Septiembre 2, 2003 — 1-2-3, Asceta, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
A mi madre, le dije que iría a algo de literatura.
A mi tío, le dije que iría a conocer, por mera curiosidad.
A mi jefe, le dije que iría a ponerme borracho.
En realidad, no fue ninguna de las tres.
Lo hice por una sola razón:

Una imagen dice más que mil palabras.

Aproveché para saber que era un peje-lagarto… porque francamente, no lo sabía. Ella me lo ha enseñado.

Y también, he visto la estatua del capitán y la anciana. No me sé la historia y Ella tampoco, pero promete ser interesante… lo curioso de estas estatuas, es que Ella en otra foto ha logrado que parezcan reales. Como si estuvieran caminando con la gente, abandonando el mirador…
Siguey leyendo →
|
Tags: ajedrez, Amor, duveth, favoritos, fotografía, Hojas, peje, río_grijalva, tabasco, villahermosa
Julio 8, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
En la noche número veinticuatro, Simón Dor durmió profundamente con la esperanza de despertar en el infierno. No fue necesario que despertara porque el infierno le llamó a él en sueños. Era cálido y rojo, con casas de todos los tamaños y todos los materiales, hechas para los que visitaban (y que pronto vivirían en él). Casas para todos los pecados y sus variaciones existentes. Simón Dor caminó en el infierno de manera familiar y rápida, le conocía como la palma de su mano. Sus ojos abiertos y ansiosos, el cigarrillo quemándose más rápido por el calor que emanaba. Las calles fueron recorridas sin lujo de observación y si le preguntaran a Simón, no podría describir las esculturas vivas, ni los demonios de sombras, ni las almas perdonadas para hacer pecar a más almas. A Simón no le importaba eso.
Siguey leyendo →
|
Tags: ajedrez, anciana-ciega, árbol-tsef, cuarto-de-juegos, Dialogo, duelo, hun, jadear, juego, La-Tía-Yemita, Mojalnir, niño-mago, perras, súcubo, simón-dor, viaje, Yasmín, Zalic-Luia
Junio 20, 2003 — Asceta, El Viaje de Simón Dor, Enamorado, Sensitivo, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario.
He entrado de nuevo al Cuarto de Juegos y me he quedado largo rato mirando el Ajedrez… me han estado llamando de nuevo: el sacro-santo alfil, el caballo de pura-sangre, los ilusos peones que quieren convertirse en nobles… las hermosas damas utilizando su abanico mientras ríen del poderío que poseen, el paciente, hábil y viejo rey, que sólo puede moverse tantito o si no, se le podría romper la columna.
Las torres… sobre todo, son las torres. Ellas me recuerdan mucho a un personaje que escribió Fest, llamado Piedra. Son como niños con alma de guerreros… niños que están dispuestos a espantar a los caballos, a quitarles el gorrito a los alfiles, mirar debajo de la falda de la dama o… jalarle los bigotes al paciente rey. Niños de piedra. Niños tristes o juguetones… interprétenlo como quieran.
Al estar absorto mirando el ajedrez, curiosamente, tomé asiento del lado de las blancas y moví mi peón de rey dos cuadros adelante… practicando mi Ruy López. Es la única salida que me sé… oh, y también medianamente la inglesa… y bueno, la variación de Capablanca…
El ajedrez negro se movió sólo entonces. Correspondió con su caballo de lado de la reyna para amenazar a mi solitario peón que deseaba apoderarse del centro, me sonreí, eso les pasa por querer brillar en sociedad, mis queridos peones… pero no se preocupen, yo soy el rey. Y como rey, decidí que el caballero o más bien, el caballo pura-sangre, respaldara con su defensa a mi peón.
El juego se detuvo y apareció una carta en el tablero… una carta del Sr. Fest que ha de ser leída y escuetamente comentada por mí.
Siguey leyendo →
|
Tags: ajedrez, carta, cuarto-de-juegos, día-65, diario, instrucciones, juego, líneas-de-canciones, Muerte, Piedra, simón-dor
Junio 17, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario.
En el treintaicincoavo día, entré al cuarto de juegos y cuál fue mi sorpresa cuando encontré a un anciano bastante fuerte. Tanto que si le quitáramos la larga barba blanca y el cabello, parecería un adolescente. Vestía una toga blanca que le llegaba hasta el suelo, emitía una poderosa aura de tranquilidad y amor. (No tan poderosa, porque no me afectó a mi… naturalmente).
Dios estaba en mi cuarto de juegos, yo le sonreí y le guiñé un ojo. Él me respondió con una sonrisa digamos que agradable, ya saben que Dios es amor. Tomamos asiento, uno contra el otro, en el tablero de ajedrez y dejamos que Mojalnir navegara sólo en éste mar oscuro de Yunén.
—Creí que no existías, viejo —dijo Dios.
—Yo tampoco creo en tu existencia y tengo una Biblia para comprobarlo —respondí. Él, naturalmente, se rió.
—¿Blancas o negras? —preguntó Él.
—Negras, por supuesto —respondí yo y prendí un cigarrillo. Dios tosió para indicar que le molestaba pero le ignoré.
c4 - Nf6
—¿Hace cuánto que no jugamos, Simón? —preguntó Dios mientras miraba el tablero y yo miraba absorto los cuadros negros que indicarían mi siguiente jugada, alcé una ceja y le miré. Esa sonrisa de nuevo, esa sonrisa de amor. Respondí con la mía de sarcasmo.
—Desde el 2001 —le respondí seco—. Es tu turno.
—Eres muy impaciente, mi querido Simón —dijo Dios … paciente—. Pero está claro que no es por Mi que hemos dejado de jugar. Pocos tienen el honor de jugar Conmigo como tú.
—Es que te gusta que te digan que no existes y te lo comprueben como yo lo suelo hacer. Eres, en cierto modo, masoquista.
Dios se rió con picardía.
—Estás viendo y no ves —dijo Dios entre risas—. Diría que el masoquista más bien eres tú, que me has visto y niegas que existo.
—Puede que seas un invento de mi mente, como todo el viaje.
Dios se quedó serio y pensativo.
g3-e6
—No Simón, nada es un invento —dijo Dios—. Las prisiones que se inventa el hombre por medio de la mente, son muy reales. Aún siendo yo un Dios inventado poseo las mismas características de el Dios real. Por lo tanto, si soy un invento… parto de la realidad y eso, mi querido Simón, me convierte en una autoridad omnipotente.
—Olvidé que no hay forma de limitar a Dios, porque entonces limitarías su omnipotencia… eso te hace capaz de existir, ¿lo ves? —le dije—. Pero al mismo tiempo, tampoco existes… porque debes cubrirlo todo, el existir y el no existir. Yo sólo elijo lo que me plazca—.
—Nunca se te quitará esa pinta de fariseo —dijo Dios—, pero me agradas muchacho, de veras me agradas.
Bg2-d5
—En fin, ¿qué haces aquí Dios? —pregunté, —No creo que solo hayas venido por el simple hecho de extrañar mi dulce compañía y compartir este juego.
Dios me miró gravemente.
—Pero si así es, extrañaba jugar contigo.
—No das paso sin huarache —le dije y le sonreí.
—Simón… —dijo Dios y sonrió—. La verdad es que vengo a divertirme y jugar. No hay razones más allá o tal vez fuiste tú quien me llamó. ¿No has pensado en ello?
—¿Yo? ¿Cómo puedo llamar a alguien que no existe?
Ambos nos miramos y después, nos echamos a reír.
d4-c5
—Vino un súcubo ayer a verte —dijo Dios. Yo comprendí.
—¿Crees que lo ha enviado éL? —pregunté despreocupado.
—Pero si son sus criaturas, es obvio —dijo Dios.
—¿Por qué mi alma se ha convertido en algo tan importante ahora? —pregunté—. Si es bien sabido que tienen otras ocupaciones. ¿Qué hay de importante en ello?
—Es ahí donde te equivocas, precisamente —dijo Dios y debo decir… que me confundió.
cxd5-Nxd5
—Nos eres importante, como todos… cada uno de mis hijos es importante y para éL es importante arrebatarme cada uno de ellos. Eso está claro —dijo Dios pensativo—. Pero hay algo más importante aún Simón y es el resultado. Tú no lo ves como nosotros… tú lo ves en blanco y negro, cómo este tablero que está aquí… y la verdad es que eso está… —Dios meditó la frase y se sonrió—. Pasado de moda.
Nf3-Nc6
—Seguiré con interés tu viaje Simón —dijo Dios—. No hablaremos de Biblias el día de hoy, ni discutiremos lo que está escrito con las manos del hombre que bien fueron inspiradas por mí.
—Está bien —dije yo.
—No dejes que tu viaje se enfrasque en métodos de maldad y bien.
—No ha sido así, ni será.
—Sólo quería escucharlo de tus labios.
O-O - cxd4.
Dios tiró su rey.
—Hoy ganaré de nuevo —sonrió Dios—. Pero te concederé el observar como tiro mi rey… teniendo fé en que eso te anime un poco.
—Ja. Gracias… Solo tengo una pregunta Dios…
—Adelante.
—¿Por qué, no salvar al hombre? Lo hiciste una vez… ¿Por qué no salvarme a mi? ¿Por qué lo que has hecho conmigo hasta ahora? Eso, hipotéticamente, si admitiera que existes.
—Bueno Simón —dijo Dios sonriendo—, es cierto que tuve que mandar a mi Hijo para hacer un milagro del tamaño de la humanidad. Y me veré irremediablemente cursi a pesar de que odies eso.
—Venga…
—Es un milagro que sólo puede hacerse una vez. La salvación del hombre depende de cada uno, tú propia salvación, depende ahora de ti mismo. Yo sólo me animo a mover un poco el ambiente para recordarles que tienen que salvarse. ¿Acaso no les he dado libre albedrío?
—Ya lárgate, viejo meloso… lárgate con tus diálogos de película. Si embadurnas con más azúcar este barco, capaz que seré víctima de abejas y tan sólo me habrás traido desgracias.
Dios se rió, de esa forma… dulce, que tanto aborrezco. Prendí otro cigarrillo y miré intensamente Sus ojos, hasta que desapareció.
La salvación del hombre, la salvación de mí mismo… depende de mí mismo. Dios no hará otro milagro como el que hizo hace siglos, sencillamente porque no se le antoja.
Si… la salvación depende de mí mismo. ¿Quiero ser salvado? ¿Quiero que se abran las nubes negras y en un estado místico, alce mis brazos al ritmo del Gospel de los ‘20 o ‘30? No, la verdad es que no.
¿Por qué le pregunté a Dios porque no me ha salvado, si yo ni siquiera tengo la consideración de querer salvarme a mi mismo?

|
Tags: ajedrez, conversación, día-62, Dialogo, diario, Dios, duelo, juego, preguntas, respuestas, salvación, simón-dor
Noviembre 8, 2002 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Día 24
Como siempre, me encuentro sin ocurrencias. Juego con la pluma y con el papel, nos miramos, como participantes en un juego de ajedrez. Y hay veces, en las que el papel me gana, en las que es más listo que yo, con toda su blancura y su vacío, no puedo escribir ni una palabra que valga la pena. Cuando sucede y me urjo a escribir, es cuando escribo como me siento en el momento en partícular, es por eso que estás leyendo estas palabras. ¿Por qué no me rindo? Sencillo, mi querido y estimado diario, mi amable lector, porque la urgencia a escribir es más grande. Tal vez por ello a veces me siento obsesionado en estructurar, en tener el control. Obligo a que me escuchen, aunque después de decirlo me sienta como un completo idiota. No tiene importa que me piensen un inútil, es la necesidad de ser escuchado y liberar de mi cabeza las ideas falsas y que no tienen sentido.
Es lo que pensaba el otro día, si soy un revolucionario o un mercenario, ¿Sabes la diferencia entre estos? El Revolucionario tiene ideas concretas, su corazón cree en ellas, es por eso que alza las armas que tienen, ya sea un cerebro o un rifle y grita cuando ve el estandarte de la Virgen morena. El Mercenario es distinto, el mercenario no tiene patria, renta su cuerpo a un ideal aunque no crea en este. Cada quien sabe donde está parado, mi querido lector, ¿Eres un mercenario o un revolucionario?
Cuando estoy solo, me pregunto quién me observa.
¿Paranoia? No lo se. Seguramente así es. No me lo digo de frente porque no me gusta pensar que tengo alguna enfermedad psicótica altamente avanzada. Creo que a todos nos pasa, cuando nos quedamos solos, en la oscuridad, nos tapamos con nuestra sábana o agachamos la cabeza en la chamarra; caminamos, nos sentamos o nos acostamos; acariciamos el amuleto, el reloj o las manos. Escuchamos con atención si alguien más está. El cerebro es potente y nos hace creer que una sombra está con nosotros, observándonos y esperando el momento justo para abalanzarse sobre nuestra temporal e infante inocencia.
¿Soy el único que se siente así? No lo creo. Creo que pasa a menudo, con nosotros, los que vemos la magia.
|
Tags: ajedrez, diario, Escribir, hoja-en-blanco, ilusión, magia, miedo, paranoia, simón-dor, tiempo