La luna en estos días, está como la sonrisa de aquel gato que no sabes cuando te arañará la espalda, confunde con enigmas y habla farisaico. Esperando en la rama te observa y te sonríe, enormemente…
Tal vez en eso se inspiró el señor Dodgson.
—Pero yo no quiero visitar a los locos —observó Alicia. —Eso no lo puedes evitar —dijo el Gato—. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estas loca. —¿Cómo sabes que yo estoy loca? —Debes estarlo —dijo el Gato—; Si no, no estarías aquí —Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll.
de mirar dulce, de hablar lento y de pelo más blanco que la nieve. Era su cara semejante a la del cuervo, y sus ojos cenizas fulgurantes; parecía perturbado de dolor; mecía su cuerpo a compás; murmuraba entre dientes por lo bajo como si tuviera la boca llena, y a veces resoplaba como un búfalo… En aquella tarde estival, hace ya mucho tiempo, sentado en una reja. —Al otro lado del espejo, Lewis Carroll.