Parkuk.

En este departamento no se puede fumar porque uno de los tíos es muy sensible con los olores y es bien sabido —no por los propios fumadores—, que el olor del cigarro es, pues, bien pinche apestoso. Así que para conservar la santa calma, la paz y la estabilidad en las relaciones diplomáticas, salgo a fumar un cigarro a la entrada del departamento, la cual esta enrejada. Viví en esta Unidad durante creo que unos diez años, hasta que me mudé a la Narvarte y ahora que estoy de vuelta, siento que han pasado otros diez años. Algún día entenderé porque mi percepción del tiempo es tan particular (una manera de decir “mamona”) y porque siempre soy un anacrónico con la sociedad. De todas maneras así lo disfruto… la anacronía en mí, es una nostalgia hasta porque pasa una mosca, vieja compañera, y es un mal necesario, al menos para alguien que gusta del arte o se la vive coqueteando con él. Sufrir de nostalgia y melancolía es parte de mi misma vida.

La anacronía es una enfermedad depresiva y a veces, en ella se consigue el éxtasis iláptico (el lector avispado se dará cuenta de la redundancia, de la constante redundancia). Una sensación que todo esta bien… como maniático hay que vivir.


La oración anterior contiene muchas palabras domingueras que se leen mejor si no se sabe que son y finalmente, utilizo las palabras sin la seguridad de saber que son y me guío al como y que me suenan. Sólo cuando “escribo en serio”, voy corriendo a la RAE para que me ilustre, ya que no tengo varo, ni ganas verdaderas, de comprarme un Corominas. Y vamos, para mi no hay de otra, a veces me dejo llevar por el sonido de las palabras e invento cosas, me procuro un bonche de antítesis, contrastes y paradójas que un lector cuidadoso hará bien de tirar a la basura y decirme—: Cabrón, me estas cantinfleando.

La anacronía, mi santa madre o santa muerte, desprecia el verdadero significado de las cosas.


No fue hasta muy tarde, ya algo crecidito (para mis estándares anacrónicos), que me enteré de la importancia de la identidad. La identidad nacional, la identidad individual, la identidad social, la identidad familiar, la identidad etcétera. O tal vez estaba muy consciente de su importancia y es por ello que me dediqué a moverme entre varios círculos sociales / núcleos familiares / juegos relativos interpersonae, siempre jugando el papel de la ambigüedad o del guasón (reemplazo con facilidad la carta que te falta, Ma’ killin’ jokee). ¿Estaba la gente igual de consciente que yo de su propia identidad? Mis compañeritos de juegos en el mercado, las marchantitas de los puestos y los amiguitos de la escuela. Ser parte del ejercicio escolar de llevar la bandera, robarse los jimanes de un niño más chico que tú o alzar la mano para demostrar que eres un sabelotodo. Ñoño mamón, lángara noble.

La anacronía exige el olvido del sí mismo para la constante búsqueda del ego. Exige una ambigüedad natal, un quiebre en una o todas las identidades, depende del sabor de tu helado.


De igual manera, un anacrónico no pertenece a ningún lugar, no importa si es un nómada o un sedentario. Para el anacrónico no existe nada definitivo, aunque siempre esta pidiendo un sí o un no. El anacrónico habla en blanco y negro, cuando todo lo ve a colores. Un anacrónico no pertenece a nadie, aunque este sumergido y disfrute plenamente del juego social. Un anacrónico mira lo que todos no ven, lo que no existe ya en el presente, porque siempre oscila entre el pasado y el futuro. El anacrónico huele su propia mierda antes que todos los demás, porque esta consciente que cualquier dedo suyo puede mover las olas del tiempo.

Una anacrónico sabe que todos vamos al mismo lugar, que todos nos vamos a morir y no hacemos nada, somos niños jugando en lo que papá nos manda a chingar a nuestra madre o a dormir.


Eso pensé, entres mis dedos izquierdos se consumía un cigarro. Mi palma izquierda sostenía un cacto [Bob] que roncaba inquieto. Enfrente la reja del departamento, un silencio sepulcral de vecinos durmiendo o que no han llegado del trabajo. Soy una carta de Tarot. Tal vez la vecina de enfrente, una alta y delgada, morena, con cara de mosca muerta y “yo no cojo por placer, sino por merecer”, me dedicó una breve mirada de desprecio por fumar en mi jaula antes de encerrarse en su departamento. A mi derecha, en un espacio entre departamento y otro, un lobo encadenado con oro (apostaría que de alguna montaña), de pelaje rojo, me miraba fijamente. Un lobo… un cacto… un cigarrillo… una jaula… una vecina con caretcétera. Esto se me hace tan familiar, un dejá vù.

El lobo me sonrió, me dio la espalda, se echó a dormir y yo me metí al departamento cuando me terminé el cigarrillo. El cacto seguía roncando y todos duermen, excepto yo, el anacrónico.

Sueños

son sueños febriles, como humo de cigarro… (4,000 químicos) se esparcen, se dispersan. Donde personas del pasado aparecen como personas del presente y me alegro. Duermo y quiero soñar más. Me ha estado asaltando la idea de que lo que sueño, son los sueños que deben ser escritos… porque hay personas, que pueden dibujar sus sueños, hay otras que pueden relatarlos, otras más los convierten en dinero.

Los míos solo pueden ser escritos. (Durante 40 días y 40 noches) Antes de caminar lejos, lejos… serán escritos todos los sueños y se dará el fin de una promesa.

Cuando el fin suceda, algo debe pasar, algo tan grandioso como el amor puro, debe explotar aunque sea entre una amiba con otra amiba. (Enalteciendo para disminuir decepciones).

Las pistas se han presentado una tras otra, debo escribir más hasta que termine. (O hasta que empiece, porque al morir, nacen catorce niños, con una cruz de ceniza en la frente… esperen, me faltan tres más).

Puedo poner como condición a que nazcan estadísticamente otros tres más y entonces retrasarlo todo (Como debe ser, nunca darle un punto al fin). Sueños, es todo… y es cierto que los sueños rara vez se cumplen, aún poniendo todo el corazón en ellos (¿Quién fue el que dijo que cuando sueñas, todo el universo conspira para que se cumpla?)

Misterio

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 45 de 47


El problema es que ya no hay misterio. Se jala el hilo y se descubre todo lo demás. Pero ¿quién será tan valiente para descubrir el Enigma que he escrito y seguiré escribiendo durante otros 40 días y 40 noches?

Diario de Simón Dor. Día 31 y Día 32

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 26 de 47


Día 31

Es increible como el cerebro se idiotiza. Caminando en la calle a veces me admiro de aquellas personas que idiotizan el cerebro a propósito de tal manera que este les trabaja automáticamente y ya no requieren pensar con voluntad propia, se les llama por lo general creyentes o borregos. De veras es de admirarse su disposición con la que niegan verdades y su cuerpo se mueve solo lo necesario para respirar, comer, cagar o beber. Les envidio porque a veces me temo que ellos pueden ser más creativos y útiles de lo que yo podría ser y por más que intento, no logro ser como ellos. No está en mi volverme idiota.

Sentir que estoy vivo ya me es difícil, si fuera un idiota, estar vivo no importaría. Ya me imagino a mi mismo de sacerdote, monaguillo o de esos calvos con mantas naranjas en el cuerpo. En los tiempos pasados hubiera sido un sofista con facilidad o por creerme anarquista le daría la razón a Nietzche sin siquiera saber quien es él del todo, compraría los libros de Sade a escondidas y los leería por el placer de masturbarme, sin pensar lo que dicen. Si fuera cavernícola huiría de los mamuts y me robaría la comida de los demás y en las mañanas acompañaría a mis colegas en la caza de los dientes de sable y no se sorprendan cuando se enteren que soy el único sobreviviente, ya que yo si conocía con perfección el momento exacto para huir.

Conozco muy bien la diferencia entre ser un espectador y un vocero. Yo no quiero ser ninguno de los dos, no quiero ser clasificado como un guerrero o como un escudero o como un noble que no tiene nada que hacer. No está en mi el ser clasificado, mis inmensos deseos de hacer lo que quiero no deben interferir con el vox populi. Es así como yo quiero vivir, que el mundo se olvide de mi, ¿Recuerdas como me preocupaba ese día mi querido diario? Sería hermoso que el mundo se olvidara de mi, ya no importa, buscaré mi trance con más ahínco de hoy en adelante. Haré crecer mi locura y que esta tome mi cuerpo, ya no importa. Aceptar mi maldad y mi bondad como parte del balance y la tranquilidad de mi alma en fuego.

¿Y qué importa? Ya nada importa.

Día 32

Un elefante se columpiaba, en la tela de una araña, como veía que resistía, fue a llamar a otro elefante.

Mientras me vuelvo un egoísta, olvido a las personas a mi alrededor. Eso es tranquilizador a cierto punto, pero angustiante en otros aspectos, ya que fui educado en tiempos ancestrales en el arte de la preocupación fraternal. Triste es que no puedo olvidar a los míos, así es como el mundo no se olvidaría de mi, o me gusta creer eso. Que por medio de las personas que me rodea, sería incapaz de desangrarme abandonado en un abismo, tendría que levantarme con mis miembros rotos y caminar a ellos, y con mi lengua comida por el tiempo decirles: “Mírenme, aquí estoy y estoy bien”.

He tenido delirios donde soy un fantasma que vigila y observa, un angel guardián que en cualquier momento alza los brazos y echa a volar con el fuego encendido del fénix. Son delirios y me he prometido aún no escapar de la dulce realidad. Son juegos mentales, irrealidades placenteras, agradables quimeras.

Juguemos entonces, simón.

Diario de Simón Dor. Día 2. Anexo: Carta III de Simón Dor.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 2 de 47


Día 2.

Hoy iba de regreso a casa en transporte público y como siempre, miré a través de la ventana, buscando a la joven que se asomó al balcón sin nada puesto. Hace mucho tiempo que pasó eso, pero la extraña obsesión humana sigue buscando.

Miré por la ventana de un coche y observé que era día de parejas, todo mundo tenía a alguien a quien fajar el día de hoy, y yo gloriosamente, me convertí en observador del proceso. La niña era acariciada paternalmente por su novio en la cabeza y tenía una mano en su muslo tierno y joven. Suspiré y me dije, qué bonito es el amor en verdad.

Y entonces, ella… sin ningún derecho, volteó a mirarme. ¡Ja! ¿Cómo se atreve a detener el placer de un mirón? le devolví la mirada furioso y ella volteó espantada y continuó con su rito pre-sexual. Después, el coche aceleró y maldije al transporte público por no ir más rápido. Ahí acabó el oficio del peeping tom, hasta que, unos segundos más tarde… apareció otro coche, con otra pareja similar… y otro coche, y otro coche…


Mi vecina, tan tierna, tan cariñosa, sólo catorce años. Una voz que promete ser sensual en tan solo cinco años más. Sus blusas pegadas a su piel como coraza natural, sus pantalones que ofrecen mucho a la imaginación para ser desgarrados. Ella sabe lo que quiero cuando me ve, pero solo sonríe y se desentiende de mis deseos. Sabe lo que busco, lo que necesito.

Mi vecina, tan tierna.


Supongamos, que me diera un paseo por el Infierno. Quiero ponérselos como una suposición, ya que si les digo que es realmente cierto, ustedes me tacharían de loco o de poeta.

Querido diario, fui ayer al infierno a visitar a los lujuriosos un rato. Y me sentí parte de su orgía selecta. ¿Cómo es qué puedo entrar y salir del Infierno, te preguntarás? Pues, tengo muy buenos contactos… en uno y otro lado, jamás sabemos cuando puede ser la definitiva.

Siempre estoy al tanto de qué religión va ganando, pero por supuesto, no voy a ser el que se quede atrás, el día del Apocalipsis, seré el primero que pida perdón de rodillas o que proclame el mal como absoluto rey y gobernante.

Pero me separo del tema diario, los lujuriosos, los lujuriosos, las piernas de esas jóvenes oscuras entrelazadas, arrullándome y susurrándome al oido lo mucho que me desean, penetración depurada. Fluidos corriendo entremezclados por nuestras pieles, ¿Y me dicen que no visite el círculo de los que se pierden en el torbellino de la pasión? ¿¡Por qué no habría!? ¡Si es tan divertido!

Tan delicioso es jadear en el círculo de perras.


“Querido maniacoDEPRIMIDO como te has dado el lujo de escribir en tu “Fact sheet” a la derecha.

Me he dado cuenta que estás revigorizando mi diario en lo que llamas tu weblog, me da mucho gusto que no te hayas olvidado de mi… de cualquier forma, me hubieras recordado el día en que apareciera de entre las sombras con un pica hielo… para amenizar la fiesta, mi estimado amigo.

Recuerdo que te comentaron mi obsesión por las blusas pegadas y las adolescentes jugosas, si el público hizo bien de leer el día I, sabrán que me vale un pimiento, pero para proteger aquí, a mi estimado amigo que hace el favor de expresar mis palabras ya que a mi me falta cara propia… solo les puedo pedir tolerancia, ustedes tienen sus menjurges secretos que no le quieren enseñar al mundo también, no sean faramalleros.

Ahora que leo el día II, extrañé el clima candente del Infierno, me daré una vuelta por allá y he de escribirte una carta, seguramente recordaré a Beatriz, mi querida Beatriz. Nombre simbólico, ¿recordás? Te he de enterar de mis nostalgias y mis asesinatos, mi querido amigo.

Cuídate y que las musas te sean propicias y abundantes de carnes…

Simón Dor”.

Uno encuentra personas tan extrañas

Uno encuentra personas tan extrañas en la red… por ejemplo, esta chava que siempre resulta tener la misma edad que yo…

[19:59] carolina: hola
[19:59] Tsef Thaed: hola hola
[19:59] carolina: ho.la
[20:00] carolina: quien eres
[20:00] carolina: cuantos años tienes
[20:00] Tsef Thaed: soy dan y tengo 14 años y tú?
[20:00] carolina: :)
[20:01] carolina: 14
[20:01] carolina: tienes novia
[20:01] Tsef Thaed: no y tú?

y cada siempre que me ve… le doy una edad y un nombre diferente. Y ella acaba teniendo la misma edad que yo.

Pero quién es el extraño? ella que lo hace? o yo qué le sigo la corriente y trato de desenredar ese misterio?