agrada. Creo que mi peor llamada, fue la de un tipo rogándome prácticamente, que metiera Big Blogger en sus servidores para que le hiciéramos publicidad. Una llamada de más de una hora, de un vendedor necio e insistente. Ha habido otras llamadas extrañas. Mi tío Daniel acostumbra a llamarme por teléfono cuando esta aburrido. Estas dos semanas, su constancia ha sido arrolladora. Al celular esta a punto de acabársele la pila… permitiré que muera y lo guardaré en un cajón, no sé cuanto tiempo.

Existen puntos de vista tan variados en una situación tan básica y absurda, sin embargo esas pequeñas situaciones definen una actitud ante la vida, por más absurda que sea. En la mañana, pensar todo esto me provocó curiosidad y la conclusión es que he decidido aislarme un poco. Me voy a evitar el teatro de las redes sociales, los mensajeros instantáneos y los celulares un rato. Siento como una sobrecarga de comunicación (desde la comodidad de mi casa, ja!). No es saludable, creo, enojarse por esas cosas. Incluso, si puedo, cavaré un agujero en alguna parte de mi casa y me haré el desaparecido.

Hoy en la mañana, cuando acompañé a mi hermano a subirse al camión, me dieron ganas de subirme e irme, hasta dónde me lo permitiera. No lo hice, mejor prendí un cigarro, regresé a mi casa y me dormí un rato. No soy muy obediente a mis impulsos, a no ser que involucren un par de piernas que me gusten.